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3º Seminario Nacional de Mujeres Socialistas - Rol de la mujer en los barrios

Los días 6 y 7 de agosto de 1988 se llevó a cabo en la Capital Federal el 3er. Seminario de Mujeres Socialistas sobre “Rol de la mujer en los barrios y en el interior”.

Alrededor de cien mujeres provenientes de todas las provincias de nuestro país deliberaron durante dos días acerca de la participación de la mujer en las diversas organizaciones de los barrios de las grandes ciudades, en el interior, en los ámbitos rurales, como así también el rol de las mujeres socialistas en los centros socialistas.

El seminario fue organizado por la Unidad Socialista que integran el Partido Socialista del Chaco, Partido Socialista Democrático y Partido Socialista Popular y contó con el apoyo de la Fundación Friedrich Ebert.

Estos dos días de trabajo, de intercambio de experiencias y de ideas para las actividades futuras, desarrollados en un marco de verda­dera fraternidad socialista, constituyen un aporte trascendente a la con­creción de los objetivos y las políticas planteadas por las mujeres socia­listas para posibilitar que juguemos un rol cada vez más protagónico en la generación de un nuevo tiempo: el tiempo de la construcción de un nuevo país.

Las conclusiones que aquí publicamos constituirán un material para seguir profundizando y enriqueciendo a través de nuestra prác­tica diaria.

Damos nuestro agradecimiento a la Comisión Directiva del Sindi­cato de Foetra que al cedernos gratuitamente sus instalaciones también posibilitó la concreción de estas jornadas.

PARTIDO SOCIALISTA DEL CHACO

PARTIDO SOCIA LISTA DEMOCRATICO

PARTIDO SOCIALISTA POPULAR

 

ELENA LESTANI

Partido Socialista del Chaco

Para mí es muy grato participar nuevamente en este Seminario sobre la problemática de la mujer, organizado por las compañeras que integramos la Unidad Socialista; y lo que en un principio nos pa­recía imposible o muy difícil de concretar, len­tamente a través del tiempo vamos logrando avan­ces. Nosotros también allá en el Chaco, hace varios años, con muchas dudas, con muchos interrogantes nos pusimos a trabajar para ese Primer Encuentro de “Mujer y Socialismo”. Y si hablamos de marginación, ustedes podrán imaginar cuál es la realidad de las mujeres Chaqueñas, en una provincia realmen­te marginada en el contexto del país. Entonces para nosotras significó un avance la realización de este Encuentro, no solamente en la Unidad So­cialista, en el partido, sino que también significó un avance en la Unidad de las mujeres socialistas.

Este trabajo iniciado hace algunos años signi­ficó una verdadera herramienta de trabajo en todos los lugares de trabajo; no es casual que yo esté en la secretaría de la mujer de mi gremio; tampoco es casual que esté en el límite organizador del Con­sejo Provincial de la Mujer del Chaco y digo que no es casual porque todos estos encuentros que hemos realizado constituyen la herramienta fiel para nues­tro accionar como socialistas en todos los sectores. Por eso yo acá no solamente vengo a contar lo que hacemos, sino más que nada a agradecer, porque toda la labor, todo el esclarecimiento que vamos logrando, todo lo que hemos avanzado como mu­jeres y como partido, como Socialismo, como Uni­dad, como participación, lo hemos logrado gracias a estos encuentros; así que yo quiero, un abrazo y un fuerte aplauso para todas las compañeras so­cialistas que han aportado para que todo esto sea posible.

 

SONIA VELAZQUEZ

Partido Socialista Popular

Compañeras, al darles la bienvenida a este Seminario Nacional en nombre del Partido Socialista Popular, siento que lo estoy haciendo no sólo en nombre de todas las que estamos aquí presente, sino también por las que a diario comparten nuestra lucha y nos acompañan en ella. Voy a pedir dis­culpas porque me voy a referir a una reflexión que hice yo de lo que estamos pasando en este momento a través de este Seminario. Siento que hoy aquí estoy poniendo un granito de arena no sólo mío, sino de todas aquellas mujeres de donde yo vengo y al hacerlo, veo y siento el valor exacto de nuestro diario trajinar, y muy profundamente siento que no nos equivocamos aquellas mujeres que pusimos nuestra confianza en el Socialismo, que no nos equivocamos en tener como herramientas de tra­bajo la unidad y la participación, porque son las bases que nos dan hoy la posibilidad acá, de crecer como mujeres, desde las villas, de donde yo provengo, desde los barrios, desde el interior; también sé que va a pasar un tiempo un poco todavía largo en que seguiremos siendo las manos anónimas, en los puestos de importancia, en el trabajo y en la vida diaria, pero esto puede y debe cambiar, aquí está nuestra tarea como mujeres socialistas: cambiar nuestra sociedad para mejorar nuestras vidas y. al mismo tiempo, defender nuestros derechos para cambiar la vida de todos. Compañeras, asumamos este compromiso y al volver a nuestros hogares, llevemos la experien­cia adquirida, el conocimiento, el intercambio com­partido, la fuerza y la decisión firme de mantenernos unidas ya que así de esta manera fortaleceremos la democracia, esta democracia que significará en un futuro no muy lejano, una puerta abierta hacia el Socialismo. Como dice en algún lugar que leí: “que nadie decida por nosotras, que nada se decida sin nosotras, participemos para decidir”. Gracias.

 

BEATRIZ ARZA

Partido Socialista Democrático

- Bueno, mi saludo va a ser breve porque todo lo que pensaba decir ya lo dijeron nuestras compañeras: realmente estamos muy contentas de tener un tercer encuentro, nosotras fuimos las iniciadoras de todos estos encuentros a nivel Mujer y a nivel incluso par­tidario, el primer encuentro que se hizo por la Unidad fue de mujeres y después ambos partidos han to­mado el ejemplo.

Nosotras seguimos afianzándonos en la Unidad pe­ro fundamentalmente nos seguimos afianzando en la democracia, que es por lo que tenemos que luchar porque sabemos que el Socialismo solamente va a crecer en democracia.

