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Declaración de la Mesa Ejecutiva del Partido Socialista Popular ante la sanción de la Ley de Asociaciones Gremiales de Trabajadores

Los integrantes de la Mesa Ejecutiva del Comité Nacional del Partido Socialista Popular, ante la sanción de la ley de Asociaciones Gremiales de Trabajadores, declaran:

En la noche de ayer se ha dado a conocer el texto de la ley que dispone la disolución de la Confederación General del Trabajo.

Constituye esta medida un nuevo golpe a los intereses y derechos de los trabajadores. Anteriormente se había intervenido la CGT, los Sindicatos y las Obras Sociales más importantes, las organizaciones previsionales, bancarias y de seguridad social, donde los trabajadores tenían representantes.

Se procedió a la detención y se libraron órdenes de captura para un gran número de dirigentes, delegados e integrantes de comisiones internas. Se congeló la actividad sindical, se derogó el derecho de huelga y se prohibió y penó todo tipo de manifestación de protesta por parte de los trabajadores. Se modificó negativamente la ley de Contrato de Trabajo, se modificaron y suprimieron cláusulas de los convenios colectivos aprobados con anterioridad, se suprimieron conquistas alcanzadas en materia de salubridad, higiene y seguridad para los trabajadores.

Se sancionó la ley de prescindibilidad para los trabajadores de la administración pública y de las empresas estatales, llevándose la intranquilidad y la inseguridad a millares de familias argentinas. Se mantuvo el congelamiento de salarios, mientras el país batía records mundiales de inflación. Se paralizaron los planes de vivienda y se establecieron cuotas e indexaciones que no guardan proporción con los ingresos de los trabajadores. Se puso en vigencia la ley de alquileres con la consecuencia de miles de desalojos y la fijación de montos de alquileres brutalmente desproporcionados con los salarios de los trabajadores.

Hoy se procede a la disolución de la CGT, organización argentina que durante más de 40 años soportó intervenciones, congelaciones y diversas medidas restrictivas. A pesar de ello, la misma siguió constituyendo la organización madre de los trabajadores argentinos y los constituirá en un futuro absolutamente cierto.

A partir de aquel entonces los argentinos vivimos el justo orgullo de poseer el movimiento obrero mejor or­ganizado de América. Asimismo, exhibíamos en el pasado el sa­no orgullo de poseer la mejor escuela primaria de América: obligatoria, común, gratuita y laica y una educación superior impartida por universidades nacionales, que constituyeron el faro cultural y científico de América Latina. También exhibíamos una gloriosa historia en materia de organización sanita­ria, que naciendo con los albores de la Patria con hombres como Cosme Argerich y mujeres como las de Ayohuma, llegó a una organización de la salud al servicio de las mayorías naciona­les, de los desposeídos y de los humildes, en la gigantesca obra concebida por Ramón Carrillo. Los argentinos nos enorgu­llecíamos, asimismo, de poseer la empresa estatal modelo de América, la precursora de la defensa de la independencia económica de sus pueblos: esa obra extraordinaria dirigida e inspirada por Huergo, por Mosconi, por Yrigoyen y concretada por técnicos y trabajadores argentinos, que fue YPF.

Hoy nada queda. El país vive una etapa de des­composición en toda su actividad económica, en la cual se ha jerarquizado y reina la especulación sobre la producción y el trabajo.

Falsos profetas cuyos nombres no nos interesan ni albergará jamás la historia, exhiben su incomprensión de todo lo que constituye la Nación, arremetiendo contra todas sus vigas maestras, contra todos sus pilares, incrementando cada día la desintegración y la descomposición nacional. Una concepción económica oligárquica, que corresponde a una aristocracia elitista, perimida en América y en el mundo, arremete en forma incansable e incesante, contra cada una y todas las reivindicaciones del pueblo. Se ataca fundamentalmente los derechos y las reivindicaciones de los trabajadores y de manera muy especial, se agrava la existencia de los sectores peor remunerados del trabajo.

Se sigue un modelo económico que funciona sobre la superexplotación de los sectores más desposeídos y en base a ella, se lubrica a los demás niveles sociales para que puedan participar en la corrupción de una sociedad de consumo corruptora. Este modelo económico ha hecho de nuestras ciudades un mercado persa, donde a través de la propaganda se desvalo­riza todo lo argentino. Nada de lo nuestro sirve: la   hoja de afeitar, los fósforos, la ropa, los fideos, las papas, naranjas y bananas, los jabones, el vino, las radios, etc., son desplazados por lo importado. Este modelo económico ha transformado nuestros lugares de esparcimiento en lugares de corrup­ción, en lugares de drogadicción. Jueces dignos han debido y deben intervenir para mantener a la juventud alejada - cuando tienen éxito - de las corruptoras salas de máquinas tragamonedas.

