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¡Atención!

En reiteradas oportunidades la voz Socialista Popular señaló que la represión a las organizaciones populares y a las movilizaciones popu­lares crearía un ambiente propicio para el accionar de los agentes de los monopolios extranjeros y de la oligarquía.

Los hechos se han ido desarrollando y cada vez se lesiona más la economía de los sectores populares y cada vez se desata con mayor violencia una ola de terror que cobra sus víctimas preferentemente en las filas de los trabajadores y de quienes junto a ellos defienden sus derechos.

La evolución de los precios y salarios cuya congelación tomó forma dentro de un pacto social, incrementa día a día el pecado original con el cual nace: descargar el más grande sacrificio económico sobre las espaldas de los trabajadores argentinos.

En materia económica se ha pretendido dejar de lado a las caracte­rísticas básicas de nuestra estructura económica: un país capitalista y dependiente.

Cuando en un país capitalista y dependiente se pretende poner límite a la voracidad de los monopolios extranjeros y a las ganancias de los sectores ociosos, es imprescindible tener una organización polí­tica monolítica, que defienda y aplique ese plan económico.

La organización monolítica no existe, los enfrentamientos estériles se multiplican y, en la mayor parte de los casos, tienen como genera­dores mezquinos intereses de grupos que no hacen a los objetivos tras­cendentes de la nación. La obstinación en mantener como trascendente lo intrascendente crea las condiciones políticas necesarias para que los monopolios y los sectores ociosos descarguen sobre el país impu­nemente sus ataques destinados a socavar la existencia de un gobierno o lo que éste tiene de trascendente que es su orientación económica.

Y así, mientras continúa el bochornoso debate entre gobernadores y vicegobernadores sin que nadie le ponga fin, mientras continúa en to­dos los niveles de la administración pública la guerra de los nombra­mientos, mientras direcciones sindicales, a los efectos de impedir que se constate la disminución de su representatividad, generan permanentes conflictos entre los trabajadores, los monopolios extranjeros y la oligar­quía, que saben manejarse perfectamente bien en un país capitalista cuya economía ha sido estructurada en su beneficio exclusivo, atacan la estabilidad del gobierno popular con sus armas predilectas: el desa­bastecimiento y el mercado negro.

El panorama social, económico y político de nuestro país se ha acomplejado. Hay nubarrones en el cielo. El río se está picando. Esta realidad no puede encararse reforzando los organismos de seguridad con nuevos nombramientos de viejos funcionarios de la Dictadura Mer­cenaria. Esta realidad no puede encararse ni modificarse con la creación de nuevas superestructuras de seguridad, que no asegurarán nada. Esta realidad debe encararse impartiendo instrucciones precisas al Ministerio de Trabajo para que sea respetada la democracia sindical; para que se respete sin retaceos la voluntad de los trabajadores expresada en los co­micios sindicales; para que se deje de vetar y de legalizar a las listas de la oposición en el seno de los sindicatos; para que se ponga fin a las in­tervenciones de aquellas delegaciones o seccionales sindicales en donde no pueden ganar las autoridades sindicales del orden nacional, para que se dejen de fabricar intervenciones destinadas a anular la voluntad de los trabajadores; para que se respete la voluntad de los mismos cuando toma forma en los cuerpos de delegados o en las comisiones internas, y, para que se ponga fin al juego de las personerías.

La realidad del país debe enfrentarse satisfaciendo de inmediato las justas reivindicaciones de los trabajadores, precediéndose a un nue­vo reajuste en la relación entre precios y salarios. La realidad del país debe enfrentarse advirtiendo a los monopolios extranjeros y a la oli­garquía que el gobierno popular no admitirá sus maniobras económicas antipopulares y antinacionales y que procederá de inmediato a su ex­propiación. La realidad del país debe enfrentarse constituyendo un mo­nolítico Frente interno que respalde y ejecute estas medidas, al mismo tiempo que ofrezca una impenetrable muralla a los intereses del impe­rialismo norteamericano y de la oligarquía con él asociada.

Cada Mugica caído, cada militante trabajador asesinado, cada con­flicto sindical mantenido arbitrariamente o producido por disposiciones que nacen en las dependencias oficiales, constituye un avance concreto de los monopolios y de la oligarquía. Atención: no esperemos que vuel­van a ametrallar la Plaza de Mayo, para rectificar rumbos.

 

Editorial "La Vanguardia",  Junio de 1974


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