Realmente las compañeras, como dijeron mis antecesoras, en este encuentro se han encontrado, y ha servido para que confrontemos las ideas, para que participemos más, para prepararnos y meter­nos en la realidad que tenemos como país; de esa manera nos fuimos encontrando en otros semina­rios y encuentros extrapartidarios, y cada vez nos sentimos que tenemos más coincidencias entre las socialistas, y esto es fundamental, todo esto sirve para seguir trabajando en las coincidencias, y además sirve para conocemos más; y que a la pro­blemática femenina que tenemos, le demos soluciones socialistas, netamente socialistas, para poder entonces si llegar a una mejor participación y lograr el cambio que nosotras pretendemos de ésta sociedad. Más, no me queda por decirles, siempre me ven que estoy trabajando con ustedes y que cada vez estoy sumando más compañeras de mi partido, a nuestras actividades, me pone contenta porque mi partido tiene todos los distritos representados en este Seminario y eso real­mente es un logro, porque estamos trabajando en cada uno de ellos y haciendo participar más a las mujeres, estamos formando los grupos, y grupos para que se conecten también con otras compañeras para que se conforme la Unidad Socialista. Todas tenemos un objetivo que es el Partido Socialista Único, no sé si lo lograremos a corto plazo, pero sí estamos for­mando el camino, haciendo ese camino para que se pueda llegar; además, por supuesto, no podemos dejar de lado que hoy es el día de la Paz, las compa­ñeras de Mendoza han mandado un saludo a este Seminario, que se los voy a leer: “Mujeres por la Paz, el Desarrollo y la Igualdad, filial Mendoza, envía su fraternal saludo a las compañeras socia­listas que inician hoy estas jornadas por las reivin­dicaciones de nuestros derechos, deseándoles gran­des éxitos en la concreción de ellos, en este nuevo aniversario de la tragedia atómica ocurrida hace 43 años, las mujeres como ninguno están dispues­tas a trabajar por la siguiente línea de pensamien­to: “quedan sólo 13 años para que comience el siglo XXI durante su desarrollo, la humanidad creó inmensos valores materiales y espirituales, conquis­tó numerosas fuerzas de la naturaleza y penetró en los secretos del Universo, sin embargo, todas estas conquistas de la razón y el talento humano, están amenazadas con la total destrucción, un peligro más grave hoy que antes, pues todas las contradiccio­nes del complicado mundo moderno se ven eclip­sadas por la grave contradicción entre la paz y la gue­rra. Nos llenan de esperanza las conversaciones de acuerdos por la paz, pero la tragedia de Hiroshima y Nagasaki fue una demostración del infernal po­der de las armas nucleares; y más aún desde ese tiem­po, hace 43 años éstas se han transformado en más y más mortales, crece el peligro de destrucción de toda forma de vida en la Tierra, por esto, es una exigencia de esta época actual inmediata, activa y resueltamente para levantar la barrera insalvable a las fuerzas de la guerra, antes de que sea demasiado tarde; para que no se repita otro Hiroshima y Naga­saki, trabajemos por la paz, el desarrollo y la igual­dad, hacia el 2000 sin armas nucleares”.

 

ERNESTO JAIMOVICH

Compañeras, compañeros:

Quiero dar a todos ustedes nuestra más cordial bienvenida en nombre de la Mesa Ejecutiva del Comité Nacional del Partido Socialista Popular. Nosotros creemos que la actividad que a ustedes les cabe desarrollar durante el día de hoy y mañana, es muy importante para la marcha del socialismo en nuestro país.

En éstos días ustedes van a discutir los objetivos, los contenidos, las formas concretas y las metodo­logías del desarrollo de la participación de la mujer en los barrios de las grandes ciudades, en el interior, en los ámbitos rurales y también su participación y el rol de la mujer socialista en los Centros Socia­listas. Nosotros creemos que ambos aspectos hacen a la esencia misma del socialismo, porque el socia­lismo es participación y en la medida en que logre­mos promover, ampliar la participación de los inte­grantes de nuestro pueblo y entre ellos la mujer en la vida política y social en las diversas organizaciones de nuestra realidad nacional; en la medida en que logremos promover una mayor participación y pro­tagonismo en las organizaciones partidarias, nosotros estamos haciendo socialismo. Creemos que esto es así, porque no sólo estamos posibilitando el ejercicio de un derecho sino que estamos echando las bases más sólidas, más perdurables para cambiar al país. La esencia de nuestra revolución consiste en trans­formar una sociedad no participativa, que es una sociedad dependiente, individualista, con grandes componentes de corrupción, en una sociedad participativa que es una sociedad libre, no dependien­te, solidaria, con una nueva moral.

Entonces, toda esta temática que ustedes van a valorar estos días va a ser la temática de la amplia­ción del socialismo en nuestra realidad. Pero junto a ello existe otro objetivo importante: la Unidad Socialista porque todo esto es imposible llevarlo adelante sin su concreción. Y este diálogo, este in­tercambio de ideas y experiencias, esta búsqueda de coincidencias que da continuidad a los semina­rios de “Mujer y Socialismo” y “Mujer y Trabajo”, así como también el resto de los seminarios de la Unidad Socialista realizados en los últimos cinco años, es el camino concreto, es el camino posible para consolidar nuestra unidad que debe plasmar­se para hacerla viable, en la formación de un único partido sustentado sobre la base de la participación democrática de sus afiliados.

Nosotros no despreciamos la teoría ni secundarizamos la promoción de los principios socialistas pero creemos que la teoría que no nutre sus raíces en la tierra fecunda de la realidad, del tiempo y el espacio específico que le cabe interpretar, termina siempre siendo errónea y no incide o incide negativamente en los procesos sociales. De la misma manera, los principios socialistas de libertad, solidaridad, igual­dad, participación y justicia social no modifican por sí la realidad sino que lo que la transforma es la práctica de la libertad, de la solidaridad, de la igual­dad, de la participación y de la justicia social que debemos permanentemente promover. Por ello hemos creído y seguimos creyendo que ésta es la mejor forma de avanzar, porque no hay otra forma de elaborar una teoría correcta de la inserción del socialismo en nuestra Patria, si no es con la participación democrática de nuestros afiliados, de nuestros mili­tantes vinculando los principios generales con la experiencia de la práctica en cada una de las reali­dades en que nos cabe actuar. Entonces, la posibi­lidad de la unidad, no dependerá de los debates ideo­lógicos, de las piezas sino que dependerá del desa­rrollo del diálogo, la convivencia, la integración hu­mana, el estudio de nuestra doctrina y la valoración común, colectiva de las diferentes experiencias que nos cabe desarrollar en nuestra realidad y esto ha sido demostrado en los hechos, en los años en que hemos avanzado en el proceso de la unidad.

Por ello, estos seminarios, que no han sido semi­narios abstractos de la ideología del socialismo, sino seminarios concretos acerca de cómo el socialismo se plasma y se proyecta en cada uno de los campos de la realidad nacional, es lo que nos ha ayudado a unirnos, es lo que nos ha ayudado a comprendernos, a interpretarnos, a dejar de lado los fantasmas que aún limitan y traban el desarrollo de nuestra unidad.

El desarrollo del socialismo y la concreción de la unidad del socialismo es la responsabilidad histó­rica que tenemos que plasmar. Y esta responsabili­dad se magnifica hoy en nuestra tierra, porque el socialismo es la única esperanza, la única realidad que puede posibilitar la consolidación del sistema democrático y el desarrollo de un cambio en demo­cracia que apunte a la concreción de la justicia so­cial, la libertad y la independencia nacional.

