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Acerca de la Universidad II

TEXTO DE LA CONFERENCIA PRONUNCIADA POR HECTOR JOSE CAVALLERO EN LA FACULTAD DE CIENCIAS BIOQUIMICAS DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO, EN JULIO DE 1971

El Bioquímico que el País Necesita

El tema central de esta charla es analizar el plan de estudio de la carrera de bioquímica y el rol que debe ejercer el bioquí­mico en nuestro país, como integrante del equipo de salud.

En nuestras facultades los planes de estudio se elaboran sin tener en cuenta el medio al que deben aplicarse y sin en­tender que el profesional de las Cs. Médicas, sea cual fuere su especialidad, debe ser un miembro más en un equipo de salud.

Nosotros entendemos justamente, que ambos aspectos deben constituirse en puntos de partida para la formación del bioquímico que el país necesita.

No obstante, la salud es un problema indivisible y también su atención. El que sean numerosas las personas que ejecuten las acciones destinadas a satisfacer esta necesidad, no es un hecho fortuito. La subdivisión en distintas profesiones se ex­plica solamente en función de las diferentes necesidades que la población tiene y de la limitada capacidad humana para aprender y adiestrarse en el manejo de la enorme cantidad de técnicas a utilizar. El equipo de salud es entonces, más que un ideal, una necesidad imperiosa.

El personalismo y el culto a la profesión cualquiera sea ésta, deben desaparecer en pro del trabajo cooperativo. El equipo de salud no es sino un órgano especializado, que se debe a la comunidad por la cual tiene sentido.

Para el enfoque que haremos es necesario además tener en cuenta otro concepto. Los avances desarrollados por la Me­dicina, tanto a nivel científico como tecnológico, especialmente durante el presente siglo (las vacunas, los métodos de diagnós­tico precoz, como así también el descubrimiento de la causa de numerosas enfermedades, fundamentalmente las infecto-contagiosas), han cambiado el viejo concepto de la medicina cura­tiva, por uno mucho más amplio que es el de la medicina pre­ventiva.

No se trata ya de la medicina para el enfermo, sino de la conservación y preservación del hombre sano y de la detección de las enfermedades en el inicio de su desarrollo.

Este concepto de prevención escapa incluso al campo es­pecífico de las Cs. Médicas, ya que sobre él influyen aspectos económicos-sociales que hacen al bienestar del hombre, tanto físico como psíquico: alimentación, vivienda, régimen de tra­bajo, saneamiento ambiental, educación, recreación, etc.

Definidos estos conceptos que creemos esenciales, tratare­mos de analizar la formación y función del bioquímico, entrando previamente en el estudio de las diferentes formas en que se realiza la atención médica a los habitantes de la República Argentina.

En líneas generales existen en el país cinco tipos distintos de servicios de prestación médica: privada, obras sociales, mu­tuales, medicina pre-pago o por abono y medicina estatal.

MEDICINA PRIVADA: Este tipo de prestación médica está determinado por las posibilidades económicas del paciente, ya que los servicios de asistencia recibidos, son retribuidos me­diante el pago al profesional. Por ello, el paciente pasa a ser simplemente un cliente.

Esta modalidad transforma la enfermedad en una fuente de recursos económicos.

La medicina curativa en este tipo de ejercicio sufre las limitaciones que emanan del poder económico del paciente, ya que sólo se le podrán realizar análisis, exámenes radiográficos, etc., si el paciente puede pagarlo.

La planificación de la medicina preventiva, partiendo del ejercicio privado de la profesión es imposible.

La realidad económica que viven las grandes mayorías na­cionales en nuestro país, determinan que el ejercicio privado de la medicina tienda a desaparecer, porque no puede ser afrontada por los trabajadores y la gran mayoría de los sectores medios.

OBRAS SOCIALES: son entes de derecho público, depen­dientes del Estado. Su finalidad médico-asistencial se restringe a determinados sectores de la sociedad y sus recursos provie­nen del aporte del Estado y de los afiliados. Existen en el país un centenar y medio de obras sociales con un total de 4.000.000 de afiliados aproximadamente. Las repetidas crisis económicas que ha sufrido el país hace incierto el futuro de éstas.

