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En un nuevo aniversario de la patria

En ocasión de un nuevo aniversario de la Patria, creemos sumamente necesario dirigirnos de manera especial a nuestra juventud, fundamentalmente a los jóvenes trabajadores. Al dirigirnos hoy a la juventud, no olvidamos por cierto el inmenso valor de todos los integrantes de nuestro pueblo y, en especial, de los mayores cuyo trabajo ha construido lo que el país tiene hoy, pero nos dirigimos a la juventud por padecer ella una realidad que no le ofrece ninguna participación válida y efectiva en la construcción del futuro de nuestro país.

Nuestra Patria vive hoy momentos muy difíciles y realmente trágicos. Por todas partes se levantan estandartes de muertes, de terror, de desapariciones, de encarcelamientos, de drogas y de corrupción.

Ante ellos, nosotros enarbolamos más alto que nunca y con más convicción que nunca, la bandera azul y blanca que simboliza la vida, la convivencia, el diálogo, el entendimiento, la concertación de las mayorías nacionales, la organización nacional, la tranquilidad de los hogares, la existencia de metas trascendentes para el país, para el pueblo y para la juventud, y un futuro de libertad, bienestar e independencia nacional.

En nuestro país no todos matan. No todos secuestran ni cesantean, pero todos somos responsables de la triste y dramática realidad de nuestra Patria, porque todos hemos pensado y trabajado más en la salida personal, en la solución individual, en la solución sectorial, que en la salida y en la solución de nuestro pueblo.

Hay quienes jamás se han ocupado de los problemas de la comunidad, y quienes sí nos hemos ocupado debimos haberlo hecho con mucha mayor dedicación, con mucha mayor responsabilidad, con mucha mayor organización.

Los enemigos del bienestar del pueblo han trabajado con coherencia, con permanencia, con organización, y hoy los argentinos sufrimos las consecuencias de no haber tomado en profundidad y con responsabilidad las tareas necesarias para asegurar en forma irreversible la libertad, el bienestar y la independencia nacional.

A pesar de la situación en que vivimos todos, el complejo procesó histórico de nuestro país tendrá en definitiva un solo triunfador: el pueblo. Para acercar la hora de ese triunfo, que significa ahorrar muertes y salvar vidas, que significa proteger la riqueza moral y material del país, es necesario trabajar durante todas las horas del día, todos los días del año.

La bandera azul y blanca, con su significado de libertad, bienestar e independencia nacional, sigue siendo desde siempre la única enseña de valor supremo y permanente para vivir a su servicio y para morir en su defensa continuando el ejemplo de aquellos granaderos de San Martín y de aquellos gauchos de Güemes que, en definitiva, no fueron otra cosa que simples, generosos y maravillosos integrantes de nuestro pueblo. Creemos necesario reafirmar en esta hora viejos conceptos para que, bien parados sobre ellos, podamos constituir la Patria del futuro.

Es imprescindible que los argentinos pensemos con nuestra propia cabeza, porque ella es la que conoce nuestros problemas y la que encontrará la solución para ellos. Debemos rechazar el pensamiento de cabezas prestadas porque ellas sólo conocen sus propios problemas y sólo piensan en solucionar únicamente sus problemas.

Por eso, creemos que los integrantes de nuestro pueblo y fundamentalmente la juventud, no deben pensar con cabeza norteamericana, ni rusa, ni china,  sino que deben pensar con cabeza argentina nutrida por las experiencias del pueblo y de los trabajadores argentinos, y deben elaborar y organizar soluciones argentinas para los problemas argentinos.

Si frente a cada: problema de la realidad nacional no nos aferramos con fuerza y con decisión a este principio, indefectiblemente nos equivocaremos y jamás lograremos desarrollar y asegurar la libertad, el bienestar y la independencia nacional para los integrantes de nuestro pueblo.

Hay quienes creen que los problemas internacionales están por encima de los nacionales, Mientras algunos apuestan al triunfo de la bandera de una u otra superpotencia, nosotros reivindicamos para la juventud argentina la primacía absoluta de nuestra realidad nacional, y no vacilamos en afirmar que hay que apostar el resto de nuestra fuerza y de nuestra vida al triunfo de la bandera argentina.

