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Charla a los Profesionales de la Salud

PROLOGO 

"Sin duda, la salud de los Argentinos debería ser la preocupación fundamental de todos los gobiernos."

Alfredo Lorenzo Palacios

 

Los problemas de salud de los argentinos y la situación por la que atraviesan los profesionales de la salud tie­nen un origen común, constituyen la exteriorización de la crisis de un modelo que no da respuesta a las necesidades de salud de cada vez mayor número de habitantes de nues­tro pueblo, ni brinda a los profesionales las satisfacciones morales y materiales de su práctica profesional.

Los profesionales de la salud del Partido Socialista Popular hemos asumido la responsabilidad de incorporar nuestro esfuerzo, para colaborar con nuestro estudio y nuestra acción, a la superación de esta situación. Lo hacemos con un doble convencimiento, que no hay posibilidad de solución sin participación y que no hay alternativas váli­das sectoriales. Esto es que ningún sector de la vida na­cional, por más fuerza real que crea disponer, tiene posibilidad de mejorar sectorial mente si no mejora el todo que es la Nación.

La construcción de una nueva realidad que jerarquice la salud de todos, será posible con la participación protagónica de los profesionales de la salud.

En ese camino damos a conocer el texto del mensaje a los profesionales de la salud, pronunciado por el Secretario General del Partido Socialista Popular, compañero Guillermo Estévez Boero, en la ciudad de Rosario el 3 de Mayo de 1985.

 

La presencia de todos ustedes, nos reafirma una vez más que es posible salir adelante, pese a que la situación del país es difícil.

La gente común quiere salir adelante, está dispuesta a salir a delante y solamente pide, después de tantas experiencias negati­vas, un poco de transparencia en los proyectos y en los proqramas para reconstruir todo lo que ha sido destrozado en nuestro país.

Yo les pido a ustedes disculpas por incursionar en vuestros temas, que son temas muy sentidos por todos los habitantes de nuestro país y por eso lo hacemos. También quiero recordar que más allá de profesionales de la salud, nosotros hemos tenido la suerte de alcanzar un nivel de información, un nivel cultural, que nos crea una obligación, nos crea el deber de aportar propuestas, de aportar caminos para el futuro, caminos para resolver los problemas más graves que tenemos.

Yo creo que todo universitario o todo intelectual no puede de­legar en esta hora su responsabilidad social frente al medio. Quizás muchas veces las críticas son mucho más duras y frontales para los profesionales de la salud, que para los integrantes de otras familias de profesionales. Ello es así, no porque existan diferencias de calidades, sino porque la actividad de ustedes incide más directamente en la vida material y espiritual del pue­blo.

Estamos viviendo, creemos nosotros, un momento muy especial de nuestro país. Un momento donde el pasado es realmente pasado y es un pasado que no volverá; y no debemos nosotros estar añoran­do la reconstrucción de lo que es imposible reconstruir.

Fíjense ustedes que nuestro país, un país de inmigraciones, uno de los países que registró la inmigración más alta del mundo, hoy se ha transformado en un país de emigración. Más de dos mi­llones de argentinos viven fuera de nuestro territorio, dos mi­llones de argentinos a los cuales el país no les ofrece posibilidades materiales ni posibilidades espirituales para estar radicados en su patria. Esto es un signo grave, es un signo de vejez, de un modelo que ya no da respuesta, fundamentalmente a la juventud. Y todos estos sueños, de ser el país de la esperanza, el país interminable, el granero del mundo, la Argentina potencia, han terminado. Hoy el país se ve inmerso en una grave crisis económica, que no es la crisis de un equipo ni la crisis de un gobierno es la crisis de un modelo y esta crisis es irreversible. El viejo modelo no volverá a funcionar. Nosotros tenemos que idear nuevas formas para salir adelante. Nuestra responsabilidad es hoy crear el futuro, que será diferente.

El pasado ha concluido irreversiblemente.

Ese Estado argentino con recursos, ese Estado argentino donde pudo un excelente ministro de Salud Pública como Ramón Carrillo disponer de grandes sumas para una planificación de la salud, ese Estado ya no existe.

Hoy existe un Estado endémicamente deficitario a nivel nacional, a nivel provincial y a nivel municipal. Y poder revertir esto se­rá un problema de años. Pero el problema que a ustedes les ocupa, que es la salud, no puede esperar años para reconstituirse.

Nosotros pensamos que afrontamos viejas enfermedades y nuevas enfermedades. Hoy requerimos la ayuda de ustedes para definir las nuevas enfermedades y para ayudarnos a estructurar una sociedad sin nuevas enfermedades.

Enfermedad, creemos nosotros, que es un fenómeno de masas. Cada enfermedad tiene su historia, su ubicación en el espacio y en el tiempo.

Nos han enseñado que el microbio de la tuberculosis ha acompaña­do al hombre en toda su historia, sin embargo, en determinada etapa histórica la tuberculosis hizo estragos. En el siglo XIX, había condiciones históricas para esta enfermedad: una nueva forma de producción, una nueva explotación y, consecuentemente una disminu­ción de las defensas del hombre por nuevas condiciones de vida en las nuevas concentraciones industriales, exceso de horas de trabajo, deficiente alimentación, hacinamiento. Esto trajo aparejado un incremento terrible de la tuberculosis.

