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Condicionantes del desarrollo sociopolítico iberamericano

PONENCIA: CONDICIONANTES DEL DESARROLLO SOCIOPOLITICO IBEROAMERICANO

Guillermo Estévez Boero

Desde nuestra tierra

Reconforta nuestro temple, la convocatoria concretada por el Instituto de Cooperación Iberoamericana. Ella expresa el sentimiento americanista del pueblo español.

Este Encuentro, coincide con la interpretación histórica que hace poco escribiese nuestro ilustrísimo huésped don Claudio Sánchez Albornoz: "Mañana -en la Historia, los mañanas avizorados en el perfil del horizonte requieren a veces siglos, en un mañana de arribo seguro- serán recuerdos históricos las culturas de Francia, de Italia, o de Alemania, pero millones y millones de seres seguirán pensando, hablando, creando ... , alcanzando altas cumbres de civilización; millones y millones de nietos conquistados y de los conquistadores, y de los emigrantes con ellos mezclados en estas tierras incorporadas por España a la civilización occidental" (1).

La coincidencia con la valoración histórica del maestro genuinamente iberoamericano, explica nuestra mancomún presencia en este encuentro, y la valoración del diálogo real que el mismo posibilita.

Para lo más auténtico del pensamiento iberoamericano, para lo mejor de él, la integración del sub continente era necesaria para su progreso aún antes de los procesos de independencia.

Alfredo Palacios nos dice: "Desde antes de la independencia, los americanos de origen español que aspiraban a ser libres trabajaban por la unión de los hijos de la tierra, con la intuición de un porvenir en el que fraternizaran los pueblos" (2).

En nuestra tierra, los hombres comprometidos con la realidad de todos los tiempos, expresaron su adhesión a la causa de la integración iberoamericana.

Castelli -insobornable mensajero de la Primera Junta- en el primer aniversario de la revolución convoca, desde el milenario centro ceremonial de Tiahuanaco, a la unidad de los pueblos de Hispanoamérica.

Bernardo de Monteagudo presenta a la Asamblea del año XIII un proyecto de organización de los Estados Unidos de Sub América.

"Todos los pueblos deben fundirse en uno", José Artigas, y Fray Cayetano Rodríguez, implora en 1816: "Unión, Americanos, no perdamos con nuestras discordias esta preciosa joya que nos vino de lo alto".

San Martín que había emitido proclamas en quechua, aymará, guaraní y araucano, en 1845 escribe: "Yo no soy de ningún partido político, sí, soy del partido americano".

José Hernández, el poeta, escribió en 1860: "La América es la patria del porvenir y no son barreras bastantes a dividirlas nuestros grandes ríos y nuestras altas cordilleras. El espíritu revolucionario que vadeó los unos y horadó las otras, claman por el complemento de la obra empezada".

El gran militante por la integración de América Latina, Manuel Ugarte, produce en 1910 "El Porvenir de la América Española" y en 1914 crea la Asociación Latino Americana.

Hipólito Irigoyen -el gigante acallado- en 1917 convoca en Buenos Aires a un Congreso Latinoamericano. Los Estados Unidos atacan de inmediato la convocatoria de Irigoyen, porque les rompe su farsa de panamericanismo y económicamente logran presionar a los países del subcontinente. Sólo México -que viene de producir su gran transformación social, amarrada en ricas raíces mayas y aztecas- llega a Buenos Aires; ambos países se encuentran en una política de integración.

En 1925 se funda la Unión Latino Americana, inspirada por José Ingeniero. Alfredo M. Palacios es su primer Presidente. Deodoro Roca funda la filial Córdoba.

Quien fuera electo tres veces Presidente constitucional de la República, el General Juan D. Perón, expresó: "La integración continental de América Latina es indispensable: El año 2000 nos encontrará unidos o dominados".

Al llegar, desde nuestra tierra a este Encuentro, lo hacemos -en consecuencia- continuando la tradición de nuestro pueblo.

De suyo, que el pensamiento integrador no es exclusivamente de argentinos, don Juan Egaña, peruano residente en Chile, en abril de 1810, enunció la idea de un Congreso que considerara la necesidad de la unión de todos los pueblos de origen español. O'Higgins adhirió fervientemente a la idea de la integración americana. La Suprema Ley venezolana de 1812, dispone que pueden ser miembros del poder ejecutivo los que, nacidos en el continente colombiano, hubieran residido durante un año en Venezuela. En nuestro norte: México, basta recordar la personalidad y la obra de José Vazconcellos.

