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El MNR y la lucha del pueblo argentino contra la dictadura y el imperialismo

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Mayo de 1969 significa para los argentinos, un mes de pérdidas irreparables para la liberación nacional; pero también significa una victoria, un triunfo, el del 29 de mayo, que las mayorías nacionales infligen a la Dictadura mercenaria y a los monopolios extranjeros.

En las calles de nuestro país, se unieron los distintos sectores de nuestro pueblo, elevando la bandera azul y blanca y entonando las estrofas del Himno Nacional, a la par que exclamaban: Abajo la Dictadura Militar. ¡Basta de represión!.

El MNR luchó junto al pueblo y vio caer la sangre de sus mártires, y por eso creyó que ante la existencia de la Dictadura mercenaria que reprimía, que asesinaba, que encarcelaba, era necesario bregar por el logro de formas políticas que posibiliten la participación del pueblo.

Por ello exigía la convocatoria a elecciones, porque cree que el rol protagónico de los trabajadores y de las mayorías nacionales, que serán indudablemente los que escribirán las páginas de nuestra historia.

Porque queremos un Bello, Cabral, Blanco vivos, que puedan contribuir a construir la liberación de nuestra patria.

 

El MNR Y LA LUCHA DEL PUEBLO ARGENTINO CONTRA LA DICTADURA Y EL IMPERIALISMO

Triunfo popular

El 29 de mayo de 1969, las grandes mayorías nacionales infligieron una derrota terminante a la Dictadura mercenaria, y a los monopolios extranjeros y a los reducidos grupos del privilegio nacional que cabalgan con ellos.

Esta acción fue posibilitada por la participación unánime de los trabajadores, por la decidida actitud de los estudiantes y por la colaboración de los diversos sectores de nuestro pueblo.

En síntesis, fue un triunfo de las mayorías nacionales, así articuladas, que derrotaron en la ciudad y en el campo a la Dictadura mercenaria y a sus representantes, los monopolios extranjeros.

Derrotaron a los grupos  que dirigen a la Bolsa de Comercio, la Unión Industrial Argentina, la Sociedad Rural Argentina, ACIEL, a los dirigentes gremiales participacionistas, al frondo – frigeriano y a los sectores corporativistas y falangistas que ejercen la función pública.

Su motivación

La coincidencia real  concreta de los sectores populares en el repudio a la Dictadura mercenaria y a la planificación económica que se impone desde el extranjero, fue posible porque ellas son contrarias a los intereses nacionales y afectan a la gran mayoría del pueblo argentino.

La presencia de estas mayorías en las calles de la República, demuestran la veracidad incontrarrestable de esta afirmación.

Es evidente la existencia de hechos emotivos desencadenantes como los son los asesinatos ordenados de los estudiantes Cabral, Bello y del joven obrero Blanco.

Debemos comprender entonces, que el repudio hoy expresado tiene sus raíces concretas y reales en la disconformidad de las grandes mayorías nacionales con la existencia de la Dictadura mercenaria y su política económica, que se sintetiza en el incremento de la expoliación de los trabajadores, en la entrega de nuestro patrimonio nacional y en la asfixia de las pequeñas y medianas empresas argentinas de la ciudad y del campo.

La Dictadura y los grupos sectarios pretenden negar esta motivación de la conducta del pueblo argentino atribuyéndola a factores emocionales y a la presencia de pequeños grupos.

La Dictadura sostiene que la movilización masiva del pueblo obedece a la labor de pequeños grupos izquierdistas. A su vez, los grupos sectarios expresan que solamente ellos tienen conciencia de la movilización y pretenden desde dentro de las piezas o de los bares, fabricarles a ésta un contenido.

Unos y en otros se hallan hermanados en su aislamiento y en su desprecio por las mayorías nacionales.

Quienes arrojan estas versiones acerca de la movilización, ¿cómo explican la existencia de los miles de comunicados en solidaridad con la lucha del pueblo? ¿Cómo explican la unidad de la CGT en Rosario, Córdoba y Tucumán?.

Nada de esto pueden explicar porque no jerarquizan, como lo más importante, la presencia masiva del pueblo en la las calles, sino que, coincidiendo con la interpretación de la Dictadura, jerarquizan la existencia de algunos incendios y de algunos franco – tiradores.

