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Partido Socialista Popular

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Rectificar la práctica

 RECTIFICAR LA PRÁCTICA PARA CONSTRUIR EL PARTIDO DE LOS TRABAJADORES 

RESOLUCIÓN DEL SEGUNDO CONGRESO NACIONAL

Nuestro Partido, su interpretación de la realidad nacional y su método son el resultado de la militancia de miles de militantes que, a partir del se­gundo gobierno del Gral. Perón intentan constituir en nuestra Patria una herramienta idónea para obtener la Liberación Nacional camino hacia el Socialismo.

El Partido Socialista se crea en nuestro país en el año 1896, fuertemente influido por los partidos socialistas de Europa; constituye a través de su práctica un transplante mecánico de la experiencia y práctica de los partidos europeos, logrando difundirse en la masa de los trabajadores cuando la misma se hallaba integrada prácticamente en su totalidad por inmigrantes del viejo continente.

Su representatividad en el seno de la clase trabajadora va disminuyendo en la medida en que se incorporan al proletariado de las grandes ciudades contingentes de pobladores del interior en busca de me­jores condiciones de vida. Jamás logró representar a estos contingentes que, con el tiempo, constituyen la mayoría de la clase trabajadora y cuya representatividad es encarnada por el peronismo.

El segundo gobierno del peronismo constituye el máximo avance logrado por los sectores populares de nuestro país en procura de la liberación nacional. Pero tal cual lo plantearan hombres provenientes del seno de las organizaciones políticas populares, co­mo Raúl Scalabrini Ortiz, esta experiencia culmina dejando intactos los poderes de los elementos deformadores de nuestra realidad y limitadores de nuestro desarrollo independiente: el imperialismo y la oli­garquía terrateniente.

Comienza en la década del 50 la búsqueda de vías superadoras de esta realidad. Para ello se intenta crear nuevas fuerzas con idearios socialistas, más vinculadas al quehacer nacional. En sus primeros intentos estos trabajos adolecen del error o deficien­cia de no trascender de grupos minoritarios de inte­lectuales y estudiantes que no logran vincularse con los sectores populares. Su limitación en la prácti­ca limita el poder de desarrollo ideológico, y se agotan en grupos minoritarios divorciados del proceso nacional y reiteradores de planteos políticos extranjeros. Tal lo ocurrido con Acción Socialista.

Con posterioridad, y a fines de la década del 50, se realizan otros intentos que plantean la vinculación con los sectores populares arrojando por la borda toda ideología y organización revolucionarias. Estos grupos alcanzan un mayor desarrollo desde el punto de vista de la cantidad pero, carentes de un pensamiento aglutinador y de una organización idónea, terminan en divisiones sucesivas que agotan su exis­tencia en la disolución total. Tal lo ocurrido con el Partido de los Trabajadores.

En el comienzo de la década del 60, jóvenes militantes universitarios de todo el país reinician los esfuerzos para organizarse, teniendo en cuenta la realidad nacional y valorando la necesidad de una ideología y de una organización adecuadas para alcanzar sus objetivos.

Caracteriza el accionar de estos universitarios el rechazo de todo seguimiento mecánico de los mode­los extranjeros y su interés permanente por adentrar se en la cuestión nacional, coro asimismo su defini­ción por la ideología del socialismo científico y por la creación de una organización consecuente,

Al rechazar les esquemas extranjeros de la 2ª, y de la 3ª Internacional, reivindican una interpretación autónoma de nuestra realidad y una práctica consecuente. Retoman en la Universidad las viejas banderas de la Reforma Universitaria de 1918 y, en vez de sumarlas secundariamente a diversas estrategias extranjeras, las desarrollan de conformidad con las nuevas realidades nacionales y con los nuevos problemas que éstas presentan al pueblo en general y a los estudiantes en particular. Su práctica constituye el intento de suturar permanentemente la separación existente entre las viejas banderas y las nece­sidades actuales de los estudiantes y del país. Desde este ángulo enfrentan denodadamente el intento desarrollista que se practica en el país a parrar de 1958, diferenciándose de una oposición liberal, para echar las bases de una oposición con un contenido liberador y nacionalista.

Esta práctica consecuente va mereciendo año tras año el apoyo de miles de universitarios. Durante el gobierno de ideas populares y de metas nacionales que se inicia en 1963, postulan en forma no sistemática pero consecuente la necesidad de profundizar la recu­peración del patrimonio nacional y a su vez la nece­sidad imperiosa de masificar el accionar gubernamen­tal, movilizando los sectores populares tras las medidas positivas del gobierno.

Es índice del intento de acercamiento a los movimientos de los trabajadores, su participación solidaria en diversas movilizaciones como fueron las de John Deere, Ferroviarios, FOTlA, etc.

Instaurada en 1966 la dictadura mercenaria, en el país y ante el desconcierto general de los secto­res populares, proceden a denunciar de inmediato su carácter pro-imperialista y a organizar en todos los frentes y en todas las actividades la resistencia nacional a través de la organización y de la moviliza­ción popular.

Viejos esquemas agitativos que consisten en la contraposición del concepto democracia al concepto de fascismo, son reemplazados por el análisis de la realidad nacional del cual emerge como cuestión funda mental la contradicción existente entre el país y el imperialismo y por la divulgación de las reales necesidades de los estudiantes, de los trabajadores y del país todo. Son tan fuertes, tan reales las respuestas al problema nacional, que representantes de la vanguardia de los trabajadores cruzan las fronte­ras limitativas de una organización estudiantil para incorporarse a ella, naciendo suyo su programa y co­menzando a difundirlo entre los sectores del trabajo.