Pero estamos todavía avanzando a un ritmo muy lento y hoy tenemos que preguntarnos: ¿es posible que con la riqueza humana, militante, conceptual, que tenemos dentro del socialismo, con nuestro desarrollo -que no es poco- que sea la derecha la única propuesta frente a los grandes partidos? Que la perspectiva para nuestro país sea que todo quede como está o volver hacia atrás con los con­servadores? Es posible que todavía no podamos tener una presencia dentro de la realidad nacional como Unidad, como concreción de una alternativa real de cambio, frente a la manifiesta imposibilidad de que el radicalismo y el justicialismo puedan llevar adelante la superación de la crisis más grave y pro­funda de nuestra historia desde la organización na­cional? Es que acaso en nuestra sociedad existen limitaciones objetivas y subjetivas de tal magnitud que impiden el desarrollo y la expansión del socialis­mo? Nosotros creemos que no. Creemos que gran par­te de esta limitación está en nuestras falencias y fundamentalmente está en el hecho de que la demora en concretar nuestra unidad hace que proyectemos dentro de la sociedad un conflicto más que una res­puesta. De allí que la apreciación de nuestro Partido es que hay que avanzar con otro ritmo, que hay que avanzar con otra velocidad, y para este objetivo, nosotros depositamos toda nuestra confianza en ustedes.

La historia de la participación de la Mujer ha dig­nificado nuestro Partido desde la culminación del pasado siglo y ha dignificado la imagen del socia­lismo en nuestra Patria. Por ello es que creemos que ustedes son capaces de hacerlo, son capaces de impulsar la concreción de la Unidad Socialista y pa­ra esto, es necesario que en este seminario se avance en la discusión de todos los temas concretos, como lo ha hecho la juventud de nuestros partidos hace una semana en Mar del Plata, para proyectar una mayor presencia, una mayor existencia del socialis­mo y consecuentemente con esto, una mayor parti­cipación de la mujer de nuestro pueblo, de los barrios, de los ámbitos rurales, del interior del país en la lucha por hacer de nuestra Nación un país democrático, solidario e independiente, un país con futuro cierto en donde nuestros hijos puedan y quieran quedarse para realizar sus vidas con dignidad.

 

RAUL DELLEPIANE

Partido Socialista Democrático

Compañeras Socialistas, compañeros, comienzo agradeciendo la deferencia que significa esta invitación de ustedes a la inauguración del 3er Seminario de las Mujeres Socialistas de la República Argentina; les traigo también el salado del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista Democrá­tico, que augura el mejor de los éxitos las delibe­raciones que hoy inician coincidentemente con este Seminario. Estas jornadas, precisamente se cumplen simultáneamente con los 118 años de la aparición de un libro que transformó la sociedad política del mundo en el siglo pasado, transformó no sólo la sociedad política, sino la sociedad familiar, la sociedad productiva y la sociedad laboral; hace pre­cisamente 118 años, aparecía en Alemania el libro escrito por ese tornero visionario y revolucionario que se llamó Augusto Bebel, cuyo nombre originario era “La Mujer y el Socialismo”. Ese libro fue enton­ces lo que hoy denominaríamos un “Best Seller”, con la diferencia que un Best Seller hoy, es un libro del cual se publican 100.000 ejemplares, pero del libro de Bebel “La Mujer y el Socialismo”, se publi­caron hacia 1910 más de 700.000 ejemplares que se distribuyeron por todo el mundo y se tradujeron a todos los idiomas. ¿Qué decía ese tornero visiona­rio y revolucionario de las ideas en su libro “La Mujer y el Socialismo”? el que por estar proscripta la Social Democracia y el Socialismo en Alemania, se distribuía bajo el nombre de “Julia” que era su mujer, o con la denominación de las estadísticas de Engels que nadie entendía ni nadie sabía de qué se trataban, porque era la manera que el libro clan­destino pudiera profundizar y calar en la sociedad de entonces. Y ese libro, como decía, en 1910 (el libro apareció en 1870) tenía más de 700.000 ejem­plares distribuidos en el mundo. ¿Qué hizo Bebel? Puso en descubierto la hipocresía de una sociedad burguesa, se manifestó contra los prejuicios que no sólo existían en la burguesía de entonces, sino respec­to de los prejuicios que también se habían enraizado en el Movimiento Obrero de Europa y sobre todo de los E.E.U.U., y entonces descarnó los prejuicios que relegaban a la Mujer a un segundo plano y recla­mó la igualdad de derechos que hoy ninguna socie­dad civilizada se atreve a desconocer, aun cuando ca­be recordar que existen muchas partes del mundo en que todavía se debate el rol que le corresponde a la Mujer en la sociedad.

Yo traigo este recuerdo como una especie de ho­menaje a aquel obrero alemán que encarcelado por sus ideas, escribió ese libro que significó un hito en la historia de la elevación moral y cultural de las mujeres; y este homenaje lo extiendo a todas las mu­jeres y los hombres que han hecho posible en las sociedades civilizadas, que comprendan aquellos errores y la participación necesaria de la Mujer. Bebel murió en 1913 sin que pudiera ver el adve­nimiento de la Mujer a los cargos políticos electivos y representativos, pero su obra hoy todavía es de actualidad para muchas partes y regiones del mundo que no han asimilado esa elevación cultural, moral y social que Bebel propiciaba en 1870.

Yo comprendo que estas cosas las hemos su­perado en la Argentina. Estas terceras Jornadas de las Mujeres Socialistas, demuestra el grado de participación que la Mujer quiere y debe tener dentro de la sociedad Argentina; estas terceras Jornadas han de servir sin duda como sirvieron las dos pri­meras realizadas por ustedes, principalmente a la integración de la Unidad Socialista, porque como bien lo dijera Ernesto Jaimovich, por encima y más allá de la conciliación doctrinaria y programática que deben ser el sustento de un partido Socialista, la Uni­dad se logrará a través del conocimiento recíproco, de la cordialidad y la camaradería y del respeto que todas ustedes se deben entre sí, en lo que han demos­trado total correspondencia en las jornadas anterio­res. Y yo no dudo que en este Seminario que hoy se inicia, ustedes tendrán el mismo éxito obtenido en­tonces; han hecho ustedes por la Unidad mucho más de lo que ustedes se imaginan. ¿Qué sería de nosotros los hombres si las Mujeres Socialistas no se pusieran de acuerdo?

Por ello, participando de la necesidad de ungir los caminos para la consolidación de la Unidad Socialis­ta, sin desconocer que éste era un hecho que apare­cía como imposible en 1984, porque en el año 1984 no había quien creyera en la posibilidad concreta, real y efectiva de concretar la Unidad Socialista, y hoy ya no lo dudan por supuesto los socialistas, pero lo están viendo con temor las otras fuerzas políticas, porque saben que la Unidad Socialista será el instrumento de la revolución y de la alternativa que Ernesto Jaimovich señalaba.

Nos falta recorrer algunos caminos, pero precisa­mente, son este tipo de Jornadas, donde se realiza y se revalora el pensamiento Socialista, donde se de­be hacer una revaloración o una reactualización de las hipótesis del trabajo Socialista que ustedes concibieron hace 3 años, porque la realidad del mun­do y del país es de tal naturaleza cambiante que los Socialistas tenemos el deber diario de analizarlas, de confrontarlas con la realidad existente para no equivocarnos en el camino, y para no quedarnos con ideas que se cristalizan en un dogma que en definitiva significa la esclavitud del pensamiento de las Mujeres y de Los Hombres.

