Estrategias en América Latina y Europa · Fundación Friedich Ebert en Argentina.

ESTRATEGIAS DE DEMOCRATIZACIÓN DE LA ECONOMÍA

Guillermo Estévez Boero Argentina

Pensar la democracia desde nuestra realidad actual -caracterizada por la profunda crisis derivada del agotamiento de un modelo no participativo y por la transición- supone, para nosotros, enfrentar una evidencia: que la democratización de un Estado y de una sociedad en crisis como la nuestra no se logra sólo con la culminación de un proceso eleccionario y con el accionar de un sólo partido político.

La revalorización del principio de legitimidad democrática, admitido por todas las fuerzas políticas y sociales de Argentina, en este proceso de apertura democrática, no agota su contenido en la sola recuperación de la constitucionalidad anterior, sino que debe incorporar a sus demandas las necesarias modificaciones del marco institucional que la experiencia plantea como insoslayables.

La realidad pone en evidencia que la consolidación de la democracia exige un ritmo apropiado de democratización económica y social. Es decir, que la democratización de la política se revela como un momento parcial de un proceso más amplio y profundo de democratización fundamental en todas las órbitas sociales y en todos los niveles.

Como lo dice Norberto Bobbio: «el proceso de ampliación de la democracia en la sociedad contemporánea consiste en el paso de la democracia en la esfera política, a la democracia en la esfera social; desde el campo de la gran sociedad política hasta alcanzar el campo de la sociedad civil en sus distintas articulaciones, desde la escuela hasta la fábrica»1.

La crisis no asumida

La transición hacia la democracia se está dando en Argentina en medio de la crisis económica y social más profunda y compleja desde su organización nacional. Ella no representa solamente un momento de deterioro de la economía o del cierre de un ciclo económico; esta crisis es, sobre todo, un momento en el que afloran las profundas falencias derivadas del agotamiento del modelo económico puesto en marcha a fines del siglo pasado. Crisis económica que se proyecta como crisis social e institucional y que, con el tiempo, se ha transformado en una profunda y también compleja crisis moral.

La magnitud de la crisis global está determinada por la convergencia de todas ellas pero, en su agregación, ésta resulta una totalidad que es más que la suma de sus partes.

En lo político, la crisis se ve agudizada por el divorcio entre Estado y sociedad, por la falta de representatividad de las instituciones políticas, por la ineficacia de los órganos del Estado frente a la acción de las élites del poder financiero y por la falta de control que la ciudadanía tiene sobre las burocracias públicas. Ella se expresa como una crisis de legitimidad, es decir, que afecta el proceso a través del cual los ciudadanos llegan a estar convencidos de la necesidad de obedecer las leyes emanadas del Estado, a aceptarlas como justas y vinculantes y a sentirse parte de la comunidad política. La concordancia entre el consenso político y el consenso social, que incide positivamente en el nivel de legitimidad, comienza a debilitarse -según lo expresa Burdeau - a partir del momento en que la exigencia democrática pasa del plano político al plano social.

Desde que las desigualdades y las injusticias sobre las que reposa el orden establecido son resistidas por una parte de la colectividad como intolerables, el consenso social se reduce y se hace difícil asociarlo al consenso político.2

Este complejo fenómeno sociocultural -nos dice J.L. Romero- por el cual ciertos sectores cobran conciencia de que son ajenos a un orden institucional en el que no se sienten representados, se da, en ciertos procesos de modificación económico-social. Y es allí cuando aparece con toda evidencia el problema de la representatividad y, en mayor o menor medida, se produce una cancelación del consentimiento, sobre el que funcionaba la totalidad del sistema institucional3.

Vivimos una crisis de distribución, originada en el marco de una realidad económica condicionada constantemente por los acreedores de la deuda externa, por lo falta de crecimiento económico y la consecuente escasez de bienes y recursos, así como también por las modalidades no igualitarias del empleo de los poderes gubernativos para efectuar la transferencia y el reparto de riquezas entre los ciudadanos, y para distribuir bienes, servicios, valores y oportunidades. Durante años, los factores de ajuste de la economía fueron los salarios y las jubilaciones, reduciendo las participaciones de los sectores del trabajo en la renta nacional.

Esta crisis de distribución provoca en nuestro país otra crisis no menos significativa, que es la profunda crisis de integración social y regional que compromete seriamente la integración misma de la nación, afectada también por una adicional crisis de identidad cultural provocada por la transnacionalización de la sociedad consumista.

En lo social, ella se expresa en la multiplicación de actores, en la formación de identidades diversas y diferenciadas, así como en la atomización del espacio social por la falta de integración y comunicación entre los movimientos sociales.

Este pluralismo fragmentario de nuestra sociedad parcelada, va transformando una dinámica social y política, caracterizada -como consecuencia de la crisis de distribución a la que aludíamos- por las pujas sectoriales y regionales, que caracterizan nuestra realidad diaria constituyendo una amenaza cierta de desintegración nacional.

En lo económico, la crisis se expresa en agotamiento de un modelo de país, el de la generación de 1880 -cuyos valores sociales y morales el socialismo nunca compartió- que organizó la actividad productiva con el consiguiente crecimiento material del país.

Cuando este modelo basado en la producción y en el trabajo, culmina escandalosamente bajo la conducción de los equipos económicos de la dictadura encabezados por Martínez de Hoz, en un modelo especulativo y usurero, en donde la ganancia no la tiene el que trabaja o el que produce en el campo o en la ciudad, sino que la tiene el especulador y el sistema financiero; cuando un país registra una brusca caída en el número de trabajadores en relación de dependencia, y de fuentes de trabajo, evidentemente se está frente al agotamiento de un modelo económico.

No podemos negar, que hace más de una década se está operando una metamorfosis en el mundo del capital que se va de los circuitos productivos a los circuitos financieros. Según Ikonicoff, la inversión productiva que representaba más del 20% del producto bruto interno a principios del año setenta, cayó a menos del 10% en 1986. «Sin embargo -continúa el comportamiento de los actores en una cultura de renta no puede sino traer aparejado, a largo término, la destrucción de la estructura de la actividad productiva conducir de manera inexorable a la reducción del excedente económico. El desarrollo de la especulación financiera, en detrimento de toda otra actividad productiva, aparece como el fin lógico e inevitable de este proceso»4.

¿Es esto reversible? Por lo menos hasta ahora no hay números que demuestren indicios del comienzo de esta reversión. Mientras tanto, todos los días del año, durante todas las horas del día se produce la evasión del ahorro nacional, no solamente por las grandes vías de las multinacionales, no sólo están las «venas abiertas» como lo expresa Galeano, sino que hoy nosotros tenemos abiertos hasta los vasos más pequeños hacia afuera, hacia la compra de moneda extranjera, hacia los depósitos en bancos extranjeros. Lo nuevo, lo realmente grave, es que esto lo realiza tanto el ejecutivo de la Capital como el industrial y el pequeño agricultor del interior del país.

Esto nos está demostrando otro aspecto de la crisis que es la pérdida de la credibilidad en nuestro país; un país que carece de un futuro cierto, donde el que trabaja no sabe hasta cuándo va a tener trabajo, el que produce no sabe si va a ganar o a perder, donde el joven del interior piensa en irse a la ciudad porque su pueblo no le brinda posibilidades, y el joven que está estudiando piensa en irse al extranjero porque no sabe qué va a hacer cuando se reciba. Y así tenemos los argentinos más de medio millón de connacionales viviendo en el exterior, no por falta de comida ni por razones políticas sino por falta de un futuro cierto. Los pocos estudios realizados indican que la emigración aumenta aceleradamente y que los que se van representan al sector más calificado desde el punto de vista educacional, profesional y económico de la población.

Las respuestas ante la crisis

Como respuesta a esta crisis, que con características propias afecta a todos los países de América Latina, se han ensayado políticas de ajuste que apuntan centralmente a una apertura de la economía, a la capitalización de la deuda y a la extranjerización de las empresas públicas, políticas todas ellas asociadas en forma general a la modernización del Estado.

Estas políticas de ajuste impuestas al amparo de las condiciones a las que están sujetos los créditos concedidos por organismos financieros internacionales (FMI, Banco Mundial), modifican la orientación del accionar estatal. En la medida en que las decisiones del Estado están cada vez más vinculadas al monitoreo y control externo de los organismos internacionales de crédito, estas instituciones someten al Estado a decisiones, más allá de la voluntad de los electores, poniendo en evidencia la contradicción existente entre la transnacionalización de la economía y la construcción nacional del consenso.

Estas políticas de ajuste entran inexorablemente en contradicción con las demandas de los sectores mayoritarios de la nación que, al no ser satisfechas, realimentan las crisis de legitimidad, representación, distribución, integración e identidad, afectando seriamente las posibilidades de consolidación del sistema democrático.

No son ajenos a esta realidad, por cierto, los partidos políticos que, marginados del centro de las decisiones por la transnacionalización de la economía, se ven desvalorizados en la opinión pública como instituciones capaces de generar los cambios anhelados por la mayoría.

En la articulación del ajuste cobra importancia un nuevo actor: la tecnocracia. Dada la complejidad que adquiere la negociación en el sector externo, se constituye un moderno espacio de poder tecnocrático en el Ejecutivo que genera una fuerte concentración decisional sobre aspectos clave.

Cierra así la pretendida modernización afectando gravemente la credibilidad de la ciudadanía en el valor de las instituciones constitucionales de la democracia.

En síntesis -como lo expresa Fernando Calderón- «recientemente los resultados de algunas investigaciones prospectivas sobre modernización y democratización del Estado, concluyen que se pueden detectar tensiones entre modernización y democratización estatal, con tendencias a un mayor predominio de una modernización excluyente que implicaría una mayor concentración de las decisiones económicas en grupos e intereses oligopolizados y transnacionalizados, y el predominio de un capitalismo especulador que monopoliza la información técnica, modernización además que produciría, por ende, una mayor concentración de decisiones en el Poder Ejecutivo y dentro de éste en capas tecnoburocráticas altamente «racionalistas» y «realistas» y que finalmente se tendería a una mayor pérdida de la autonomía estatal en función de decisiones externas a la región. En definitiva, el Estado sería quizás más efectivo pero menos soberano»(5)

En el tiempo transcurrido de la etapa de transición que vive el país, la falta de alternativas para superar los problemas prueba el agotamiento programático de las expresiones políticas mayoritarias. La duración de la crisis debilita la confianza de los argentinos en la capacidad y en la fuerza de la nación. Es necesario revertir esta valoración.

El cambio supone la construcción de un nuevo consenso político y social que asegure una redistribución de los poderes en beneficio de la colectividad cuyos recursos de creatividad y capacidad de iniciativa ha de desarrollar. Todo cambio o iniciativa concebida al margen de la participación popular se sitúa fuera de la realidad y carece de toda posibilidad de realización y permanencia.

La crisis argentina no puede ser superada por un solo partido, ni sólo por los partidos: es imprescindible estructurar una amplia mayoría que permita la reformulación de la nación. La coincidencia es necesaria para otorgar viabilidad y estabilidad a un proyecto político, condición indispensable para lograr la credibilidad de la mayoría.

Crear el ámbito institucional para la concertación y el consenso

Acordar desde la crisis que padecemos y desde nuestra fragilidad institucional, las reformulaciones que requiere nuestra realidad y que se necesitan para obtener la consolidación del sistema democrático, es el camino.

La concertación se concreta en la práctica de la negociación, del compromiso, a través de la coparticipación de los actores sociales y políticos. Se trata, en definitiva, de un intercambio. donde se procesan las diferencias en cuanto a proyectos sociales, poder e intereses, sin abandonar la difícil vía de la paz que -según N. Bobbio- es la vía de la democracia.

La concertación social sirve y procura la gestación de consenso y, par ende, la legitimidad del Estado. Es que «el incremento de la participación de los actores sociales en la toma de decisión que los afecta es, por una parte, un camino para superar esa crisis de legitimidad y, por otra, para correspansabilizar a esos actores por el destina de la sociedad»6

Existe una complementariedad, hoy necesaria, entre la construcción del consenso político a través de la vigencia del sistema de partidos y la construcción del consenso social por vía de la concertación. Articular estos consensos es avanzar tras el logro de la anhelada coincidencia nacional.

La concertación opera como síntesis de la mediación institucional entre la sociedad y el Estado, fortaleciendo la representatividad de las instituciones. Ella conjuga la representación política, expresada por los partidos políticos, y la representación sectorial o de intereses, expresada par las grupos organizados.