Veremos luego, que por nuevas legislaciones, la Obra So­cial pretende ser tomada como elemento de base en la asis­tencia médica de trabajadores y empleados del país.

En las Obras Sociales no existe la medicina preventiva y la curativa está cada vez más limitada por la falta de recursos económicos.

El deterioro económico de las obras sociales las ha lle­vado en los últimos tiempos al cobro de órdenes para consultas, análisis, radiografías, etc., hecho que incrementa la inaccesibili­dad a un tratamiento curativo eficaz por parte del paciente.

Las obras sociales no están integradas en ninguna planifi­cación nacional, provincial ni local.

MUTUALES: Son entes de derecho privado a cargo de los afiliados.

Ante la imposibilidad económica de distintos sectores po­pulares de acceder a la medicina privada o el recurrir a una medicina estatal deficiente, grupos sociales determinados co­mo gremios, colectividades extranjeras, sociedades de soco­rros mutuos, han organizado mutuales con el fin de dar solución a la asistencia médica de sus afiliados.

En un inicio ofrecieron medicina curativa a bajo costo ob­tenida a expensas de la escasa retribución de los profesionales del arte de curar y de la utilización masiva de servicios de la­boratorios, radiología, etc.

La situación económica del país y las grandes inversiones necesarias en equipos médicos, laboratorios y demás elemen­tos, las ha llevado a situaciones de quebrantos económicos que les impide solventar una correcta atención médica. En líneas generales se presentan en éstas los mismos defectos que he­mos visto en las Obras Sociales.

MEDICINA PRE-PAGO O POR ABONO: Son en general, organizaciones constituidas con fines de lucro. Explotan tanto a profesionales del arte de curar como a los enfermos.

El gran número de abonados con que cuentan muchas de ellas, se debe al número de ciudadanos argentinos que no tienen acceso a la medicina privada, no están protegidos por obras sociales, ni se sienten protegidos por la estructura hospitalaria actual.

Muchas mutuales, que no pueden afrontar la atención mé­dica de sus socios, realizan contratos con estas entidades para no desaparecer totalmente.

Como las obras sociales y mutuales, no planifican ningún tipo de medicina preventiva y no están integradas en ninguna planificación nacional, provincial o local. En síntesis no realizan ningún aporte trascendente a la solución del problema de la salud.

MEDICINA ESTATAL: Comprende la que está a cargo de organismos nacionales, provinciales y municipales, la última sólo en las grandes ciudades. La situación actual de los orga­nismos mencionados es una consecuencia de la política seguida en materia de salud pública, especialmente a partir del golpe mercenario de 1966, ya que la salud pública es considerada como una erogación y no como inversión.

Por ello, los hospitales nacionales se comienzan a transferir a las provincias, no para que éstas planifiquen mejor en su ámbito la tarea asistencial, sino para desembarazar al presu­puesto nacional de una “erogación” más. Las provincias en muchas oportunidades no pueden receptarlos dentro de su mal distribuido presupuesto y considerándolos también como una erogación tienden a traspasarlos a los municipios los que, ante idéntica situación, los privatizan o previamente los transfieren a la comunidad, paso intermedio a la privatización.

Paralelamente, los servicios asistenciales son sometidos a ahogos presupuestarios que le impiden así, no ya la acción de una medicina preventiva nunca realizada, sino un mínimo de funcionamiento. Como producto de ello se produce un déficit en todo el mecanismo de atención y dicho déficit es usado como fundamento para la privatización.

Dentro de este sistema los laboratorios bioquímicos no progresan de acuerdo con el avance de la Bioquímica como ciencia y de la tecnología aplicada a ella, limitándosele ade­más, por el presupuesto que se le asigna, la realización de análisis considerados costosos (no hablamos de un dosaje de gases en sangre, de un lipidograma o de un proteinograma por electroforesis, sino de un simple dosaje de colesterol o de ácido úricos). Los salarios que perciben los bioquímicos dentro de este sistema están por debajo del salario mínimo vigente en el país.

Dentro del desmantelamiento y mutilación de los servicios hospitalarios estatales, la bioquímica ha sido golpeada con ma­yor fuerza, ya que se le dio menos importancia que a otros servicios como el del médico, el de cocina, el de lavadero o el de jardín.