Pero la doctrina que queremos conciliar sería estéril, sería un trabajo de diletantes, si ustedes no comprendieran, como lo comprenden a través de este temario, de la necesidad de su inserción práctica.

¿Qué sería de esa doctrina, ese bagaje rico de ideas si ustedes no encontraran el camino, la metodolo­gía, la forma de su aplicación inmediata; o tendrí­amos que esperar acaso a tener representantes dipu­tados, concejales, etc. etc., para poder insertamos en la sociedad y hacer conocer nuestras ideas?. Por eso la idea de la participación, que es el eje de este Seminario, tiene una importancia vital y se encarna con el pensamiento de Juan Bautista Justo, cuando señalaba que la realización del Socialismo sólo era po­sible en su concepción democrática, con una eleva­ción simultánea del nivel cultural de los trabajadores, ¿cómo se eleva el nivel cultural de los trabajadores?, se eleva a través de la participación; es la forma que el trabajador tiene acceso al conocimiento de las cosas fundamentales que hacen a su destino, es la forma que el trabajador sea el arquetipo de su propio destino. Por eso han fracasado los experimentos socialistas en muchas partes del mundo, porque se prescindió precisamente de este factor de partici­pación y de elevación cultural del pueblo traba­jador, creyendo que algunas élites podían realizar el Socialismo sin que el pueblo participara de su rea­lización.

Pero la acción, no es sólo un ejercicio, no puede serlo sin el sustento de doctrina, le falta el sustento ético, la acción; ninguna acción se justifica, ni se po­drá justificar jamás, sin el sustento ético de las ideas, de la doctrina y del programa.

Yo he oído decir por ahí, y los grandes diarios argentinos lo dicen, que presenciamos el fin o el ocaso de las ideologías; como diciendo, todas aquellas ri­cas ideologías que nacen en el siglo pasado se han agotado, y entonces tenemos que actuar con un pragmatismo de tal naturaleza como para hacer una transformación sin el bagaje de aquellas ideas y de aquella doctrina, y no advierten estos afirmadores del fin o del ocaso de las ideologías, que pre­cisamente le están sacando todo sustento moral y ético a sus ideas. Tal vez estemos sí, siendo testi­gos del ocaso de las doctrinas que se empobrecieron en el dogma, que se cristalizaron en el dogma, pero el Socialismo que se practica todos los días, que re­valida las hipótesis de trabajo todos los días, esa concepción Socialista no se cristaliza y por eso hoy es la alternativa válida y necesaria para transformar a la sociedad argentina, inmersa en una profunda crisis. Y yo me alegro que las Mujeres aquí presentes no hayan bajado los brazos, cuando existe una total frustración en muchísimos hogares, en muchísimos hombres y mujeres del país, frente a la gravedad de las cosas, al empobrecimiento de los trabajadores, a la transferencia de recursos a los sec­tores más oligárquicos del país; yo me alegro que las Mujeres Socialistas no hayan bajado los brazos y están dispuestas a trabajar aún con los medios pobres a su alcance, para transformar a este país, para transformar a esta sociedad. Nada más.

 

PARTICIPACIÓN DE LA MUJER EN LAS ORGANIZACIONES INTERMEDIAS

En la comunidad primitiva, el trabajo y las demás actividades sociales se realizaban en común, y tanto la propiedad como las relaciones de parentesco re­forzaban estos lazos colectivos.

Diversos estudios sobre las sociedades matriar­cales han demostrado que la mujer desempeñaba un papel fundamental en las comunidades primitivas. Era libre, realizaba importantes trabajos para la co­munidad y no estaba subordinada a la actividad del hombre; la filiación de los hijos se establecía por vía materna.

Fue sólo con el surgimiento de la familia patriar­cal que la vida social quedó dividida en dos esferas nítidamente diferenciadas: la esfera pública y la es­fera doméstica.

La mujer fue relegada a esta última por la divi­sión del trabajo entre sexos al tiempo que se desa­rrollaba a través de milenios una poderosísima ideo­logía que aún determina la imagen de la mujer y su papel en la vida social.

Es así como vemos las actividades realizadas por la mujer de manera privada en el seno de la familia:

a) Reproducción estrictamente biológica.

b) Educación y cuidado de los hijos (reproducción cultural).

c) Reproducción de la fuerza de trabajo consumida diariamente.

La revolución industrial requirió la incorporación masiva de la mujer a la producción fabril; nace así una nueva fuerza en la historia que tuvo un peso enorme en el desarrollo de la sociedad.

Es esta época la que registra a una mujer entre los primeros pioneros que esforzadamente organizan en 1844, la primera institución cooperativa como reacción a la situación crítica reinante.

No es por casualidad que las mujeres son llevadas a incorporarse a la industria textil, alimenticia, y a los servicios como maestra, secretarias, etc. Estas actividades no son más que la proyección en la es­fera pública de las tareas que cumple la mujer en el seno de la familia.

Si bien la mujer realiza un avance grande con su incorporación al trabajo visible, lo hace a cambio de un gran sacrificio.

Trabaja 8 horas en una fábrica, recibiendo por esto un salario y al retornar a su hogar le espera una se­gunda jornada de trabajo no asalariado y aún desca­lificado.

Las mujeres tienen, en casi todo el mundo, el mo­nopolio del trabajo doméstico del hogar. Dar a luz, educar y criar a los hijos, es el primer aspecto de esta función.

El trabajo doméstico, cuando es única actividad desarrollada por la mujer, implica para ella la ten­dencia al aislamiento y a la rutinización.

Estar en la casa no es lo que deshumaniza o im­pide la relación de la persona, sino hacer de la vida en el hogar la totalidad, o casi totalidad de la exis­tencia, a partir de la creencia de que “eso” es lo específicamente femenino.

En los países latinoamericanos, actualmente, se ve la formación de una gran fuerza potencial feme­nina de carácter democrático y con una relevante capacidad movilizadora. La mujer está dispuesta a optar por cualquier alternativa que garantice mí­nimamente el futuro de sus hijos.

Es en esta lucha que la mujer comprende la inu­tilidad de las soluciones individuales. Ej.:

- Las demandas de los movimientos sociales de las mujeres son todavía modestas. Recorde­mos que “participación” es el eslabón más débil de la cadena de la igualdad en contras­te con la “toma de decisiones”. Pedir, parti­cipar y no decidir, es ya una forma modesta de hacer política. Hace no mucho tiempo, no existía una conciencia acerca de la parti­cipación social de las mujeres pese al trabajo pionero que muchas mujeres realizaron. Hoy, lentamente, modestamente comienza a perfilarse; esto en sí es ya un gran avance.

En las comunidades organizadas, las mujeres, han demostrado tener una gran capacidad de decisión e influencia, sin el manejo del poder real de ese mo­mento.

Esto nos señala, que la ardua tarea de concientización y participación, no debe aminorarse, sino, incentivarse, en este momento histórico, tan grave que atraviesa el país.