Esta organización estudiantil de comienzos de la década del 60, había adoptado un nombre: Movimiento Nacional Reformista.

Movimiento, por ser conscientes sus integrantes que su madurez y conocimientos constituían recién un nivel de organización incipiente, al que no correspondía la denominación de partido.

Nacional, para definir la absoluta resolución de sus integrantes de aprender de nuestra realidad y no desarraigarse de ella jamás, rechazando definiti­vamente toda fácil imitación de esquemas extranjeros.

Reformista, por rescatar para reactualizar las antiguas banderas de la Reforma Universitaria de 1918, trascendente en su contenido antiimperialista y de unidad latinoamericana También dentro de la proble­mática universitaria, señala los objetivos de abrir las puertas de la Universidad a representantes de nuevos sectores sociales y de poner a la Universidad al servicio del pueblo.

Aquella incorporación de trabajadores, que entre sus diversas exteriorizaciones concreta la apari­ción de "El Cambio” -boletín dedicado a los trabaja dores ferroviarios- constituye en realidad, y más allá del significado de la palabra en el vocabulario ferroviario, un trascendente e irreversible cambio en el pensamiento y en la práctica de los integrantes del Movimiento Nacional Reformista, que desde ese entonces no conviven al margen de los trabajadores.

La incorporación de trabajadores y de ciudada­nos no provenientes de las filas de la Universidad, configura un cuerpo militante que excede la denominación de Movimiento Nacional Reformista.

Constituyese así a fines de la década del 60, el Movimiento de Acción Popular Argentino (M.A.P.A.).

Movimiento, por entender sus integrantes que a pesar de sus avances, continúan las debilidades organizativas que determinan impropia la denominación de­ partido.

Acción, que lleva implícito el compromiso militante de sus integrantes fundamentalmente dirigido hacia el medio social donde actúan.

Popular, que señala la ya definida condición de imprescindible vinculación con los sectores populares de todo quehacer político.

Argentino, que reafirma la decisión de no desarraigarse de la realidad nacional.

En el comienzo de la década del 70, después de diversos intercambios de ideas y programas, constitúyese el Partido Socialista Popular.

Concurre a su formación el MAPA (Movimiento de Acción Popular Argentino), el Partido Socialista Argentino, Militancia Popular y el Grupo Evolución.

El Partido Socialista Argentino nace de una escisión del viejo Partido Socialista creado a fines del siglo pasado y constituye, de éste, el núcleo más próximo a una problemática nacional. Sus integrantes habían, participado en los últimos tiempos en el nucleamiento de los sectores populares denominado La Hora del Pueblo. Su conducción planteaba el acer­camiento a los sectores populares y fundamentalmente al Justicialismo, rectificando así toda una trayectoria antipopular y específicamente antiperonista.

Militancia Popular, estaba integrado por viejos militantes de origen socialista, la mayoría de los cuales había participado de los intentos de organización fabiana[1] en las postrimerías de la década del 50, y con posterioridad participaron de la creación del Partido de los Trabajadores.

El Grupo Evolución, estaba constituido por es­tudiantes de ideas socialistas, cuyas posturas críti­cas lo mantuvo al margen de las organizaciones socialistas tradicionales existentes.

Esta conjunción de fuerzas, a la cual el Socialismo Argentino aportó su estructura institucional y valiosos núcleos de afiliados en diversas provincias del país, y el MAPA el más alto contingente de mili­tantes, creó el 23 de abril de 1972 el Partido Socialista Popular. Este es un nuevo Partido político y constituye la continuación de las fuerzas que a él concurren.

Dentro del nuevo Partido tienen lugar diversos debates y enfrentamientos que, a través de los años, van delineando su definitiva orientación y organización.

En una primera etapa se rechaza el intento de un grupo minúsculo de la Capital Federal, de transformar el Partido en una organización satélite del tradicional Partido Comunista.

En segundo lugar, se rechaza el intento de otro reducido grupo de la Capital Federal, de incorporarse a nivel de dirigentes y sin debate programáti­co alguno al Frente Cívico de Liberación Nacional,

En tercer lugar, pequeños sectores (Soria, etc.) por su postura gorila antiperonista enfrentaron todo el proceso de acercamiento a las mayorías nacionales y a la resolución del Comité Nacional a favor del voto de “Perón Presidente".

En cuarto lugar, al definirse el Partido por un programa y accionar de Liberación Nacional y no por una programática de revolución socialista en es­ta etapa,  se autoexcluye el gruño de Militancia Popular.

Finalmente, una minoría de afiliados provenien­tes del Socialismo Argentino, al ver triunfar en el seno del Partido una práctica coherente y militante por la Liberación Nacional y la concreción de pautas organizativas, intentan la realización de un copamiento el 12 de abril de 1974, que es rechazado y conde­nado unánimemente por el Comité Nacional del 21 de abril del mismo año„

La mayoría de los militantes del Socialismo Argentino que se habían integrado al Socialismo Popular permanecen en él, plenamente identificados con las resoluciones del Comité Nacional. Destácanse entre ellos los núcleos de San Juan, que tienen su origen en el Socialismo Obrero, y los de Santiago del Este­ro, que representan, las bases y la juventud de una antigua organización socialista local.

