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La realidad salarial de los trabajadores argentinos

El Partido Socialista Popular considera que el trabajo es la actividad fundamental del hombre.

El trabajo es irreemplazable en toda actividad económica. No puede existir una economía, ni satisfacerse las ne­cesidades elementales del hombre (como la comida, el vestido y la vivienda), si no es en base al trabajo.

En términos estrictamente económicos el salario es lo que se paga por el trabajo producido en relación de dependencia. La importancia y la irreemplazable participación del trabajo remunerado en la vida social en general y en la vida económica en particular, debería determinar le importancia y la jerar­quía de la contraprestación del mismo, que es el salario.

La jerarquía del salario está determinada por dos aspectos. Primero, es la paga para aquéllos que aportan el ele­mento esencial de la vida nacional: el trabajo. Segundo, es el medio de vida fundamental de la mayor parte de los habitantes de la Nación.

Por su importancia, por su jerarquía, por ser el medio de satisfacción de las necesidades vitales del trabajador y su familia, por su gravitación en la economía, el Partido So­cialista Popular rechaza la concepción actual del salario que considera a éste como un precio más, dejando librada su determinación a las leyes del mercado. Rechazamos la organización de la Nación subordinada al culto del lucro como valor supremo de la comunidad.

El libre juego del mercado, permite el manejo del mismo por minorías económicamente privilegiadas, monopólicas y la mayor parte de las veces ligadas o asociadas a los intereses extranjeros.

No podemos aceptar que estas minorías determinen el nivel de vida de los trabajadores argentinos, sus perspectivas de vida, su cantidad y calidad de alimentación, su vivienda y la existencia y el desarrollo de sus núcleos familiares.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, expresó el derecho de toda persona que trabaja "...a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure a sí y a su familia una existencia conforme a la dignidad humana" (ONU, 1948).

Es necesario institucionalizar organismos a través de los cuales sean la mayoría de los integrantes de la Nación quienes, por medio de una participación orgánica y democrática, determinen las mínimas necesidades que debe satisfacer el monto salarial y en definitiva el nivel de participación de los trabe dadores en el ingreso nacional.

El salario debe asegurar al trabajador y a su familia una existencia conforme a la dignidad humana, en retribución a una jornada laboral de 8 horas como máximo y de no más de 6 para trabajos insalubres.

Esta función del salario puede ser violada funda­mentalmente desde dos ángulos: uno de ellos, es la disminución de su poder adquisitivo (los precios suben por el ascensor y los salarios por la escalera) y el otro, es el aumento de las horas de trabajo.

La actual planificación de la economía ha agredido al salario en forma drástica desde ambos ángulos.

El congelamiento salarial decretado determinó una pérdida del valor adquisitivo del salario, es decir, una dismi­nución del salario real (*) sin antecedentes en las últimas dé­cadas. Por otra parte, a los efectos de neutralizar la drástica pérdida del poder adquisitivo, los trabajadores se vieron forzados a incrementar sus horas de trabajo a través de la realiza­ción de horas extras (algunas veces voluntarias, otras veces no tanto y otras sin remuneración a título de colaboración requerida). Tan común se ha hecho esta práctica que el propio Ministe­rio de Trabajo incluye, en el cálculo del salario, un 21,8 % correspondiente a horas extras. También se da cada vez con mayor frecuencia la doble jornada y el doble trabajo con su secuela de incremento de las enfermedades profesionales, la disminución psíquica y física del trabajador, la desintegración de la familia, los trastornos de conducta en los niños, todas ellas situaciones incompatibles con la dignidad del ser humano y su posibilidad de vida.

El salario del peón industrial perdió en los últi­mos cuatro años el 55 % de su valor; debe hoy aumentarse en un 121 % para recuperar su anterior poder adquisitivo. Este perjuicio se ha operado en todas las ramas.

Por ejemplo, si tomamos el salario mensual de las cuatro categorías de la construcción: oficial especializado, oficial, medio oficial y ayudante al 1/1/76 y lo indexamos con el índice de precios al consumidor al mes de febrero de 1980, nos darían los siguientes importes: $839.206, $746.504, $710.128 y $692.755, pare cada una de las categorías. Los salarios brutos percibidos, incluyendo asistencia perfecta (20 %) y la flexibi­lidad (40 %), fueron en febrero del corriente año: $617,160 pa­ra el oficial especializado; $455.220 para el oficial; $381.380 para el medio oficial y $335.740 para el ayudante. 0 sea que para que los trabajadores de la construcción mantuviesen hoy el mismo poder adquisitivo que tenían al 1/1/76, su salario actual tendría que aumentarse, en el caso del oficial especializado un 36 %; el oficial un 64 %; el medio oficial un 86 % y en el caso del ayudante un 106 %. Lo que da una idea de la magnitud del despojo consumado en los últimos años a la clase trabajadora.

(*) Salario real: bienes y servicios que pueden ser adquiridos con salario. (“Los salarios: Manual de Educación Obrera” D.I.T. 1968.)

La evolución del poder adquisitivo del salario del peón industrial, desde el año 1960 hasta el año 1979 está graficada en el Cuadro Nº 1. En él se aprecia que a partir de 1960 y hasta principios de 1974, hay una tendencia de aumento del poder adquisitivo del salario, o sea que con un sueldo se podía com­prar un 30 % mes de cosas que lo que se compraba en 1960. A partir de 1974 sufre una terrible caída, por lo cual hoy se puede comprar una cuarta parte de lo que se compraba en ese año, es decir, se deja de comprar un 75 %.