Las mujeres socialistas reunidas hoy aquí, ha­biendo relatado sus experiencias a nivel barrial, cooperadoras, cooperativas, entidades intermedias, sindicatos, asociaciones vecinales, demuestran que el crecimiento del socialismo hoy en la Argentina es posible también a través de estas instituciones, con la participación activa de hombres y mujeres que sustentan estos ideales.

Se narran experiencias de grupos de ayuda mutua en construcción de barrios, en formación edu­cacional en distintas áreas; en prevención de la sa­lud, movimientos ecológicos, etc., desarrollados desde niveles primarios. El desarrollo y formación de cooperativas escolares, con la participación de padres contra el manejo autoritario ejercido por la dirección escolar. Entidades intermedias dedicadas al estudio de la tercera edad, que persiguen la crea­ción de consejos nacionales, provinciales, municipa­les y zonales de la tercera edad, constituidos por miembros de ella y de la sociedad en conjunto), que se ocupa fundamentalmente de la supervisión, administración, orientación, asesoramiento de todos los ítems, referentes a esta problemática.

El apoyo, el esfuerzo, en muchos casos individual de las compañeras que trabajan en todas estas áreas, debe ser orgánicamente encarado y orientado dentro de los canales partidarios, para que semejante tarea no se malogre, siendo este el trabajo de y en las ba­ses el único que le está asegurando al socialismo, su sólido crecimiento.

En la actualidad, la mujer ha decidido incorporar­se lentamente a las organizaciones intermedias, sin­dicatos, cooperadoras escolares, cooperativas, aso­ciaciones vecinales, etc.

Todas estas entidades intermedias deben parti­cipar, para tener un Estado realmente representati­vo, un Estado global, abarcativo, de todas las par­tes vivas. Puede debatirse sobre cuál debería ser el nivel de inserción, que capacidad de decisión se les habría de otorgar, pero lo que no puede discutirse es la necesidad de insertarlas en el funcionamiento de la organización social.

Si estas organizaciones existen es porque resuelven problemas concretos, los pueblos crean estas orga­nizaciones cuando tienen necesidad de resolver sus problemas

Con respecto a las agrupaciones de vecinos que tienen a su cargo la infraestructura colectiva, con patrones centrados en la solidaridad, autoayuda o en la presión sobre los organismos del Estado se observa un importante incremento en la participa­ción de la mujer y una consecuente incorporación a las comisiones directivas de las mismas.

Esto no es por casualidad, sino que ellas han de­mostrado lo mucho que pueden hacer ante la varie­dad de problemas que se presentan en los barrios y más aún si estos comprenden la periferia.

Quién mejor que ella para conocer la realidad que día a día recorre el barrio, cuando hace las compras o cuando lleva a sus hijos a la escuela, quién mejor que ella para encontrar la adecuada solución a esos problemas.

Es indudable que aún le resulta muy difícil a la compañera acercarse a participar en las organizaciones barriales por diferentes motivos.

La terrible crisis económica que vive nuestra patria, profundizada por la actual política econó­mica, que privilegia la especulación y la usura por sobre la producción y el trabajo, y las imposiciones de FMI por sobre la satisfacción de las necesidades de nuestro pueblo, hace que la familia argentina se sumerja en la solución de su problema individual, descreída ya sea de falsas promesas o de confiar en sus propias fuerzas para salir adelante.

A esta crisis económica la mujer no es ajena, es la que más sufre, ya que es ella quien administra y distribuye el ingreso familiar, la que ve diariamen­te el encarecimiento de los artículos de primera necesidad, los bajos salarios, la imposibilidad de garantizar una buena educación a sus hijos y una adecuada atención médica; que ve la desocupación, la droga y la delincuencia a cada paso, en su propio barrio.

Vivimos hoy una terrible crisis de identidad, que es de carácter esencialmente cultural. El viejo modelo de país impuso valores de los países centrales, nos desarraigó de la tradición, de la historia latinoameri­cana y de nuestra propia tierra. Hoy, ante el agota­miento material del viejo modelo, emerge con toda crudeza nuestra crisis de identidad. Así, han quedado relegadas facetas enteras de la facultad creadora y mutilada la sociedad en su personalidad específica y en su configuración particular.

La identidad nacional es una exigencia prioritaria, pues es ella misma la que anima y sostiene la voluntad colectiva. Su defensa representa el primer paso hacia la capacidad de invención y participación en un mun­do que tiende a suprimirlas.

Pero a pesar de esto, la mujer a través de un tra­bajo constante y coherente se va ganando el espacio necesario para ir modificando esa realidad, con tena­cidad, con voluntad y con militancia junto a sus compañeros y tratando de mejorar el barrio.

Otro de los obstáculos que la mujer va sorteando es el de animarse a participar en sectores que en su gran mayoría están integrados por hombres, como por ejemplo integrar las distintas comisiones direc­tivas de las organizaciones intermedias. Con su pre­sencia demuestra al resto de las mujeres y a los pro­pios hombres que el rol que la sociedad le ha asignado históricamente, cual es el de cuidar de sus hijos y de su hogar, únicamente; no es tal. Ella también está capacitada para cuidar de su barrio, su ciudad y su país.

En la práctica vamos comprobando que solamente a través de un trabajo de concientización se logra sumar a la participación y es importante resaltar que cuando estas compañeras van asumiendo las responsa­bilidades se esfuerzan día a día por superarse porque encuentran en la solidaridad del trabajo comunitario una nueva forma de vida que indiscutiblemente es la que formará al hombre nuevo.

Crear una democracia con estas bases sintetiza el desafío democrático argentino actual. Incorporar a nuestra estructura institucional los cambios que posibiliten su adecuación y ajuste a la realidad de nuestro tiempo, se ha convertido en una condición necesaria -aunque quizás, no suficiente— para la consolidación de la democracia. Crear las institu­ciones democráticas que articulen los grupos sociales con las instituciones políticas es el camino para abor­dar la necesaria reforma del Estado.

 

PARTICIPACIÓN DE LA MUJER EN LOS CENTROS SOCIALISTAS

Nuestro partido desde su fundación reconoció orgánicamente la participación de las mujeres en su seno; en una época donde eran consideradas legal­mente iguales a los menores y a los incapaces, los socialistas dieron su pleno apoyo a una lucha que aún hoy continúa.

Pero también la lucha que las mujeres socialistas emprendieron en aquellos momentos fue destacada y trascendente. Trabajando en los diversos Centros del partido, Fenia Chertkoff, Sara Justo, Raquel Messina, Carolina Guglielmetti, Carolina Muzzilli, Rawson de Dellepiane, entre otras, desarrollaron una amplia actividad de difusión y agitación pública acerca de las reivindicaciones de la mujer, fundamen­talmente de las mujeres trabajadoras y de los niños, como lo fuera toda la campaña en apoyo al proyec­to presentado por Gabriela Coni acerca del “Trabajo de mujeres y menores”, plasmado en ley en 1.907 por nuestro primer diputado Alfredo Palacios, que inicia el camino de la justicia social en la Argentina.