A través de este proceso dialéctico -protago­nizado por todos los militantes y por muchos hombres y mujeres de nuestra Patria que, presionados por las condiciones de vida del sistema, han quedado al margen de la militancia, pero cuyo aporte siempre reco­noceremos- el Partido Socialista Popular, en medio de un positivo intercambio de ideas acerca de la ne­cesaria rectificación y superación de su práctica, enfrenta la realización de su segundo Congreso Nacional.

La breve introducción histórica, efectuada, que se ajusta a la realidad de nuestro origen, se estima necesaria a los efectos de ilustrar a las futuras generaciones de militantes sobre las marchas y contra­marchas realizadas, sobre los errores y los aciertos cometidos, a los efectos de posibilitar el desarrollo de los aciertos y de evitar la reiteración de los errores.

Por otra parte, la constatación objetiva de nuestro proceso histórico constituye la gran base real sobre la cual debe edificarse la unidad ideoló­gica del Partido,

Nuestra historia no difiere, en lo trascenden­te, de la historia de las organizaciones revolucionarias del mundo y de los propios movimientos revolu­cionarios que han tenido lugar en nuestra Patria a partir del 25 de Mayo de 1810. En el comienzo de todos ellos tuvo un papel destacado la juventud y fun­damentalmente los estudiantes, sus condiciones de vida, su relativa libertad frente a las relacionas de producción y su mayor facilidad para acceder a las nuevas corrientes de pensamiento, les permitieron jugar un papel agitativo detonante en la concreción de organizaciones que, con el tiempo, se transformaron en organizaciones políticas de vanguardia de los tra­bajadores. Estas condujeron victoriosamente a sus respectivos pueblos en la lucha por la Liberación Nacional en contra del imperialismo o del colonialismo y, con posterioridad, en la lucha por la construcción de nuevos sistemas de vida que excluyeron la explota­ción del hombre por el hombre y del pueblo por el capital.

En muchas partes del mundo y en la mayor cantidad de casos, la militancia de los estudiantes se agota con la vida universitaria. Cuando se sigue con fidelidad la idea revolucionaria de un Partido de tra­bajadores, los núcleos de estudiantes van forjando corrientes de opinión en el orden nacional, constituyendo grupos de intelectuales militantes de izquier­da. Por lo general estos grupos no logran sobreponerse o superar las características que le depara su origen de clase. No aceptan la modificación de sus conductas plenas de individualismo ni se someten a la disciplina partidaria, pero predican la discipli­na para las masas y se reservan para ellos el rol de espíritus libres y orientadores de los trabajadores; tal lo ocurrido con Militancia Popular.

En otras oportunidades, angustiados por su divorcio de las masas, se incorporan a los movimientos populistas abandonando toda práctica revolucionaria y la ideología científica de la revolución.

Una práctica política en el seno y al servicio de los trabajadores posibilita y exige una correcta, interpretación de la realidad nacional, a la cual es sólo posible arribar aplicando el método del so­cialismo científico. La combinación equilibrada en­tre esta práctica y estos conocimientos constituye la única base de concreción de un partido revolucio­nario.

El intento de acercamiento de los sectores de izquierda al peronismo dio origen en nuestro país a diversas experiencias políticas: la concreción del Partido Socialista Nacional por parte de Dickmann y Unamuno no logró mayor desarrollo y desapareció con el derrocamiento del peronismo en 1955; el giro del Partido Comunista que determinó apoyar al peronismo, fracasó en la práctica por el rechazo que el mismo manifestó a esta adhesión, y concluyó con una nueva rectificación de la orientación del Partido Comunis­ta y con la separación del mismo de Juan J. Real y Julio Notta entre otros; la formación de Acción Socialista que fue determinada por una escisión del Partido Socialista en 1952 encabezada por Dardo Cúneo; la incorporación al desarrollismo por parte de socialistas como Merchensky y Taile que originariamente pertenecieron al grupo anterior; la transformación de los restos de Acción Socialista en el Partido de los Trabajadores que sustentaron en la Convención Nacio­nal de 1957 la vigencia de la Constitución de 1949; por último, la incorporación directa al peronismo por parto de grupos socialistas entre cuyos integrantes Perón designó a sus Ministros de Interior y de Rela­ciones Exteriores, como lo fueron Borlenghi y Bramuglia respectivamente.

En síntesis, y con diversos matices, ninguno de estos grupos pudo sobreponerse a las limitaciones de su origen. Muchos no trascendieron de pequeños cenáculos y vivieron divorciados de la realidad nacio­nal y de los trabajadores. Otros, en el seno de or­ganizaciones populares solucionaron su problema de militancia personal; pero unos y otros, pese a su militancia y sacrificio, fracasaron en la construcción de una herramienta política y orgánica idónea que condujese el proceso de Liberación Nacional de nuestro país.

En medio do estos intentos, rectificando permanentemente errores de concepción y de práctica, que­dan los integrantes del Partido Socialista Popular que han logrado constituir un Partido Nacional.

Muy difícil de concretarlo por cierto, pero, cuenta hoy con una definición, una línea política, y una metodología propias reconocidas en el país por amigos y enemigos. Esto constituye ya un Partido político.

Nuestro Partido sustenta uno concepción y principios de práctica, que pueden considerarse a nivel de los más avanzados del mundo.