Quien pretenda negar que las grandes manifestaciones se realizaron encabezadas por banderas argentinas, entonando el Himno Nacional y reclamando LIBERTAD, está al servicio de la Dictadura Militar y del imperialismo, es un obnubilado, o no participó de las movilizaciones del pueblo.

El pueblo no exclamó en coincidencia con Onganía ni golpe ni proceso electoral. El pueblo exclamó ¡BASTA!, FUERA LA DICTADURA Y TODO LO QUE ELLA REPRESENTA!.

Es muy difícil, imaginar la seriedad de una lucha contra la Dictadura y el imperialismo.

Es muy difícil imaginar un enfrentamiento con los agentes de los monopolios extranjeros – como Arturo Frondizi – cuando se coincide con sus postulados al negar el proceso electoral.

Es muy difícil imaginar una conducta al servicio de los trabajadores y en defensa de sus intereses, cuando se coincide con los dirigentes participacionistas en la permanencia de la Dictadura mercenaria.

En esta lucha, el pueblo, las grandes mayorías nacionales, los trabajadores, los estudiantes, han obligado a sus dirigentes a unificarse. Todos aquéllos que pretendían mantener organizaciones vanguardistas, que jugaran como reflectores de la luna, fueron derrotados por las masas, tuvieron que poner sus planes en sus bolsillos y participar en las movilizaciones del pueblo, como las marchas del silencio y los paros generales.

Desde los núcleos más sectarios hasta las entidades que más han retaceado su participación en la lucha contra la Dictadura se vieron obligados, ante el clamor popular a adherirse a las movilizaciones decretadas por las mayorías nacionales.

Ahora se pretende dar a estas movilizaciones diversas interpretaciones y diversos contenidos; infantilmente pretenden eludir el mandato popular.

Este mandato ha sido expresado claramente: ¡basta de dictadura! ¡basta de represión! ¡basta a una política de entrega! ¡Devolución de la soberanía a su legítimo dueño: el pueblo!

                               

El camino

La Dictadura no tiene bigotes y el imperialismo galera. Son hechos concretos y no figuras simbólicas; a ambos se los derrota no proclamando la revolución y a intervalos, sino realizando la revolución.

En Argentina, el camino de la revolución es muy claro: el enfrentamiento a la Dictadura mercenaria y al imperialismo.

El enfrentamiento debe realizarse en forma concreta y real, y no declamando.

Es preciso, en consecuencia, atacar los hechos concretos y reales la Dictadura mercenaria y de los intereses que ésta representa.

La Dictadura son los Sindicatos intervenidos, la lucha revolucionaria es la lucha contra la Intervención de los Sindicatos y por su devolución a los trabajadores.

La Dictadura es el irrisorio aumento de 8%, la lucha revolucionaria es por mayores aumentos de salarios, que posibiliten una vida decorosa, y la satisfacción de las necesidades de los trabajadores argentinos.

La Dictadura es la legislación de farmacias y medicamentos, que hace a éstos inalcanzables para grandes capas de nuestra población. La lucha revolucionaria es la organización y da batalla por la derogación de estas leyes, que tienden a favorecer exclusivamente a los monopolios extranjeros que fabrican el medicamento y a los supermercados extranjeros que pretenden venderlos, y los venden.

La Dictadura es la limitación en el acceso a la Universidad; la existencia de planes de estudios limitacionistas, los aranceles, el cercenamiento de la Obra Social y los Comedores Universitarios; la pérdida de la Autonomía Universitaria, de las autoridades electivas y la existencias de Decanos y Rectores serviles a la Dictadura. La lucha revolucionaria es exigir la derogación del limitacionismo y de los planes de estudios irracionales, es luchar por la gratuidad de la enseñanza, por la defensa de las Obras Sociales y de los Comedores, por la Autonomía Universitaria, por el Gobierno Tripartito, por las autoridades electivas, por la expulsión de Rectores y Decanos serviles.