Tomando como ejemplo cualquier hospital vemos que hace veinte años contaba con veinte médicos y dos bioquímicos; hoy, ese mismo hospital, cuenta con cincuenta médicos y los bio­químicos siguen siendo dos, a pesar del aumento de incidencia de la Bioquímica dentro de la Medicina.

Actualmente, generada por la promulgación de las leyes número 18.610 y 18.980 surge un nuevo tipo de prestación médica. Estas leyes, referidas ambas a las Obras Sociales, tienden a estructurar un sistema de cobertura —la asistencia médica dentro de ella— para todos los obreros y empleados que se desempeñan en relación de dependencia.

Se creó el Instituto Nacional de Obras Sociales como orga­nismo de aplicación con carácter de ente descentralizado en jurisdicción del Ministerio de Bienestar Social. (Ley 18.610).

Por estas leyes, las actuales Obras Sociales Estatales, paraestatales mixtas y sindicatos deberán crear sus propias obras sociales, siendo financiadas por el aporte obligatorio de obreros, empleados, jubilados, retirados, pensionados y patrones.

Con estas medidas el gobierno no tiende a solucionar el problema de la salud pública. Por lo contrario, al desenten­derse, se continúa con la política de liquidación anteriormente mencionada.

Por este nuevo tipo de organización médica quedarán sin protección asistencial grandes sectores de la clase media que no están en relación de dependencia y los propios estudiantes a los que ya se les limitó su obra social.

La medicina preventiva queda nuevamente en el olvido. La planificación y coordinación de la salud pública será dejada en miles de entes autónomos que evidentemente no podrán pla­nificar nada.

Si la Medicina Privada establece diferencias de acuerdo con la situación económica, este sistema es aún peor porque introduce elementos de diferenciación dentro de la clase tra­bajadora.

Así, un sindicato económicamente poderoso como la U.O.M. podrá tener (como ya tiene en la Capital Federal) los mejores policlínicos del país, mientras que un sindicato con número reducido de afiliados, como el sindicato de Barrido y Limpieza de Rosario, no podrá reunir los elementos mínimos para el de­sarrollo de la asistencia médica.

Este es, en apretada síntesis, el panorama de los distintos tipos de prestación médica vigentes en nuestro país.

Veamos qué rol corresponde al bioquímico dentro de esta organización:

1. — El Bioquímico como Integrante del Equipo de Salud:

El bioquímico en su trabajo diario, ya sea en el servicio de prestación privada, en la obra social, en la mutual, en la sociedad de pre-pago y también en la prestación médica estatal, se reduce a recibir a un paciente que concurre al laboratorio munido de una boleta en la que el médico solicita distintos análisis o, según la modalidad del servicio, recibe directamente la muestra a analizar.

En la generalidad de los casos el bioquímico desconoce los antecedentes y el cuadro clínico del paciente. Se limita a realizar e informar los análisis indicados sin participar en el estudio del paciente, conjuntamente con el resto de profesio­nales que lo asisten y que, teóricamente, deberían integrar el equipo de salud.

Es decir, que el diálogo, que debería existir entre los dis­tintos integrantes de un equipo de salud no se realiza. Como consecuencia de ello, muchas veces se practican análisis inne­cesarios, y se dejan de hacer aquéllos realmente importantes ya sea para el diagnóstico o el tratamiento de una enfermedad. Esta desconexión entre los distintos integrantes, de lo que tendría que ser un equipo de salud, ha llevado a que los informes bioquímicos se hagan constar los valores normales de las de­terminaciones, cuando todos sabemos cuál es la relatividad que puede tener un determinado rango de valores, si no se conocen las causas biológicas que han llevado a una alteración concreta.

Si nos referimos a los orígenes de la Medicina, encontra­mos que en los períodos iniciales de su desarrollo científico, y dado el reducido número de pruebas de laboratorio conocidas, era el médico el que las practicaba.

Con el desarrollo científico y técnico alcanzado en el pre­sente siglo por las Cs. Médicas y consecuentemente por una de sus ramas: la Bioquímica, ésta fue tornándose en una especialización necesaria y a la vez de imprescindible integración dentro de la Medicina. En la práctica, la labor del bioquímico no se ha integrado a las demás tareas asistenciales. La realidad ha transformado a quien debería ser un miembro más del equipo de salud, que estudia y trata un paciente, en un laboratorista encerrado en su laboratorio, desconectado del paciente y la mayor parte de las veces, del propio médico que lo trata.