En la discusión de la política educacional, sa­nitaria, y de vivienda, participan los trabajadores. El mundo limitado y unilateral de los especialistas ha sido superado.    Esto nos ha permitido forjar una política que satisface mucho más plenamente las necesidades y las aspiraciones de los sectores populares. Con esta metodología arribamos al programa, de cien mil becas para hijos de trabajadores; a los trabaja­dores profesores de Ingeniería de Córdoba, (en donde, a propuesta del Movimiento Nacional Reformista, se organizó conjuntamente con la Unión Obrera Metalúrgica un curso do soldadura para trabajadores y estudiantes que será dictado por trabajadores y docentes); a los cursos de Actualización Bancaria, de Seguridad Industrial, de Inyectables, de Extracciones, etc.

El Partido, donde está presente, conduce la orientación del proceso por la simple y elemental ra­zón de ser quien mejor conoce la realidad.

El Partido, en diversos enfoques de la realidad, da pautas superadoras que son aceptadas por surgir de una interpretación correcta de los problemas existentes. En el campo sindical, defiende las organizaciones existentes, su unidad, su fortalecimiento, la sa­tisfacción de reales necesidades de los trabajadores. Nuestros compañeros trabajadores militan para solucionar el problema de sus compañeros de trabajo y no para dictar una línea, revolucionaria, marginada de la realidad; así han abierto y posibilitado el diálogo fecundo a todo nivel y con los diversos sectores del movimiento gremial nacional. Los hombres del Parti­do llegan a las organizaciones gremiales, barriales, vecinales y de villas pare poner el hombro y solucionar problemas, no para extraer trabajadores a fin de incorporarlos a esquemas foráneos ajenos a la reali­dad cotidiana de las masas.

Cuando se gana la confianza de los sectores populares a través de una práctica correcta, éstos aceptan las propuestas partidarias, porque constituyen soluciones apropiadas para, sus problemas. A este diálogo no permanecen ajenos representantes de las Fuerzas Armadas, que ven en la prédica del Partido la posibilidad de superar las contradicciones existentes entre ellas y los sectores populares a los efectos de construir un solo haz, con un solo compromiso: la Liberación Nacional.

El Partido ha alcanzado una madurez que le permitió afrontar el proceso nacional. Loa planteos del Partido son soluciones y ahora más que nunca hay que avanzar para que su organización constituya la parte material idónea para producir esa solución.

La larga confrontación con la social-democracia en el seno del Partido ha dado sus resultados. A través de ella se ha desarrollado en profundidad y calidad el planteo correcto para la construcción de la organización. A través do ella en el seno del Partido, so ha separado la paja del grano. Con ella se ha logrado concientizar la mayor parte de los integrantes del Partido, y la definición de estas ba­ses indica con toda claridad el contenido programá­tico y metodológico elaborado y propugnado por las mayorías.

En todas las provincias los integrantes do­los Sectores populares han optado sin vacilación por una programática, y una metodología correctas. Lo acontecido en las provincias de Santa Fe, Santiago del Estero, Chubut y Buenos Aires es claro y definitorio. Antiguas generaciones de humildes socialistas, siem­pre postergadas dentro de los cánones organizativos de la social-democracia, que permanentemente alejó a las bases de la conducción, se definieron decididamente por la juventud, por los trabajadores, por las mayorías partidarias que jerarquizaban a la organización por sobre les personalismos y que conceptuaban los cargos de responsabilidad como los de máxima mi­litancia y no los de máxima figuración personal.

A través de dos años, con absoluta confianza en el veredicto final y definitivo de las bases del Partido, militantes prevenientes del Socialismo Argentino, del MAPA, del Grupo Evolución y del Socialismo Obrero, se dieren a la doble tarea sistemática de engrandecer y desarrollar el Partido hacia afuera y de dar internamente a través de hechos un avance constante en la construcción do una organización apta y de un ideario coherente al servicio do los trabajadores, del pueblo y de la Liberación Nacional.

En esta confrontación entre ideas correctas o incorrectas, la reacción, el antipueblo, la antipatria no vacilaron en la utilización de todos los mé­todos que les son propios a su origen y formación: la delación,  la corrupción, el auxilio financiero de fuentes extrapartidarias empeñadas en el mantenimiento del sistema y, por último, su definitiva alianza con aquellos que jerarquizan como contradicción fun­damental la existente entre las grandes superpotencias y no la existente entro nuestra Patria y la dependencia, como lo sienten y lo definen los mili­tantes del Partido Socialista Popular.

En el campo de la historia política de nuestro país la confrontación ha concluido;  sólo sobreviven aspectos formales de la misma, que deberán resolverse inexorablemente de conformidad e ir la realidad de los hechos.

Concluida esta confrontación con el triunfo de la postura y de la metodología correcta, el Partido en su plenitud, se halla capacitado para producir nuevos avances, para efectuar nuevos progresos.

En forma concomitante, con sus avances y pro­gresos en lo externo, en el seno del pueblo, el Partido se propone y resuelve en este Segundo Congreso avanzar firmemente sobre sus imperfecciones, sobre sus debilidades, enfrentando y programando una cam­paña sistemática y coherente de rectificación de la práctica. Esta rectificación de la práctica, apun­ta a la revalorización del papel que los trabajadores deben jugar en la construcción del Partido y apunta a constituir a los trabajadores del país en el obje­tivo central de la prédica y agitación del Partido.