Debemos comprender que la concertación no es solamente un mecanismo de regulación económico-social, de solución de conflictos y desajustes, sino que tiene una dimensión esencialmente política, cual es la de valorar y procurar un acuerdo básico de convivencia.

El consenso es algo más que un acuerdo teórico sobre ciertas cuestiones: el consenso equivale a la vida en común. En este sentido, nos dice K. Mannheim: «Preparar el terreno para un consenso significa, en fin de cuentas, la remoción de los obstáculos exteriores y ambientales. La lucha por la obtención de valores comunes marcha mano a mano, por tanto, con la lucha por la justicia social. 7

Abordar, desde la democracia, el problema de la justicia social -justicia distributiva- nos ubica en el terreno de la concertación social, o sea cuando el Estada comparte institucionalmente la responsabilidad del diseño y de la ejecución de políticas socioeconómicas con las actores sociales organizados.

En un país inmerso en una crisis económica profunda resulta, es cierto, más difícil institucionalizar el procesamiento de los conflictos debido a las graves desigualdades existentes. Repartir lo escaso para poder convivir resume el objetivo principal de la concertación social en una época de crisis; para ello, incumbe al Estado garantizar la igualdad de oportunidades.

Podemos decir que, en nuestro país, ésta ha sido una de las causas del fracaso de la concertación: la imposibilidad del Estado para asegurar la equidad en el reparto debido a la aplicación de políticas de ajuste impuestas por los organismos internacionales de crédito.

La experiencia de éste y otros escollos que enfrenta la concertación encarada exclusivamente por los actores sociales involucrados y el Estado, aconsejan la necesidad de arribar a una concertación más global que comprenda tanto a las fuerzas políticas como a las sociales.

Como lo dice Mario Dos Santos: «Sólo a partir de una politización de las relaciones entre los sectores sociales organizados y de una acción partidaria y parlamentaria consiguientemente activa en torno de la regulación socioeconómica puede llegarse a procesos efectivos de concertación social. En este sentido, no debería pensarse que la concertación permite una autonomización de la representación de intereses sectoriales y su creciente predominio sobre la representación política partidaria. Se trata más bien de lo contrario, de la ampliación del dominio de la política y no de su declinación.»

En relación a esto último, podemos decir que el inicio de la actual etapa democrática se caracterizó por la ausencia de una voluntad de concertación. Los partidos políticos mayoritarios se manifestaron reticentes a arribar, junto a todas las fuerzas sociales, a un acuerdo real y de base acerca de las orientaciones fundamentales para el gobierno de nuestra sociedad.

Porque, lo que ha dominado, es la tendencia de los partidos a defender su actividad y la representación político-partidaria emanada de las urnas, como el ámbito exclusivo de participación institucional, justificando su falta de decisión política para acordar en la vetusta fórmula liberal de «el que gana, gobierna y el que pierde controla».

Y si esto sucedió en lo que se refiere a la actitud asumida por los partidos políticos, el gobierno, por su parte, se debate entre la posición derivada de su íntima convicción acerca de lo correcto del monopolio político - partidario de las instancias de decisión y la necesidad de asumir la concertación, habida cuenta de la incontrastable realidad de la existencia de grupos económicos y sociales organizados, cuyo poder es tanto mayor cuanto mayor es su capacidad de introducir grados de incertidumbre en el curso y en los resultados de la política gubernamental.

Entonces el gobierno tiende a manejarse con ellos -como grupos de presión- practicando una concertación informal, no institucionalizada, parcial en cuanto a sus contenidos y limitada en cuanto a los actores involucrados. Una concertación aleatoria, impuesta -más que decidida- al ritmo de las pujas sectoriales, muchas veces contrapuestas e incompatibles entre sí, lo que acentúa la incertidumbre y resta confiabilidad al sistema, con los consiguientes riesgos de ingobernabilidad, y de profundización de la crisis y la desintegración.

Porque, evidentemente, qué es lo que se concerta y quiénes son los actores intervinientes en la concertación reviste una incidencia directa en el grado de estabilidad ganado por el sistema. Una concertación de precios y salarios, celebrada entre los empresarios, los trabajadores y el Estado, es más fácil de ser puesta en práctica que otra de alcance más vasto, pero es indudable también que su aporte a la estabilidad del sistema democrático es menor.

Este renacimiento del contractualismo en el dominio del poder público tuvo ya su expresión en la concertación global e institucionalizada llevada a cabo en los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial, para lograr el manejo de la crisis por la que atravesaban.

Desde entonces, la práctica y la cultura de la concertación quedaron instaladas en esas sociedades por medio de mecanismos institucionalizados que se expresan hoy en los consejos económicos y sociales, de la más variada composición.

Es imprescindible, entonces, incorporar a la cultura política de los argentinos -de sus partidos políticos y de sus organizaciones sociales- la idea básica de la institucionalización de la concertación y el consenso. Debe ubicarse como una prioridad ineludible la necesidad de crear mecanismos institucionales que articulen la participación de todos los componentes de la realidad. «Porque colocar en un nivel derivado y secundario las formas jurídicas e institucionales de una sociedad, no sólo es un error teórico, sino también el claro indicador de una situación social de neta separación entre Estado y sociedad, entre sociedad política y sociedad civil, entre economía y política». Y sigue diciendo con acierto José Aricó: «Es difícil imaginar la consolidación de un Estado de derecho en Argentina, sin introducir cambios en la estructura del Estado y de la sociedad que den respuestas a las formas complejas de nuestra sociedad actual y a las demandas de intervención colectiva que desbordan las limitaciones y flaquezas de las instituciones del constitucionalismo liberal clásico»

Proyecto de creación del Consejo Económico, Social y Político

El proyecto de creación de un Consejo Económico, Social y Político se inscribe en el marco de uno de los problemas teóricos actuales, cual es la necesidad de articular Estado y sociedad, debate que lleva ya más de un siglo.

Es el tema de las transformaciones de la democracia y de su adaptación a las necesidades del Estado actual que viene a reactualizar el viejo debate acerca de la dualidad poder-libertad, ubicando la cuestión en orden a la distribución del poder de conformidad con la estructura pluralista de la sociedad.

Todos coinciden, en definitiva, en que la democracia del Estado actual debe ser una democracia pluralista. Ambas, la teoría democrática y la teoría pluralista, son dos propuestas distintas contra el abuso de poder, pero compatibles y complementarias.

La teoría democrática combate el poder autocrático, el que viene de arriba, oponiéndole el poder que viene de abajo. Por su lado, la teoría pluralista combate el poder monocrático, es decir el poder concentrado, y le opone el poder distribuido.

La democracia pluralista viene, así, a conciliar satisfactoriamente la doble lucha contra el poder autocrático y concentrado, mediante la participación social y la desconcentración o distribución del poder lO.

Todos coinciden también en que el pluralismo social debe ser receptado por la estructura estatal. Pero en lo que estos exponentes del pensamiento pluralista democrático difieren es en sus propuestas concretas de reforma político-institucional para dar cabida a la representación funcional o de los intereses. Abogan unos por la creación, junto a la cámara de representación política, de una cámara de representación corporativa, ubicando así a los grupos sociales o intermedios en la estructura estatal con facultades de decisión. Abogan otros por el mantenimiento de la representación política exclusiva en los órganos gubernamentales decisorios, pero ubicando, al lado de ellos, consejos económico-sociales de carácter consultivo en los que estén representados los cuerpos intermedios. Esta última postura expresa la opción institucional que se formula con el proyecto de ley presentado por nosotros.

El Consejo tiene carácter consultivo y asesor de los poderes políticos del Estado nacional, esto es, del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo quienes, de conformidad con nuestro sistema constitucional, tiene reservado en todos los casos el poder de decisión.

Desde ya que la formulación o no de dichas consultas es facultativa de los poderes políticos. Por eso, precisamente, se ha creído necesario y conveniente a los fines del efectivo cumplimiento en la práctica del cometido del Consejo, que algunas cuestiones -tales como el proyecto de ley de presupuesto de gastos y recursos de la nación y las relativas a los planes o programaciones económicas o sociales- no pueden ser decididas por los órganos gubernamentales competentes sin escuchar previamente la opinión del Consejo.

El segundo supuesto de actuación del Consejo consiste en su función asesora de los poderes políticos. En este sentido, se le reconoce al cuerpo el más amplio poder de iniciativa: puede emitir opinión respecto de cualquier asunto de índole económica o social, elevar proyectos de ley, propiciar reformas y proponer medidas en el ámbito de su competencia.

La integración del Consejo constituye una de las cuestiones más controvertidas, delicadas e importantes, pues se trata de que el cuerpo constituya, dentro de lo posible, la más fiel expresión de la realidad social y política nacional.

El proyecto ha procurado ponderar adecuadamente los elementos cuantitativos y cualitativos que califican la existencia y la influencia de los distintos sectores y grupos poniendo el acento en una visión integradora y de articulación de todos los grupos, política y socialmente significativos, de nuestra realidad.

Tres son los modelos de estructura representativa adoptados en las diversas experiencias realizadas en la materia, los que se acostumbra a denominar por el antecedente extranjero relevante que los ha inaugurado. Así tenemos el modelo paritario belga, el tripartito holandés, y el pluripartito o multipartito francés.

De la experiencia realizada en nuestro país y en otros países, concluimos en la necesidad de seguir el modelo pluripartito para el Consejo Económico, Social y Político.

El modelo multipartito o pluripartito, al integrar la participación de una pluralidad de sectores de la sociedad, neutraliza o elimina los factores de distorsión que introduce en el sistema la rigidez funcional determinada por la sola presencia de dos o tres actores, por importantes que estos sean.

Este modelo convierte al Consejo en una radiografía más fiel de la realidad argentina; privilegia la participación de sectores habitualmente poco representados o escuchados; impide el predominio -de tinte corporativo- de los sectores del capital y del trabajo, equilibrando su peso relativo con la participación de otros grupos organizados y conformando así un órgano democrático flexible, una verdadera asamblea socioeconómica y política llamada a convertirse -si la madurez política de los actores involucrados está a la altura de las circunstancias y necesidades históricas- en un foro de diálogo institucional y permanente entre las principales opiniones e intereses de los grupos intermedios significativos, de los partidos políticos y del Estado, que abrirá la posibilidad cierta de construcción del consenso político y social, imprescindible para planificar democráticamente el futuro de la nación.

El Consejo que proponemos cuenta con un total de 118 miembros y son cinco los grandes sectores de la sociedad representados. Ellos son: el sector trabajador, el sector empresario, el sector público, el sector representativo de los intereses diversos y el sector correspondiente a los partidos políticos. Cabe aquí explicitar un aspecto, cual es la participación en el Consejo de representantes de los partidos políticos, lo que sólo cuenta con unos pocos pero significativos antecedentes. No podemos propiciar la creación de un organismo que, integrando a los que hoy no están integrados a la estructura institucional -los grupos sociales intermedios- deje afuera a los intermediarios oficiales de la voluntad política de los ciudadanos, que son los partidos políticos. Un Consejo que no integre a los representantes de los partidos políticos que actúan en nuestra realidad institucional reforzará la desintegración existente: por un lado, en los poderes públicos, los partidos políticos y, por otro lado, en el Consejo, la organizaciones sociales, situación ésta que no colaborará a institucionalizar, como se pretende, el diálogo entre las fuerzas sociales y políticas, que es condición necesaria para el consenso.

Es que, además, entre la economía y la política se han ido borrando las fronteras. Se está conteste en que toda medida de concertación económica o social, así como todo plan de ese carácter, necesita de un pacto o acuerdo de naturaleza política que lo sustente.

En cuanto al peso relativo dentro del Consejo de cada uno de los cinco grandes sectores que lo integran, ha sido ponderado en función de factores cuantitativos y cualitativos que miden su importancia e influencia relativa en el proceso económico, social, político y cultural de nuestro país, factores que se tuvieron en cuenta también para la integración interna de cada sector.

Dado el carácter pluripartito del cuerpo y la necesaria inclusión en él de grupos sociales menos significativos en términos de economía, pero relevantes desde el punto de vista social o cultural, se ha otorgado a los dos sectores básicos de la economía y del proceso productivo -trabajadores y empresarios- un número de representantes equivalente al 51% del total de miembros, por partes iguales, de modo que ninguno de ellos, en forma aislada, alcance la mayoría absoluta, pero teniéndola ambos en forma conjunta. Por su parte, los sectores públicos e intereses diversos -con 20 y 25 representantes, respectivamente- reúnen el 17 % y el 21% de la representación, y el sector partidos políticos alcanza el 11 % de la misma.