Se ha concurrido con esto a la mutilación de un brazo esen­cial de la práctica médica.

Entendemos que así debe ser enfocado el papel del bioquí­mico: atendiendo al objetivo de integrarlo al equipo de salud en la atención y tratamiento del paciente, como la realidad del ejercicio de la Medicina en su actual nivel de desarrollo lo exige.

2.  — Aplicación de los Avances de la Bioquímica a la Práctica Médica:

El avance tecnológico aplicado a la Medicina y en particular a la Bioquímica trae como consecuencia la introducción de ins­trumentos automáticos en el laboratorio moderno. La electró­nica ha contribuido a la construcción de aparatos que realizan por ejemplo, veinte determinaciones de una muestra de sangre en un minuto, con un grado de exactitud asombrosa. Si ubica­mos la maravilla de la tecnología moderna al servicio de la medicina preventiva en una ciudad como Rosario, la existencia y funcionamiento de tres de estos aparatos por ejemplo, posi­bilitaría tener un perfil de veinte análisis de cada uno de sus habitantes, en el lapso de dos años.

Nos deberíamos preguntar cómo se insertarían estos apara­tos en la actual estructuración del ejercicio de la bioquímica en la Argentina. La respuesta nos colocaría frente a la siguiente contradicción: lo que debería ser un instrumento de liberación en las tareas rutinarias del bioquímico y a la vez, un elemento utilísimo en la medicina preventiva, se presenta en la actual estructuración referida, como elemento de competencia y opo­sición en interés de la supervivencia del bioquímico.

3.  - Posibilidades del Ejercicio Profesional:

La actual estructuración de la Bioquímica, sumada a la reali­dad económica del país, coloca al bioquímico recién egresado de la Universidad ante el problema de tener que montar un labo­ratorio con erogación de cifras millonarias, que la gran mayoría de los bioquímicos jóvenes no puede disponer. La misma limi­tación económica reducirá sus posibilidades de realizar deter­minados exámenes y estudios, así por ejemplo: a un joven egresado puede apasionarle el estudio de los gases en sangre, pero para materializarlo debe contar con un aparato que actual­mente supera los tres millones de pesos. Esta cifra es relativa­mente pequeña si la comparamos con los costos requeridos por ejemplo por los actuales métodos de dosajes de hormonas con la aplicación de radioisótopos.

El bioquímico joven se encontrará además, frente al hecho que la relación médico-bioquímico no se establece por la capa­cidad profesional del último, sino en función de resignar ante al médico el 40, 50 o 60% de sus honorarios. Esta “práctica”, denominada en el medio “a-a”, tiene vigencia no sólo en la me­dicina privada, sino también en las Obras Sociales y Mutuales en las que existe la libre elección del médico y bioquímico. Si quiere ejercer en los servicios estatales verá lo difícil que re­sulta el acceso a los mismos y en los magros sueldos que ellos retribuyen por la tarea.

En conclusión, el bioquímico debe librar una batalla por su supervivencia económica y esta lucha diaria sin cuartel limi­ta las posibilidades de su permanente actualización técnico-científica, el desarrollo de su formación humanista y la integra­ción política en el medio que lo rodea.

4. — Salud Pública y Bioquímica:

Si tenemos en cuenta la definición de salud pública que da el Comité de Expertos de la Administración Sanitaria de la Organización Mundial de la Salud, que la define como “la ciencia y arte de prevenir la enfermedad, prolongar la vida, fomentar la salud y la eficiencia, por medio de esfuerzos organizados de la comunidad, destinados a sanear el medio, ejercer el control sobre las enfermedades trasmisibles, educar al individuo en higiene personal, organizar los servicios médicos y de enfer­mería, con vistas al diagnóstico precoz y al tratamiento pre­ventivo de las enfermedades, mediante el desarrollo de una organización social, que asegure a cada individuo un nivel de vida que le permita mantener su salud, distribuyendo esos be­neficios de manera tal que cada ciudadano explote su derecho natural a la salud y a la longevidad”, vemos que la actual organización de la medicina en Argentina no responde a los objetivos enunciados. La actual organización imposibilita la pla­nificación y la práctica de la medicina preventiva en todos sus aspectos. No hace posible la aplicación al conjunto de la pobla­ción de los avances científicos y técnicos alcanzados para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades. A la vez, limita el ejercicio pleno e integral de los profesionales del arte de curar como se ha demostrado en el caso particular del bioquí­mico.