Quien hoy para nosotros constituye un ejemplo de vida militante, Alicia Moreau de Justo, comenzó a principios de siglo, casi adolescente, con una clara comprensión de la realidad de su época, a realizar a través de los Centros una intensa campaña por los que eran los más desprotegidos, los más castigados, los más enfermos. Desde su juventud estuvo investi­da de una seriedad que la hizo merecedora del res­peto de todos; en esos anocheceres donde daba li­bertad a su vocación militante en los centros de Barracas, Pompeya, en todos los suburbios de Bue­nos Aires, así como en su vejez, no cesó un momento de luchar por los derechos humanos y la justicia social.

Hoy el Socialismo comienza a ser una alternativa de cambio en nuestro país. Hemos comprendido la posibilidad de vivir la vida de otra forma, con objeti­vos trascendentes, en solidaridad, en la comprensión que la lucha por la existencia de nuestra patria es también la lucha por el futuro de nuestros hijos, por nosotras mismas, por una sociedad más justa.

Es titánico el trabajo que se realizó durante años para desarrollar el socialismo. Nos fuimos compro­metiendo lentamente con las realidades de las fá­bricas, de las aulas, del surco y de los distintos ba­rrios de nuestras ciudades y pueblos del interior. Allí han llegado cientos de militantes que con su la­bor diaria trabajaron junto a los vecinos colocando una bomba de agua, levantando un dispensario, arreglando una vereda, vacunando a los niños y haciendo conocer las ideas socialistas.

Hombro a hombro, han estado siempre las mili­tantes socialistas ocupando un rol protagónico en la concreción de las pequeñas y grandes tareas que constituyen el basamento de solidaridad y partici­pación para construir una nueva nación.

En los centros socialistas de los barrios periféri­cos, donde más se viven las contradicciones de la sociedad actual, donde más urgente resulta la nece­sidad de un cambio en las condiciones sociales y económicas, más difícil resulta la participación ac­tiva de las mujeres.

Y de esta realidad de escasa participación, tam­poco escapan sectores menos castigados de nuestro país, fruto de la discontinuidad en la vida democrá­tica y participativa a lo cual se suma una profunda crisis económica, moral y de credibilidad.

A través de las experiencias recogidas en diversos lugares del país, vemos que en general las mujeres del barrio se acercan al Centro Socialista cuando se realizan actividades para los niños (bailes de disfra­ces, fiestas para el Día del Niño, cine infantil); tam­bién cuando se organiza el “ropero”, donde en­cuentran respuesta al acuciante problema de la ves­timenta para toda la familia.

Las mujeres se han sumado naturalmente a las actividades para recaudación de fondos (rifas, empa­nadas, locros, etc.). En otros casos han constituido comisiones de apoyo para acciones de salud para sus familias, como lo fue para colaborar con un dispensario o la “campaña del ladrillo” para cons­truir una sala de ginecología; en todo aquello rela­cionado con la educación de sus hijos, como los cur­sos de ayuda escolar, o con actividades para la capa­citación laboral (cursos de corte y confección, pelu­quería, huertas familiares); en campañas de difusión y recolección de firmas en apoyo a la ley de divor­cio, reglamentación de la ley de Jardines Materna­les Zonales, abono social de transporte, etc.

En cuanto a las militantes, hasta hoy la mujer socialista se ha limitado a “acompañar”; entiéndase por esto: mantener el cuidado del Centro, organizar la biblioteca, colaborar en la recaudación de fondos, asistir a actos, manejo de padrones y reparto de folletería y, eventualmente, completar alguna lista, siempre ubicadas en posiciones de relleno.

Propuestas

Es necesario llegar a un cada vez mayor número de mujeres de nuestros barrios tomando problemá­ticas específicas relacionadas con las condiciones de vida, la salud, la educación, la adolescencia, madre sola, tercera edad, violencia familiar, mujer sola, niñez abandonada, drogadicción, alcoholismo, an­cianidad, discapacitados, entre otros.

En cada centro donde trabajamos es fundamental conocer la realidad que nos rodea; qué hacen, có­mo viven, dónde participan las mujeres; qué orga­nizaciones existen en el barrio y las posibilidades concretas de trabajar en ellas.

Tenemos que conocer cuáles son las expectativas, aspiraciones y necesidades de nuestras compañeras para avanzar a través del debate y la discusión en propuestas concretas que posibiliten la participación, en el Centro Socialista, de nuevas mujeres.

Es necesario que dialoguemos sobre la importancia del trabajo en todas las actividades orientadas a pro­ducir un cambio real y concreto en el propio barrio. Debemos resaltar la importancia de dejar de ser espectadoras para pasar a ser protagonistas y gestoras de una nueva sociedad. En esa participación ya es­tamos generando el cambio.

La mujer socialista debe movilizarse; funcionan­do como agente multiplicador de energías, alimentan­do con actitudes y decisiones el brazo mismo de esa lucha.

Tomando iniciativas.

Aportando ideas.

Denunciando a viva voz las enormes pequeñas injusticias que vemos en nuestra vida diaria.

Organizándonos.

Formando grupos de control en lo que hace a la educación, al sistema sanitario, al manejo municipal en nuestros barrios.

Llevando a nuestro entorno la idea socialista, practicando la honestidad, la justicia, la rec­titud.

Modificando el “no te metas”.

Fomentando la unión de voluntades en contra del soborno y la corrupción.

Aceptando firmemente nuestro compromiso de militantes con el futuro.

Abocándonos a la lucha por medio del trabajo y la participación.

La experiencia nos señala que no hay grandes expectativas en la mayoría de los argentinos hacia la militancia política y menos aún en las mujeres. Pero hoy el socialismo tiene la posibilidad de ocupar un espacio importante en nuestra realidad. Nuestro mensaje es escuchado y respetado por muchos ar­gentinos a lo largo y ancho del país.

Debemos destacar la trascendencia de la presen­cia de la mujer en la lucha política, ya que represen­tamos el 52% del electorado; por ello es muy impor­tante impulsar la integración de las compañeras a nuestros Centros, asistiendo y discutiendo en las asambleas; representando al mismo en los Congresos del Partido; formando parte de las Comisiones Ad­ministrativas; para ello, es necesario que las activi­dades contemplen las posibilidades de las compañeras (horarios, guarderías, etc.).

Partamos de la base de que nada le está vedado a la militante en el Centro, desde abrir el local hasta ser su Secretaria; sólo existe la voluntad y el deseo para alcanzar la participación plena. Por eso es ne­cesario acabar con el temor a “ocupar” lugares; probable es que nos equivoquemos en los comienzos, pero nadie nace con experiencias previas y está tam­bién en nosotros la habilidad de aprender de los erro­res propios y ajenos y de transformar así lo negati­vo en positivo.

Otras propuestas son:

Estimular la participación y educación polí­tica de las compañeras a fin de lograr su mi­litancia activa y presencia en actos públicos;

Realizar campañas de esclarecimientos dirigi­das a ganar el voto de las mujeres, mediante volantes concisos donde se explique qué es la derecha, la ultraizquierda, y cuál nuestra propuesta para la mujer.

Realizar campañas nacionales coordinadas, de modo que no falte la comunicación entre las provincias Proponemos como parte de este plan la difusión, en todas las Federaciones, de las conclusiones del Seminario.