En definitiva, los intereses socioeconómicos tienen en el Consejo una mayoría del 51 % y los intereses sociopolíticos y culturales el 49%, logrando así proporcionar una radiografía dinámica de la realidad argentina actual.

1. Sector trabajador. Se fija en 30 el número de representantes del sector trabajador. Se ha considerado conveniente -habida cuenta de la unidad organizativa de los trabajadores argentinos y de la estructura sindical única consolidada, a través de la Confederación General del Trabajo (CGT), conferir en forma global la representación de este sector.

2. Sector empresario. Los 30 representantes de este sector corresponden a los subsectores agropecuarios (8), industrial (11), de servicios (9) (y éste a su vez integrado por comercio, finanzas y seguros, transporte y otros servicios), minería (1) y pesca (1)

Esta distribución ha sido efectuada teniendo en cuenta el aporte de cada uno de ellos a la formación del producto bruto interno del país, corrigiendo dichas cifras en favor de actividades que entendemos necesario promocionar -como es el caso de la pesca- y potenciando el peso relativo total de los subsectores productivos en relación con los vinculados a los servicios. Asimismo, se tuvo en cuenta el porcentaje de la población económicamente activa ocupada por cada subsector.

Se deja aquí también la designación de los representantes en manos de las organizaciones empresarias. Pero dada la dispersión institucional del sector empresario, tanto a nivel general como a nivel sectorial, se precisa que los consejeros serán elegidos por las organizaciones más representan-tiva de cada sector, dejando a cargo del Poder Ejecutivo nacional la determinación de la o las organizaciones más representativas.

3. Sector público. Los 20 representantes del sector público han sido integrados de la siguiente forma: la mitad de la representación del sector ha sido asignada, por partes iguales, al Estado nacional y a los Estados provinciales, y la otra mitad corresponde a las empresas públicas y a las universidades nacionales.

Los cinco representantes que le corresponden al Estado nacional representan a las áreas ministeriales más estrechamente vinculada con la problemática social y económica: Economía, Salud, Educación, Trabajo y Obras y Servicios Públicos.

La inclusión de representantes provinciales por regiones procura introducir en el Consejo el ingrediente federal y zonal, consustancial a nuestra organización política y que favorece la integración regional que propiciamos. El proyecto define cinco regiones del país, de acuerdo con la homogeneidad socioeconómica y cultural de cada una. Ellas son: la región Patagónica, Cuyo, Pampeana, Litoral y Nordeste, Noroeste y Centro.

La otra mitad del sector público se completa con siete representantes de las empresas del Estado o con participación estatal mayoritaria, cualquiera sea su forma societaria, asignando a los sectores energía, combustible, petroquímica, industrias militares y bancos oficiales, un representante a cada uno y dos al sector transporte.

Por último, el sector público comprende tres representantes de las universidades nacionales, elegidos por el Consejo Nacional Ínter universitario de Rectores de Universidades Nacionales.

4. Sector intereses diversos. Dada la heterogeneidad del sector y su menor grado relativo de organicidad, es el que presenta mayores dificultades para la definición de su composición interna y respecto del cual, en consecuencia, pueden presentarse la mayor cantidad de variantes.

De los 25 representantes asignados al sector, tres han sido los subsectores a los que, por su mayor peso y nivel de organicidad, se les ha otorgado una representación mayor.

Ellos son el subsector cooperativo (5), el de las asociaciones gremiales de profesionales (3) y el correspondiente a la juventud (3) Luego siguen -con dos representantes cada uno- el sector pasivo, usuarios y consumidores, organizaciones femeninas y asociaciones o entidades ecologistas o ambientalistas.

La cuarta parte restante de los intereses diversos -con un consejero cada uno- corresponde a las asociaciones culturales y artísticas, asociaciones deportivas, entidades de comunicación social, organizaciones de derechos humanos, comunidades indígenas y universidades privadas, academias y centros de estudios.

Dado que se trata generalmente de sectores con débiles estructuras organizativas, la designación de sus representantes será efectuada por el Poder Ejecutivo nacional a propuesta de las organizaciones o entidades más representativas de cada sector.

5. Sector partidos políticos. El proyecto prevé la paridad de representación de los partidos cualquiera sea su representación parlamentaria o su caudal electoral. Se establece que corresponde un consejero a cada partido político nacional o alianza electoral nacional con representación parlamentaria a nivel nacional y un consejero a cada partido político de distrito o alianza electoral de distrito que gobierne su provincia.

En la actualidad, y de acuerdo con esta prescripción, el sector estaría compuesto por 13 miembros.

Con respecto a sus miembros, el proyecto define expresamente una cuestión de suma importancia para la representatividad y la eficacia del Consejo: el carácter de delegados que revisten los consejeros y la naturaleza revocable de sus mandatos. Esto asegura que la opinión del consejero sea la del grupo que representa, lo que garantiza a su vez, la autenticidad de la representación investida aumentando, en consecuencia, la incidencia real y efectiva del Consejo en las decisiones públicas.

Por último, el proyecto establece que los consejeros -con excepción de los que integran la mesa directiva del cuerpo- no percibirán remuneración alguna, siendo los gastos que les demande el ejercicio de sus funciones a cargo de las organizaciones, entidades o instituciones que representan.

Como culminación de su brillante análisis del desarrollo de la democracia argentina y de los peligros que la acechan, tan vigentes hoy, el profesor José Luis Romero expresaba que «sólo una vigorosa política de cambio, en la que haya sitio para todos los grupos e individuos que componen nuestra sociedad, podrá devolverle a todos la confianza en el país. Faltan caminos para que se expresen y realicen los grupos y los individuos. Faltan proyectos y sobran temores», nos advertía. «Falta imaginación y sobran cautelosas premoniciones acerca de los riesgos que correría la sociedad -en rigor, la vieja sociedad- si se ofrecieran cauces abiertos a la capacidad creadora y realizadora de todos. Pero esta política positiva de cambio tiene que ser formulada y puesta en marcha pronta, antes que nos disgreguemos. Tiene que producir cuanto antes hechos fundamentales y decisivos, que abran nuevas perspectivas y esperanzas»

Como homenaje al ilustre profesor que nos ayudó a conocer las razones de nuestra problemática, fue presentado ante la Honorable Cámara de Diputados de la Nación este proyecto de ley de creación del Consejo Económico, Social y Político.

 

Referencias:

1 Norberto Bobbio: Estado, gobierno, sociedad, Editorial Plaza y Janés, Barcelona, 1987, p. 175.

2 Georges Burdeau: Traité de Science politique, Tomo X, Librairie Generale de Droit te de Jurisprudence, París, 1977, p. 18.

3 J. L. Romero: Latinoamérica: situaciones e ideologías, Editorial Del Candil, Buenos Aires, 1967, p. 81.

4 Moisés Ikonicoff: «Un país transformado en inmensa zona franca financiera», en «Sociedades enfermas de su cultura», edición latinoamericana de Le Monde Diplomatique 1988, p. 73.

SEMINARIO DE DESCENTRALIZACIÓN Y PARTICIPACIÓN POPULAR EN LOS MUNICIPIOS.

El tema de la participación y la descentralización reviste extraordinaria importancia económica, social y política hoy, en nuestra realidad nacional.

El agotamiento de un modelo.

Este momento es muy especial porque vivimos una crisis profunda determinada por el agotamiento de un modelo puesto en marcha allá por 1880. Agotamiento que expresa en la superposición de una serie de crisis.

Vivimos una crisis de legitimidad que emerge de la carencia de mecanismos y dispositivos constitucionales adecuados que canalicen la representación de los diversos sectores. Esta ausencia determina la inexistencia de un acuerdo de base sobre la naturaleza del gobierno y sobre sus responsabilidades y atribuciones en la superación de las fracturas entre los diversos grupos que integran la sociedad.

El análisis de la crisis de legitimidad permite percibir la existencia de dos tipos de consenso: el consenso político y el consenso social, que alguna vez coinciden, aunque precisamente lo que caracteriza a la crisis de legitimidad es su no coincidencia.

El postulado de la concordancia entre consenso social y político ha comenzado a debilitarse a partir del momento en que la exigencia democrática pasa del plano político al plano social. Desde que las desigualdades y las injusticias sobre las que reposa el orden establecido son resistidas por una parte de la colectividad como intolerables, el consenso social se reduce y se hace difícil asociarlo al consenso político.

Hoy, el consenso social no existe por parte de los trabajadores, de los pequeños y medianos productores de la ciudad y del campo, no existe por parte de los docentes, en consecuencia, el desdoblamiento entre lo político y lo social es tal, que muchas veces explica lo que la gente no logra comprender. Esta dificultad se agrava hasta constituir una contradicción, ya que se ha extendido la convicción de que el rol del poder no es el de administrar la sociedad sino el de rehacerla. Si se debe construir una sociedad nueva es porque la que existe está mal y, dado que está mal, el consenso a su respecto es inexistente.

Vivimos una crisis de participación. A diario los diversos sectores están reclamando una participación y no existen canales institucionales que la posibiliten. En momentos de crisis es cuando estos grupos reclaman una mayor participación para resolver sus problemas, para satisfacer sus necesidades, es entonces cuando aflora con mayor nitidez la crisis de participación.

Vivimos una crisis de distribución, porque existe arbitrariedad en la transferencia de riqueza, porque no existe equidad ni solidaridad en la distribución de los bienes, servicios y oportunidades, tampoco existe justicia en la distribución de los sacrificios. Hoy el factor de ajuste de la economía son los salarios y las jubilaciones, reduciendo la participación de los sectores del trabajo en la renta nacional.

El país vive también una crisis de integración sin antecedentes. Diversos gobiernos provinciales emiten sucedáneos de papel moneda, casi todas las provincias que niegan la verificación y contralor del Banco Central, otras intentan poner tasas a los combustibles, otras quieren apropiarse de obras hidroeléctricas. Estas conductas provienen de gobernadores y legislaturas provinciales  de los más diversos partidos, muchas veces son de la oposición y otras del partido gobernante. Esta desintegración progresiva más que imputársela al gobierno debemos imputarla al agotamiento de un modelo de país.

Vivimos una crisis de identidad, que es de carácter esencialmente cultural. El viejo modelo de país nos impuso los valores de los países centrales, nos desarraigó de la tradición histórica latinoamericana y de nuestra propia tierra.

Hoy, ante el agotamiento material del viejo modelo, emerge con toda crudeza nuestra crisis de identidad, fruto de la diferencia entre lo que pensábamos que éramos y lo que realmente somos. Los argentinos no sabemos si pertenecemos o no a América Latina, si somos o no igual que Europa, si integramos o no el Tercer Mundo. Si no tenemos conciencia de lo que somos no podemos saber lo que podemos ser, vivimos en la indefinición, comprando proyectos, mirando hacia afuera, hacia otras realidades. A esta crisis se le suma el peso de la deuda externa, que no sólo se lleva lo que nos sobra de nuestra balanza comercial, sino que condiciona nuestra vida económica en todos sus aspectos.

Para superar esto hay diversas ideas, diversas propuestas, pero pensamos que hay una sola palanca para poner en marcha el futuro: la participación. Para posibilitar la ejecución de la participación se debe descentralizar.

La descentralización es la condición de la participación. Ambas, participación y descentralización hacen al afianzamiento del sistema democrático, sin ellas no podremos solucionar ninguno de los graves problemas que hoy nos aquejan: desocupación, salud, educación y vivienda.

 

De la centralización burocrática a la descentralización participativa

Haciendo una rapidísima historia, vemos que a partir de la Revolución Francesa comienzan a afianzarse los Estados liberales que, con el transcurso del tiempo, se van organizando cada vez más en forma centralizada. Hay una centralización normativa, las leyes y ordenanzas reconocen una sola fuente legislativa, y leyes hechas por un solo poder central en su aplicación continúan centralizando. Hay centralización en el manejo de los recursos financieros, de los impuestos, de los derechos de importación y exportación, y todos los nuevos entes u organismos dependientes del Estado que se van creando tampoco delegan competencia en entes locales.

Se crea así toda una estructura cada vez más compleja, cada vez más densa y centralizada. Si a lo político y a lo institucional se le suman las características centrípetas del sistema económico capitalista, tenemos un Estado cada vez más centralizado en todos sus niveles.

Es en el sistema político sajón donde se comienza a desarrollar la idea del autogobierno. Alexis de Tocqueville y John Stuart Mill planteaban la necesidad de la potenciación de los poderes locales. Esto influyó en los países anglosajones que desarrollaron la práctica del autogobierno local.

Entre nosotros, Lisandro de la Torre concebía a la autonomía municipal, como el objetivo central de su prédica, en materia institucional.