La Dictadura es la clausura de escuelas, su privatización, el embate a la co – educación, la clausura de cursos a nivel secundario y primario, la imposición de aranceles a la enseñanza, la conducción del aparato educacional por parte de los falangistas y corporativistas y el desconocimiento de organizaciones docentes. La lucha revolucionaria es contra la clausura de escuelas, por la co – educación, por la apertura de cursos  en todos los niveles, contra los aranceles, por la expulsión de los falangistas y corporativistas del aparato educacional y por el reconocimiento de las organizaciones docentes.

La Dictadura y el imperialismo son la entrega del patrimonio nacional, son la entrega de nuestra riqueza petrolera, son la entrega de nuestro transporte aéreo y marítimo, son la destrucción de Agua y Energía, son la destrucción de nuestro transporte ferroviario, son la entrega de Gas del Estado. La lucha revolucionaria es la defensa del patrimonio nacional, de nuestro petróleo, de nuestro transporte aéreo, de nuestro transporte marítimo, de Agua y Energía, de Gas del Estado, de nuestro ferrocarril.

La Dictadura es el cercenamiento de las operaciones de las Cooperativas de Crédito, la liquidación de la Banca Nacional, la monopolización de las Compañías de seguros, la proliferación de las financiadoras  y al aumento de una operativa bancaria al servicio del privilegio nacional y de los monopolios extranjeros. La lucha revolucionaria es la defensa de las Cooperativas del pueblo y la lucha por una política bancaria y de Seguros al servicio del país.

La Dictadura es el manejo del sistema previsional por parte de los representantes del privilegio. La lucha revolucionaria es la lucha por reintegrar el manejo del sistema previsional a los representantes del pueblo.

La Dictadura y los monopolios extranjeros son los consejos de guerra, los estados de emergencia, la legislación represiva, la decapitación de la justicia nacional y de las justicias provinciales; en síntesis, la no existencia de derechos y garantías para los integrantes del pueblo. La lucha revolucionaria es la lucha contra la existencia de los consejos de guerra, la resistencia al estado de emergencia, la derogación de toda legislación represiva, por la existencia de una Justicia Nacional y Provincial que resguarde los derechos y garantías de los argentinos.

La Dictadura es la disolución de los partidos políticos y la represión de toda actividad política por parte del pueblo. La lucha revolucionaria es la defensa del derecho del pueblo a organizarse y actuar políticamente en defensa de sus intereses.

Este es el camino de la revolución en nuestro país. Claro está que es un camino que exige trabajo y sacrificio las 24 horas del día, y de enero a enero.

Trabajo sí!  Declamación no!

Fácil resulta declamar el cambio de estructura y el advenimiento de un nuevo sistema. Algo más complejo y sacrificado es la lucha cotidiana por el advenimiento de un sistema social más justo, más humano para nuestra patria.

Fácil es declamar la caducidad de todo, pero no luchar por nada real y concreto, siendo que la Dictadura y los monopolios extranjeros no existen en la conciencia, sino en la vida real y concreta.

Fácil es declamar la caducidad del sistema, pero estar ausente en la lucha por la unidad de los trabajadores y del pueblo argentino. En la lucha por la recuperación de los sindicatos. En la lucha por el incremento de los salarios, por la defensa de los centros asistenciales y contra los monopolios de los medicamentos. En la lucha contra el limitacionismo, por una Universidad y una escuela al servicio de las mayorías nacionales. En la lucha por la vigencia plena de las libertades públicas.

Fácil es declamar la caducidad de las estructuras. Difícil es cambiarlas, y miope es no ver la relación de todas las luchas enunciadas entre sí, y comprender que la lucha revolucionaria está integrada por todos los aspectos mencionados y muchos más.

En consecuencia, declamar el advenimiento de un nuevo sistema y no participar en la lucha concreta se transforma, en la práctica, en una conducta contrarrevolucionaria que posibilita el triunfo de la Dictadura y del imperialismo en todos los frenos que a éstos les interese.

A los monopolios extranjeros no les interesa la declamación, les interesan sus inversiones. A la Dictadura no le interesan los debates de madrugada o de café, les interesa la represión del pueblo para evitar que éste se organice en defensa de sus objetivos, porque lógicamente son contrarios a los de los monopolios extranjeros a quienes sirve.