Conclusión

Todo está para que lo hagamos sin desmayar y sin cejar, ocupando nuestros lugares, enorgulleciéndonos de nuestros logros, haciéndolos valiosos ante nuestros ojos que así también se harán valiosos a los ojos de los demás.

El desafío queda a la luz. Lo aceptamos o nos replegamos.

Si logramos que cada compañera ocupe un espacio y se convierta en una portadora del mensaje socia­lista, estaremos haciendo un gran aporte a la alter­nativa de cambio para nuestro país.

El Socialismo se propone reformular el país. Es necesario ayudar a generar el cambio real, hay que trabajar por una nueva sociedad, con otros va­lores, solidaria, participativa, con justicia social, sin drogadicción ni corrupción.

Las mujeres socialistas debemos convocar a traba­jar para crear un tiempo nuevo: el tiempo de la cons­trucción del nuevo país contra el desarrollo de las armas nucleares, contra la soberbia de los imperia­lismos y por la justicia social; por lo tanto propone­mos que estas Jornadas se coloquen bajo la advoca­ción de la “lucha por la paz”.

 

LA MUJER RURAL

Para estudiar o analizar a la mujer rural es necesa­rio no perder de vista el mapa geográfico, econó­mico y social de nuestro país.

El último Censo Nacional Agropecuario, realiza­do en 1969 define como “rurales” a los habitantes de poblados de hasta 2.000 personas y a los que vi­ven diseminados a campo abierto, a no menos de 20 o 30 km del centrourbano más próximo.

La forma de vida, las posibilidades de desarrollo, la subsistencia, están ligados a los regímenes de pro­piedad y trabajo de la tierra.

El censo proporciona los siguientes datos:

El área total es de 280 millones de hectáreas culti­vables, 208 millones de ha. que presenta aproximadamente el 75%.

El área cultivada es de 36 millones de ha. (17,3%).

Hay 522.800 explotaciones. El 6,2% de ellas concentra el 74,7% del área explotada mientras que solo el 4,8% de esta área lo conforman el 67%de las explotaciones.

Esto señala, por una parte, la subutilización del recurso; por otra, que coexisten latifundios con mini­fundios que no llegan a constituir unidades econó­micas.

Esta situación genera formas de trabajo y produc­ción irracionales, basadas en el arrendamiento y el conchabo, con el resultado de la miseria y la marginación.

También hay que agregar el deterioro social glo­bal de los últimos quince años y el causado por los desastres naturales (sequías e inundaciones) que no hizo más que profundizar los problemas ya exis­tentes.

La vida de la mujer rural, que se desenvuelve en este ámbito exacerbado por el aislamiento, la soledad, la falta de servicios puede caracterizarse -a grandes rasgos, pues cada región tiene sus parti­cularidades- de la siguientes manera: es considerada administradora del hogar y auxiliar del hombre en las tareas agrícolas, aunque en realidad todo el tra­bajo recae sobre ellas, pues debido al escaso rendi­miento en general los hombres se emplean en fá­bricas cercanas; en otros casos están fuera del hogar siguiendo las tareas estacionales. Si son arrendata­rios o cuidadores, al trabajo en este campo la mujer debe sumar el de su propia huerta y corral. Cuando actúa como cabeza de familia, conoce los precios y los discute con el contratista.

Produce alimento y ropa para la familia y eventualmente para su colocación en mercados regiona­les, puestos callejeros o zonas de concentración turística.

La tarea de hilar y de acarrear agua ocupan parte importante del día.

Las niñas asumen tempranamente obligacio­nes domésticas (ayudar a la madre, ocuparse de la crianza de sus hermanitos). Si hay acceso a alguna forma de instrucción, son elegidos varones mayores para recibirla.

Los datos de la OIT que señalan la escasa parti­cipación femenina en el trabajo rural se debe a que, dado el régimen existente el contratado es el hombre para un trabajo que es realizado por él y su mujer, y la mayoría de las veces por toda la familia. Esto influye enormemente en la salud de la madre y los hijos, pues generalmente les tocan las tareas de desmalezamiento, limpieza, recolección de dese­chos, etc., lo que los pone en riesgo de ser picado o mordido por animales e insectos, exponiéndolos también en mayor grado a las lastimaduras.

La mujer rural pasa la mayor parte de su vida adulta embarazada y/o amamantando.

Frecuentemente actúa como cabeza de familia, reproduciendo el matriarcado, ya que el hombre pasa muchos meses fuera del hogar siguiendo las tareas estacionales: también por viudez, abandono etc.

La carencia de servicios (agua, luz, comunicacio­nes) aumenta las dificultades y la carga de trabajo.

El éxodo, la migración, son el signo de la vida rural de los últimos tiempos.

Con las economías regionales quebradas, con el desempleo subsidiado a través del cargo en la admi­nistración pública, la llamada “Provincias Pobres” registran índices alarmantes.

Sin embargo, las provincias con régimen de promo­ción o radicación industrial también acusan un nota­ble descenso en su actividad pese a lo cual siguen actuando como polo de atracción.

Corrientes según el censo de 1980, muestra el 43% de sus nativos emigrando hacia otros puntos del país.

En el segmento de mujeres argentinas mayores de 18 años (electores) la población de Tierra del Fuego creció, en el último año más del 8% (11.193 mujeres); la de Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz, más del 2% , registrando en conjunto la llegada de 6.657 mujeres. Exceptuando a Neuquén, en las demás regiones nombradas el movimiento migratorio de este sector (electores) igualó o su­peró al masculino.

San Luis, por su parte, creció en este segmento algo más del 1% (908) de mujeres.

El impacto que significa para estas provincias el aumento de la población —pues el cuadro no men­ciona ni los menores ni a los trabajadores prove­nientes de países limítrofes —tienen graves conse­cuencias, por la imprevisión y la falta de planifica­ción propias del sistema.

En San Luis, pese a que no hay desocupación, proliferan las villas miserias y faltan servicios esen­ciales: agua, luz, gas.

En Tierra del Fuego existen barrios carenciados: los llamados “intrusos en tierra fiscal” son unos 2.700, viven en casillas de madera sobre trineos y carecen de servicios.

El territorio tenía 5.000 habitantes en 1972 y actualmente tiene 70.000 también se revirtió la proporción de Chilenos, del 80% al 30% los mis­mos se han dispersado al resto del país.

Situaciones como las mencionadas son caracterís­ticas de la provincia de Buenos Aires desde hace ya mucho tiempo, aunque en los últimos tiempos la situación se ve agravada.

En la actualidad casi un millón de personas viven en condiciones miserables, sin agua, gas, luz, cloa­cas, servicios de salud, ni educación, ni un salario permanente.

La mayoría se concentra en el Partido de la Matanza, sobre la ruta 3, allí hay gran cantidad de terrenos fiscales, bajos, inundables, periféricos, sin servicios. La ruta permite el acceso fácil a la Ca­pital Federal y al mercado central, donde se dice que al fin del día regalan las frutas y verduras que no se pudieron colocar. En la zona también se pueden recolectar desechos industriales (cartones, hierro, trapos, etc.).