Nosotros estamos debatiendo desde 1983 el problema de la participación y la descentralización, sin que hasta ahora se haya concretado en el país una ley que las implemente. En Europa, frente al proceso de centralización que veníamos señalando en la década del 60 al 70, se da un debate sobre participación y descentralización, ya hace años que allá nadie duda de sus beneficios. Y nosotros, 20 años después, recién empezamos a abordar el problema.

Este atraso en la doctrina institucional es otro ejemplo de las consecuencias que producen los golpes de estado en nuestro país, del esfuerzo que tenemos que realizar para articular los estratos culturales incomunicados que nos vienen dejando los golpes de estado desde el 30 en adelante. Ellos han impedido, con su oscurantismo, la transmisión de la experiencia social entre nuestras generaciones y entre nuestros pueblos y el mundo.

En Europa, este debate se ha concretado en la siguiente legislación: reforma municipal inglesa en 1972, nueva legislación local italiana a partir de 1975, ley municipal portuguesa de 1976, ley de descentralización francesa de 1982. Y la reforma local española de próxima aplicación.

 

Para superar la crisis: descentralización y participación

La profundización de nuestra crisis se suma a las desigualdades preexistentes en nuestra sociedad como causa decisiva del reclamo creciente de participación popular y sectorial a todo nivel. La descentralización posibilitará no sólo la participación de las diversas regiones del país, sino también de los diversos barrios de la ciudad. Acerca de esta última nos cedía Mario Bravo en "La ciudad Libre": Tenemos una ciudad seccionada en dos partes: la ciudad del norte y la ciudad del sur; la ciudad de los barrios ricos y la de los barrios pobres; las calles bien iluminadas y las calles sin luz; la ciudad higiénica y la ciudad que recibe tardíamente los beneficios de la limpieza pública, barrios asegurados contra el avance de las aguas y barrios que claman periódicamente contra las inundaciones; barrios ocupados por extensos latifundios inhabitados y barrios donde la población debe aglomerarse en casuchas miserables y en conventillos.

"Esta desigualdad en la distribución de la acción municipal asume proporciones más odiosas cuando la administración del sufragio calificado construye avenidas diagonales y resuelve el ensanche de calles, descuidando la atención de las necesidades más elementales de gran parte de la ciudad".

Solamente la participación y la descentralización que la posibilite permitirá la recuperación de la identidad cultural de los pueblos. Hace algunos años UNESCO publicó un interesante trabajo donde se expresa que hoy, cuando se opera a través de la tecnología un avance que parecía irresistible por alcanzar productos culturales y pautas de comportamientos uniformes, se ve aparecer -no sólo en los países del Tercer Mundo sino en las propias colectividades de los países desarrollados-, una reacción favorable a la recuperación de su identidad cultural por parte de las diversas comunidades.

Hay una vuelta a la música propia, al lenguaje propio, a formas de expresión culturales propias, como una búsqueda instintiva de salvación de la individualidad particular ante el atropello de la modernización consumista y uniformadora impuesta por las multinacionales.

La crisis económica también ha acentuado las promesas de descentralización y de coparticipación; tanto a nivel nacional como provincial y municipal., las propuestas han sido simbólicas y no reales, ello motiva que el clamor por la descentralización y la participación vaya creciendo.

Hoy nadie duda que la introducción de nuevas pautas de crecimiento, de producción y de consumo, y la construcción de una sociedad más solidaria que posibilite una distribución más equitativa de la calidad de vida, sólo podrá promoverse desde estructuras políticas próximas, participativas.

La construcción de una nueva organización, de un nuevo proyecto provendrá de quienes trabajan, pues a ellos lo viejo ya no les da respuestas; es esta realidad la que impulsará la participación y la concomitante descentralización

Se constata a diario que la descentralización real afianza la integración nacional, porque al tener en cuenta las reivindicaciones de las diversas partes desarrolla en ellas la confianza en un todo que les da respuestas. En consecuencia, las partes buscan la integración como una forma superadora que les brinda nuevas respuestas generales sin sacrificar sus respuestas individuales. La centralización existente en este momento produce un efecto desintegrador que no da respuesta a las partes.

La descentralización, que posibilita la participación, es una escuela de civismo, una escuela del respeto de los derechos de todos. Hay una frase que explica este concepto del que venimos hablando: descentralizar es transferir a un sujeto a base de competencias y recursos materiales y financieros que él podrá gestionar autónomamente en el marco de la ley. Se descentraliza si se transfiere el manejo de los recursos necesarios.

El incorporar en la Constitución Nacional la vigencia de la autonomía municipal, como requisito para que el gobierno federal garantice a cada provincia el goce y ejercicio de sus instituciones, es algo sumamente importante para el tema que estamos tratando. Este régimen de autonomía municipal - es una concepción de máxima - posibilitaría que los vecinos, así como eligen sus propias autoridades, puedan sancionar sus propios tributos, es decir, sus propios recursos.

Debemos valorar toda la riqueza de los municipios, sus posibilidades. Hay antecedentes históricos que nos permiten valorar la importancia que tienen en el proceso de descentralización y de participación; aquí tenemos, por ejemplo, la obra de Julio V. Gonzalez sobre el origen del carácter representativo de nuestro sistema de gobierno, en la que realiza el análisis sobre la representación funcional de los vecinos que integran el cabildo.

 

Hacia la participación del hombre concreto y sus organizaciones

Es necesario que tengamos la creatividad suficiente para elaborar formas de participación de las organizaciones intermedias, pues ellas representan al hombre concreto, al hombre situado. Vale la pena demorarse dos minutos en esta cuestión, que es sumamente resistida en nuestro país; aquí, a raíz de la brecha que existe con las ciencias sociales contemporáneas, todo lo que sea participación de las organizaciones intermedias representativas del hombre concreto, es rechazado inmediatamente con el San Benito de corporativo/a fascista. Estos calificativos también expresan nuestra dependencia cultural, que nos coloca cincuenta años atrás; todavía tenemos en la cabeza valores de la época de Hitler y Mussolini.

Aquí reina una concepción liberal que ha creado un sistema ideal del ciudadano. El ciudadano es un hombre con derechos y garantías respaldados por una Constitución. Derechos y garantías genéricos, abstractos, que tienen parte de concreción en lo político, pero que están totalmente vacíos de contenido social y económico.

Este ciudadano vota cada dos o tres años, elige concejales, autoridades provinciales, autoridades nacionales, pero este ciudadano, al día siguiente de votar, va a su trabajo, ejerce su profesión, trabaja en su chacra o en su empresa; es metalúrgico, ferroviario, empleado de banco o de comercio, ingeniero, médico, comerciante, empresario, o productor agropecuario. Él y su familia comen con su sueldo, con sus honorarios, con las ganancias de su empresa o de su explotación y se curan con su obra social; la posibilidad de resolver los problemas sus hijos, de su mujer, de su padre enfermo, está en relación directa con lo que él hace y todo esto no tiene relación inmediata y tan perceptible con lo que voto el domingo. El domingo voto radicalismo o justicialismo, pero el lunes nadie le soluciona su problema, ni unos ni otros; el lunes va a golpear al sindicato, al colegio profesional, a la cooperativa, a la federación agraria. Pero también hay otro hombre, con sensibilidad social, ¿Qué puede hacer en estos partidos? Entonces, este hombre va a la vecinal, a la cooperativa de servicios o al club porque quiere trabajar para mejorar la cancha de bochas o de basquet, y trabaja todos los días del año en eso.

Entonces, quienes han estudiado esto en el mundo, desde hace ya muchos años, ven que hay dos situaciones: el domingo votamos, pero el lunes tenemos los problemas concretos, los problemas del hombre situado, que vive su realidad y si esas organizaciones existen es porque resuelven problemas concretos; nadie inventa por el gusto de inventar, los pueblos inventan cuando tienen necesidad de resolver sus problemas.

Todas estas entidades intermedias deben participar: se les tiene que dar cabida en la organización del Estado para tener un Estado realmente representativo, un Estado global, abarcativo de todas sus partes vivas. Puede debatirse sobre cuál debe ser el nivel de inserción, que capacidad de decisión se les ha de otorgar, pero lo que no puede discutirse es la necesidad de insertarlas en el funcionamiento de la organización social.

Desde fines del siglo pasado, grandes tratadistas españoles democráticos y algunos de ellos socialistas, toman este problema y se inclinan por darle una participación, un lugar en la organización institucional del Estado a estas entidades intermedias. Esto lo inicia en España Francisco Giner de los Ríos y lo siguen Fernando de los Ríos - éste ya no liberal como su tío socialista - y Adolfo Posada y, entre otros, Alfredo Palacios, cuando condena a la dictadura de Uriburu, en un discurso que dice primero en Córdoba y que después repite aquí en Buenos Aires. En el apéndice de su obra "El nuevo derecho", ustedes verán la cantidad de consejos económicos y sociales que cita como antecedentes de esta concepción.

Entonces, esto de la participación no sólo puede quedar en debates, en ideas, porque esto no resuelve el problema del hombre individual, sino que hay que ver que vías se pueden explorar, como, por ejemplo, la descentralización a través de un consejo barrial que pueda funcionar como un consejo asesor, integrado por representantes nominados democráticamente por todas estas entidades a las que hice referencia.

Cuando plantemos la necesidad de la participación, no estamos inventando fórmulas sacadas de libros de otros mundos, sino que estamos proponiendo respuestas para nuestros problemas concretos de 1986.

 

Democracia participativa para fortalecer la democracia representativa

Nosotros atravesamos hoy una profunda crisis de participación por la extrema debilidad de nuestras instituciones representativas; esta es la debilidad intrínseca de nuestra convivencia y existencia democrática de hoy. Porque quien se aumenta la dieta a $ 2.400 no representa al hombre real que cobra $ 110 ni al jubilado que cobra $ 90.

Esta es la debilidad de este sistema que nosotros no queremos eliminar, sino que queremos perfeccionar para que sea realmente democrático y para eso tenemos que modificar estas viejas formas endebles, anquilosadas, de la democracia representativa, reforzándolas con nuevas formas de democracia participativa, que posibilite no solamente la participación del ciudadano, del hombre individual, a diversos niveles, sino que también posibilite la participación de las organizaciones sociales existentes.

Si unimos y armonizamos, integramos; si desunimos y hacemos de esto dos cosas paralelas, desintegramos. Esto es institucional, pero si desintegramos o continuamos desintegrados en lo institucional, en el momento de la profunda crisis que vive el país, la Nación corre realmente peligro en su existencia institucional independiente.

Debemos aprovechar este seminario para intercambiar ideas: como integramos, como estructuramos nuestro país; porque en la desintegración, en la fisura, entran los intereses extranjeros para dividirnos y entonces se hacen ciertas las posibilidades de libanización. Porque nosotros no estamos reunidos aquí para escribir un capítulo más de una tomografía sino para avanzar en el conocimiento de una propuesta concreta para la defensa de nuestra vida y de nuestra existencia como Nación independiente. Este es el sentido trascendente que ha llevado al esfuerzo de organizar este seminario y confiamos en que ustedes transiten esta preocupación.

 

Para la participación: democracia en la información

Para terminar; hay un aspecto que no se puede separar del problema de la participación y de la descentralización, que es el problema de la información. Y esta información de las alternativas posibles frente a una situación determinada debe darse antes de la resolución, de modo que la gente pueda opinar antes de la decisión. Así se supera el viejo principio republicano de la "publicidad de los actos de gobierno", ya que, para poder participar en la decisión, es necesario acceder a la información antes del acto de gobierno.

En nuestro tiempo, la utilización y organización de la informática a nivel nacional, genera un nuevo debate. En este momento se está montando un sistema centrípeto, que recaba información a todo nivel pero al cual sólo tiene acceso un restringido sector, y esto es profundamente antidemocrático. Creemos necesario un sistema informativo abierto, en el que no solamente se recaben datos a todo nivel sino que también brinde información a todo nivel. Debemos tener una democracia informativa, que permita que cualquier comuna o municipalidad tenga acceso a la red central de información.

La participación, en general, como actitud y como práctica, mejora al hombre, lo pone en contacto con la realidad, lo capacita para resolver sus problemas. A la participación del ciudadano y de las organizaciones intermedias debemos articularlas en un proyecto global, que concrete un sistema representativo enriquecido y fortalecido por esa participación. La crisis que vivimos nos urge a concretar institucionalmente la participación y la descentralización que la haga posible.

Los invito a trabajar creadoramente en la elaboración de algo útil para nuestro país y para nuestro pueblo trabajador, como lo es la participación. Sólo ella ha de asegurar la solidaridad social y la independencia nacional.