En nuestro país donde los sectores del privilegio día a día entregan nuestro patrimonio económico y cultural en bene­ficio de intereses foráneos, donde la riqueza elaborada por el pueblo argentino no está destinada al bienestar del propio pue­blo, la salud pública es considerada un elemento subsidiario, una erogación innecesaria, llegándose al punto en que los “nuevos aportes” realizados por la dictadura a la medicina estatal encierran la destrucción de ésta, a través de la crea­ción de estructuras cuya finalidad es eliminar del presupuesto nacional toda inversión en la materia.

Nuestra aspiración es la estructuración en Argentina de una sociedad donde el trabajo del hombre, las riquezas que crea, los avances científicos y técnicos que produce estén al servicio del desarrollo independiente del pueblo.

Esto será posible cuando el propio pueblo dirija los destinos de la Nación, acorde con sus intereses.

En el marco de esa sociedad, que debemos luchar por al­canzar, la salud junto con la educación serán consideradas el patrimonio más valioso de la Nación.

5. — Servicio Nacional de la Salud:

El Estado, a través de un Servicio Nacional de la Salud, pla­nificará y financiará la prestación médica a efectos que ésta sea un derecho de todos y cada uno de los habitantes de la Nación y pondrá los adelantos científicos y tecnológicos con que cuenta y contará la medicina al servicio del pueblo. A tra­vés de él, el integrante del equipo de salud tendrá asegurado el desarrollo pleno e integral de su profesión, desde el punto de vista de su formación científica y técnica, de su formación cultural y su integración política al medio, asegurándole una retribución económica digna.

6. — Papel de la Universidad:

En el camino de lograr la transformación de nuestra orga­nización social, la Universidad debe aportar en primer término, a la formación de un argentino integral que conozca e inter­prete la realidad de su pueblo para promover y protagonizar el cambio social que harán realidad inexorablemente las mayo­rías nacionales argentinas.

En segundo lugar, la Universidad debe tender a la forma­ción de un hombre especializado en una rama del conocimiento. Este hombre no es producto de una abstracción teórica sino que su formación debe dar respuesta a las necesidades de la co­munidad de la que proviene y a la que se debe, y por la que la especialización tiene sentido. Queremos profesionales de la salud que comprendan que el origen y objetivo de las ciencias médicas es el Hombre y que deben estar al servicio del mismo.

La orientación actual de la Universidad y sus planes de es­tudios constituyen la antítesis de estos objetivos. Conforman un profesional aislado del medio, aislado del hombre, de su reali­dad, de sus necesidades y anhelos, deformado por la unilateralidad de la enseñanza y carente de práctica que le posibilite el ejercicio de la profesión con idoneidad. En síntesis, la Uni­versidad actual crea un profesional apto para la actual sociedad de consumo, que tiene por norte el lucro, destinado a apuntalar el actual sistema de la organización de la salud y por todo ello, un profesional que atenta contra los intereses del pueblo.

Desde este enfoque surge el análisis crítico al actual plan de estudio de la Carrera de Bioquímica; a saber:

1. —Ausencia de todo plan de integración cultural en el desarrollo de la carrera.

2. —Ausencia del conocimiento de la realidad política, social y económica donde se desempeñará el futuro egresado.

3. —Ausencia del conocimiento de la realidad sanitaria, así también como de la organización de la salud existente en nuestro país.

4. —Falta de encuadre de la Bioquímica con respecto a la medicina preventiva.

5. —Carencia de una orientación general en la formación del bioquímico como parte integrante del equipo de salud.

6. —La actual división del plan de estudio en curso de ingreso, ciclo básico o físico-matemático y ciclo bio­lógico, es incorrecta para el logro de la formación del bioquímico como integrante del equipo de salud.