Para emprender con justeza esta campaña de rectificación de la práctica militante, es preciso com­prender con la mayor claridad posible el rol de los trabajadores en la Liberación Nacional y en la cons­trucción de una sociedad más justa, en donde no exista la posibilidad de la explotación del hombre por el hombre y del pueblo por el capital.

Para comprender el rol de los trabajadores en la etapa de la Liberación Nacional, es necesario es­tudiar nuestra historia y comprobar que los gobiernos populares de Yrigoyen y Perón, en lugar de terminar con la dependencia, fueron derrotados por quieres imponen la dependencia: el imperialismo y la oligar­quía terrateniente.

Es preciso profundizar en la historia para descubrir el motivo que determinó el fracaso de estos gobiernos populares, en sus deseos firmes y honestos de terminar con la dependencia nacional. ¿Hubo equi­vocaciones personados en Yrigoyen y Perón? ¿Hubo equivocaciones en la designación o en la actuación de sus ministros? ¿Hubo falta de colaboración o iniciativa por parte de la Cámara de Diputados o de Senadores? Estas son cuestiones que hacen a lo superficial. Lo que en realidad no se concretó fue la unidad de las mayorías nacionales conducidas por los trabajadores. Esto explica las derrotas de los gobiernos po­pulares a pesar de sus buenas intenciones.

Esta es la respuesta que da el Partido Socialista Popular a los interrogantes que se plantean frente a los fracasos de los gobiernos populares. Yrigoyen otorgó una serie de reivindicaciones a los trabajadores y al país, pero durante su gobierno los trabajadores no asumieron la conducción del proceso político y económico de la República. Perón incrementó al máximo posible, dentro de la realidad de Argentina, las reivindicaciones de los trabajadores, pero durante sus tres gobiernos los trabajadores sim­plemente asumieron la coparticipación en el poder político de la Nación y no la conducción del proceso político y económico.

Termina la segunda presidencia del Tte. Gral. Perón con el triunfo del imperialismo y de la oligarquía, y con una Confederación General del Trabajo reclamando armas para defender al gobierno popular, sin ser escuchada.

Vivimos hoy la implantación de un plan económi­co contrario a los intereses de las mayorías nacionales y, en particular, de los trabajadores a quienes vemos en clara confrontación y oposición con aquellos que tratan de disminuir su participación en el ingre­so nacional y de afectar seriamente el poder adquisi­tivo de sus salarios,

Por ello, podemos decir que los hechos de nues­tra historia nacional nos demuestran que los intentos de Liberación Nacional -cuya consumación debe pasar inexorablemente por la nacionalización de los monopolios extranjeros y la expropiación de la oligarquía terrateniente-   han fracasado, no por debilidades circunstanciales dentro de los partidos populares, sino por no haber asumido los trabajadores la conducción del proceso de Liberación Nacional, a través de sus propias organizaciones políticas.

Para comprender en profundidad las enseñanzas de nuestra historia y llevar adelante al mismo tiem­po la rectificación de nuestra práctica militante, es necesario tener una noción científica de por qué corresponde a los trabajadores asumir la dirección de las mayorías nacionales en su lucha por leí Liberación Nacional y por qué, sólo ellos, pueden intentar con éxito la transformación de nuestra injusta sociedad en otra nueva, más justa y más perfecta.

Solamente el conocimiento y el estudio de algunas premisas a las cuales se arriba a través del mé­todo del socialismo científico, nos pueden explicar racionalmente el fundamento de nuestro planteo. De­bemos partir de la base de que la organización social y política de cada país depende de su realidad económica.

La historia de la humanidad nos demuestra que un tipo de gobierno y de organización social corres­pondió a la época en que la producción económica se basaba en la existencia y en la explotación de los esclavos. Otro tipo de gobierno y de sectores socia­les correspondió a otra etapa de la, humanidad, en donde la producción económica se basaba en el traba­jo de los siervos de gleba, es decir, de los trabaja dores da la tierra que los señores feudales explota­ban y transferían como parte accesoria de las propiedades terratenientes. Otro tipo do organización y de sectores sociales correspondió a una sociedad con su base de producción en el trabajo asalariado de los trabajadores. Entonces llegamos a la conclusión de que los tipos de gobierno, la existencia de clases o sectores sociales, no están determinados por la inteligencia o bondad de los gobernantes o por la composición racial de los pueblos, sino por la organización de la economía y de la producción que existe en cada país, en una época determinada.

El actual sistema económico de nuestro país es un sistema capitalista dependiente. Es un sistema capitalista porque en él existe la propiedad privada de las fábricas, de las tierras, de las minas, de las organizaciones dedicadas a la pesca, etc. También existe la apropiación privada de los bancos, de las compañías de seguros, de los servicios de trans­porte, de las firmas o empresas de importación y ex­portación, de importantes firmas que distribuyen las mercaderías y los productos en el interior del país, de empresas que realizan el comercio mayorista, etc.

Antiguamente, el dueño de todo ello fue el due­ño de los esclavos, después fue el señor feudal, hoy en nuestro país y en muchos países del mundo llamado occidental, el dueño es el gran capital, que no tie­ne nombre, que no tiene bandera y que realiza, en su exclusivo beneficio, la explotación del trabajo de los hombres y mujeres y de las riquezas naturales. Por ello, nuestro sistema, es llamado capitalista.