Charla de Guillermo Estévez Boero con motivo del 25º Aniversario del Movimiento Nacional Reformista (MNR)

Rosario, 31 de mayo de 1985

Compañeros:

Ahora estamos aquí con ustedes, celebrando un acontecimiento importante: 25 años de vida del Movimiento Nacional Reformista.

Yo les pediría unos minutos de vuestro sano esparcimiento para tratar de dejarles en este aniversario, algunas ideas amasadas en días esplendorosos, en noches maravillosas, pero también en días sin sol y noches sin estrellas.

Nosotros tenemos que pensar ¿por qué un movimiento dura 25 años?. Tenemos que pensar ¿por qué un movimiento de estudiantes universitarios dura 25 años, cuando los estudiantes se van modificando cada 6, cada 7, cada 8 años?. Van llegando nuevas generaciones de estudiantes y a pesar de este cambio de generaciones, de caras, de nombres y apellidos, el Movimiento Nacional Reformista se sigue manteniendo y creciendo. También es necesario pensar que hoy lamentablemente, ya no están con nosotros algunos compañeros que han muerto. Pero la mayoría de sus hijos, aquí y en el resto del país, están en el Movimiento Nacional Reformista.

Cuando todas estas cosas pasan es necesario meditar. Porque estamos frente a un hecho que se constituye en una realidad histórica trascendente. Estamos frente a un hecho que es lo permanente en la universidad argentina, en la universidad latinoamericana. Y cuando un hecho se hace permanente es parte de la historia, es parte de la Nación. Y ésta es una realidad. Por eso no se lo pudo disolver ni destruir, porque es parte misma de la universidad.

El Movimiento Nacional Reformista no es una lista electoral, no es una organización para reclutar militantes para un partido político, el MNR es una concepción de la universidad Nacional que va articulada a una concepción de la Nación. Porque no puede tener ideas de la universidad quien no tiene ideas acerca de qué es la Nación. ¿Cuál es el programa de la universidad de hoy?. ¿Cuál es el proyecto de la universidad hoy?. No existe, porque lamentablemente tampoco existe un proyecto nacional. Y quien no tiene un proyecto para la Nación no puede tener un proyecto para una parte de ella como lo es la universidad.

Este movimiento estudiantil se llama NACIONAL porque al nacer se compromete a insertarse en la tradición histórica de Nuestra Patria para poder modificarla. Y se llama REFORMISTA porque enarbola las banderas de la Revolución Universitaria de 1918; porque asumimos lo nuevo, asumimos la rebelión estudiantil, que no es la rebelión irresponsable. Es la rebelión seria que apunta hacia el futuro. Y tan seria, que se ha articulado cada día de esta historia – de estos 25 años – que hoy, después de un cuarto de siglo está aquí, para hacer un balance, para rectificar errores – por eso crecemos -, para confirmar los aciertos.

Venimos a festejar un aniversario más en un momento difícil del país, en un momento de incertidumbre. Venimos a traer nuestra certidumbre, nuestra fuerza, la confianza en la posibilidad de Argentina y de su universidad; en la posibilidad de que el futuro lo hagan la juventud y los trabajadores.

Nosotros tenemos un contenido para la universidad. Creemos que su función fundamental debe ser la formación integral del universitario argentino; del joven argentino que tiene todavía en este tiempo, el privilegio cada vez más reducido de estar en la universidad. Porque nosotros sabemos que casi la totalidad de ustedes se sacrifica, trabaja y estudia. Pero también sabemos, y ustedes también lo saben que en la otra reunión- en la cual yo tendría que haber estado- se sacrifican más, trabajan y no pueden estudiar. En consecuencia, este privilegio que ustedes tienen – que en muchos casos se lo deben a sus padres, madres o abuelos, o quizás a otro argentino que no conocen y que sobre la base de su no posibilidad, tienen hoy su oportunidad – lo cual los coloca en la inmensa responsabilidad de aportar con más tesón, con más desinterés, con más método a la construcción de un nuevo país.

Nosotros queremos una universidad que les dé formación, compañeros. Una universidad que tenga como objetivos la formación del universitario argentino, y en el futuro, del hombre nuevo argentino. No una universidad que tenga por objetivo crear un especialista para que las multinacionales paguen menos impuestos, o a un ingeniero industrial para que los trabajadores rindan más ganancias en menos tiempos o con menos sueldos. No queremos crear un abogado que sea el defensor del privilegio, queremos crear trabajadores del derecho del trabajo, queremos médicos sanitaristas, médicos de dispensarios, médicos de los barrios, como los médicos del Socialismo Popular.

Esos médicos que recorren con nosotros los barrios y que las madres les dicen y me dicen: compañero Guillermo, desde que viene el doctor hace dos años no ha faltado nunca y este barrio ha cambiado. Tenemos un médico de nuestros chicos, tenemos un médico de nuestros problemas, y lo hace todo en una pobre camilla; sin tener nada, muchas veces en la pieza que le facilita algún vecino.

Pero a este joven le queremos dar nosotros una inserción en la realidad nacional, a este joven lo queremos hacer conocedor del manejo de los conceptos del espacio y del tiempo, para que comprenda nuestra historia, para que comprenda que estamos en un continente nuevo, que somos los herederos de grandes civilizaciones milenarias, como los Mayas, como los Aztecas, como los Incas, que también tenemos nosotros herencias culturales de los negros esclavos que llegaron a nuestras playas, de milenarias civilizaciones negras, aún no estudiadas, del centro de África; que también tenemos la tradición y la herencia de los trabajadores de Europa que vinieron aquí a ganarse la vida para no morirse de hambre allá. Y todo esto tenemos que amalgamarlo, no es fácil, es aluvional. Vamos a recobrar nuestra identidad nacional, nuestra cultura nacional, porque solamente el hombre que se auto identifica es el hombre que asume el proceso cultural.

Este es el hecho de la cultura, saber dónde estamos y adonde vamos; no es saber a un autor de memoria, conocer literatura de memoria, hablar dos o tres idiomas; eso no es ser culto, eso es ser memorista. Ser culto es saber donde estamos parados y hacia donde vamos. ¿Por qué hay inflación en nuestro país? ¿Por qué hay golpe de estado en nuestro país? ¿Por qué se violan y se violarán los derechos humanos en nuestro país? ¿Por qué sigue libre el responsable de la última tragedia nacional que es Martínez de Hoz?. Esto es lo que tenemos que ubicar; que racionalizar, si queremos seguir mirando hacia atrás o si estamos dispuestos a reformular el país.

Esto es cultura, saber que este modelo de país está agotado, saber que el problema no tiene salida hacia atrás, que hay que reformular un nuevo país; y de esto la universidad - club de cerebros- no dice nada. Esta universidad no le dice al pueblo por qué la inflación, por qué el cólera, por qué las venéreas, por qué la tuberculosis, por qué las enfermedades sociales se propagan como nunca. Esta universidad de Educación y Filosofía no dice por qué avanza el analfabetismo en nuestro país. Esta universidad, ¿qué es entonces?. Es un escapismo y se cuentan monedas que no existen, donde se estudia un país muerto, donde se preparan profesionales para un país que ya no existe más, o para que se vayan al extranjero. Esto es lo que se tiene que rectificar en el seno de la universidad.

El MNR tiene que hacer de la universidad un instrumento útil al país y, fundamentalmente valioso para la juventud, porque tiene que estar al servicio de una nueva concepción. La universidad tiene que ser una casa de diálogo con la juventud.. El MNR no viene a decirles a ustedes que tienen que hacer tal cosa; el MNR, crece y es nacional porque no les ha dicho a ustedes: tienen que parecerse a los revolucionarios de otras tierras. Les ha dicho: tienen que asumir la tradición nacional, tienen que ser el Tamborcito de Tacuarí, las mujeres de Ayohuma, los Tres Sargentos, tienen que comprender el Éxodo jujeño, tienen que ser argentinos; así crece y se desarrolla el MNR. Porque lo más fácil es copiar el librito, es traer la foto de las escuelas y de los dispensarios de otros países, la propaganda de las campañas de alfabetización de otros países. Pero lo que es difícil y revolucionario es hacer las escuelas aquí, los dispensarios aquí, las campañas de alfabetización aquí como las hace el Partido Socialista Popular con esta juventud.

Nosotros no necesitamos ir al exterior para ver qué somos capaces de hacer, con pocos pesos podemos ir a Las Parejas y Casilda para ver lo que estamos haciendo aquí y en estas condiciones.

Porque estamos realizando una emancipación cultural dándole al hombre argentino la fe en lo que él puede hacer. Y como tantas veces lo decimos: nos importan los dispensarios, las guarderías y que sean los trabajadores quienes construyan sus propias casas, porque con ello estamos haciendo también un nuevo hombre, capaz de repensar el país y de dirigir construcciones nacionales. Liberando la capacidad creadora y realizadora de los argentinos vamos a construir una nueva Argentina.

Nosotros pensamos que la escuela y la universidad tienen que ser horizontales y no de arriba hacia abajo, no decimos: aprendan esto y serán más cultos. Nosotros tenemos que luchar contra todos los miedos de una sociedad corrupta, contra los que quieren dejarnos sin estado para entregarnos libremente en manos de los monopolios y de la dominación extranjera. Tenemos que luchar en los medios de comunicación que nos impiden ver la posibilidad argentina, Pero somos imbatibles, no por nuestra limitadísima capacidad, sino porque estamos en la Nación y la Nación es imbatible.

Fíjense ustedes hace pocos meses en Puerto Rico, bajo la dominación de décadas del imperialismo norteamericano, bajo toda la dominación cultural, las películas, los libros, toda la cultura de la degradación, se convoca a elecciones y gana por un amplio margen el compañero Rubén Berrioz, que encabeza la lucha del partido por la independencia de Puerto Rico. Y esto quiere decir que la Nación es invencible, la pueden ocupar, la pueden dinamitar, pero mientras quede un puñado de nacionales de ellos será la victoria.

En este país nosotros queremos poner la universidad al servicio de esta construcción y para ello queremos más participación de los estudiantes en los Consejos Directivos, en los Consejos Superiores, en las comisiones, en la biblioteca, en el laboratorio, en la sala de prácticos, para que estén aportando ideas, colaborando en la construcción de una nueva universidad. No la universidad burocrática o arrodillada ante el último invento o descubrimiento, sino una universidad que sea un horno creador de un nuevo país, una universidad de la juventud, para la juventud.

Hemos luchado y seguiremos luchando por un ingreso irrestricto, porque concebimos la educación como un derecho. Y otros, digan lo que digan, cuando les rascamos un poco el cuero, conciben a la educación como un privilegio. Por eso no planifican para una educación de masas, sino para una educación de minorías. Por eso planifican para el ingeniero jefe, para el contador evasor, para el abogado de las multinacionales, porque planifican permanentemente para las minorías. Planifican para el cerebro médico, pero ¿cuántas cátedras hay, cuántas horas se dedican a la medicina social, a la higiene?. Ellas son las cátedras peor dotadas. Detrás de esta concepción de la enseñanza está la concepción medieval. Cuesta mucho cambiar una concepción de la universidad que se arrastra desde tiempos medievales cuando la educación era un privilegio para unos pocos. Por eso está la limitación en los horarios de los cursos, de los laboratorios y de las bibliotecas que le impide a los jóvenes trabajar y estudiar. No se busca la posibilidad de funcionamiento nocturno de las bibliotecas, de los laboratorios y del dictado de clases. ¡Qué barbaridad! ¿Cómo van a enseñar de noche los cerebros? ¡Qué barbaridad que no entiendan que la universidad debe ser un paso obligado de los jóvenes para alcanzar un nivel formativo general, que la universidad tiene que estar a su servicio, que queremos modificar los planes de estudio para que no se limiten a dar información, sino formación!

Tenemos que hacer del aprendizaje un método para comprender la realidad, un método para seguir aprendiendo al salir de la universidad, queremos que se formen profesionales que se puedan quedar en el país, ingenieros y arquitectos que puedan andar en el andamio, que sepan manejar la cuchara, llevar el balde, solamente así podrán ser algún día buenos ingenieros o buenos arquitectos. Queremos hacer médicos que sepan ser enfermeros, que sepan ser mucamos de un hospital. Queremos fusionar esa división que hizo el privilegio y la división de clases en el mundo, que es la separación del conocimiento teórico y del conocimiento práctico. Y lo están llevando adelante estos compañeros del MNR, que no gritan la revolución, que son los únicos en este país que han llevado a los trabajadores a la cátedra, como lo hicieron los compañeros de Ingeniería de Córdoba. Y esto es lo que tenemos que lograr, que en muchas materias la parte práctica esté dada por quien hace la práctica. Que la soldadura la dé el soldador, que la canalización la haga quien sepa canalizar; que la parte práctica del derecho y la parte procesal la enseñen quienes están trabajando en tribunales. Esto no es una demagogia, esto es una superación científica, es una superación cultural, es terminar con un divorcio que desintegra al hombre.

