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Universidad y Política en los '90

UNIVERSIDAD Y POLÍTICA EN LOS 90

Participación realizada en el Centro Cultural Ricardo Rojas, el día 29 de junio de 1998, en un panel integrado por Rodrigo Masini, Pablo Javkin, Dr. Osear Schuberoffy el Dr. Raúl Alfonsín. Organizada por la FUA, la FURA y las Secretarias de Extensión Universitaria y de Relaciones Institucionales de la UBA.

 

Muy contento de compartir esta mesa, en esta cátedra libre de la Reforma Universitaria. Nos abocamos hoy a! tema Política y Universidad. El tema de la politización de la universidad en muchos documentos del Banco Mundial es cuestionado, usualmente la vincula o identifica como una de las causas de la no calidad. "La universidad y los estudiantes están en otra cosa, no estudian...están en la política". Yo creo que esto es algo que debemos asumir y aclarar a propios y a extraños.

En occidente, la historia de la Universidad se inicia a partir de dos modelos: uno fue París y otro fue Bolonia. París fue la creación de quien quería, desde Abelardo, enseñar; fue una universidad teológica, de maestros. Bolonia fue la comunidad de estudiantes, de quienes querían aprender fundamentalmente. Fueron dos concepciones diferentes de Universidad que han venido transladándose hasta el presente.

Los Maestros de París, desde Abelardo fueron catequistas; los de Bolonia, servidores del apetito intelectual de sus discípulos. Francisco Giner de los Ríos dice que las antiguas universidades "…eran verdaderas repúblicas...repúblicas federales, de facultades y naciones que a su vez...poseían su peculiar autonomía...Cada nación y facultad se gobernaba a sí propia, y otro tanto se dice de la Asamblea General de la Universidad - Asamblea que entre nosotros llevó siempre el nombre de Claustro (por reunirse en la Catedral), y en la cual residía verdaderamente el gobierno supremo de la corporación: lo mismo cuando constaba sólo de maestros, como en París, que de maestros graduados y estudiantes como en Bolonia y en España.. ."("Obras Completas", Io ed. La Lectura, Madrid 1924 T° X p.179). José García Mercada! escribe: "...La Universidad española anterior al renacimiento había sido sociedad autónoma, que tenía por autoridad suprema al Rector, elegido por los estudiantes y que por sí mismo nombraba a sus catedráticos, pudiéndolo ser incluso extranjeros... la organización universitaria era internacional, y tenía por lengua común el latín." ("Estudiantes, Sopistas y Picaros", 2° ed. Espasa Calpe Argentina S.A. Bs.As. 1 954

Nuestras Universidades Latinoamericanas reconocen la paternidad en las de Bolonia, Padua y Salamanca, inspirando ésta última la naturaleza de nuestras Universidades y su humanismo. Al establecerse a mediados del siglo XVI las Universidades coloniales en el Nuevo Mundo, sujetas al cartabón de la de Salamanca, (según puede verse en las Reales Cédulas de creación) se trasplantó el régimen peninsular, en el cual los alumnos tenían voz y voto para nombrar sus profesores y aún su Rector. Si bien solicitaron su fundación diversas órdenes religiosas, como los dominicos o jesuitas, siempre actuaban en nombre de la comunidad. Salamanca, de donde provienen nuestras raíces y de donde provienen las raíces de nuestras Universidades Nacionales a través de las Universidades coloniales, fue una Universidad Estatal.

De España devino una concepción pública y de carácter colectivo de Universidad.

En el molde de París se encuadraron las Universidades nórdicas, que a su vez inspiraron las norteamericanas clásicas, como Harvard, el colegio del Príncipe (luego Columbia), Princenton, Yale, etc., que siempre fueron entidades privadas, resultado de esfuerzos particulares.

Llegados a nuestros días, esta diferencia lejos de atenuarse se acentuó.

Nuestras Universidades adoptaron un patrón humanista, de cultura general, de servicio humano, en tanto ese otro modelo fue segmentando progresivamente el conocimiento. Su antigua organización sectaria basada en una religión, fue reemplazada por una asociación financiera de fideicomisarios o trustees que, en virtud de su interés, cuidan legítimamente la vida de la Universidad: calidad docente, distribución de fondos, bibliotecas, laboratorios y, en fin, todo lo que concurra a aumentar el prestigio y, por tanto, los ingresos y la influencia del cuerpo.