Pero en la Argentina las fábricas más grandes, las fuerzas financieras, pertenecen al capital ex­tranjero, a un capital que en la mayor parte de los casos resuelve desde los Estados Unidos, y en otros casos desde algunas capitales de Europa. Por ello nuestro sistema es dependiente, porque depende del exterior. Las grandes resoluciones de nuestra economía, de nuestro desarrollo, no se toman dentro de los límites del país y de acuerdo con los intereses de la nación y de su pueblo, sino fuera de sus lími­tes y de acuerdo con los intereses de los grandes capitales extranjeros.

En el sistema de la esclavitud no había traba­jadores asalariados; en el sistema feudal no había trabajadores asalariados; en el sistema capitalista, el gran desarrollo de la industria y de los capiteles determina la existencia de millones y millones de trabajadores asalariados. Con el desarrollo del sistema capitalista, cada vez más mujeres y hombres tra­bajan para menos patrones. Cada vez el trabajo de mayor cantidad de trabajadores se realiza en benefi­cio de menor cantidad de grandes empresas. Son es­tos trabajadores, en consecuencia, los que constitu­yen la gigantesca, fuerza productiva, la base de toda la economía del sistema, capitalista y quienes experimentan dentro del sistema, el mayor nivel de explotación.

Su grado de explotación es directamente proporcional al grado de ganancia del gran capital. La lonja es una sola y si se corta más ancha para un lado queda más angosta para el otro. Por ello, los trabajadores que sufren sobre sus espaldas y las de sus fa miliares el mayor peso de las arbitrariedades del sistema, son los menos comprometidos con el sistema y son quienes pueden cambiarlo. Y por ser los trabajadores los que representan la baso fundamental e irreemplazable de la producción económica, son ellos los únicos que pueden abordar con éxito la tarea de construir un sistema nuevo, menos arbitrario o injusto. En síntesis, los trabajadores constituyen el sector social más idóneo para transformar el antiguo mundo y construir uno nuevo.

Los trabajadores pueden construir el nuevo mundo no por ser los integrantes más pobres de la sociedad capitalista, sino por representar el elemento más importante en la producción económica. Los trabaja­dores representan la posibilidad de un nuevo modo de producción más avanzado en donde, al desaparecer la propiedad privada del gran capital, la propiedad pú­blica de las grandes empresas y la planificación pública de la economía posibiliten a la sociedad una existencia mejor.

Por ello, los trabajadores son los encargados históricamente de conducir a las mayorías nacionales a una nueva etapa de vida y a una nueva forma de or­ganización social. Pero en nuestro país dependiente se antepone a la transformación social el logro y la concreción de la Liberación Nacional.

La dependencia hinca sus dientes con mayor fuerza en los sectores del trabajo, porque el gran capi­tal necesita, la explotación de los trabajadores directa o indirectamente para poder subsistir y desarrollarse.

La explotación directa la efectúa a través de la relación de trabajo, a través de los salarios, de las condiciones de trabajo de las horas extras, etc. La explotación indirecta la efectúa tomando el aspecto consumidor del trabajador y lo hace cuando le vende cigarrillos, gaseosas, artículos para el hogar, cuando le vende los artículos que integran la canas­ta familiar o los medicamentos, ya que en todos ellos el gran capital actúa en la etapa de la producción, o de la distribución o del comercio mayorista.

Por ello son los trabajadores, sometidos a una expoliación creciente en forma directa o indirecta -que han debido reemplazar el trabajar para vivir por el vivir para trabajar- quienes desarrollarán una tarea consecuente sin concesiones ni claudicaciones en la lucha por la Liberación Nacional. El reconocimiento de su rol conductor en esta lucha no obedece a sentimentalismo, ni a posturas generosas ni demagógicas, sino que es la conclusión concreta del análi­sis científico de la realidad que padece nuestro país con una organización capitalista dependiente.

La capacidad de movilización de los trabajado­res ha concretado jornadas históricas en nuestro país: 17 de octubre, Cordobazo, etc. Dotar a dicha capacidad potencial de una interpretación científica de la realidad nacional y de una organización apta, constituye el objetivo central de nuestro Partido.

Si se logra sacar de nuestra historia estas conclusiones, si estas conclusiones forman parte material del cerebro de cada militante del Partido So­cialista Popular, es fácil comprender la importancia trascendental y la urgencia racional de rectificar nuestra práctica militante para definir en corto tiempo a nuestra organización política como la orga­nización política de la vanguardia de los trabajado­res.

Si se comprenden las construcciones del análi­sis de nuestra realidad histórica, se llega a la conclusión de que, en la medida que se cambie en forma positiva la actitud hacia los trabajadores en el se­no del Partido, se trabaja coherente y positivamente por la Liberación Nacional. En la medida que esto no se haga, se pierdo lamentablemente un tiempo de militancia que aprovechan en su favor los monopolios extranjeros y la oligarquía terrateniente.

En consecuencia, es necesario cambiar la acti­tud de los compañeros integrantes del Partido no provenientes de los sectores del trabajo, para desenro­llar al máximo nuestro Partido hacia, un partido de los trabajadores, con la convicción de que no somos soldados de la Liberación Nacional si no trabajamos coherentemente por la concreción de un partido de los trabajadores, de que no somos coherentemente antiim­perialistas ni antioligárquicos si no dedicamos todo nuestro esfuerzo a la concreción de un partido de los trabajadores. Y esto es así porque sabemos hasta la medula de nuestros huesos que sin la conducción de un partido de trabajadores las mayorías nacionales no podrán nacionalizar a los monopolios ni expropiar a la oligarquía para concretar la Liberación Nacional de nuestra patria.

