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Partido Socialista Popular

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Más humanos y más argentinos

23 de Abril de 1980

El 23 de Abril, muchas argentinas, muchos argentinos, muchas familias argentinas festejamos un nuevo aniversario y renovamos un compromiso.

Festejamos un nuevo aniversario del 23 de Abril de 1972, fecha en la que un conjunto de argentinas y de argentinos, en su mayoría jóvenes y trabajadores, crearon el Partido Socialista Popular. Un año después, nuestro Partido, de conformidad con lo dispuesto por la ley de los partidos políticos, era reconocido por la justicia electoral como partido político nacional.

Las argentinas y los argentinos que creamos el Partido Socialista Popular expresamos -con esa creación- nuestro convencimiento de que un sistema social basado en la explotación del hombre por el hombre y del pueblo por el capital, había demostrado su ineficacia para asegurar en nuestra Patria el bienestar, la libertad y la independencia nacional. Era necesario entonces crear nuevas formas de organización social, formas socialistas, que asegurasen la solidaridad y la fraternidad entre los argentinos para concretar y asegurar su propia libertad y bienestar, dentro del único marco en que pueden existir: una realidad de independencia nacional.

Las argentinas y los argentinos que creamos el Partido Socialista Popular expresamos la convicción, que nace de nuestra historia nacional, de que las ideas socialistas, para desarrollar raíces y dar frutos, necesitaban ser elaboradas, difundidas, practicadas y reali­zadas por las grandes mayorías nacionales encabezadas por los trabajadores.

De acuerdo con sus ideas, siempre de­finidas y siempre de frente, las argentinas y los argenti­nos que creamos el Partido Socialista Popular, sumados a las argentinas y los argentinos que se fueron incorporando a nuestro Partido durante estos largos y cortos ocho años denunciamos cómo el actual sistema social no puede garantizar la salud, la educación, la vivienda de los argentinos ni la plena independencia nacional de la Patria. En cada oportunidad señalamos que sólo una mayor y orgánica participación popular, determinará una planificación económica que tenga por objetivos supremos los intereses de la Nación Argentina, que asegurará la libertad y el bienestar de los argentinos y la independencia nacional.

Esta planificación debe reemplazar a la planificación que bajo el rótulo de "libertad de mercado" constituye sólo un ordenamiento de la economía que beneficia los intereses trasnacionales y los pequeños núcleos de nativos que los representan y que son sus intermediarios.

Durante todos estos años hemos apoyado a todos los argentinos y a todas las medidas que defendían o se orientaban hacia la defensa de la vida, de la salud, de la educación, de la vivienda de los integrantes del pueblo y a la defensa y a la afirmación de la independencia nacional. Hemos apoyado estas conductas, estos actos, por encima de todas las diferencias filosóficas, sociales o partidarias, con la amplitud de nuestra Bandera; imitando -con nuestras limitaciones- la grandeza de los Padres de la Patria, hemos apoyado la actitud, los actos de trabajadores, de estudiantes, de maestros, de jueces, de sacerdotes, de integrantes de las fuerzas de seguridad, que tendieran al afianzamiento de la libertad, del bienestar y de la independencia nacional.

En nuestro país, que hoy vive una rea­lidad de excepción, en la cual el pueblo no decide y de la cual se debe salir, se ha convocado a un diálogo. El Parti­do Socialista Popular, con la autoridad moral que le otorga el haber promovido públicamente el diálogo de todos los sectores de la vida nacional con anterioridad y con posteridad al 24 de Marzo de 1976, entiende que todo diálogo es positivo, pero para ser trascendente, deben serlo sus contenidos y sus participantes y no limitarse a querer transformar, mediante titulares de los diarios y demás medios de comunicación de masas, a las minorías en mayorías.

Hemos denunciado los efectos económicos negativos del sistema actual y del plan económico vigente -que es una de sus expresiones más crudas- como lo son la perdida permanente del poder adquisitivo del salario, la imposibilidad de acceso por parte de la familia trabajadora a una vivienda digna, la imposibilidad de acceso y de permanencia de los trabajadores y de sus familias a un nivel adecuado de salud, al acceso al medicamento, al tratamiento y a la cirugía, a la justicia, a los comedores escolares, a los hogares escuelas, a las casas de reposo para ancianos y los arbitrarios sistemas de comercialización de nuestros productos.