En la Universidad latinoamericana, carente de esos estímulos y controles, el único contrapeso posible es el del más directamente interesado en la mejoría del nivel de enseñanza y difusión cultural: el estudiante, restaurando una meritísima tradición.

Entonces todos nos hablan de la participación de los estudiantes en esa Universidad. Nos habla Don Giner de los Ríos, nos habla Ortega y Gasset que nos dice "...La escuela como institución normal de un país depende mucho más del aire público en que íntegramente flota, que del aire pedagógico producido dentro de sus muros..." ("Misión de la Universidad", editorial Revista de Occidente, Madrid, 1968.). Por eso es necesario señalar el mérito de nuestros compañeros de la FUÁ, de las federaciones regionales, de los centros de estudiantes, y de los docentes, no-docentes y graduados reformistas, que a pesar de una sociedad y de un régimen absolutamente contrario a los objetivos trascendentes de la Universidad, siguen sosteniendo, con este contenido que debemos mejorar pero que es trascendente, a las diversas Universidades nacionales en nuestro país. Entonces el tema es, como nos enseñaban muchos maestros, la vinculación de la Universidad con lo social, la función social. Pensamos con José Luis Romero que la Universidad es el ámbito donde la sociedad elabora y discute sus fines últimos.

La misión jerárquica de la Universidad no es, como cree el Banco Mundial, crear ajustados engranajes para un sistema económico determinado. La función de la Universidad, y fundamentalmente en países nuevos como el nuestro, es producir la síntesis del pensamiento nacional en los diversos campos. Es producir las soluciones a los grandes problemas con los cuales se enfrenta el joven país. Por ello la Universidad nuestra que tiene sus raíces en la concepción de la Universidad de Salamanca, es un ente público, un ente que se debe a la sociedad. Las universidades coloniales tuvieron participación estudiantil, y cuando la participación estudiantil fue suprimida, como en San Marcos durante un tiempo, tuvieron participación las entidades públicas. Nunca fue un conglomerado cerrado exclusivamente para los que enseñan, o exclusivamente para los que en ellos están. Siempre tuvo una responsabilidad ante la sociedad. Por ello la Universidad es pública. Tiene la responsabilidad de ir pensando en lo que necesita el país, que no es exactamente igual - a veces contradictorio - a lo que necesitan las grandes concentraciones de capital.

No hay que hacerse los picaros. Todos estamos en la misma sociedad, y la evaluación que hoy se pide no es sinónimo de racionalización del gasto, tiene por objetivo circunscribir la Universidad a producir engranajes que se ajusten a los proyectos de los flujos del capital especulativo. No podemos hacer contrabando.

Nuestra Universidad tiene sus raíces en la Universidad de Salamanca que es una Universidad pública, con conceptos provenientes de Bolonia, sinónimo de comunidad de quienes quieren aprender a pensar y a ser. Por eso en los gobiernos de nuestras Universidades coloniales existió la representación estudiantil que alarma al Banco Mundial. Su carácter público estaba más allá de las diversas órdenes eclesiásticas que estaban a cargo. En otra línea estaba la Universidad de París: Universidad gobernada por quienes querían enseñar cosas determinadas. De allí devino el modelo Inglés, de EE.UU., de las Universidades Privadas argentinas, totalmente respetables, pero somos Instituciones diferentes. Unas se orientan por lo que quieren enseñar o por el marketing universitario que quieren lograr. Las otras, las nacionales, deben orientarse por su objetivo que es su función social, que se multiplica en los países en vías de desarrollo, países sin una aglutinación cultural, sin un proyecto nacional solidario, países siempre próximos a la desintegración, a la desinteligencia.