Nuestro país tiene dentro de sus fronteras todas las riquezas necesarias para ser un país libre e independiente, respetuoso de la autodeterminación de todos los pueblos del mundo, amigo fraterno de los que luchan por su liberación siguiendo el ejemplo sanmartiniano, y al mismo tiempo celoso e intransigente defensor de su propia soberanía, tero nuestro país tiene su máxima riqueza en el pueblo, en la capacidad creadora y realizadora de ese pueblo que fue, en definitiva, quien produjo y construyó todo lo que tiene hoy el país en cada uno de los aspectos de la vida, tanto en los materiales de las grandes fábricas y obras públicas, como en los artísticos, científicos, tecnológicos, deportivos, etc.

Nosotros debemos rechazar el proyecto de poner al país al servicio de una concepción económica, porque pensamos que debe estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de una concepción o de un plan económico.

Toda receta económica de derecha o de izquierda, elaborada al margen de los intereses de nuestro pueblo, que no tenga por objetivo satisfacer y afianzar la libertad y el bienestar de los argentinos, que no tenga por objetivo dar estabilidad material y moral al hogar argentino, que no tenga por objetivo asegurar claros canales de desarrollo y de futuro a la juventud argentina, debe ser rechazada.

No se puede entonces hacer un proyecto institucional, un plan económico, un plan educacional, un plan de salud pública, un plan político, un proyecto de organización sindical o un proyecto de organización de las Fuerzas Armadas, si no se tiene claro y definido el país y la realidad nacional a los cuales esos planes y proyectos han de servir.

En este aniversario de la patria y ante la juventud, afirmamos una vez más que el país que asegurará la libertad, el bienestar y la independencia nacional, será un país donde se planifique con amplia participación popular y no marginándola, será un país que entienda que la capacidad creadora reside en la suma y en la síntesis de la inteligencia, de todo nuestro pueblo y no en especialistas, y que la realización de su planificación debe llevarse adelante con la organizada participación popular en todos los niveles: político, económico, sanitario, educacional, etc.

Ese país que planteamos debe ser un país de desarrollo equilibrado, un país que termine con las diferencias entre el interior y la capital, un país que termine con las diferencias entre el campo y la ciudad, un país descentralizado de sus polos de desarrollo, un país que jerarquice el afianzamiento y las condiciones de nuestro pueblo en todo el territorio nacional por igual, un país que jerarquice el rol social de la pequeña y mediana empresa del campo y de la ciudad y un país que, por sobre todas las cosas, garantice salud y educación para cada uno de sus habitantes.

Ese país podrá así afrontar el futuro del mundo; ese país podrá así asegurar la existencia de la Argentina en el concierto de las naciones independientes del mundo.

El país actual, centralizado y de espaldas al interior, el país actual que no asegura salud y educación a todos los integrantes del pueblo ni condiciones dignas de vivienda a la familia, el país actual cuya realidad económica embate contra la existencia de la pequeña y mediana empresa de la ciudad y del campo, es un país que niega frontalmente la existencia de una Argentina independiente en el mundo del futuro.

Pensar con cabeza prestada nos lleva permanentemente por el sendero errado y ha privado al país de objetivos propios y válidos.

Señalamos esto en relación fundamental con la juventud. Nuestro país, donde agonizan los valores de antaño carcomidos por el tiempo y por el desarrollo de la humanidad, no ofrece a su juventud ni a su futuro objetivos claros, concretos y argentinos. Como consecuencia de ello, como consecuencia de no asegurar a la juventud una participación activa, dejamos sin cauce a este torrente generacional que surge permanentemente y, al no abrirle un cauce constructivo, quedan como única salida aquellas que les brinda una sociedad sin rumbo, como son el terror y la droga.

Es innegable que cada vida tronchada, cada familia despedazada, son los propios pedazos de una Patria que se va desintegrando, y creemos deber de todos los argentinos preocuparnos fundamentalmente de que nuestra Patria no se siga despedazando y asumir todos la responsabilidad de abrir el cauce de la construcción para contraponerlo a la avalancha de la destrucción.

