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Partido Socialista Popular

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Aniversario del PSP

Capital Federal, 23 de abril de 1977.

Estimado amigo:

El 23 de abril es una fecha importante para nosotros.   Creemos que es una oportunidad en la cual es necesario realizar un balance de todo lo que hemos hecho y de todo lo que dejamos de hacer, para así poder mejorar lo que hemos hecho bien y suprimir o modificar lo que hemos hecho mal.

A través de cinco años hemos trabajado por la libertad, por el bienestar y por la independencia nacional. Hemos trabajado por una concepción del país y por una concepción de la vida. Hemos trabajado por la libertad, pero no por una libertad teórica y hueca, sino por desarrollar una libertad concreta para la mujer y el hombre argentino. Hemos trabajado y siempre trabajaremos por una libertad que libere, una libertad que no solo permita reclamar sino que, fundamentalmente, posibilite modificar las causas que determinan las reclamaciones justas.

Con este sentido luchamos por liberar al hombre argentino de la enfermedad y de la muerte prematura a través de la organización y puesta en marcha de un sistema nacional de salud y por la vigencia efectiva de normas de seguridad industrial; luchando por liberarnos de la ignorancia y de la incultura bregando por posibilidades concretas para que todas las mujeres y hombres de nuestro país accedan a todos los niveles de la enseñanza y a las diversas expresiones culturales. Luchamos por liberar al hombre del hacinamiento, bregando por la concreción de efectivos planes de vivienda. Luchamos contra la pobreza y por mejorar la calidad de vida de los argentinos y fundamentalmente de los trabajadores, a través de un re ordenamiento de la economía que posibilite la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de las grandes mayorías nacionales, en vez de contemplar unilateralmente la ganancia de los agentes y socios de la dependencia y de quienes detentan el privilegio económico.

Luchamos por la independencia nacional, creando conciencia de la urgente necesidad de que estén en manos argentinas las palancas estratégicas de las decisiones trascendentes en todos los aspectos del quehacer nacional y planteando la imperiosa necesidad de un reordenamiento territorial-demográfico que nos permita aguardar confiados el futuro nacional.

Pensamos que todos estos objetivos sólo pueden alcanzarse incrementando la participación popular, orgánica y democrática en todos los niveles de la actividad. Por ello trabajamos por incrementar la representativo de las organizaciones populares, posibilitando una mayor participación de sus integrantes en la agrupación gremial, en el sindicato, en la organización empresaria, en la agrupación universitaria, en los centros de estudiantes, en las asociaciones profesionales, en las cooperativas, en las sociedades vecinales, en los clubes de barrio, en las bibliotecas, en las cooperadoras, etc.

¿Qué perseguimos con esto?   ¿Dar aca­so nuestra orientación a dichas organizaciones y transformarlas en colaterales nuestras?   No.   Nada sería más miope y errado.   Perseguimos el fortalecimiento de todas estas organizaciones, lo que significa el incremento de la participación popular en todos sus niveles y la concientización progresiva de quienes participan, acerca del rol protagónico del pueblo en todas las actividades de la Nación. Sig­nifica la convicción, que nace de una práctica, de que el trabajador, con su participación activa puede y debe mejo­rar el funcionamiento de su sindicato; de que el empresario puede y debe mejorar su organización; de que el universita­rio puede y debe mejorar su centro de estudiantes; de que el profesional puede y debe mejorar su asociación; de que el cooperativista puede y debe mejorar su cooperativa; de que el vecino puede y debe mejorar su organización vecinal; de que el socio del club puede y debe mejorar su club; de que el integrante de la biblioteca puede y debe mejorar su funcionamiento; de que el integrante de una cooperadora puede y debe mejorarla.

Todo este accionar se fundamenta en nuestra firme creencia en la capacidad creadora y realiza­dora del pueblo argentino. Por ello no creemos en los mi­lagros de la tecnocracia; no creemos en los méritos de los planes nacionales confeccionados por politicólogos en la tranquilidad de sus escritorios. Creemos en el Plan Nacional elaborado en las fábricas, en el surco, en las aulas, en los cuarteles.

Hemos pensado y pensamos que este Plan Nacional que el país necesita ha de solucionar problemas inmediatos que nos posibiliten superar inaceptables arbitrariedades de nuestra vida cotidiana y asegurar nuestra existencia como nación ante los embates que a diario sufrimos.

Pero fundamentalmente este Plan Nacio­nal debe proyectarse hacia el futuro y es por ello que he­mos dedicado nuestros mayores esfuerzos y desvelos al artífice del futuro: la juventud.

Sobre este particular, sin desconocer nuestras limitaciones y errores, podemos afirmar que hemos escrito nuestra página más gloriosa.

La dependencia, que en todos los campos de la actividad nacional padecen los argentinos se precipitó sobre los valores mismos de nuestra comunidad y nos lanzó a una caótica, inmoral, irracional y negativa sociedad de consumo donde el lucro, erigido en el valor supremo de la colectividad y en el supremo legislador y planificador, movilizó los elementos de la violencia, de la droga y del erotismo para destruir el cerebro de nuestras jóvenes generaciones y ponerlos a su servicio. De esta dramática rea­lidad, nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, nuestro sacrifi­cio, permitió rescatar miles de jóvenes argentinos que re­chazaron la práctica de la violencia, de la droga y de la pornografía por la práctica cada vez más consciente del amor y del servicio al pueblo y a la Nación.

Por ello, en este aniversario constituye nuestra más grande satisfacción el no haber tenido que golpear ninguna puerta para entregar un cadáver. Hemos golpeado muchas puertas y las seguiremos golpeando con más fuerza para reclamar una mayor participación en las organizaciones populares, para conseguir un trabajo a quien carecía de él, para evitar una deserción escolar, para favore­cer una conciliación familiar, para llevar un medicamento hoy inaccesible a grandes sectores del pueble, pera alfabetizar o para arrimar un hombro para techar una casa.