Aquí la Universidad esta obligada a ser síntesis, a ser fermentarlo de propuestas superadoras. No en una torre de marfil, sino en un taller con puertas y ventanas abiertas al pensamiento y a la realidad social. Nos enseña José Luis Romero "Aparece en el seno de la comunidad una necesidad nueva, que consiste en que alguien a quien se reconozca autoridad moral e intelectual se encargue de promover vastas corrientes de opinión que nuestra comunidad -desarticulada y con grupos yuxtapuestos - no engendra sola... Este es el sentido más revolucionario y original del movimiento de la Reforma: la exigencia de lo que se ha llamado la función social de la Universidad." (Véase La Universidad en "La experiencia Argentina, y otros ensayos" Ed. De Belgrano, Bs.As. 1980)

Nuestro país, por sobre todas las cosas, tiene que posibilitar democráticamente la formación del hombre. Yo no sé si es con el CBC, o con otro método, o dónde, pero siempre debemos nosotros estar preocupados por la formación del hombre; es en este tiempo muy nuevo, en este espacio muy nuevo donde la Universidad tiene que formar al hombre, que es el pedestal. Sobre esa base, ese pedestal, que es un hombre dotado de una brújula tanto en la línea del tiempo como en el espacio, se construye la estatua, que es la especialidad. La escultura por valiosa que sea sólo adquiere su trascendencia sobre su pedestal.

Nos enseña José Ingenieros que "...La especialización directa, sin una base previa de cultura general, es contraria al desenvolvimiento de la personalidad. Los especialistas son amanuenses perfeccionados, ruedas de un vasto engranaje, piezas de un mosaico; pueden ser utilísimos al servicio de otro, sin tener conciencia de la obra a que contribuyen con su esfuerzo. Es preferible que todos los que cooperan en la investigación y en la enseñanza posean un concepto global de la obra común para que, además de trabajar, sepan para qué trabajan. Se puede ser especialista sin ignorar que existen más vastos dominios en la ciencia, en las letras y en las artes. Se puede tallar una piedra y conocer los planos del edificio a que está destinada..." ("Universidad Nacional, Ley represiva" Editorial Movimiento Nacional Reformista, 1967, p.6)

Y esa es nuestra realización, nuestra diferencia teleológica respecto de las otras Universidades o Instituciones de educación superior. Nosotros existimos para formar a nuestra juventud, con objetivos totalmente diferentes. No menospreciamos ninguno, pero son naturalezas y objetivos diferentes de nuestro trabajo. Por eso esta Universidad Nacional de Buenos Aires ha avanzado en la formación de estos objetivos. Tenemos que estar abiertos a la sociedad, conocer sus problemas. No vivir encerrados. No somos un conjunto orgánico y con escalafón de gurúes, gurúes que hablan en forma entonada, en forma engolada, en diversas frases que piensan todo el día anterior, para ver cómo explican la crisis de la usura en el Asia. Y en todo el planeta uno los ve de vez en cuando, en diversos colores, en diversos idiomas, explican, apostrofan, sobre qué pasa y sobre lo que debemos hacer nosotros para evitar lo que pasa.

Nosotros tenemos que tener cátedras abiertas en la conformación de otras vías de la economía, de una planificación democrática de la economía, recobrar, como muchas veces dice el ex-presidente constitucional, la capacidad de conducción nacional, y esto lo tiene que nutrir la Universidad. Esto no puede ser el resultado de una improvisación, debe ser el fruto del trabajo y del estudio. También debemos sacar la Universidad a la calle. Para ello hablamos de extensión universitaria.

Hay graves problemas. Hoy la Universidad debe tratar los grandes problemas del país para ir a la práctica. Este punto de vista fue siempre una bandera de la reforma. Hoy tenemos la posibilidad, muy real y muy cierta, de un golpe institucional ¿Qué dicen las Facultades de Derecho? ¿Qué dicen sus Institutos de Derecho Público? ¿Qué dicen sus cátedras de derecho Constitucional? No puede ser que nosotros estemos reiterando lo mismo que se vivía en la Universidad de la dictadura, que se enseñaba derecho Constitucional y a la salida te chupaban al compañero, y el profesor seguía en la próxima clase enseñando el artículo 14. Nos enseñó Risieri Frondizi "...La Universidad... puede y debe expresar claramente su opinión sobre los actos de gobierno que afecten a instituciones fundamentales del país. El silencio en tales casos denota complicidad o cobardía..." ("La Universidad en un mundo de tensiones" Ed. Paidós, Bs.As. I97l,p.250)