Esta es otra de las consignas del MNR: Integrar, sumar, no agredir, no provocar. Hoy parece que se enseña la provocación, la división. Hay que llegar a un acto y empezar a gritar contra el otro sector, esta es la revolución en Argentina: Martínez de Hoz solito, paseando; los contratos petroleros gestándose; la ley de contratos de trabajos sin ser modificada; la ley de asociaciones profesionales sin hacer. Esta es la irresponsabilidad, esto es mandar la juventud a la negación, al nihilismo, esto es sembrar la frustración, esto es lo que no siembra el MNR.

Me preguntaban esta mañana por radio: ¿qué pasa con los graduados del MNR?. Los graduados del MNR no son fuera de serie, pero son otra cosa. Yo recorro el país, recorro los barrios, recorro el interior y muchas veces cuando estoy sentado – como estaba allí – tomando un resuello, miro al compañero médico cocinando el locro con su cara enrojecida por el humo, miro a la compañera abogada sirviendo la mesa, a la contadora limpiando los platos, los otros compañeros barriendo. Esos son los egresados del MNR. Es otra cosa, es el comienzo de otro país, el comienzo de otra conciencia.

Nosotros vamos a llevar adelante una universidad donde el que trabaja pueda enseñar, donde el que trabaja pueda estudiar. Vamos a compatibilizar el trabajo productivo y la enseñanza, y los compañeros que están aquí, saben que desde el año 1960 nosotros difundíamos estos principios, luchábamos por esta concepción elaborando proyectos de becas para los hijos de los trabajadores. Y hoy, 1983, 1984 venía leyendo recién en el tren un despacho de la UNESCO que, en todo el mundo la gran inquietud es la adecuación del graduado a la realidad. Hoy, todos están viendo cómo combinar el trabajo productivo y la enseñanza. Porque es necesario liberar fuerzas, es necesario armonizar la vida del hombre, para ir creando otro tipo de sociedad.

Queremos una universidad con otro contenido, que bucee la tradición nacional, que nos dé un método de interpretación de la realidad, un método de aprendizaje que jerarquice la práctica sobre la teoría y que también nos proteja la carrocería, que nos cuide el físico porque es el estuche de la cabeza.

Queremos también romper las paredes de la universidad haciendo una fusión entre la universidad y el medio, que los estudiantes y los profesores realicen trabajos prácticos fuera de la universidad, en los barrios, en el interior, haciendo trabajo social, creando un nuevo graduado. Un graduado que sabe que no consiguió una patente para vivir mejor, para hacer mejores negocios con las obras sociales, sino un graduado mejor capacitado para servir a su pueblo. Este nuevo graduado tendrá una correcta inserción en la realidad, garantizando así su equilibrio integral y el de su familia.

Esta universidad tenemos que crearla con fuerza y esto lo hacen nuestros compañeros mañana, tarde y noche. A veces están organizando las convenciones sobre los contenidos de planes de estudio de diversas carreras. Y los demás, ¿a qué juegan?. Si nos conviene, si no nos conviene. ¿Adónde están los materiales de trabajo?. ¿Adónde están las elaboraciones de los demás grupos que creen que la universidad es el lugar para jugar a la política?. ¿Adónde está el aporte para la universidad como forma cultural de la Nación Argentina para todos los sectores sociales del país?. Ahí están solamente los trabajos de los compañeros del MNR.

Nosotros creemos que estos 25 años tienen una clave: sumando, dialogando, no imponiendo. El país ha vivido una realidad terrible y la sigue viviendo, una realidad que revienta nuestras propias cabezas y la de nuestras familias. No tenemos que perder el norte, la estabilidad, la sensatez y la ubicación en el proceso histórico de nuestra Patria. Tenemos que ser un punto de referencia para el país, tenemos que ser parte del futuro para la Argentina, debemos ser una alternativa. Tenemos que luchar todos contra esa mezcla que tenemos dentro, de sectarios y de patoteros, porque en ambos sentimientos, se esconde el menosprecio por otros compañeros. Tenemos que respetar a todos. Aprender a escuchar a todos, porque va a ser muy difícil reformular el país y no lo podemos reformular con internas como los partidos grandes del ayer.

Como lo vemos todos los días necesitamos una identidad que no es una homogeneización, que no es la no-disidencia. Pero que es la convivencia en la disidencia, que es convivencia en el intercambio de diversos puntos de vista. Tenemos que aprender a combinar, a coordinar nosotros como primera obligación de todos los días frente a los compañeros. Tenemos que avanzar urgentemente. Estamos jugando una carrera contra reloj.

Estamos construyendo la alternativa del país. Entre esta Argentina y el caos sólo hay una posibilidad: el acuerdo nacional. Y perdónenme compañeros invitados, pero no tengo muchas oportunidades de hablar con los jóvenes universitarios de Rosario, como esta noche, que me vaya un poquito del MNR. Nosotros que somos respetuosos de todos los pensamientos, que nos hemos quedado afónicos sosteniendo la necesidad del funcionamiento de las Organizaciones Programáticas, del respeto del propio pensamiento de cada compañero que no pertenezca al PSP, debemos volcar todas nuestras energías para lograr la coordinación y la armonización, cada vez con mayor número de compañeros. Porque solamente en ese respeto está el germen del posible futuro país; en esta disidencia armónica está la posibilidad de que los argentinos nos unamos, nos pongamos de pié y reasumamos la conducción de nuestro proceso histórico que debemos de reformular urgentemente. Pero si no tenemos esa comprensión de que la revolución pasa por la coordinación, pasa por la integración, pasa por la suma y no pasa por el enfrentamiento, por el agravio y la división, estamos haciendo nosotros el juego a los enemigos que ya han degradado a nuestra patria en la actual situación.

Tenemos que desarrollar las Organizaciones Programáticas porque ellas son las bases democráticas de la realidad universitaria. Y dentro de la programática tenemos que defender el juego limpio, el juego democrático de la disidencia. Y cada documento, cada pronunciamiento de una Organización Programática no tiene que ser una copia de un documento del MNR, ni de un documento del PSP, sino que tiene que ser la síntesis real, exacta, sin trampas, sin acentuaciones que no obedezcan a la realidad, de lo que piensan la totalidad de los compañeros que integran la Programática. Solamente así se puede avanzar, crecer y dar el ejemplo de que en la Argentina está pasando algo nuevo. De que existen argentinos que están jerarquizando sobre sus disidencias la construcción de un nuevo país.

Y esta misma conducta la llevan nuestros compañeros a las vecinales y a las cooperativas, porque queremos que conozcan lo que pensamos; y está claro, queremos convencerlos de que lo que pensamos es lo mejor. Pero esto no quiere decir que se quiera manipular a nadie. Esto quiere decir que hay un trabajo conjunto, unitario, que debemos desarrollar. Queremos ampliar las bases de la democracia real argentina, debemos ocupar el espacio para evitar el crecimiento de la reacción. Entonces, en cada facultad, en cada curso hay que unificar sobre las disidencias, debemos sacar el pensamiento síntesis de ese curso, de ese departamento, de esa comisión, de ese práctico, de esa sala. Deben estar todos participando, opinando y resolviendo democráticamente según el criterio de la mayoría. Esto es lo que afianza la democracia, que los pasillos, los patios, la biblioteca, estén llenos de estudiantes participando porque les facilitamos la participación. porque saben que no les trampeamos, que no los utilizamos, porque se sienten por primera vez respetados en sus ideas.

Así ganamos a los compañeros al Socialismo Popular, los ganamos con trabajo voluntario para hacer escuelas, dispensarios, maternidades, para hacer kilómetros de veredas de emergencia. Porque cuando termina el pueblo esas obras, no les ponemos es la obra de tal intendente, de tal doctor; sino es la obra de este pueblo. Entonces la gente no se ve utilizada y en la próxima obra va más gente a trabajar porque siente que es capaz de cambiar la realidad sin necesidad de viajar a Santa Fe, ni de ir a ver al doctor ni al general para que le hagan la vereda; que él la puede hacer si se une; si sale a conversar con el socialista, con el radical, con el justicialista. Tenemos que demostrar que podemos hacer el país de los de abajo, armonizando en democracia.

Esto es fundamental, que nunca tengamos que agarrar el atajo, porque lo importante es que el pueblo participe. Lo importante no es sacar una declaración más parecida a la que piensa el MNR, a lo que dice la editorial de la Vanguardia. Lo importante es que el pueblo participe, lo importante es que en la Agrupación Programática participen 50, 60. Que los 60 estén opinando es el triunfo de una nueva Argentina. Esto es lo que debemos hacer carne día a día compañeros. Este era el mensaje que les decía, hay que apurarse, estamos contra reloj. Pero no hay que apurarse a salir a gritar para afuera, hay que apurarse a coordinar adentro, en cada lugar de trabajo, en cada fábrica, en cada escuela, en cada vecinal. Sumar, ocupar espacios políticos. Este es el mensaje del Socialismo Popular. Cada uno es un mensaje, no nosotros que aquí somos más. Este es el mensaje: sumemos todos con la voluntad de ser la síntesis del pensamiento de todos.

Esta es la Argentina que gana, porque es la Argentina sin trampas. Esta es la explicación del desarrollo de estos 25 años del MNR. ¿Cuál es la trampa? No hay trampa. Y hoy este mismo esfuerzo lo estamos haciendo en todo el país, para llegar a noviembre con una alternativa Socialista única. Y vamos a tragar cuantos sapos y culebras sean necesarios, porque vamos a darle al país una alternativa nueva, una alternativa de futuro. Y esta alternativa debe estar ligada inexorablemente a la juventud y a los trabajadores. Este país, como les recordaba a los compañeros, lo ha hecho la gente joven. Este país no lo hicieron los que se estaban por ir, sino los que venían llegando. Y la reformulación de este país también la va a hacer la juventud y ustedes tienen que asumirlo compañeros junto a los trabajadores, empezando a reformularlo en cada lugar donde ustedes estén.

Revolución es un hecho concreto, no es un verso, no es un slogan, no son agravios, no son insultos. La revolución es soldar la voluntad argentina, hacer concretar la identidad del país, unir al país. Esa es la revolución. Cuando el país esté unido, cuando el país se tenga confianza y practique la solidaridad, será la revolución. Esa gran revolución la empujamos profundamente entre la juventud y entre los trabajadores.

Esta es la construcción compañeros, amigos del MNR: sumar, coordinar, entendernos. Ir creando con gran unidad esta alternativa para la Nación. Solamente podrán ser libres en la medida en que manejen su espacio y su tiempo. Solamente podrán ser libres en la medida que asuman su identidad, que se pongan de pie. ¿Saben quién es libre? El compañero trabajador que termina de hacer su casa. Él se siente con una fuerza invencible, es absolutamente libre. Pero también les quiero decir una cosa: Ser libres pero racionalmente libres. Ser libre es saltar, pero saltar de un edificio de 10 pisos a la calle es ser esclavo de la muerte por miedo a la vida. No se dejen corromper, defiendan su libertad contra la cual está el sistema, contra la cual está el imperialismo, contra la cual están las industrias culturales, el narcotráfico, el terror, el uso patológico de lo erótico. No se dejen corromper compañeros, que ustedes son la semilla de la Nación. Germinen con la azul y blanca, germinen con el futuro. Germinen con la unidad, con los trabajadores y las mujeres de la Patria.

PONENCIA: CONDICIONANTES DEL DESARROLLO SOCIOPOLITICO IBEROAMERICANO

Guillermo Estévez Boero

Desde nuestra tierra

Reconforta nuestro temple, la convocatoria concretada por el Instituto de Cooperación Iberoamericana. Ella expresa el sentimiento americanista del pueblo español.

Este Encuentro, coincide con la interpretación histórica que hace poco escribiese nuestro ilustrísimo huésped don Claudio Sánchez Albornoz: "Mañana -en la Historia, los mañanas avizorados en el perfil del horizonte requieren a veces siglos, en un mañana de arribo seguro- serán recuerdos históricos las culturas de Francia, de Italia, o de Alemania, pero millones y millones de seres seguirán pensando, hablando, creando ... , alcanzando altas cumbres de civilización; millones y millones de nietos conquistados y de los conquistadores, y de los emigrantes con ellos mezclados en estas tierras incorporadas por España a la civilización occidental" (1).