Las medidas económicas que se están aplicando en nuestra Patria agreden frontalmente a las mayorías nacionales, atacan al poder adquisitivo de la familia trabajadora, chocan con la existencia misma de la pequeña y mediana empresa de la ciudad y del campo. No se puede vivir enceguecido por los problemas del pago de la deuda externa, porque eso es pensar con cabeza prestada. El pago de la deuda externa es un problema de técnica financiera al cual se le pueden dar múltiples soluciones, mientras que el poder adquisitivo de la familia trabajadora, la salud y la educación para todos los argentinos, así como la existencia y el desarrollo de la pequeña y mediana empresa del campo y de la ciudad, hacen a la existencia misma del país y de su futuro.

Luchar por ese país y por ese futuro es la convocatoria que hoy hacemos, que hoy renovamos a la juventud de nuestra Patria. Vivir al servicio de la solución de las necesidades de nuestro pueblo es vivir en lo cierto, en lo trascendente, en lo argentino.

Asegurar a un pueblo el funcionamiento correcto de los organismos de salud pública e impulsar su creación donde no los hay; asegurar la asistencia a escuelas, colegios, universidades; frenar la deserción escolar, asegurar el correcto funcionamiento y la multiplicación de las guarderías de niños y residencias de ancianos; asegurar la existencia de servicios de agua corriente, de electricidad, y de cloacas en los pueblos y en los barrios donde no existen, asegurar el poder adquisitivo del salario y la plena ocupación, asegurar la existencia y el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas; asegurar las vías de comunicación con el interior; defender el patrimonio nacional; defender Y.P.F., Teléfonos, Agua y Energía, Ferrocarriles, Flotas fluviales, marítimas y aéreas, la Junta Nacional de Carnes y la de Granos; defender la existencia de las organizaciones sindicales, de las organizaciones empresariales, de las organizaciones políticas de los argentinos y, por sobre todas las cosas, defender la vida ante la muerte, son objetivos claros y concretos que deben marcar e impulsar el quehacer de los jóvenes que quieran ser punto de partida del futuro argentino y no punto final del caos y de la de_ cadencia producidos por la dependencia.

En esta marcha es preciso no equivocar el rumbo, es preciso creer en forma consecuente en la capacidad creadora, organizadora y realizadora de los integrantes del pueblo. Es preciso no equivocarse en trazar falsas líneas divisorias. Es preciso evitar la fácil pero terriblemente equivocada tradición de dividir al país entre civiles e integrantes de las Fuerzas Armadas, entre laicos y creyentes, entre obreros y no obreros, porque el futuro de este país lo han de construir jóvenes trabajadores, venes estudiantes, jóvenes de las Fuerzas Armadas, jóvenes religiosos, en definitiva, lo han de construir todos aquellos que se crean lo suficientemente fuertes y generosos para tomar la herencia de pasadas generaciones de jóvenes que construyeron este país y que creyeron en los campos de batalla para asegurar la independencia nacional y de medio continente.

Es preciso avanzar a través del diálogo, a través de la comunicación; es preciso confiar en los integrantes de este maravilloso contingente que es la juventud de la Patria.

Es necesario sacrificar la actividad intrascendente e individual con la convicción absoluta de que lo que caracteriza la vida contemporánea de los pueblos es el sentido de justicia que anida en el corazón de los mismos y fundamentalmente de la juventud, Es necesario jerarquizar una vida al servicio del pueblo frente a una vida deformada por una sociedad de consumo sin objetivos trascendentes.

Es necesario avanzar en la formación física e intelectual de la juventud; no estudiar rebuscadas teorías sino la realidad nacional que nos golpea los sentidos todos los días. Es necesario reivindicar la grandeza de vivir bajo el pabellón nacional y de caer junto a él como un Falucho, y no vivir embrutecido por la droga o envuelto en los cantos de sirena de la muerte.

Reivindiquemos hoy, en este aniversario de la Patria, nuestra invencible fe en el futuro. Reivindiquemos nuestra bandera azul y blanca ante cualquier bandera. Reivindiquemos los valores de la Liberación Nacional frente a la dependencia y reivindiquemos un estilo de vida al servicio de la libertad, del bienestar y de la independencia de nuestro pueblo.

Si hacemos esto habremos reivindicado el sentido de nuestra propia vida, viviéndola cómo merece vivirse y que es plenamente maravillosa cuando se la vive y se la ofrece al servicio de los trascendentes objetivos de la Patria.

Habremos entonces ganado el derecho de vivir plenamente esa etapa maravillosa de la existencia que es la juventud, en medio del apoyo y del reconocimiento de las mayorías nacionales.


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