Este plan económico, detrás del canto y la música de la "libertad de mercado" y de la "subsidiariedad del Estado" ha planificado al detalle y minuciosamente el beneficio y los privilegios de la actividad financiera. Este plan liquida Agua y Energía, Obras Sanitarias de la Na­ción, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Yacimientos Carbo­níferos Fiscales, Ferrocarriles, Gas del Estado, Empresa Na­cional de Telecomunicaciones, Industrias Mecánicas del Estado, etc., etc. Este plan no garantiza el valor del trabajo porque lo aniquila con la inflación; no garantiza la fuen­te de trabajo porque produce miles y miles de cesantías como resultado de sus "reajustes". Este plan no garantiza la existencia de fronteras vivas ni la estabilidad de la vida en el interior de nuestra Patria; este plan no garantiza un comercio exterior al servicio del pueblo argentino; este plan no garantiza los resultados del trabajo del hombre que cultiva la tierra y del que produce en las fábricas.

Bajo el lema de "la libertad de mercado” y de la "subsidiariedad del Estado" se orienta a los ar­gentinos a poner sus ahorros al servicio de la degradante actividad especulativa por sobre la actividad productiva; y al hombre que no le garantiza salario, que no le garantiza fuentes de trabajo ni estabilidad en el mismo, que no le garantiza salud, educación y vivienda para él y su familia, le garantiza devolverle su dinero siempre y cuando lo en­tregue a la usura nativa e internacional.

Si el hombre pone sus pesitos en un torno, no tiene garantía; si los presta a un amigo para comprar un torno, no tiene garantía; si los presta a un ta­ller no tiene garantía; si los guarda se queda sin nada; si compra un chancho o una oveja, no tiene garantía. Pero si se los presta a la usura para que ésta, con gran ganan­cia, se los preste al del torno, al del taller, al del chancho, al de la oveja, entonces sí el actual plan económico determina que el Estado le garantice sus depósitos.

Este es el plan que cierra escuelas rurales, que cierra delegaciones del Ministerio de Trabajo, que suspende la alfabetización del adulto, que cierra hogares escuelas, que suspende la copa de leche, que cierra universidades y Facultades, que destruye grandes infraestructuras de la Nación, que levanta vías férreas, porque determina que el Estado es subsidiario.

Las mujeres argentinas y los hombres argentinos que creamos el Partido Socialista Popular rechazamos en el presente y rechazaremos en el futuro, esta concepción de la economía por dos aspectos fundamentales: en primer lugar es contraria a nuestra concepción del hombre, a quien creemos un ser social, un ser que debe trascender sus instintos primarios en fraternidad y en solidaridad, y en segundo lugar la rechazamos por ser contraria al interés nacional.

Este plan económico, que ha transformado el país en un mercado persa que en esencia no es nada más que una de las tantas baratijas que hoy se importan del extranjero, aunque con efectos mucho más pernicioso, produce resultados aún más negativos en el campo moral y cultural de la Nación. Se ha impulsado como supremo valor al lucro, que es el fruto del egoísmo, de la competencia, de la destrucción de los demás hombres. Se degrada los hábitos de nuestra población a través de esta filosofía, que se trasmite por todos los medios de comunicación de masas y que se traduce en el incremento del odio, de la pornografía; de la drogadicción y del terror. Los modelos extranjeros de este plan económico con sus altos porcentajes de degradación moral en todos sus aspectos, inclusive de suicidios infan­tiles, constituye un ejemplo de adonde se puede llegar. Creemos que no debemos llegar a esas realidades para comenzar a preocupamos, creemos que ya debemos preocuparnos y preocupar a la mayor cantidad de argentinos para no seguir recorriendo el camino que desemboca indefectiblemente en esos negativos resultados, verdaderas hogueras de la sociedad humana.

Ante la exaltación del lucro como va­lor supremo, ante la pérdida absoluta de valores trascendentes, las argentinas y los argentinos que hemos creado el Partido Socialista Popular hemos convocado y convocamos a darle un sentido a la vida, un sentido humano y un sentido argentino. Por eso hoy, además de festejar nuestro aniversario, renovamos nuestro compromiso de ser cada día más humanos y más argentinos.