El significado de la integración de Iberoamérica, que han percibido nuestros pueblos, también ha sido comprendido por quienes lucran con nuestra dependencia y por ello obstaculizan la integración. A título de ejemplo grotesco vale mencionar que las transnacionales de los medicamentos -no ajenas al derrocamiento del presidente Arturo Ilia- han financiado los últimos tiempos reiteradas y "solicitadas" -de página entera- proclamando que Argentina no tiene nada en común con el Tercer Mundo.

La dependencia cultural que padecemos ha hecho desaparecer de los escaparates de las librerías y del contenido de la enseñanza, a la mayor parte de los autores que hemos recordado, reemplazándolos por los "best-sellers", producido por simples intrascendentes, y promovidos por las transnacionales para obstaculizar el pensamiento trascendente de nuestros pueblos. De esta manera el vaciamiento cultural acompaña al vaciamiento económico de nuestros países.

En esta materia, no sería equitativo silenciar nuestra admiración por la resolución del gobierno de Acción Democrática, encabezado por el Presidente Carlos Andrés Pérez, de rescatar a través de la colección Ayacucho, los valores literarios e históricos de la América Latina.

El análisis de la dependencia cultural con sus polifacéticos efectos, resulta imprescindible para comprender la realidad económica y social de las Repúblicas iberoamericanas.

La década de los setenta

Al promediar la década de los setenta, los sureños del continente americano nos enfrentamos con una dramática realidad sociopolítica: En Uruguay, Chile, Argentina y Bolivia regímenes dictatoriales oprimían a nuestros pueblos con una intensidad no experimentada anteriormente en el Cono Sur. Paraguay y Brasil, soportaban regímenes pseudorepublicanos que en medio de múltiples medidas proscriptivas montaban periódicamente un símil de elecciones libres. Estas realidades, con diferentes matices, pero semejantes en lo esencial, comprendían a más de 180 millones de mujeres y hombres a quienes se les había arrebatado por la fuerza los derechos políticos y el goce de las garantías y derechos constitucionales; en una de las regiones más ricas del globo, 180 millones de hombres y mujeres no podían elegir su gobierno ni dictar sus leyes.

La corrupción se agiganta ante el desconocimiento de la soberanía popular. Acerca de la degradación social que este hecho acarrea Jawharlal Nehru expresó: "La gente ve que vive en un ambiente de corrupción y se corrompen ellos mismos. El hombre de la calle se dice a sí mismo: "Bien, si todo el mundo está corrompido, ¿por qué no lo voy a estar yo?". Este es el clima que se quiere crear y que hay que frenar".

Para modificar una realidad es necesario estudiarla. Quienes sustentamos la plena vigencia de todos los derechos democráticos para nuestros pueblos, debemos analizar las causas que determinaron la realidad socio-política que venimos describiendo.

Estos regímenes, además del desconocimiento de los derechos constitucionales, tienen en común su filosofía económica y el menosprecio por los sectores postergados de la sociedad.

Los modelos neoc1ásicos de economía de mercado impuestos en todos estos países, han beneficiado exclusivamente a las transnacionales -fundamentalmente a su sector financiero- y a sus socios nativos, en detrimento directo de la pequeña y mediana industria nacional y fundamentalmente de los trabajadores. Dentro de estos últimos, quienes padecieron y padecen la agresión más brutal del proyecto de las transnacionales, son los trabajadores no calificados.

Concuerda O. Muñoz: “... nuevas élites empresariales y financieras que, a diferencia de las viejas burguesías industriales, se identifican y asocian con las tecnocracias de las empresas transnacionales. También se configuran nuevos sectores medios de profesionales, empleados y trabajadores altamente calificados, que, mediante su incorporación a las jerarquías laborales de los sectores modernos, han podido asimilarse a los nuevos patrones de consumo y constituir así la base dinámica interna de este estilo de desarrollo. Al margen de estos beneficios tiende a aparecer la gran masa de empleados y trabajadores no calificados, los campesinos, los jubilados y pensionados, el grueso de los llamados trabajadores por cuenta propia y una significativa proporción de pequeños empresarios y comerciantes en vías de proletarización" (4).