Bajo los slogans de la "eficiencia" y de la “subsidiaridad del Estado" se ha dinamitado la organización nacional y se ha permitido el libre juego salvaje de la competencia económica, a través del cual los monopolios internacionales carcomen y desmantelan la Nación y el privilegio nativo explota con mayor libertad a inmensos sectores de nuestra Pa­tria”

Más de cuarenta años de funcionamiento tiene la organización nacional de los trabajadores que hoy se pretende disolver. Ella no registra mayores yerros o errores que los demás sectores de la vida nacional, pero registra en su favor el estar integrada por la inmensa mayoría de los que trabajan, de los que han hecho y hacen la Nación. Quizás por ello es disuelta por quienes inconsciente o conscientemente representan a quienes no trabajan, a quienes han desintegrado y desintegran la Nación, a quienes han agravado y agravan la situación de los trabajadores y su familia.

Se pretende volver cuarenta años atrás, se pretende volver al país en donde los trabajadores no tenían par­ticipación alguna a ningún nivel. Se pretende utópicamente borrar cuarenta años de historia nacional, y en vez de modifi­carse los sectores privilegiados que no pueden convivir con el progreso social, intentan suprimir el progreso social. La rueda de la historia no perdona a quienes no la respetan: los aplasta.

Nosotros, como organización política de los trabajadores socialistas y fundamentalmente argentinos, no podíamos hoy silenciar nuestra voz ante tanto error, ante tanta arbitrariedad que lesiona los intereses de la Nación y de sus trabajadores.

Los argentinos debemos plantarnos firmemente frente a esta campaña orquestada para negar validez, a todo lo nacional, que pretende convencernos de que todo lo que hemos hecho y hacemos no sirve. Todo lo bueno y lo importante en la historia y el presente argentino, fue obra del pueblo, espe­cialmente de los trabajadores.

Fue el trabajo argentino el que transformó la tierra virgen en tierra de producción; el que superó la inco­municación de la regiones de la Patria, construyendo decenas de miles de kilómetros de vías y levantando miles de kilóme­tros de líneas telefónicas y telegráficas; el que abrió la tie­rra y construyó canales para electricidad y riego; el que ce­rró los ríos y construyó los diques, los grandes complejos; el que levantó una industria nacional; el que sacó el petróleo y el carbón: el que fundió el acero; el que construyó máquinas para la ciudad y el campo: el que enseñó a los hijos de todos a conocer las glorias de la Nación, a leer y a escribir, en definitiva, a amar y ser útiles a nuestra Patria; el que cuidó a los enfermos de todos las veinticuatro horas del día y fueron los trabajadores quienes como soldados liberaron a medio con­tinente conducidos por el Padre de la Patria.

La disolución de la CGT, la planificación de la dispersión y de la atomización del movimiento sindical argen­tino es contraria a la seguridad nacional.

La disolución de la CGT permitirá que los intereses internacionales monten en nuestro país sus propias organizaciones sindicales, como lo han hecho en otros lugares del mundo. Nadie puede afirmar que esto favorezca a la soberanía nacional.

Siempre hemos considerado a la CGT, como uno de los organismos básicos y constitutivos de la organización nacional. Hoy podemos reiterar que nuestra condena -aunque con otro contenido social- sería idéntica si se quisiere disolver los grandes partidos políticos nacionales, como el justicialismo o el radicalismo. Si se quisiere disolver al Ejército, a la Armada, a la Fuerza Aérea, a los organismos de los pro­ductores, a los organismos de los profesionales, etc.

Ratificamos nuestra convicción que la única posibilidad de sobrevivencia nacional está dada por la adopción del socialismo como forma superior de la convivencia humana. Por ello el Socialismo Popular sostiene la necesidad de elaborar un plan económico al servicio de la Independencia Nacional y para satisfacción de las necesidades de la mujer y el hombre argentino, y jamás jugar la Independencia Nacional y el bie­nestar de la mujer y el hombre argentino al servicio de un plan económico. Queremos una economía al servicio de la Patria y no un territorio y su población al servicio de una concepción económica.

Creemos que se debe multiplicar la participación popular y las organizaciones del pueblo. Por ello pensa­mos que en el futuro es necesario reforzar la representatividad de los organismos de gobierno, incorporando a los mismos, en todos los niveles -comunal, provincial, nacional- a repre­sentantes de las grandes funciones públicas, como salud pública, educación, seguridad, empresas sociales, movimiento obrero, movimiento empresarial, agraristas, profesionales, etc., que constituirían órganos más representativos, en los cuales estos representantes de todos los sectores de la vida nacio­nal, coparticiparían de la responsabilidad con los representantes de los partidos políticos, estos últimos elegidos por voto directo.

Es necesario respetar la realidad de la Nación. Si rompemos los huesos del individuo el mismo se desploma. Los huesos no se inventan, existen. Si queremos a la persona humana que se llama Nación Argentina debemos respetar sus huesos; si queremos reemplazarla por un robot de importación, conti­nuemos rompiendo sus huesos. No vacilemos los argentinos, tengamos la fortaleza, la fuerza, la fe que viene de la lección de nuestro pueblo a través de toda nuestra historia. Ahí está el pueblo de Buenos Aires, arrojando a los hombres que repre­sentaban al Imperio Británico; ahí está el pueblo de Jujuy victorioso sobre el godo, el cual decía que el sol no se oculta­ba en su imperio.

Hoy somos muchos más, hoy sabemos mucho más, hoy los argentinos venceremos una vez más.

Guillermo Estévez Boero

Secretario General

Buenos Aires, 19 de Noviembre de 1979.


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