La falta de viviendas se resuelve a través de casi­llas de materiales diversos o sencillamente un toldo acomodado sobre tres palos acomodados en la tierra.

El trabajo, cuando se consigue es, para las muje­res, el servicio doméstico: hombres, jóvenes y niños se sostienen con changas y cirujeo; cuando no, la delincuencia y prostitución infantiles y juveniles, las adicciones.

El panorama es, entonces, de una mujer que aun­que trabaje en la producción y administración agrí­cola, no recibe salario; una mujer agobiada, relegada, desperdiciada en sus posibilidades; una mujer obli­gada a sobrevivir en un medio adverso del que solo saldrá cuando emigre a las ciudades, para verse em­pujada a condiciones peores de las que dejó, cuando no a la delincuencia o a la prostitución, produciendo una forma moderna de esclavitud.

Si definimos “participación” como una herramien­ta para transformar la sociedad —el medio en que nos desenvolvemos— mediante la acción grupal a través de organizaciones genuinamente populares y demo­cráticas (sociedades de fomento, asociaciones veci­nales, clubes, cooperadoras, cooperativas, etc.) entonces de la mujer rural es escasísima, casi nula.

En medio de la soledad y el aislamiento no hay donde participar, pues no existen, como en los pue­blos más grandes, agrupaciones del tipo de las men­cionadas y las escuelas casi no realizan actividades de extensión a la comunidad; además la asistencia de los niños a la escuela es limitada pues la mayoría de las veces trabajan en el campo a la par de sus padres.

Y no hay como participar, pues las distancias son enormes y deben correrse en condiciones pe­nosas; el trabajo es tan absorbente y agotador que no permite otras actividades; la falta de luz obliga a restringirse, dando por terminado el día prác­ticamente cuando se pone el sol.

 

PROPUESTAS

El sometimiento, aislamiento y degradación de la mujer rural tiene su causa en las injusticias sociales y económicas generadas por el sistema capitalista. En este marco se pueden enunciar al­gunas ideas que, en los distintos campos, ayuda­rían a promover la participación de la mujer rural:

        Cooperativismo: promover la integración ho­rizontal de las cooperativas locales.

        Educación: Promover la creación de escuelas agrotécnicas con regímenes que alienten y faci­liten la asistencia de jóvenes, y con programas adecuados a las necesidades regionales a fin de es­timular el arraigo.

      Salud: necesidad de promover la atención primaria de salud, a través de los agentes sanitarios. Para ello es necesario capacitar a aquellas perso­nas queridas y respetadas en la comunidad que representen un incalculable valor para desarrollar aspectos como son primeros auxilios, difundir nor­mas elementales de higiene, cuidados de los niños etc...-. Sus consejos serán bien recibidos y propenderán al mejoramiento de la calidad de vida de la comunidad, promoviendo la participación.

        Cultura y Recreación: las posibilidades de acceder a espacios culturales o recreativos en el medio rural son casi imposible; pero estas actividades adquieren una enorme importancia en un ámbito asignado por la soledad y el embotamiento proveniente de la rutina y brutalidad del trabajo campesino, ahondando cada vez más las diferencias entre ese medio y el urbano.

Cooperativa de trabajo de obreros tabacaleros

Ocho familias de obreros tabacaleros, que inde­pendientemente habían trabajado para un solo pa­trón, toman conciencia de su explotación. La toma de conciencia les permite independizarse y asociar­se en una cooperativa dirigida por una mujer, por su condición de buena obrera.

Gestiona subsidios lo que permite arrendar su­cesivamente tierra para el cultivo del tabaco y com­prar el equipamiento necesario.

La vinculación con otras cooperativas y ligas de cooperativas, los capacitan con sus experiencias de años. También rinden asesoramiento de entes pú­blicos pero condenan que ese asesoramiento no es completo y es discriminatorio.

Las condiciones de vida de estos obreros ha cam­biado notablemente pero esto no significa un ascenso social. Ellos siguen siendo obreros.

La mujer frente al tabaco-cultivo estacional que los envenena con insecticidas y que envenena con el consumo, lucha por otra actividad como es el cultivo diversificado y la granja que es continua, de consumo masivo y de gran importancia para su propio consumo.

 

Contaminación en el ALTO VALLE DE RIO NE­GRO: LA MUJER una víctima particular

El accionar de la mujer rural en el Valle de Río Negro, se desenvuelve en un medio caracterizado por la explotación, frutihortícola con una caracterís­tica especial: la contaminación por agroquímicos.

El uso de estos, es incontrolado, y hay una al­tísima concentración en aire, agua y fijada en los alimentos.

Esto, produce entre otros, los siguientes efectos

Ulceras de piel

Esterilidad o malformaciones fetales

Abortos espontáneos

Afecciones renales y hepáticas

Alteraciones en sistema nervioso, que pueden llegar al suicidio

Daños crónicos en la vista y vías respiratorias

Si bien el problema afecta a toda la comunidad del Alto Valle de Río Negro el perjuicio se ocasiona particularmente en la mujer rural. Mientras tanto la ley que realiza y reglamenta el uso de plagui­cidas, sancionada en julio de 1987 ni se aplica, ni se cumple premeditadamente demorada su re­glamentación por presiones ejercidas por empresas multinacionales que comercializan los productos.

 

Situación de la mujer indígena

Históricamente en nuestra América, se generó un proceso continuo de destrucción y aniquilamiento de las comunidades indígenas del continente.

Se inició así la desarticulación económica, política y social de las poblaciones indígenas, des­truyendo sus culturas, sus organizaciones y sus economías independientes, basadas en el cultivo de la tierra y que ha sido un aporte a la economía del país.

Vemos que junto a la belleza y el turismo cor­dillerano contrasta la situación de abandono y des­protección, soledad y aislamiento de nuestros aborígenes, en donde abunda la desnutrición, tu­berculosis, mortalidad infantil, diarreas estivales, etc.

En el campo, la mujer junto a la familia trabaja a la par del hombre siendo la familia el fundamento sobre el cual se desenvuelve la actividad económica.

En la ciudad se agudiza la crisis de identidad por el desarraigo. Las mujeres aborígenes terminan siendo extranjeras en su propia tierra, pasan a ocu­par villas de emergencias y a ser mano de obra con­denada por su raza y por ser mujer.-

 

La Mujer Rural Chaqueña

La mujer rural, se incorpora a la fuerza bruta, sin distingos con el hombre, así por ejemplo en el Chaco voltea árboles con la misma fuerza, que luego se convierte en fuerza y ternura para criar y educar a sus hijos, los que en contados casos logran superar el estado de marginación.

Pobladores rurales, con conciencia de explotación, pueden modificar su condición de vida en tanto cuenten con un asesoramiento técnico adecuado, fruto    de    una    política  nacional definida.

El cambio de condición de vida debe basarse en la cooperación y en la solidaridad, con una con­tinua transferencia de experiencias, siendo funda­mentalmente protagonistas de su propia cultura.


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