Resulta por demás ilustrativo del drama de nuestros pueblos, el constatar estadísticamente, la coincidencia en el tiempo de los "paquetes" de medidas económicas confiscatorias de las remuneraciones, con las escaladas de represión. En un solo país, Argentina, es dable afirmar, en forma estimativa, que desde 1976 a la fecha, a los trabajadores se les ha sustraído del poder adquisitivo de su salario, una suma superior a nuestra abultada deuda externa de 45 mil millones de dólares.

Los trabajadores han padecido modelos económicos que han congelado los salarios y liberado los precios, disminuido los beneficios de las obras sociales, liberado los alquileres, eliminado la gratuidad de la asistencia médica y de la educación. Estos despojos hay que sumarios a la disminución del poder adquisitivo de los salarios.

Resulta claro, en consecuencia, que la situación del Cono Sur fue motivada por el desarrollo de la organización de los trabajadores, la conquista y el acceso a mejores niveles por parte de los sectores medios de la comunidad, había determinado el incremento de la participación de estos estratos en la renta nacional.

Las transnacionales y sus asociados, cabalgando sobre diversas realidades nacionales, apuntalaron la implantación de regímenes dictadoriales a los efectos de imponer a su amparo modelos económicos que les permitiesen incrementar su participación en la renta de esos países.

Dice Raúl Prebisch: "El empleo de la fuerza permite frenar o suprimir el poder sindical y político de las masas y restablecer el excedente y su potencial de acumulación, haciendo retroceder lo que se había ganado más allá de ciertos límites en la presión redistributiva" (5).

El poder sindical se expresa en el accionar por el mejoramiento de las condiciones de trabajo y el aumento de las remuneraciones. El poder político tiene por objeto la obtención de ventajas sociales (salud, educación, vivienda, seguridad social).

Queda claro, en consecuencia, que el enfrentamiento en nuestra región no es entre civiles y militares, ni entre creyentes y ateos, sino entre las transnacionales -y sus agentes nativos- y las mayorías nacionales, por la apropiación de un mayor porcentaje de la renta nacional.

La vigencia de los derechos políticos y constitucionales, es incompatible con la aplicación de los modelos económicos implementados por los regímenes enunciados e ideados por los discípulos de la escuela de Chicago.

En estos modelos económicos desemboca indefectiblemente el llamado capitalismo periférico.

A esta altura surge una pregunta ¿queremos mejorar el capitalismo periférico o queremos promover un nuevo sistema económico para los pueblos de Iberoamérica y del resto del Tercer Mundo? Con claridad nos definimos por la segunda alternativa.

Situación actual

Primer objetivo: La vida

Para estructurar el futuro de Iberoamérica se necesita respeto a la vida y respeto a la soberanía popular. Necesitamos, que se cumpla la sentencia del Libertador Simón Bolívar: "La voluntad general del pueblo será para mí, siempre, la Suprema Ley".

En países donde el estado de derecho es inexistente, como en el 'Cono Sur, nadie garantiza la vida de nadie. Adquiere dramática vigencia para nuestros pueblos la frase de Albert Camus: “... con la imagen de la Peste quiero expresar el ahogo que sufrimos todos, y la atmósfera de amenaza de muerte y de exilio en que vivíamos".

La situación se agrava en estos momentos de suma tensión internacional, porque los iberoamericanos desconocemos, si a los fines estratégicos de las grandes potencias les conviene, mañana, desestabilizar alguno de nuestros gobiernos o "libanizar" alguno de nuestros países. Ignoramos si a las grandes potencias les conviene promover un conflicto bélico, en nuestra región, a los efectos de canjear su resolución por otra en el Medio Oriente, en el Sudeste Asiático o en cualquier punto del planeta.

Por ello, los pueblos iberoamericanos aunque sepan, que Europa es el principal escenario de confrontación misilística, deben militar incansablemente por la causa de la paz y del desarme, porque con la disminución de la tensión internacional, disminuirá la posibilidad de desestabilización o de "libanización" de sus países.

Debemos batallar por el desarme y la distensión, porque somos conscientes de que nuestra vida es parte de la vida del planeta, y si ella termina, concluye la nuestra.

Cincuenta y cuatro Premios Nobel declararon: "No podemos permanecer inactivos y observar cómo se aproxima el desastre. Nuestro conocimiento nos dice que la totalidad de la humanidad está crecientemente en peligro de muerte, y que debemos usar este conocimiento para crear esperanzas y salvación, para dar consistencia a nuestras creencias y opiniones... ahora es el tiempo de actuar, ahora es el tiempo de crear, ahora es el tiempo de vivir de manera que podamos dar vida a otros" (6).