Sobre lo enunciado creemos trascendente detenernos en su análisis con los ojos puestos en el mejoramiento permanente del bienestar de nuestro pueblo es que lucharemos hoy por la estructuración de planes de Salud Pública originados en la con­cepción de la medicina preventiva y de la medicina curativa sin barreras de índole económica que limiten su aplicación y desa­rrollo. Por ello, creemos en la necesidad de la formación masiva de bioquímicos dentro de esta concepción.

Para lograr la masividad, indudablemente es necesario crear las condiciones económico-sociales que garanticen el acceso a las aulas universitarias de todos los jóvenes en condiciones de estudiar. Mientras esto no exista, a la par que bregamos por ese objetivo lucharemos sin descanso para impedir que la actual Universidad y en nuestro caso particular la Facultad de Bioquímica, tenga reglamentado examen de ingreso destinado a limitar el acceso. Se argumenta a favor de él que, por medio de la selección, se logra un mejoramiento del nivel teórico del estudiante y del futuro graduado.

A la luz de la experiencia, a la luz de nuestros conoci­mientos, afirmamos que esto es totalmente inexacto, ya que la calidad de la enseñanza y su permanente mejoramiento está dada solamente en función de la cantidad de estudiantes que logran la culminación de sus estudios. En otras palabras, si nos imaginamos este proceso gráficamente por una pirámide, veri­ficaremos que la cúspide será más alta en la medida que más ancha y firme sea su base.

Lo que acontece, es que el objetivo que persiguen las auto­ridades Universitarias a través de los cursos de ingreso respon­de a una determinada concepción, que no es otra que la emanada de la concepción que tiene el privilegio nacional y los monopo­lios extranjeros de nuestra Universidad, ya que anteponen a la Universidad de masas —que es nuestra concepción— la Uni­versidad de élite o de minorías.

Este es un tema sobre el que se podría hablar largas horas; a efectos de no salirnos del tema central de esta charla, dire­mos también que es necesario no olvidar la ejecución de toda una serie de medidas tendientes a posibilitar la permanencia y el posterior egreso de los estudiantes. Así, es necesario incre­mentar el número y monto de becas, los Comedores Univer­sitarios, las viviendas estudiantiles, el mejoramiento de la asis­tencia médica estudiantil, la adecuada provisión de libros en las bibliotecas de acuerdo con el requerimiento de los estudiantes y no con las “exquisiteces” de determinados profesores; la dis­minución del ritmo enciclopédico e intensivo de la enseñanza; la provisión de horarios de prácticos atendiendo a la situación de los estudiantes que trabajan; la modificación de los métodos de evaluación eliminando el papel estresante de los exámenes en la actual concepción; el mejoramiento de la relación docente-alumno, etc.

En cuanto a la división de la carrera en dos ciclos: uno Físico-Matemático y otro Biológico, es incorrecta. La incorrec­ción proviene de que esta división en dos ciclos presupone, en el desarrollo del plan de Bioquímica, que el primero de ellos es el basamento esencialmente teórico que posibilitará al alum­no abordar en el ciclo siguiente la práctica bioquímica. Esto está reñido con las concepciones de la enseñanza que siguen el proceso lógico del conocimiento.

La enseñanza de la teoría no aplicada a la resolución de problemas generados en la práctica, se transforma en una suma de conceptos dados al estudiante que caen en el vacío y que lo único que producen es una valiosa pérdida de tiempo.

El ejemplo más grosero de esto es el hecho de que el estudiante de Bioquímica cursa los tres primeros años de la carrera sin la menor vinculación con el objeto real de su estu­dio, que es el paciente encarado desde el punto de vista bio­químico.

Además, la práctica que se desarrolló como resultante de la enseñanza teórica de Química, tendría mayor aplicación en una carrera de Química Industrial que en la de Bioquímica Clínica. Si examinamos la concepción con que se desarrolla Química General Inorgánica, Química Analítica Cualitativa, Quí­mica Analítica Cuantitativa, Química Orgánica primer curso y Química Orgánica segundo curso, veremos que la anterior ase­veración es correcta. Tomando tan sólo un ejemplo, en Química Orgánica segundo curso, que trata de la estructura de los com­puestos aromáticos, la parte práctica en vez de orientarse hacia la química biológica, se reduce al desarrollo de largas y pesa­das recetas destinadas a obtener benceno, octano, etc., más bien dignas de encontrarse en un libro de arte culinario de Petrona de Gandulfo.