La coincidencia con la valoración histórica del maestro genuinamente iberoamericano, explica nuestra mancomún presencia en este encuentro, y la valoración del diálogo real que el mismo posibilita.

Para lo más auténtico del pensamiento iberoamericano, para lo mejor de él, la integración del sub continente era necesaria para su progreso aún antes de los procesos de independencia.

Alfredo Palacios nos dice: "Desde antes de la independencia, los americanos de origen español que aspiraban a ser libres trabajaban por la unión de los hijos de la tierra, con la intuición de un porvenir en el que fraternizaran los pueblos" (2).

En nuestra tierra, los hombres comprometidos con la realidad de todos los tiempos, expresaron su adhesión a la causa de la integración iberoamericana.

Castelli -insobornable mensajero de la Primera Junta- en el primer aniversario de la revolución convoca, desde el milenario centro ceremonial de Tiahuanaco, a la unidad de los pueblos de Hispanoamérica.

Bernardo de Monteagudo presenta a la Asamblea del año XIII un proyecto de organización de los Estados Unidos de Sub América.

"Todos los pueblos deben fundirse en uno", José Artigas, y Fray Cayetano Rodríguez, implora en 1816: "Unión, Americanos, no perdamos con nuestras discordias esta preciosa joya que nos vino de lo alto".

San Martín que había emitido proclamas en quechua, aymará, guaraní y araucano, en 1845 escribe: "Yo no soy de ningún partido político, sí, soy del partido americano".

José Hernández, el poeta, escribió en 1860: "La América es la patria del porvenir y no son barreras bastantes a dividirlas nuestros grandes ríos y nuestras altas cordilleras. El espíritu revolucionario que vadeó los unos y horadó las otras, claman por el complemento de la obra empezada".

El gran militante por la integración de América Latina, Manuel Ugarte, produce en 1910 "El Porvenir de la América Española" y en 1914 crea la Asociación Latino Americana.

Hipólito Irigoyen -el gigante acallado- en 1917 convoca en Buenos Aires a un Congreso Latinoamericano. Los Estados Unidos atacan de inmediato la convocatoria de Irigoyen, porque les rompe su farsa de panamericanismo y económicamente logran presionar a los países del subcontinente. Sólo México -que viene de producir su gran transformación social, amarrada en ricas raíces mayas y aztecas- llega a Buenos Aires; ambos países se encuentran en una política de integración.

En 1925 se funda la Unión Latino Americana, inspirada por José Ingeniero. Alfredo M. Palacios es su primer Presidente. Deodoro Roca funda la filial Córdoba.

Quien fuera electo tres veces Presidente constitucional de la República, el General Juan D. Perón, expresó: "La integración continental de América Latina es indispensable: El año 2000 nos encontrará unidos o dominados".

Al llegar, desde nuestra tierra a este Encuentro, lo hacemos -en consecuencia- continuando la tradición de nuestro pueblo.

De suyo, que el pensamiento integrador no es exclusivamente de argentinos, don Juan Egaña, peruano residente en Chile, en abril de 1810, enunció la idea de un Congreso que considerara la necesidad de la unión de todos los pueblos de origen español. O'Higgins adhirió fervientemente a la idea de la integración americana. La Suprema Ley venezolana de 1812, dispone que pueden ser miembros del poder ejecutivo los que, nacidos en el continente colombiano, hubieran residido durante un año en Venezuela. En nuestro norte: México, basta recordar la personalidad y la obra de José Vazconcellos.

El significado de la integración de Iberoamérica, que han percibido nuestros pueblos, también ha sido comprendido por quienes lucran con nuestra dependencia y por ello obstaculizan la integración. A título de ejemplo grotesco vale mencionar que las transnacionales de los medicamentos -no ajenas al derrocamiento del presidente Arturo Ilia- han financiado los últimos tiempos reiteradas y "solicitadas" -de página entera- proclamando que Argentina no tiene nada en común con el Tercer Mundo.

La dependencia cultural que padecemos ha hecho desaparecer de los escaparates de las librerías y del contenido de la enseñanza, a la mayor parte de los autores que hemos recordado, reemplazándolos por los "best-sellers", producido por simples intrascendentes, y promovidos por las transnacionales para obstaculizar el pensamiento trascendente de nuestros pueblos. De esta manera el vaciamiento cultural acompaña al vaciamiento económico de nuestros países.

En esta materia, no sería equitativo silenciar nuestra admiración por la resolución del gobierno de Acción Democrática, encabezado por el Presidente Carlos Andrés Pérez, de rescatar a través de la colección Ayacucho, los valores literarios e históricos de la América Latina.

El análisis de la dependencia cultural con sus polifacéticos efectos, resulta imprescindible para comprender la realidad económica y social de las Repúblicas iberoamericanas.

La década de los setenta

Al promediar la década de los setenta, los sureños del continente americano nos enfrentamos con una dramática realidad sociopolítica: En Uruguay, Chile, Argentina y Bolivia regímenes dictatoriales oprimían a nuestros pueblos con una intensidad no experimentada anteriormente en el Cono Sur. Paraguay y Brasil, soportaban regímenes pseudorepublicanos que en medio de múltiples medidas proscriptivas montaban periódicamente un símil de elecciones libres. Estas realidades, con diferentes matices, pero semejantes en lo esencial, comprendían a más de 180 millones de mujeres y hombres a quienes se les había arrebatado por la fuerza los derechos políticos y el goce de las garantías y derechos constitucionales; en una de las regiones más ricas del globo, 180 millones de hombres y mujeres no podían elegir su gobierno ni dictar sus leyes.

La corrupción se agiganta ante el desconocimiento de la soberanía popular. Acerca de la degradación social que este hecho acarrea Jawharlal Nehru expresó: "La gente ve que vive en un ambiente de corrupción y se corrompen ellos mismos. El hombre de la calle se dice a sí mismo: "Bien, si todo el mundo está corrompido, ¿por qué no lo voy a estar yo?". Este es el clima que se quiere crear y que hay que frenar".

Para modificar una realidad es necesario estudiarla. Quienes sustentamos la plena vigencia de todos los derechos democráticos para nuestros pueblos, debemos analizar las causas que determinaron la realidad socio-política que venimos describiendo.

Estos regímenes, además del desconocimiento de los derechos constitucionales, tienen en común su filosofía económica y el menosprecio por los sectores postergados de la sociedad.

Los modelos neoc1ásicos de economía de mercado impuestos en todos estos países, han beneficiado exclusivamente a las transnacionales -fundamentalmente a su sector financiero- y a sus socios nativos, en detrimento directo de la pequeña y mediana industria nacional y fundamentalmente de los trabajadores. Dentro de estos últimos, quienes padecieron y padecen la agresión más brutal del proyecto de las transnacionales, son los trabajadores no calificados.

Concuerda O. Muñoz: “... nuevas élites empresariales y financieras que, a diferencia de las viejas burguesías industriales, se identifican y asocian con las tecnocracias de las empresas transnacionales. También se configuran nuevos sectores medios de profesionales, empleados y trabajadores altamente calificados, que, mediante su incorporación a las jerarquías laborales de los sectores modernos, han podido asimilarse a los nuevos patrones de consumo y constituir así la base dinámica interna de este estilo de desarrollo. Al margen de estos beneficios tiende a aparecer la gran masa de empleados y trabajadores no calificados, los campesinos, los jubilados y pensionados, el grueso de los llamados trabajadores por cuenta propia y una significativa proporción de pequeños empresarios y comerciantes en vías de proletarización" (4).

Resulta por demás ilustrativo del drama de nuestros pueblos, el constatar estadísticamente, la coincidencia en el tiempo de los "paquetes" de medidas económicas confiscatorias de las remuneraciones, con las escaladas de represión. En un solo país, Argentina, es dable afirmar, en forma estimativa, que desde 1976 a la fecha, a los trabajadores se les ha sustraído del poder adquisitivo de su salario, una suma superior a nuestra abultada deuda externa de 45 mil millones de dólares.

Los trabajadores han padecido modelos económicos que han congelado los salarios y liberado los precios, disminuido los beneficios de las obras sociales, liberado los alquileres, eliminado la gratuidad de la asistencia médica y de la educación. Estos despojos hay que sumarios a la disminución del poder adquisitivo de los salarios.

Resulta claro, en consecuencia, que la situación del Cono Sur fue motivada por el desarrollo de la organización de los trabajadores, la conquista y el acceso a mejores niveles por parte de los sectores medios de la comunidad, había determinado el incremento de la participación de estos estratos en la renta nacional.

Las transnacionales y sus asociados, cabalgando sobre diversas realidades nacionales, apuntalaron la implantación de regímenes dictadoriales a los efectos de imponer a su amparo modelos económicos que les permitiesen incrementar su participación en la renta de esos países.

Dice Raúl Prebisch: "El empleo de la fuerza permite frenar o suprimir el poder sindical y político de las masas y restablecer el excedente y su potencial de acumulación, haciendo retroceder lo que se había ganado más allá de ciertos límites en la presión redistributiva" (5).

El poder sindical se expresa en el accionar por el mejoramiento de las condiciones de trabajo y el aumento de las remuneraciones. El poder político tiene por objeto la obtención de ventajas sociales (salud, educación, vivienda, seguridad social).

Queda claro, en consecuencia, que el enfrentamiento en nuestra región no es entre civiles y militares, ni entre creyentes y ateos, sino entre las transnacionales -y sus agentes nativos- y las mayorías nacionales, por la apropiación de un mayor porcentaje de la renta nacional.

La vigencia de los derechos políticos y constitucionales, es incompatible con la aplicación de los modelos económicos implementados por los regímenes enunciados e ideados por los discípulos de la escuela de Chicago.

En estos modelos económicos desemboca indefectiblemente el llamado capitalismo periférico.

A esta altura surge una pregunta ¿queremos mejorar el capitalismo periférico o queremos promover un nuevo sistema económico para los pueblos de Iberoamérica y del resto del Tercer Mundo? Con claridad nos definimos por la segunda alternativa.

Situación actual

Primer objetivo: La vida

Para estructurar el futuro de Iberoamérica se necesita respeto a la vida y respeto a la soberanía popular. Necesitamos, que se cumpla la sentencia del Libertador Simón Bolívar: "La voluntad general del pueblo será para mí, siempre, la Suprema Ley".

En países donde el estado de derecho es inexistente, como en el 'Cono Sur, nadie garantiza la vida de nadie. Adquiere dramática vigencia para nuestros pueblos la frase de Albert Camus: “... con la imagen de la Peste quiero expresar el ahogo que sufrimos todos, y la atmósfera de amenaza de muerte y de exilio en que vivíamos".

La situación se agrava en estos momentos de suma tensión internacional, porque los iberoamericanos desconocemos, si a los fines estratégicos de las grandes potencias les conviene, mañana, desestabilizar alguno de nuestros gobiernos o "libanizar" alguno de nuestros países. Ignoramos si a las grandes potencias les conviene promover un conflicto bélico, en nuestra región, a los efectos de canjear su resolución por otra en el Medio Oriente, en el Sudeste Asiático o en cualquier punto del planeta.

Por ello, los pueblos iberoamericanos aunque sepan, que Europa es el principal escenario de confrontación misilística, deben militar incansablemente por la causa de la paz y del desarme, porque con la disminución de la tensión internacional, disminuirá la posibilidad de desestabilización o de "libanización" de sus países.

Debemos batallar por el desarme y la distensión, porque somos conscientes de que nuestra vida es parte de la vida del planeta, y si ella termina, concluye la nuestra.

Cincuenta y cuatro Premios Nobel declararon: "No podemos permanecer inactivos y observar cómo se aproxima el desastre. Nuestro conocimiento nos dice que la totalidad de la humanidad está crecientemente en peligro de muerte, y que debemos usar este conocimiento para crear esperanzas y salvación, para dar consistencia a nuestras creencias y opiniones... ahora es el tiempo de actuar, ahora es el tiempo de crear, ahora es el tiempo de vivir de manera que podamos dar vida a otros" (6).

Es caer en lugares comunes, recordar que cada minuto la humanidad gasta más de un millón de dólares con fines militares, y que la fabricación y venta de armamentos, constituye el segundo mayor negocio del mundo, después del petróleo. La administración Reagan ha hecho del presupuesto militar un incentivo para la actividad económica de su país.