Es nuestra obligación decirle a la gente por qué defendemos la Constitución. No es, como afirman los portavoces de la degradación institucional, que la defendemos por miedo; la defendemos porque sabemos que donde no impera el estado de derecho, el que se perjudica es el débil, el que se perjudica es el que menos tiene, a los que se le cierran posibilidades son a las mayorías. Von Ihering nos enseñó que el objeto esencial del derecho no era coaccionar a la gente sino a los jueces y a los ejecutivos.

Por ello la defensa del estado de derecho, porque la norma tiene su razón de ser en la defensa de los intereses de los más, esto motivó el proceso del constitucionalismo social, de allí la importancia del respeto a la Constitución. Entonces yo creo que nosotros, los estudiantes, los profesores, los ayudantes, los técnicos de esta Universidad debemos salir a la calle a explicarle a la gente, a explicar en los barrios que no hace falta ser constitucionalista ni tener un traje gris para tener motivos para defender la Constitución.

En la Constitución hay derechos y garantías que nos permiten pelear por otras cosas. La vigencia de la Constitución no va a resolver todos los problemas automáticamente, pero es necesario luchar para defenderla, para tener posibilidades de luchar sin muertes por otros derechos. Cuando cae la Constitución avanza la muerte. Cuando cae la Constitución aceleramos nuestra marcha hacia Colombia, cuyo retorno no conocemos quienes desde adolescentes vamos aterrorizándonos cada día más con lo que pasa en este país hermano, donde se sabe quiénes mueren, pero nunca se sabe quienes son los que matan. Donde hay fuerzas de bandas, de mafiosos y de narcotraficantes que superan las fuerzas del estado.

Ese es el camino que recorreremos si los argentinos permitimos que se quiebre nuestro sistema institucional. La Universidad tiene el deber no de sacar una declaración en latín sobre la defensa de la Constitución sino de salir a la calle, a la gente, a las asociaciones, a los barrios, a todos lados a decir por qué debe defenderse una convivencia dentro de un estado de derecho en nuestro país. Qué contenido social tiene que tener. Por qué es necesario terminar con un régimen transgresor, que está quebrando por decretazos, precarizando la legislación del trabajo, que hace casi 100 años en esta Universidad comenzó a construirse bajo la denominación de un Nuevo Derecho. Cien años de construcción civilizadora caen bajo la transgresión a las normas, al orden institucional. Entonces nosotros tenemos que llevar esto afuera, es el deber de la Universidad. Somos afortunados en esta sociedad de tener un privilegio que muchos no han tenido: el de llegar a la Universidad, de conocer algo de algo por lo menos; estudiemos lo necesario para explicarle a la gente por qué determinadas motivaciones de los sectores democráticos y progresistas tienen su razón de ser, no en una candidatura, sino en cómo generar un futuro que evite volver a lo terrible del pasado. Entre las misiones de la Universidad, Jacques Delors apunta en su informe a la UNESCO "...La universidad debe asimismo poder pronunciarse con toda independencia y plena responsabilidad sobre los problemas éticos y sociales -en una especie de poder intelectual que la sociedad necesita para que le ayude a reflexionar, comprender y actuar." ("La Educación encierra un Tesoro" Santillana-Ediciones UNESCO, Madrid, 1996 - p. 160)

Y yo no quisiera dejar pasar esta oportunidad de estar en esta Universidad sin rendir tributos a tres rectores egregios que ella tuvo, que tuve la suerte de conocer y que me enseñaron mucho, me refiero a José Luis Romero, me refiero a Risieri Frondizi, y me refiero a Hilario Fernández Long que hace 32 años condenaba como única institución pública del país, desde esta Universidad, el golpe de estado del '66; hoy también se cumple un nuevo aniversario de esa vergonzosa noche de los bastones largos. Seamos aurora, preconicemos un nuevo día, evitemos una nueva noche. Muchas gracias.

 

“Juventud sin espíritu de rebeldía, servilismo precoz”

José Ingenieros

 

 


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