Es caer en lugares comunes, recordar que cada minuto la humanidad gasta más de un millón de dólares con fines militares, y que la fabricación y venta de armamentos, constituye el segundo mayor negocio del mundo, después del petróleo. La administración Reagan ha hecho del presupuesto militar un incentivo para la actividad económica de su país.

Las conversaciones oficiales por el desarme parecen estancadas, en todos los niveles y en todos los campos, se hace entonces necesario recurrir enérgica y urgentemente a lo que el "Documento final" de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1978 denominó la "Movilización de la Opinión Pública Mundial en Favor del Desarme". "Esta podría llegar a ser un instrumento eficaz para alcanzar finalmente ese objetivo", ha escrito Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz (7).

También motiva el accionar por el desarme de los pueblos iberoamericanos, la necesidad de derivar los recursos destinados a la adquisición de armamentos en sus propios países, a la satisfacción de sus necesidades en los rubros de salud, educación y vivienda.

No es ajena a la tradición de nuestro pueblo la inquietud del desarme.

Juan Bautista Alberdi, en la "Memoria" que presentara en 1844, en la Universidad de Chile, planteaba la necesidad de que "se pactara el desarme general, concediendo a cada Estado el empleo de las fuerzas indispensables para el mantenimiento de su orden y declara hostil a América, al que mantuviera fuerzas que no fueran estrictamente necesarias" (8).

La Unión Latino Americana, al constituirse en 1925 planteó la "reducción de los armamentos nacionales al mínimo compatible con el mantenimiento del orden interno" (9). En definitiva, debemos comprender que es vital para nuestros pueblos la distensión en el orden mundial, y, obrar en consecuencia.

Concurre también al objetivo de asegurar la vida de nuestros pueblos, alejando al espectro de la guerra, la creación de un tribunal o de un mecanismo de arbitraje forzoso para resolver las cuestiones que se suscitan entre los pueblos iberoamericanos.

Entre nuestros países, existen una serie de problemas limítrofes pendientes. Desde siempre ha sido por demás positivo resolverlos pacíficamente, hoy, en el mundo de tensiones que vivimos, resulta imprescindible que así se haga para evitar, a cualquier precio, todo conflicto cuyo desarrollo puede escaparse totalmente al control de los propios países que los han iniciado, debido a la interferencia de las grandes potencias.

En consecuencia, sería útil la convocatoria de una reunión no gubernamental de especialistas, a los efectos de proyectar un tribunal y un mecanismo de arbitraje forzoso para la resolución de los diferendos entre los países de la región.

Es obvio, que para solucionar los problemas existentes, no puede concurrirse a los organismos de la OEA, ya que de ella participa quien instiga e interviene en la casi totalidad de los conflictos de la región.

Segundo objetivo: Soberanía popular

Debemos planteamos el reconocimiento de la soberanía popular, como el único basamento válido para la organización institucional de nuestros países. También debemos comprender, y deben comprender nuestros amigos del mundo, que el ejercicio de la soberanía popular no corregirá automáticamente todos los problemas, ni va a cambiar el tiempo de la degradación nacional en tiempo de edificación nacional, en forma inmediata.

La medida del tiempo para nuestra tierra, la medida de tiempo que pasará para transformar nuestra sociedad, está determinada por nuestro trabajo, por el trabajo de los iberoamericanos para mejorar el nivel de conciencia y organización del pueblo, y fundamentalmente de los trabajadores. Este es el reloj del tiempo social. El avance de la conciencia, el avance de la organización de los sectores populares, es el almanaque de la Historia. No es cuestión de poner1e una fecha aquí, a la instauración de un nuevo modelo, es cuestión de ponerle fecha en las fábricas, en el surco, en los barrios, en las aulas (10).

Un nuevo país, un nuevo sistema, demora en organizarse. Y el tiempo que demora, es el tiempo que tarda en comprender el pueblo y fundamentalmente los trabajadores, la necesidad imprescindible de un nuevo sistema.

Quienes en Iberoamérica hemos vividos la experiencia diaria de nuestros pueblos, los que hemos escuchado la prédica utópica de la aceleración de los procesos -que sólo aceleraron el dolor y la pérdida de la juventud- los que hemos escuchado y padecido a los que reiteradamente han quebrado el orden constitucional -en beneficio de las transnacionales- los que hemos sobrevivido a todo eso, hemos aprendido a respetar el tiempo de avance de los pueblos. Hemos aprendido que las realidades sociales e institucionales no se importan; ni del Este ni del Oeste. Hemos comprendido que la estabilidad política nace de la capacidad de organización del pueblo, de su capacidad para neutralizar a sus enemigos.