Imbuidos de estos conocimientos que nos dan las experiencias de los pueblos del mundo y de nuestro pueblo, debemos afrontar con decisión, con firmeza y con un alto nivel de comprensión la rectificación de nuestra práctica militante.

Es responsabilidad de todos los militantes que ningún compañero militante honesto quede en el cami­no en el curso de esta rectificación. El Partido está hoy depurado de oportunistas y social-demócratas. Tenemos en él lo mejor de cada sector de las mayorías nacionales y es responsabilidad del capitán llegar al puerto con la carga completa. En nosotros la capitanía es colectiva y, por ello, es responsabilidad de todos y cada uno de los compañeros militantes que esta rectificación de la práctica militante sea comprendida y realizada, por cada uno y todos los afiliados del Partido.

Nuestro Partido debe apuntar a incrementar su vinculación y desarrollo en las grandes concentraciones de trabajadores y en las ramas básicas de la producción: metalurgia, petroquímica, etc.

Antes de avanzar en el desarrollo de las pautas a través de las cuales deberá concretarse la rectificación de la práctica militante, es conveniente ana­lizar por qué y cómo surge la necesidad, en el seno de nuestro Partido, de la rectificación de la práctica militante.

La Incorporación de trabajadores a nuestro Partido es un logro del conjunto de los afiliados   que se articula fundamentalmente sobre la militancia de los compañeros que han trabajado específi­camente en el Frente Gremial y de la combinación de esa militancia con la interpretación que nuestro Partido hace de la realidad nacional y de Ia forma de actuar sobre ella.

La presencia de compañeros trabajadores en el seno del Partido, en la medido en que ella se desarrolló cuantitativa y cualitativamente, creó contradic­ciones con integrantes del Partido que siempre han trabajado por los trabajadores pero no comprenden muy claramente ni tienen práctica de trabajo con los trabajadores y, por otra parte, no entienden ni sienten intensamente la urgencia y la necesidad de que el Partido se transforme en un partido de los traba­jadores. Tampoco se entiende que la no comprensión de esta programática y la no realización de esta prác­tica nos alejó del logro de la Liberación Nacional y, por lo tanto, la fuerte militancia de ellos resulta muy poco eficaz pena el logro de la misma. En otras palabras, la incomprensión de estos problemas resta eficacia y vaporiza el resultado concreto de años y de vidas dedicados a la militancia. Solamente la comprensión de estos problemas y una práctica consecuente dotará de ciertos y positivos resultados a la militancia de todos los integrantes de nuestra organización.

Las contradicciones que crea la presencia de los trabajadores en el seno del Partido deben resol­verse no dejando de lado a los trabajadores -hecho que constituiría una contradicción aún mayor por par te de quienes militamos por los trabajadores- sino rectificando nuestra práctica militante. La presen­cia de los trabajadores ha permitido el desarrollo de esta rectificación y la realización de la misma per­mitiré la concreción de un partido de los trabajado­res. Este partido dotará al país y a las mayorías nacionales de la herramienta conductora necesaria, para la concreción de la Liberación Nacional.

El intercambio de ideas producido acerca de la rectificación de la práctica y el consenso unánime alcanzado sobre su necesidad, hablan de la madurez formativa de nuestros militantes y define al Partido como una posibilidad real para la existencia auténtica de un partido nacional de los trabajadores, comprometido con la problemática de nuestra patria y al servicio de la Liberación de las mayorías nacionales.

Dentro de las pautas de la social-democracia, este debate y este consenso hubiesen sido imposibles por carecer ella de principios científicos de organización. Las contradicciones existentes en el seno del Partido, lejos de superarse con el desarrollo del mismo, hubiesen provocado una escisión más de las ya tradicionales en el campo de la social-democracia, imbuida y formada en los valores de la pequeña burguesía individualista, arrogante, incapaz de aceptar el consenso de la mayoría y no ejercitada en el correcto manejo de la crítica y la autocrítica. Sin exageraciones, se puede afirmar que la producción del debate y sus conclusiones en el seno de nuestra organización, constituye la victoria revolucionaria más alta lograda hasta la fecha por todos y cada uno de nuestros militantes y demuestra le aptitud de nuestro método de organización, de estudio y de trabajo para enfrontar con optimismo y con fe cierta en el éxito, la nueva etapa que en nuestra, práctica se abre a partir de este Segundo Congreso Nacional.

El debate se ha caracterizado porque a través del misino todos los integrantes del Partido jerarquizaron la defensa de la unidad partidaria. El debate se ha caracterizado porque en el transcurso del mis­mo nadie solicitó la desintegración de nadie, de ningún nivel, sino nuevas y mejores integraciones, nue­vas y mejores comunicaciones entre los integrantes de nuestra organización. Estas modalidades confirman en los hechos la madurez alcanzada por los integrantes de esta organización. La rectificación de la prácti­ca militante ha hecho nacer en algunos compañeros un interrogante: ¿Fue equivocado y negativo todo lo anteriormente realizado?

Ello no es así; en cada etapa del desarrollo, el Partido tiene nuevas posibilidades y en cada experiencia debe ajustar los aciertos y suprimir los errores. La rectificación de la práctica es casi permanente en una organización que se desarrolla incrementando el contacto con la realidad. A una edad determinada, el hombre deja de usar pañales y ello no significa que su uso anterior haya sido incorrecto.