Las conversaciones oficiales por el desarme parecen estancadas, en todos los niveles y en todos los campos, se hace entonces necesario recurrir enérgica y urgentemente a lo que el "Documento final" de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1978 denominó la "Movilización de la Opinión Pública Mundial en Favor del Desarme". "Esta podría llegar a ser un instrumento eficaz para alcanzar finalmente ese objetivo", ha escrito Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz (7).

También motiva el accionar por el desarme de los pueblos iberoamericanos, la necesidad de derivar los recursos destinados a la adquisición de armamentos en sus propios países, a la satisfacción de sus necesidades en los rubros de salud, educación y vivienda.

No es ajena a la tradición de nuestro pueblo la inquietud del desarme.

Juan Bautista Alberdi, en la "Memoria" que presentara en 1844, en la Universidad de Chile, planteaba la necesidad de que "se pactara el desarme general, concediendo a cada Estado el empleo de las fuerzas indispensables para el mantenimiento de su orden y declara hostil a América, al que mantuviera fuerzas que no fueran estrictamente necesarias" (8).

La Unión Latino Americana, al constituirse en 1925 planteó la "reducción de los armamentos nacionales al mínimo compatible con el mantenimiento del orden interno" (9). En definitiva, debemos comprender que es vital para nuestros pueblos la distensión en el orden mundial, y, obrar en consecuencia.

Concurre también al objetivo de asegurar la vida de nuestros pueblos, alejando al espectro de la guerra, la creación de un tribunal o de un mecanismo de arbitraje forzoso para resolver las cuestiones que se suscitan entre los pueblos iberoamericanos.

Entre nuestros países, existen una serie de problemas limítrofes pendientes. Desde siempre ha sido por demás positivo resolverlos pacíficamente, hoy, en el mundo de tensiones que vivimos, resulta imprescindible que así se haga para evitar, a cualquier precio, todo conflicto cuyo desarrollo puede escaparse totalmente al control de los propios países que los han iniciado, debido a la interferencia de las grandes potencias.

En consecuencia, sería útil la convocatoria de una reunión no gubernamental de especialistas, a los efectos de proyectar un tribunal y un mecanismo de arbitraje forzoso para la resolución de los diferendos entre los países de la región.

Es obvio, que para solucionar los problemas existentes, no puede concurrirse a los organismos de la OEA, ya que de ella participa quien instiga e interviene en la casi totalidad de los conflictos de la región.

Segundo objetivo: Soberanía popular

Debemos planteamos el reconocimiento de la soberanía popular, como el único basamento válido para la organización institucional de nuestros países. También debemos comprender, y deben comprender nuestros amigos del mundo, que el ejercicio de la soberanía popular no corregirá automáticamente todos los problemas, ni va a cambiar el tiempo de la degradación nacional en tiempo de edificación nacional, en forma inmediata.

La medida del tiempo para nuestra tierra, la medida de tiempo que pasará para transformar nuestra sociedad, está determinada por nuestro trabajo, por el trabajo de los iberoamericanos para mejorar el nivel de conciencia y organización del pueblo, y fundamentalmente de los trabajadores. Este es el reloj del tiempo social. El avance de la conciencia, el avance de la organización de los sectores populares, es el almanaque de la Historia. No es cuestión de poner1e una fecha aquí, a la instauración de un nuevo modelo, es cuestión de ponerle fecha en las fábricas, en el surco, en los barrios, en las aulas (10).

Un nuevo país, un nuevo sistema, demora en organizarse. Y el tiempo que demora, es el tiempo que tarda en comprender el pueblo y fundamentalmente los trabajadores, la necesidad imprescindible de un nuevo sistema.

Quienes en Iberoamérica hemos vividos la experiencia diaria de nuestros pueblos, los que hemos escuchado la prédica utópica de la aceleración de los procesos -que sólo aceleraron el dolor y la pérdida de la juventud- los que hemos escuchado y padecido a los que reiteradamente han quebrado el orden constitucional -en beneficio de las transnacionales- los que hemos sobrevivido a todo eso, hemos aprendido a respetar el tiempo de avance de los pueblos. Hemos aprendido que las realidades sociales e institucionales no se importan; ni del Este ni del Oeste. Hemos comprendido que la estabilidad política nace de la capacidad de organización del pueblo, de su capacidad para neutralizar a sus enemigos.

Quienes nos han impuesto una economía determinada por las fuerzas del mercado, también pretenden imponemos una concepción del Estado, cuyo objetivo sea la garantización de una libertad concreta para una minoría y abstracta para una mayoría. La ciencia política contemporánea recorre el camino inverso.

La Ley fundamental de la República Federal alemana sanciona en su artículo 28: "Un Estado democrático y social de derecho". El artículo 1 de la Constitución española de 1978 reza: "España se constituye en un Estado social y democrático de derecho". La inversión del orden de los adjetivos marca el rumbo del avance de los textos constitucionales que reflejan las exigencias de los pueblos.

"El Estado social, parte de la experiencia de que la sociedad dejada total o parcialmente a sus mecanismos reguladores, conduce a la pura irracionalidad y que sólo la acción del Estado... puede neutralizar los efectos difusionales de un desarrollo económico y social no controlado", asevera Manuel García Pelayo (11).

Nosotros iberoamericanos, debemos pagar el precio a la interrupción de nuestra vida institucional. Esto debemos comprenderlo. Sobre todo debemos comprender los errores de los gobiernos elegidos por el pueblo, que son los únicos que no se aceptan y los únicos que se juzgan. Mientras que los gobiernos que nadie eligió -cuyo primer error es existir- creen que no cometen errores y que no pueden ser juzgados por nadie.

El tiempo es del pueblo y no de los usurpadores. Pasará tiempo antes de resolver los problemas. Pero la administración y el manejo de ese tiempo le corresponde al pueblo. Por ello reiteramos la imprescindible necesidad de defender la soberanía popular y la vida institucional que la representa.

Es necesario que los países europeos, principalmente de la Europa democrática y socialista, colaboren en todas las formas posibles con los gobiernos iberoamericanos representativos de la voluntad popular.

Las antiguas formas institucionales de la soberanía popular, deben ampliarse de forma inmediata con la concreción de nuevas instancias de participación popular, a todo nivel.

"Será en vano satisfacer al elector mediante manipulaciones del derecho a votar. Será menester imaginar otras formas y otros ámbitos de utilización de las fuerzas colectivas. La democracia social o la democracia económica son fórmulas que responden a esas exigencias", dice Burdeau (12).

La fisonomía del Estado debe transformarse a través del incremento de la participación. Resulta imposible concebir un nuevo modelo económico que reemplace al actual capitalismo periférico, sin pensar en la adopción de concretas medidas socialistas.

Es necesario comprender y asumir la absoluta incapacidad del sistema capitalista periférico, para satisfacer las necesidades básicas de nuestros pueblos y garantizamos una vida en democracia. Cada vez más el drama de occidente nos enseña, que es más difícil conjugar capitalismo y democracia y la voluntad popular está conjugando socialismo y democracia. Nos acota, Manuel García Pelayo: “... el socialismo no anula la democracia, sino que la perfecciona" (13).

Como ayer escuchábamos al Club de Roma, dar el alerta final acerca de las futuras posibilidades de crecimiento del modelo capitalista, hoy debemos escuchar a Raúl Prebisch, a nuestro Raúl Prebisch, que tiene la grandeza de rectificarse ante el mundo, al sostener: "Después de larga experiencia y de un perseverante esfuerzo de la praxis, tuve que ir desbaratando mucho de lo que había aprendido y enseñado; y sólo con el andar de los años, me siento en condiciones de ofrecer a la controversia, un esbozo de mi propia interpretación del desarrollo periférico" (14).

"Mi conclusión es terminante y definitiva. El Estado no necesita socializar los medios de producción ni es conveniente hacerlo. Pero tiene ineludiblemente que socializar para cumplir aquellos objetivos primordiales.

Pues bien, el Estado tendría que captar el excedente de las empresas cuyas dimensiones sobrepasen ciertos límites y en donde surge la mayor parte de tal excedente y retornarlo en gran parte a las mismas empresas de donde surge, pero no a sus propietarios, sino a la fuerza de trabajo, difundiendo así colectivamente la propiedad de los medios colectivos y distribuyendo, asimismo, una parte del excedente para corregir gradualmente las disparidades estructurales del presente régimen" (15).

Podrá ser esta propuesta la más acertada o no, pero lo indiscutible es el agotamiento del sistema capitalista periférico.

En consecuencia, es necesario trabajar para una nueva experiencia de otra profundidad. No por otros hombres, sino por otro sistema. Es necesario concretar en Iberoamérica la alternativa de una sociedad socialista, donde prime la solidaridad y no la competencia que quiebra a los hombres física y psíquicamente.

Hay que avanzar hacia una sociedad socialista y democrática que ponga la economía al servicio del hombre y no los hombres, mujeres, niños y ancianos al servicio de un plan económico.

Los pueblos determinarán el derrotero futuro, para ello es necesario posibilitar la organización y la expresión del pueblo a través de nuevas formas de participación.

Por ello, en el pensamiento político contemporáneo, cada vez más se asocia a los vocablos de socialismo y democracia, el de participación. Porque la participación es la única que garantiza que el socialismo sea democrático y que la democracia mantenga y profundice formas socialistas en la actividad productiva.

Hay quienes se preocupan de saber cómo funcionarán los nuevos modelos; el nuevo modelo es necesario afrontarlo sin preconceptos. El no será la copia de otros modelos anteriores, ni la yuxtaposición de parcialidades anteriores, él será algo nuevo que crearán los pueblos para satisfacer sus necesidades materiales y espirituales, será el resultado de aciertos y de errores, de marchas y contramarchas y una vez concluido, veremos cómo funciona y como siempre la buena teoría emergerá de la realidad.

Nos dice Georges Burdeau: "El hombre no comienza por imaginar ciertos principios abstractos (justicia, igualdad, etc.) para deducir de ellos la estructura de la sociedad en la que se realizarían plenamente. El hombre concibe primero un tipo concreto de organización del grupo; lo ve. Los principios se deducen luego bajo formas de líneas de fuerza de esta organización" (16).

Prebisch nos agrega: "Como quiera que fuere, la transición hacia un nuevo sistema será larga, difícil y expuesta a muchas vicisitudes" (17).

En consecuencia, nosotros no podemos, ni debemos esperar a la proyección de un nuevo sistema para decir a nuestros pueblos y al mundo, que el sistema capitalista periférico, hoy vigente en nuestros países, ha demostrado ser absolutamente ineficaz para satisfacer las necesidades materiales y espirituales de los hombres y de las mujeres de Iberoamérica.

Cuando se comparan situaciones o cuadros históricos, es factible establecer relaciones superficiales, corriendo ese riesgo, diremos que España hace casi medio siglo vivió el drama que hoy queremos evitar en nuestra tierra. El pueblo español ha superado ese drama, aprendamos de él, de sus trabajadores, de su juventud, el camino es socialismo y democracia.

(1) Sánchez Albornoz, Claudio: "La Edad Media española y la Empresa de América", Madrid, pág. 16. (2) Palacios, Alfredo L.: "La Comunidad Iberoamericana - Bolívar y Alberdi", Abeledo y Perrot, Buenos Aires, 1959, pág. 14. (3) Myrdal, Gunnar: "Reto a la pobreza". Edit. Ariel, pág. 287. (4) Muñoz, O.: "Distribución del ingreso en América Latina", pág. 12. (5) Prebisch, Raúl: "El Nuevo Orden Económico Internacional y Valores Culturales, dos mitos del capitalismo periférico", Instituto de Cooperación lntercontinental , imprenta Pablo López , Madrid, 1979, pág. 17. (6) Desarrollo, núm. 2, 1982, Madrid, pág. 3. (7) Ob. cit. pág. 10. (8) Palacios, Alfredo L., ob. cit. pág. 74. (9) Palacios, Alfredo L. "Nuestra América y el Imperialismo", editorial Palestra, Buenos Aires, 1961, pág. 23. (lO) Estévez Boero, Guillermo: "Argentina en el Tiempo". Buenos Aires, 1980. (11) García Pelay o, Manuel: "Las transformaciones del Estado contemporáneo", Editorial Alianza, Madrid, pág. 22 Y siguientes. (12) Burdeau , Georges, "Traité de science politique", tomo l. pág. 413. (13) García Pelay o, Manuel: Ob. cit., pág. 16. (14) Prebisch, Raúl: Ob. cit.. pág. 9. (15) Idem, pág. 23. (16) Burdeau, Georges: Ob. cit., tomo 1, pág. 190. (17) Prebisch, Raúl: Ob. cit., pág. 25.