Quienes nos han impuesto una economía determinada por las fuerzas del mercado, también pretenden imponemos una concepción del Estado, cuyo objetivo sea la garantización de una libertad concreta para una minoría y abstracta para una mayoría. La ciencia política contemporánea recorre el camino inverso.

La Ley fundamental de la República Federal alemana sanciona en su artículo 28: "Un Estado democrático y social de derecho". El artículo 1 de la Constitución española de 1978 reza: "España se constituye en un Estado social y democrático de derecho". La inversión del orden de los adjetivos marca el rumbo del avance de los textos constitucionales que reflejan las exigencias de los pueblos.

"El Estado social, parte de la experiencia de que la sociedad dejada total o parcialmente a sus mecanismos reguladores, conduce a la pura irracionalidad y que sólo la acción del Estado... puede neutralizar los efectos difusionales de un desarrollo económico y social no controlado", asevera Manuel García Pelayo (11).

Nosotros iberoamericanos, debemos pagar el precio a la interrupción de nuestra vida institucional. Esto debemos comprenderlo. Sobre todo debemos comprender los errores de los gobiernos elegidos por el pueblo, que son los únicos que no se aceptan y los únicos que se juzgan. Mientras que los gobiernos que nadie eligió -cuyo primer error es existir- creen que no cometen errores y que no pueden ser juzgados por nadie.

El tiempo es del pueblo y no de los usurpadores. Pasará tiempo antes de resolver los problemas. Pero la administración y el manejo de ese tiempo le corresponde al pueblo. Por ello reiteramos la imprescindible necesidad de defender la soberanía popular y la vida institucional que la representa.

Es necesario que los países europeos, principalmente de la Europa democrática y socialista, colaboren en todas las formas posibles con los gobiernos iberoamericanos representativos de la voluntad popular.

Las antiguas formas institucionales de la soberanía popular, deben ampliarse de forma inmediata con la concreción de nuevas instancias de participación popular, a todo nivel.

"Será en vano satisfacer al elector mediante manipulaciones del derecho a votar. Será menester imaginar otras formas y otros ámbitos de utilización de las fuerzas colectivas. La democracia social o la democracia económica son fórmulas que responden a esas exigencias", dice Burdeau (12).

La fisonomía del Estado debe transformarse a través del incremento de la participación. Resulta imposible concebir un nuevo modelo económico que reemplace al actual capitalismo periférico, sin pensar en la adopción de concretas medidas socialistas.

Es necesario comprender y asumir la absoluta incapacidad del sistema capitalista periférico, para satisfacer las necesidades básicas de nuestros pueblos y garantizamos una vida en democracia. Cada vez más el drama de occidente nos enseña, que es más difícil conjugar capitalismo y democracia y la voluntad popular está conjugando socialismo y democracia. Nos acota, Manuel García Pelayo: “... el socialismo no anula la democracia, sino que la perfecciona" (13).

Como ayer escuchábamos al Club de Roma, dar el alerta final acerca de las futuras posibilidades de crecimiento del modelo capitalista, hoy debemos escuchar a Raúl Prebisch, a nuestro Raúl Prebisch, que tiene la grandeza de rectificarse ante el mundo, al sostener: "Después de larga experiencia y de un perseverante esfuerzo de la praxis, tuve que ir desbaratando mucho de lo que había aprendido y enseñado; y sólo con el andar de los años, me siento en condiciones de ofrecer a la controversia, un esbozo de mi propia interpretación del desarrollo periférico" (14).

"Mi conclusión es terminante y definitiva. El Estado no necesita socializar los medios de producción ni es conveniente hacerlo. Pero tiene ineludiblemente que socializar para cumplir aquellos objetivos primordiales.

Pues bien, el Estado tendría que captar el excedente de las empresas cuyas dimensiones sobrepasen ciertos límites y en donde surge la mayor parte de tal excedente y retornarlo en gran parte a las mismas empresas de donde surge, pero no a sus propietarios, sino a la fuerza de trabajo, difundiendo así colectivamente la propiedad de los medios colectivos y distribuyendo, asimismo, una parte del excedente para corregir gradualmente las disparidades estructurales del presente régimen" (15).