En síntesis, hemos golpeado y golpearemos para construir, jamás para destruir.

Desconfiamos profundamente de los aspirantes a estadistas, que dicen preocuparse por las condiciones de vida del pueblo, pero que no se conduelen del hambre o la necesidad del vecino.

Esta preocupación y esta conducta hoy nos permite también recibir el reconocimiento de miles de hogares, que en muchos casos no comparten nuestras inquie­tudes renovadoras, pero que no retacean su reconocimiento por haber definido a sus hijos por la vida, por el amor al pueblo, por el futuro y haberlos alejado de los cantos de sirena del terror y de la droga.

Nosotros debemos continuar rectifican­do nuestra práctica de vida, porque todavía usamos parte importante de nuestro tiempo en la solución de los proble­mas personales y en la salida individual, en vez de dedicarlo cada vez más a la solución de los problemas comunes de nuestro pueblo. Debemos trabajar con mucha mayor dedicación, con mucha mayor responsabilidad y con mucha mayor organización.

En este aniversario que cumplimos en medio de tiempos difíciles para nuestra patria nos volvemos a dirigir fundamentalmente a la juventud, a la juventud trabajadora, a la juventud que estudia, a los jóvenes pro­fesionales y artistas, a los jóvenes integrantes de las Fuerzas Armadas, a los jóvenes miembros de las iglesias, para decirles que bueno es reclamar la libertad, pero que es fundamental ejercer la libertad.

Todos los días podemos ejercer pequeñas libertades. Podemos fumar o no fumar; podemos tomar una naranjada o agua, podemos ponernos una camisa u otra, éste es el ejercicio pequeño de la libertad. Pero la juventud debe practicar el gran ejercicio de la libertad, que es el de fijar un objetivo central y jerárquico para su vida. Debemos rechazar los objetivos intrascendentes que la sociedad de consumo pone ante nuestros ojos y abrazar el objetivo trascendente de ordenar la vida tras la meta de amar y de servir cada vez más al pueblo y a la Nación. Esto es necesario practicarlo y capacitarse para cada vez practicar­lo mejor. Es necesario apagar el televisor y generar el diálogo entre los integrantes del pueblo argentino. Es necesario cerrar el televisor e ir a conversar con la juven­tud en el club de barrio. Es necesario dejar de mirar el partido entre los campeones mundiales e ir a organizar el partido en el club vecinal. Es necesario reemplazar el televisor por el libro. Es necesario reemplazar el televisor por el diálogo familiar. Hay que rechazar la droga, la pornografía y la violencia, reemplazándolas por una vida comunitaria, dialoguista, constructiva; es preciso repoblar los campos de deportes y las bibliotecas; es necesario recrear nuestras formas tradicionales de esparcimiento. Es necesario por sobre todas las cosas defender la calidad de vida de los argentinos y fundamentalmente la calidad de vida de los tra­bajadores que son quienes menos participan de esta sociedad y de su corrupción y que por ello constituyen el contingente fundamental en la construcción del futuro.

Vivimos tiempos difíciles. Es inútil la­mentarlo. Más inútil todavía y más desastroso es querer ignorarlo, como si todo marchara bien o dejarse definitivamente-" aplastar como si nada pudiera superarse.

Hoy más que nunca hacen falta jóvenes con una gran pasión por un futuro verdadero. Y esta gran pa­sión y convicción del futuro verdadero, ha de nacer del estu­dio de la realidad y de la confianza en la capacidad creado­ra y realizadora del pueblo.

Hoy abunda el miedo, la tristeza, el de­saliento. Se multiplica la violencia por parte de quienes carecen de razón e intentan imponer su parecer por la fuerza, quien conozca nuestra realidad y quien crea en la capacidad de nuestro pueblo jamás puede tener una conciencia derrotis­ta. Esta no es la hora de los débiles ni de los cobardes. Es la hora de quienes conocen la realidad del pueblo y creen en el futuro de la patria; quienes así creen, deben golpear to­das las puertas para despertar y ayudar a organizar a los integrantes de la Nación. En los tiempos difíciles que vivimos, el camino es el amor y el servicio al pueblo; de su práctica nacen la confianza, la fuerza y la alegría.

El camino es difícil; exige tener firme­za, constancia, perseverancia y asumir un compromiso activo, audaz y creador de servir al pueblo.

Es necesario actuar, no podemos inútilmente ponernos a pensar en los tiempos idos o soñar pasivamente en que pase pronto la tormenta, sin hacer nada por crear tiempos nuevos.

El país confía en que la juventud sea constructora positiva de la paz, generadora de alegría y verdadera profeta de un futuro donde impere la libertad, el bien estar y la independencia nacional. Para desempeñar su papel, la juventud no debe evadirse de la realidad a través de la indiferencia, la insensibilidad o el miedo, ni dejarse arras­trar por la tormenta violenta de la euforia fácil del éxito inmediato. Debe insertarse y estudiar la realidad; debe echar rodilla en tierra para no errar el futuro.

Para construir un futuro válido es preciso pensar con cabeza propia y no con cabeza prestada, debemos rechazar las cabezas que nos quieren prestar desde todos los confines de la tierra y elaborar y organizar soluciones argentinas para los problemas argentinos. Quien no confía en la juventud, teme al futuro y lo teme porque está comprometido con las arbitrariedades del presente.

Nosotros anhelamos el futuro, y por ello hoy ratificamos nuestra confianza en el rol de la juventud y en la participación de nuestro pueblo.

¡Argentinicemos nuestra Argentina!

GUILLERMO ESTEVEZ BOERO

 


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