El mejoramiento ideológico de la organización ha surgido y surgirá siempre de las confrontaciones ideológicas; la organización del Partido debe canalizar orgánicamente estas confrontaciones que, lejos de debilitar la organización partidaria, deben vita­lizarla permanentemente si se realizan correctamente.

Los militantes del Partido Socialista Popular lucharon primero por una interpretación de la reali­dad nacional; luego por la concreción de un programa de Liberación Nacional; después por la adopción de una táctica correcta que permitiese a las mayorías nacionales, tras la vanguardia de los trabajadores, concretar la Liberación Nacional; más tarde lucharon por la aceptación e imposición de determinadas pau­tas de organización, y hoy por la rectificación de ­la práctica militante. Posibilitó el éxito del último avance ideológico la presencia creciente de los trabajadores en el seno del Partido, la amplitud de la crítica por ellos formulada y la aceptación que ­de la misma efectuaron los militantes del Partido.

Se procedió correctamente al analizar, en pri­mer lugar, lo correcto y lo cierto de la crítica y en no jerarquizar aspectos formales que escapaban a la cuestión de fondo. Vieja táctica social-demócrata que debe desterrarse para, siempre de nuestra organi­zación, es la de jerarquizar las formas y desjerarquizar los contenidos. La organización revoluciona­ria, se integra con militantes y no con plumíferos.

No sabor aceptar la crítica e interpretarla subjeti­vamente demuestra una debilidad ideológica, denota una formación pequeño-burguesa, un individualismo ajeno a un militante revolucionario y una mentalidad contraria a la Organización.

La rectificación de la práctica militante encierra y comprendo un cambio de mentalidad, un cambio de viejas estructuras mentales y sociales; para rea­lizarla debemos romper con ideas viejas y ampliar nuestras miras, debemos llegar a acostumbrarnos a jerarquizar permanentemente el contacto y la militancia con los trabajadores dentro y fuera de la Organización.

Tenemos tiempo para esperar la comprensión de todos los militantes, pero tenemos menos tiempo para esperar la comprensión de quienes ocupan cargos de responsabilidad dentro de la Organización. Es imprescindible terminar con la arrogancia por parte de los compañeros que ocupan puestos de responsabilidad. Los compañeros que ocupan cargos de responsabilidad dentro de la Organización deben destacarse por ser los compañeros de trato más humilde y por estar al servició permanente de todos los militantes.

Esta no es ni será la última rectificación de la práctica militante; ella se irá repitiendo en la medida que acumulemos nuevas y más ricas experiencias a través del trabajo político en el seno de las ma­sas, pero esta rectificación de la práctica militante reviste una importancia especial que marca la ma­durez alcanzada por los integrantes de nuestra Orga­nización, y que caracteriza a ésta como una posibilidad real en Argentina para la construcción del parti­do político de la vanguardia de los trabajadores, que ha de conducir a las mayorías nacionales en el proceso de Liberación Nacional.

Solamente un partido de los trabajadores inte­grado por una mayoría de los mismos, puede conducir a las mayorías nacionales hacia la Liberación Nacio­nal; constituir ese partido debe ser el objetivo central de todo militante del Partido Socialista Popu­lar y, para ello, deberá operarse en forma inmediata la rectificación de su práctica militante.

La rectificación de la práctica militante enunciada debe canalizarse:

1.    Jerarquizando las actividades del Partido por sobre las actividades de los frentes (salidas masivas, actividad barrial, villas, interior, etc.);

2.    Incrementando el contacto, la comunicación y el intercambio de experiencias con los trabaja dores dentro y fuera del Partido;

3.    Incrementando la participación cuantitativa dolos trabajadores en los organismos de conducción del Partido;

4.    Teniendo como objetivo alcanzar, por parte de quienes no integran el Frente Gremial, un 50 % de trabajadores en la confección de sus listas de trabajo político y jerarquizando el trabajo sobre este 50 %;

5.    Desarrollando el estudio colectivo apuntando a la realización, por parte del Partido, de un correcto análisis de las clases y subclases sociales en cada región de nuestro país;

6.    Organizando cursos, seminarios,  etc.,  que intensifiquen la capacitación fundamentalmente de los compañeros trabajadores acerca de la realidad nacional, del estudio teórico, de las con­diciones y de la legislación del trabajo vigente, teniendo como mira a su actuación tanto como fuerza del Partido, que debe trascender la esfera sindical para proyectarse a la política;

7.    Realizando en común las elaboraciones teóricas sobre aspectos de la realidad y jerarquizando en ellas el estudio de lo solución de las necesidades de los trabajadores y de sus condicio­nes de vida, como asimismo las necesidades y condiciones de vida de los habitantes de los barrios, villas de emergencia y pequeñas loca­lidades del interior;

8.    Organizando seminarios comunes para cuadros de todos los frentes sobre problemas nacionales, teóricos y de organización partidaria.

 

[1] Fabianos: miembros de la Sociedad do los Fabianos, organización reformista de un oportunismo extremo, fundado en Inglaterra en el año 1884- por un grupo de intelectuales burgueses. La sociedad tomó su nombre del jefe guerrero romano Fabio Cunctator (el temporizador), famoso por su táctica expectante que le bacía rehuir los combates decisivos. Los fabianos a pactaban al proletariado de la lucha de clases y afirmaban que era posible pasar paulatina y pacíficamente del capitalismo al socialismo mediante reformas.


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