Podrá ser esta propuesta la más acertada o no, pero lo indiscutible es el agotamiento del sistema capitalista periférico.

En consecuencia, es necesario trabajar para una nueva experiencia de otra profundidad. No por otros hombres, sino por otro sistema. Es necesario concretar en Iberoamérica la alternativa de una sociedad socialista, donde prime la solidaridad y no la competencia que quiebra a los hombres física y psíquicamente.

Hay que avanzar hacia una sociedad socialista y democrática que ponga la economía al servicio del hombre y no los hombres, mujeres, niños y ancianos al servicio de un plan económico.

Los pueblos determinarán el derrotero futuro, para ello es necesario posibilitar la organización y la expresión del pueblo a través de nuevas formas de participación.

Por ello, en el pensamiento político contemporáneo, cada vez más se asocia a los vocablos de socialismo y democracia, el de participación. Porque la participación es la única que garantiza que el socialismo sea democrático y que la democracia mantenga y profundice formas socialistas en la actividad productiva.

Hay quienes se preocupan de saber cómo funcionarán los nuevos modelos; el nuevo modelo es necesario afrontarlo sin preconceptos. El no será la copia de otros modelos anteriores, ni la yuxtaposición de parcialidades anteriores, él será algo nuevo que crearán los pueblos para satisfacer sus necesidades materiales y espirituales, será el resultado de aciertos y de errores, de marchas y contramarchas y una vez concluido, veremos cómo funciona y como siempre la buena teoría emergerá de la realidad.

Nos dice Georges Burdeau: "El hombre no comienza por imaginar ciertos principios abstractos (justicia, igualdad, etc.) para deducir de ellos la estructura de la sociedad en la que se realizarían plenamente. El hombre concibe primero un tipo concreto de organización del grupo; lo ve. Los principios se deducen luego bajo formas de líneas de fuerza de esta organización" (16).

Prebisch nos agrega: "Como quiera que fuere, la transición hacia un nuevo sistema será larga, difícil y expuesta a muchas vicisitudes" (17).

En consecuencia, nosotros no podemos, ni debemos esperar a la proyección de un nuevo sistema para decir a nuestros pueblos y al mundo, que el sistema capitalista periférico, hoy vigente en nuestros países, ha demostrado ser absolutamente ineficaz para satisfacer las necesidades materiales y espirituales de los hombres y de las mujeres de Iberoamérica.

Cuando se comparan situaciones o cuadros históricos, es factible establecer relaciones superficiales, corriendo ese riesgo, diremos que España hace casi medio siglo vivió el drama que hoy queremos evitar en nuestra tierra. El pueblo español ha superado ese drama, aprendamos de él, de sus trabajadores, de su juventud, el camino es socialismo y democracia.

(1) Sánchez Albornoz, Claudio: "La Edad Media española y la Empresa de América", Madrid, pág. 16. (2) Palacios, Alfredo L.: "La Comunidad Iberoamericana - Bolívar y Alberdi", Abeledo y Perrot, Buenos Aires, 1959, pág. 14. (3) Myrdal, Gunnar: "Reto a la pobreza". Edit. Ariel, pág. 287. (4) Muñoz, O.: "Distribución del ingreso en América Latina", pág. 12. (5) Prebisch, Raúl: "El Nuevo Orden Económico Internacional y Valores Culturales, dos mitos del capitalismo periférico", Instituto de Cooperación lntercontinental , imprenta Pablo López , Madrid, 1979, pág. 17. (6) Desarrollo, núm. 2, 1982, Madrid, pág. 3. (7) Ob. cit. pág. 10. (8) Palacios, Alfredo L., ob. cit. pág. 74. (9) Palacios, Alfredo L. "Nuestra América y el Imperialismo", editorial Palestra, Buenos Aires, 1961, pág. 23. (lO) Estévez Boero, Guillermo: "Argentina en el Tiempo". Buenos Aires, 1980. (11) García Pelay o, Manuel: "Las transformaciones del Estado contemporáneo", Editorial Alianza, Madrid, pág. 22 Y siguientes. (12) Burdeau , Georges, "Traité de science politique", tomo l. pág. 413. (13) García Pelay o, Manuel: Ob. cit., pág. 16. (14) Prebisch, Raúl: Ob. cit.. pág. 9. (15) Idem, pág. 23. (16) Burdeau, Georges: Ob. cit., tomo 1, pág. 190. (17) Prebisch, Raúl: Ob. cit., pág. 25.


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