En el desarrollo del ciclo biológico observamos el común denominador de toda la carrera: la desconexión entre teoría y práctica y que la última se realiza al margen del paciente. El paciente será el objetivo y el destino de los conocimientos bioquímicos. Paradójicamente es el gran ausente a lo largo de toda la carrera. Creemos que el desarrollo de asignaturas como Bioquímica Clínica, Microbiología, Parasitología, Toxicología, Patología e Histofisiología, al margen del paciente constituye una mera información sobre la base de esquemas teóricos de imposible asimilación.

En síntesis, el proceso lógico del conocimiento indica que se debe recurrir a los conocimientos teóricos para solucionar los problemas que se presentan en la práctica y no a la inversa. Por eso es que cuestionamos esta orientación de la enseñanza reñida con elementales conceptos pedagógicos.

Como consecuencia de las múltiples carencias y deforma­ciones que presenta el actual plan de estudio anteriormente mencionadas, se pretende formar un cientificista del laboratorio y no un bioquímico integrado dentro de un equipo de salud, el que debe ser el objetivo al cual corresponde apuntar en una correcta orientación de un futuro plan de estudios. Para que eso sea posible, el estudiante debe formarse en la vivencia práctica con el paciente y con los restantes integrantes del equipo de salud. La magnitud de esta falencia se expresa de manera tan dramática, que ni en forma de paliativo la actual carrera de bioquímica contempla un practicanato hospitalario.

Nos parece innecesario el abundar en detalles, ya que los estudiantes que la cursan tienen vivencia de los múltiples pro­blemas que sufren a diario como producto del desfasamiento entre práctica y teoría.

En este esquema es imposible la formación del estudiante en la metodología científica para la investigación, si concebimos la investigación como la resolución de problemas que la reali­dad presenta. El estudiante marginado de la realidad jamás po­drá ejercitarse y asimilar una metodología que le posibilite una labor creativa.

Teniendo en cuenta el desarrollo realizado, creemos que corresponde la enunciación de las pautas alrededor de las cua­les entendemos debe estructurarse el nuevo plan para la carrera de Bioquímica. Su diagramación detallada, queda aún por ela­borar y en él deberán participar: el movimiento estudiantil como parte activa en el proceso de la enseñanza, los egresados apor­tando la experiencia de su práctica profesional en el medio y los docentes por ser quienes imparten la enseñanza.

Creemos que el futuro plan de estudios debe contemplar:

1.—La formación cultural de los integrantes de la vida universitaria.

2.—El conocimiento de la realidad económica, social y política donde se va a desempeñar el futuro egresado.

3.—El conocimiento de la realidad sanitaria y de la organización de la salud existente en nuestro país y de los objetivos de la Salud Pública.

4.—El encuadre de la Bioquímica como parte de la Medicina Preventiva.

5.—La orientación del futuro bioquímico como miembro integrante del equipo de la salud.

6.—El estudio del desarrollo armónico, práctico-teórico e integrado entre las disciplinas físico - matemáticas y biológicas.

7.—Análisis de las causas de deserción, adopción de las medidas antes mencionadas para producir su supe­ración.

8. —El estudio y la planificación de cursos de actualización y perfeccionamiento para graduados.

Con este aporte concreto aspiramos a iniciar en la Facul­tad de Bioquímica, un proceso de discusión, para conformar un plan de estudios, no en base a una lista de materias, sino a las necesidades que tiene el hombre argentino en materia de Salud Pública.

HECTOR JOSE CAVALLERO

“La Universidad actual crea un profesio­nal apto para la actual sociedad de consu­mo, que tiene por norte el lucro, destinado a apuntalar el actual sistema de la organi­zación de la salud y por todo ello, un pro­fesional que atenta contra los intereses del pueblo... queremos profesionales de la sa­lud que comprendan que el origen y obje­tivo de las ciencias médicas es el hombre y que deben estar al servicio del mismo”.


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