La tuberculosis nos enseñó que los remedios son de dos tipos; profesionales y sociales. Los investigadores descubrieron la etiolo­gía de este bacilo, pero fue la participación del pueblo, los tra­bajadores con sus luchas, con sus sindicatos, los que lograron me­jores condiciones de trabajo, disminución de horas de trabajo, prohibición de trabajo de niños, mejores remuneraciones y posibilida­des de alimentación, mejores viviendas. Estas conquistas constitu­yen la parte esencial en la disminución de esta enfermedad.

Hoy tenemos otras enfermedades con su tiempo histórico; tenemos las enfermedades cardiovasculares que están motivadas ya con más claridad, no por un bacilo ni por un problema biológico; están motivadas por el ritmo de vida, por tensiones, por el sedentarismo. Para estas nuevas enfermedades, para esta nueva situación que en­frenta la humanidad y que enfrenta nuestro pueblo, nosotros les pedimos a ustedes, a su capacidad profesional, a su formación cultural, la colaboración para ganar la nueva vida, el nuevo sistema social que no sea sinónimo de enfermedad.

Este es el sentido de nuestra convocatoria de hoy en esta ciu­dad, como lo hemos hecho y lo haremos en otras ciudades del país.

Convocamos a trabajar por la vida, para organizar una sociedad cuyo avance no signifique el avance de la enfermedad. Esta enfer­medad tiene caracteres sociales porque el que más se enferma es el que menos tiene.

La enfermedad lleva en su esencia y en su definición el signo de la justicia social. Cuando tenemos en cuenta los oficios y los estratos sociales de los enfermos, las estadísticas van demarcan­do con claridad su origen social, su forma de trabajo, su radica­ción en el centro o en las orillas de las ciudades, en las capitales o en el interior. Todo esto nos dicen las estadísticas, que son una radiografía de una realidad social arbitraria.

Nosotros afirmamos que sin modificar la sociedad de hoy, no va­mos a modificar sensiblemente el nivel de salud del pueblo.

Tenemos que partir de lo antiguo para llegar a lo moderno. Tenemos que respetar a todos los hombres que comenzaron con la medicina de la Salud Pública, con las grandes campañas, que comenzaron a hablar de la medicina del trabajo, que descubrieron esta relación entre profesión y enfermedad. Tenemos que llamar a los médi­cos que se acercan, muchas veces con buena voluntad, pero con snobismo a la ecología, a pensar, frente al incendio de las Galápa­gos -que nos priva de antiguas familias de caimanes- que hay que tener mayor sensibilidad por los niños y los ancianos que mueren en nuestros barrios, sin atención médica, sin atención de urgen­cia. Ellos también integran la ecología, que es la relación del hombre con su ambiente.

Queremos convocar a los profesionales de la salud a estructurar una nueva calidad de vida. La nueva calidad de vida no podrá es­tructurarse si no diseñamos un modelo a la medida del hombre. Si el objetivo de la nueva sociedad es la realización integral del hombre, tendremos una sociedad que promueva salud y no una socie­dad como la actual que promueve enfermedad.

Frente a la actual realidad dramática en materia de salud tenemos que terminar con muchos mitos del progreso y muchos mitos del desarrollo que realmente han agraviado la existencia del hombre al contaminar su tierra, su aire y su agua. Este desarrollo irracio­nal, en aras del lucro, ha transformado ciudades enteras en cen­tros nocivos para la salud.

Tenemos que construir una nueva sociedad; tenemos la experiencia la capacidad y la fuerza para hacerlo con el concurso de todos. No es una sociedad socialista popular, es una sociedad de los argentinos capaces de dialogar, capaces de acordar, capaces de sintetizar y aunar objetivos comunes para el futuro. Esto es indispensable hacerlo ya.

Necesitamos redefinir nuestros conceptos de la energía, de la ecología, necesitamos redefinir nuestros conceptos de la salud, ne­cesitamos -como decíamos a los jóvenes secundarios esta tarde- redefinir el contenido de los planes de estudio desde el punto de vista físico y desde el punto de vista espiritual. Necesitamos su­perar esta contradictoria vida del hombre donde tenemos computa­ción para todo, para no movernos y hacer todo sin movernos de una habitación y en la habitación de al lado, tenemos que tener otra computación que nos haga mover para darnos el desarrollo del que nos privamos en la primera habitación.

Nosotros tenemos que generar un desarrollo armónico integral del hombre, un desarrollo que termine con la tensión, que termine con este ritmo que destruye al hombre, destruye a la familia, destruye a la Nación y va a llegar a destruir a la humanidad.

Tenemos que volver a jerarquizar, no el pasado, sino los tiempos en donde había tiempo de pensar en el hombre, de pensar en los ob­jetivos trascendentes del país. Tenemos que pensar en la juventud con urgencia real. Los que conocemos los dramas de la juventud lo decimos, hay que generar objetivos trascendentes para vivir, que son los únicos remedios de fondo contra el narcotráfico, contra la deformación aberrante de lo erótico y contra el terror.

Apostemos con fuerza a la vida, porque sino nuevamente nos inva­dirá el campo de la muerte. A construir esa vida, esa posibilidad que creemos posible, convocamos a ustedes con todo respeto y ponde­ración, animados por una sensibilidad y por una convicción: que quienes abrazaron esta profesión, que es quizás la más sublime de las profesiones, deben tener la responsabilidad de advertir la gravedad del diagnóstico, para correr con generosidad a salvar a nuestra Patria enferma.


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