Se es más humano y más argentino cuan­do se ayuda a techar la casa del vecino, cuando con nuestra participación evitamos que las obras sociales sean desmanteladas y aseguramos el cumplimiento de sus objetivos, cuando con nuestra colaboración logramos que alguien pueda solucionar su problema de salud, cuando con nuestra actividad y nuestra participación, orgánicamente con otros vecinos o con otros padres, logramos que el plan económico no cierre una escuela, no cierre un centro de salud, no cierre un hogar escuela, no cierre un centro de alfabetización, no cierre una estación sanitaria, no cierre un juzgado; cuando colaboramos con otros argentinos en cooperadoras, en cooperativas, en clubes de madres, para asegurar y defender estos intere­ses; cuando bregamos por la vigencia plena de los derechos y garantías constitucionales, cuando solicitamos la liber­tad de todo detenido a quien no se le haya instituido el debido proceso, cuando reconocemos como única fuente de poder político a la voluntad popular; cuando colaboramos para que un niño, un joven , llegue y pueda permanecer en la es­cuela, en el colegio y en la universidad; cuando estudiamos la historia nacional, cuando difundimos la tarea y la vida de nuestros héroes como San Martín y Belgrano, cuando difundimos las grandes realizaciones de nuestro pueblo: la Defensa y reconquista de Buenos Aires, el Éxodo Jujeño, la gesta de Carmen de Patagones, cuando difundimos los ejemplos de las Niñas de Ayohúma, de Manuela Pedrazza, del Tambor de Tacuarí, del Sargento Cabral, de los sargentos Zalazar, Albarracín y Gómez, del Negro Falucho y del Granadero Baigorria; cuando reivindicamos a nuestros trabajadores, a nuestros científicos y a los integrantes de las Fuerzas Armadas que desde hace 76 años constituyen los vigías generosos y pací­ficos de los mares del Sur; cuando reivindicamos el trabajo de nuestros maestros de las fronteras y de las villas, de los desiertos de arena y de los desiertos aún más vacíos como son los de cemento; cuando reivindicamos a los artistas de la pluma y de la música, del pincel y del cincel, para ocupar el puesto que les quita la agresión de las series importadas, de la anti música importada y de los best-seller importados; cuando reivindicamos a los hombres del arte de curar que aún piensan en algo que se llama salud pública , que se llama higiene y en la medicina preventiva; cuando reivindicamos a los abogados que aún se ocupan y desarrollan el derecho del trabajo de los trabajadores, el derecho del trabajo que enseña a la defensa y al desarrollo de los derechos del trabajador y no a su burla y a su cercenamiento; cuando reivindicamos a los integrantes de las Fuerzas Armadas que creen necesario imitar a los generales Mosconi, Savio y Baldrich, al Almirante Storni y al Brigadier San Martín y no tergiversarlos; cuando en los barrios a través de una sonrisa de los chicos que juegan un campeonato infantil hacemos surgir la alegría en quienes carecen de dispensarios, de escuelas, de agua, de luz y de pavimento.

Cuando los integrantes de nues­tro Partido y todo argentino realizamos estas obras, pequeñas o grandes -durante un día o una vida-, pero todas trascendentes, somos más humanos y más argentinos.

Cuando nos solidarizamos con los pueblos de América Latina y con los pueblos en vías de de­sarrollo del mundo en su lucha por estos objetivos, somos más humanos y más argentinos.

Como hombres y como argentinos actuamos correctamente al lado de los pueblos de América Latina y de los pueblos de otros continentes para lograr los objetivos que no nos pueden garantizar ningún centro de poder mundial.

Hoy, como hace ocho años, nos comprometemos a ser más humanos y más argentinos cada día y convocamos a los integrantes de nuestro pueblo, especialmente a los trabajadores y a la juventud, para que juntamente con nosotros ARGENTINICEMOS NUESTRA ARGENTINA.

Guillermo Estévez Boero, Héctor J. Cavallero, Héctor Miguel Di Biasi, Miguel A. Godoy, Juan Carlos Zabalza, Rubén Bilicich, Carlos R. Constenla, Víctor M. Mondschein, Carlos E. Spini.


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