Debemos tener en cuenta que aun logrando reconquistar la capacidad adquisitiva existente a 1976, el monto alcanza do no aseguraría al trabajador y a su familia una existencia conforme a la dignidad humana.

La tabla de especies de necesidades mínimas mensuales de una familia trabajadora tipo que presentamos en el Cuadro Nº 2, ilustra claramente este aspecto.

A continuación del mismo, se gráfica en el Cuadro Nº 3 la desproporción existente entre los salarios percibidos hoy y las necesidades mínimas.

No concluyen aquí por cierto los agravios económi­cos padecidos en la actualidad por los trabajadores argentinos. La política impositiva actual disminuyó los impuestos directos (que se aplican a las ganancias y al patrimonio; con el consiguiente aumento de los impuestos indirectos que gravan los artículos de consumo masivos (vestimenta, alimentos, bebidas, cigarrillos, etc.). Esto castiga en mayor proporción a los trabajadores, que por ser la mayoría de la población, contribuyen indirectamente en mayor proporción que el resto de los sectores. En 1978 los impuestos directos representaron el 24% de los recursos fiscales y en 1979 representaron el 16% de los mismos. A esto hay que agregar que el impuesto a las ganancias hoy se canaliza en su mayor parte, a las empresas y no a las personas, por lo que el mismo se traslada a los precios. En 1975 el 43% de los contribu­yentes en el impuesto a las ganancias eran empresas y en 1979 dicho porcentaje se eleva al 73%.

Mientras se ha incrementado la participación de los trabajadores en la formación de los recursos del Estado, las prestaciones estatales en materia de salud, vivienda y educación han sido reorganizadas en perjuicio directo de los sectores del trabajo y fundamentalmente de los sectores más humildes de los trabajadores.

La gratuidad de la atención de la salud pertenece al pasado y el incremento vandálico de los precios de los medi­camentos determinado por los monopolios extranjeros pertenece al presente. El cierre de escuelas, de hogares escuela, de comedores escolares, la supresión del vaso de leche, el incremento del precio de los artículos escolares, el manejo especulativo de los textos de todas los niveles, la deserción escolar y la existen­cia de un Ministro que manifiesta que el problema del estudian­te que trabaja no es su problema, caracterizan una realidad educacional coherente con la concepción económica que impera en el país.

La disminución de la construcción de viviendas económicas para los trabajadores, el incremento del monto de las cuotas por vivienda sin tener en cuenta el incremento salarial y la liberación de los alquileres, también configuran una política habitacional coherente con la filosofía económica imperante.

Esta desprotección de los trabajadores se agrava en todos los aspectos en las regiones del interior de nuestra Patria.

Este agravio a la participación del trabajador argén tino en el ingreso nacional, se extendió coherentemente a los me­dios que a través de toda la evolución social contemporánea, for­jaron los trabajadores para defender sus salarios y para incrementar su participación en el ingreso nacional: el reconocimiento de sus organizaciones y la modalidad de sus convenciones colectivas.

La historia de la heroica y abnegada lucha de los trabajadores del mundo, que ha concretado sus alcances en un nuevo De­recho -el Derecho del Trabajo- nos enseña que la extraordinaria desigualdad existente entre la poderosa y gobernante patronal y el trabajador aislado, que debe atender a través de cualquier sacri­ficio las necesidades vitales de él y su familia, se vio en cier­ta forma amortiguada por la conquista universal de las modalidades de las convenciones colectivas de trabajo.

Mundialmente el contrato individual de trabajo fue reemplazado por las convenciones colectivas del moderno y repara­dor Derecho del Trabajo. Asimismo, a través de décadas de lucha, los trabajadores obtuvieron el reconocimiento de su derecho a or­ganizarse y en consecuencia la legalidad de sus organizaciones destinadas a la defensa de sus intereses.

La actual política atacó estas conquistas universales de los trabajadores, suspendiendo la vigencia de las convenciones colectivas y posibilitando con posterioridad la desintegración y atomización del movimiento obrero, que apunta, dentro de este or­den de cosas, a la disgregación de sus fuerzas en el tratamiento de las futuras remuneraciones y condiciones de trabajo.

Esta realidad social arbitraria que existe en nues­tra Patria, sólo podrá ser superada por la participación activa y orgánica de los trabajadores argentinos.

Ellos han alcanzado con sus luchas una experiencia que les ha permitido gozar por décadas de las mejores organizaciones sindicales y asistenciales de todo el continente. Tienen en consecuencia la capacidad, la madurez y el conocimiento necesario, para orientar y encauzar la marcha victoriosa del pueblo argenti­no, hacia la concreción de ideales socialistas de solidaridad y confraternidad, que aseguren la libertad y bienestar de todos los habitantes del territorio patrio en el único marco que puede ga­rantizar su existencia: LA INDEPENDENCIA NACIONAL.

Guillermo Estévez Boero, Héctor J. Cavallero, Héctor Miguel Di Biasi, Miguel A. Godoy, Juan Carlos Zabalza, Rubén Bilicich, Carlos R. Constenla, Víctor M. Mondschein, Carlos E. Spini. Integrantes de la Mesa Ejecutiva del Comité Nacional del Partido Socialista Popular.

Marzo de 1980


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