Resulta fácil pretender ridiculizar las luchas parciales de los argentinos, pero al mismo tiempo con ello se presta un efectivo servicio a la Dictadura y al declamado imperialismo.

Resulta fácil ridiculizar las luchas por los derechos sindicales; algo más difícil de explicar cómo se organizarán los trabajadores para desempeñar el papel fundamental que les corresponde en la instauración de nuevas estructuras.

También resulta difícil relativizar las luchas por los derechos sindicales en los sindicatos intervenidos y en aquéllos manejados, desde arriba, por los participacionistas, con toda la fuerza represiva de la Dictadura mercenaria.

Resulta fácil ridiculizar las luchas por las libertades públicas; pero no sería tan cómodo mantener un diálogo al respecto con los trabajadores, estudiantes y ciudadanos condenados por los consejos de guerra.

Resulta fácil sumarse al coro oficial hablando de la decrepitud de las organizaciones políticas argentinas; pero sería peligroso confesar que no se confía en el pueblo para que éste se organice políticamente conforme a sus intereses, y que se lo pretende guiar, en consecuencia, desde grupitos que se autoestiman mentalmente privilegiados.

Resulta alarmante esta táctica por la similitud que guarda con la que empléale Frondo – Frigerismo.

Resulta fácil negar el proceso electoral y declamar el advenimiento de un nuevo sistema; pero resulta difícil señalar las formas concretas y reales de este advenimiento. Sobre todas las cosas, resulta contradictorio con todo nuevo sistema, el permitir en la vida diaria el afianzamiento de la Dictadura mercenaria y de los monopolios, que constituyen la expresión más negativa del actual sistema.

La evidencia de las calles

Se pretende vanamente capitalizar los mártires y las gigantescas movilizaciones populares, en estrechas concepciones totalmente alejadas de la realidad.

Se quiere negar la evidencia de que en las calles de nuestras ciudades y en los paros generales estuvo presente combativamente el Frente del Pueblo, integrado por todos aquellos sectores que a diario se ven perjudicados y reprimidos por la política de la Dictadura mercenaria y de los monopolios extranjeros.

La experiencia viva de las grandes mayorías  nacionales pone de manifiesto la necesidad de su organización y la concretización de un programa común a todos sus integrantes.

A esta inconmesurable tarea pone hoy su hombro el Movimiento Nacional Reformista, con el mismo tesón y con la misma responsabilidad con que iniciamos nuestra convocatoria a la resistencia el 29 de junio de 1966.

Nosotros jamás hemos estado a la expectativa y jamás hemos afirmado que esta Dictadura ayuda. Nosotros no hemos jugado maquiavélicamente a la agudización d4 las contradicciones, y sí hemos defendido los derechos y el patrimonio de las mayorías nacionales, en todos los niveles donde éstos han sido lesionados por la política de la Dictadura mercenaria.

El Movimiento Nacional Reformista         

El Movimiento Nacional Reformista estuvo en la defensa de la Autonomía Universitaria y en la activa resistencia a la Intervención Universitaria. No fuimos nosotros, por cierto, quienes levantamos los paros que permitieron la instauración de los rectores y Decanos al servicio de la Dictadura.

Hemos estado con portuarios y ferroviarios, hemos estado en la defensa de los gremios intervenidos, hemos estado con la lucha de los trabajadores de Tucumán y del Norte Santafesino, hemos estado en la condena de la Ley de Farmacias, en contra de la enajenación de los servicios asistenciales. Hemos defendido servicios sociales de los trabajadores y de los estudiantes; hemos estado, y estamos, en la defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos argentinos; hemos estado, y estamos, en la defensa del patrimonio nacional, económico y cultural de la Nación.

De ninguno de estos atropellos nos hemos sonreído y ninguno nos ha parecido demasiado pequeño o demasiado grande para que ocupara nuestra dedicación. Hemos planteado permanentemente, y volvemos a hacerlo hoy, la constitución y el funcionamiento de las comisiones de lucha en los lugares de trabajo y las comisiones de resistencia en todos los barrios del país.

Estas luchas aisladas, en el tiempo y geográficamente, han ido jalonando el proceso que culminara con la presencia activa del pueblo en las calles, en los últimos días.

Estas luchas, a pesar de su aparente aislamiento, reconocen en su esencia una unidad: El estar todas ellas motivadas por la agresión y la represión de la Dictadura Militar en beneficio exclusivo de los monopolios extranjeros.

Soberanía popular         

El pueblo ha adquirido conciencia de la necesidad de poner fin a esta escalada del imperialismo en la Argentina, y para eso reclama desde los más diversos sectores de la población el reconocimiento de esta soberanía. Este reclamo ha merecido la denegación reiterada de los integrantes de la Dictadura, a quienes curiosamente hacen coro, al unísono, los integrantes del Frondo – Frigerismo y de las sectas que aún actúan en diversas partes del país. Estas últimas, enarbolando banderas revolucionarias, se limitan en la práctica a afianzar la existencia de la Dictadura mercenaria.

El M.N.R. ha reclamado, desde la primera hora, el ejercicio de la soberanía por parte del pueblo. El desarrollo del proceso – tal cual se había vaticinado en nuestros análisis – ha traído aparejado que diversas fuerzas planteen idénticas exigencias en nuestro País. Cabe destacar, entre ellas, las resoluciones del Congreso Normalizador “Amado Olmos” de la CGT de los Argentinos, la resolución de la CGT de Córdoba, que fue la primera que condujo a la realización de un paro total en esa misma ciudad, las recientes declaraciones del Secretariado de Prensa de la CGT de los Argentinos y de diversos dirigentes políticos argentinos en el país y en el extranjero.

Es posible que algunos piensen que de esta forma puede burlarse una vez más al pueblo, pero nosotros confiamos ilimitadamente en la capacidad creadora y ejecutora de nuestro pueblo.

Quienes no confían en él, nada les resta hacer entre nosotros.

La definición                                                

El M.N.R., al adoptar desde hace tiempo esta postura, ha optado por un Agustín Tosco, libre, combatiendo y derrotando al participacionista Taccone y no por un Tosco condenado a ocho años de prisión. Ha optado por la libertad de todos los condenados por los Consejos de Guerra. Ha optado por Pampillón, por Hilda Guerrero de Molina, por Cabral, por Bello, por Blanco y por los asesinados en Córdoba, ¡VIVOS!, luchando al lado del pueblo y no como mártires. Ha optado por procesos judiciales donde se pueda ejercer la defensa, y no por procesos que arrojen condenas impuestas por la Dictadura mercenaria y los monopolios extranjeros.

Estas mismas opciones las han realizado quienes promueven en el país honestamente la convocatoria a elecciones son proscripciones.

Ante la existencia en el país de la actual Dictadura mercenaria, que dificulta y reprime toda organización popular, y especialmente a las organizaciones de los trabajadores, bregamos por el logro de formas políticas que posibiliten la organización de los mismos en la defensa eficiente de sus intereses, creando los instrumentos aptos que le permiten cambiar realmente las actuales estructuras y edificar una nueva sociedad más justa y más humana, donde el hombre dejará de ser explotado por el hombre y los pueblos por el capital. Esta sociedad sobrevendrá a través de las organizaciones del pueblo y no por la voluntad de minúsculos grupos de sectarios.

Al optar por el sendero de la organización del Frente del Pueblo, por el enfrentamiento a todas y a cada una de las medidas de la Dictadura mercenaria, por la denuncia permanente de la penetración imperialista en lo económico y cultural, en la defensa de todos y cada uno de los derechos cercenados a las mayorías nacionales y a la realización de elecciones sin proscripciones, somos consecuentes con nuestra más profunda convicción: la de reconocer al rol protagónico de las mayorías nacionales en nuestra historia, y el de luchar por la existencia  de mejores condiciones, para que los trabajadores de nuestro país escriban las páginas que irreversiblemente están llamados a escribir a través de su conciencia y de su organización.

Mientras este proceso se desarrolla, todos los integrantes del Movimiento Nacional Reformista estarán en todos los confines del país defendiendo los derechos del pueblo y atacando a la Dictadura mercenaria que, al servicio de los monopolios extranjeros, se instaura en nuestro país el 28 de junio de 1966.

 

 


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