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Los estudiantes de medicina contra la represión

Este documento fue elaborado por el A.P.R.I. “Agrupación Pro-Reforma Indoamericana” integrante del MNR, en oportunidad de levantarse el paro que durante 71 días mantuvieron los estudiantes de Ciencias Médicas de Rosario tras la expulsión de tres compañeros de esa Facultad.   

Ante la actitud combativa demostrada por el estudiantado de Medicina, se produce un incremento de la represión que lleva a producir un criminal atentado contra el local del Centro de Estudiantes que asumió con toda claridad la defensa de las banderas de lucha y unidad de los estudiantes. En tanto que diversos sectores del Movimiento estudiantil boicotearon la organización de los estudiantes, restando fuerzas y actuando consciente e inconscientemente como aliados de la Intervención universitaria, lo que llevó al desgaste de la lucha, con el posterior levantamiento del paro iniciado.

Esta experiencia confirma la corrección de la postura del MNR en la defensa de los organismos de masas en el seno de la Universidad, por constituir la única posibilidad de obtener triunfos en la lucha contra la Dictadura mercenaria en el país.

 

LOS ESTUDIANTES DE MEDICINA CONTRA LA REPRESIÓN

(Análisis y perspectivas de 71 días de lucha)

Rosario, diciembre de 1971.

Entre el 21 de setiembre y 7 de diciembre, transcurrieron 71 días de movilización llevados adelante por el Movimiento Estudiantil de Medicina.

Esta lucha trascendente y difícil a la vez, impone necesariamente hoy la realización de un balance que, con objetividad, ubique sus resultados fundamentales y permita aquilatar experiencias para engrosar las muchas y muy ricas conque cuentan los estudiantes de Ciencias Médicas de Rosario.

Trascendente – decimos - , en primer lugar, por las banderas levantadas, por su contenido esencialmente anti – represivo, por su determinación de no dejar avanzar impunemente la ofensiva que la Dictadura mercenaria y la Intervención desataron sobre el Movimiento Estudiantil. Difícil también, porque encontró marco para su desarrollo en un momento político de la vida de nuestro país, que influyó y, en gran parte, condicionó sus diversas alternativas.

Cada uno de los elementos centrales a rescatar irán surgiendo en el análisis de su curso y a través de cada valoración.

 

INICIO Y DESARROLLO DE LA MOVILIZACIÓN

El inicio de esta movilización, ¿fue un hecho aislado y fortuito, inesperado o sorprendente?.¿O fue, acaso, la resultante de un proceso en donde la confluencia de una política nacional y su trasunto universitario, adquirió particular agudeza?. Creemos que indudablemente, esto último interpreta más ajustadamente una realidad. De otra manera, si tomamos aisladamente lo ocurrido el 27 de setiembre en el Decanato, si creemos que todo nace allí y no comprendemos que las raíces de la lucha libradas durante 71 días se hunden en el proceso político general del país y la Universidad, no acertamos nunca a comprenderla en profundidad.

El encarcelamiento de los tres compañeros de Medicina ocurrido el día sábado 25 de setiembre, que dio lugar a lo acontecido el lunes 27, señala claramente la esencia represiva y anti – popular de la Dictadura títere de los monopolios extranjeros. Demuestra, una vez más, cómo la represión, la cárcel y la tortura es la respuesta a los sectores que, desde las grandes mayorías nacionales, se oponen a una política de entrega y explotación.

El lunes 27, entonces, cuando un alto número de compañeros irrumpe en el Decanato para exigir garantías mínimas e inmediata libertad a esos compañeros, no encuentra solamente a un “delegado Interventor”, llamado González del Cerro, encuentra más que eso, encuentran usurpando ese lugar a un agente político de la Dictadura, a un encargado de plasmar a nivel universitario la entrega de nuestro patrimonio cultural, de liquidar la Salud Pública, de privatizar hospitales, de limitar estudiantes, de fraguar concursos, de deteriorar sistemática y permanentemente el nivel de la enseñanza de nuestra Facultad. Es entonces que no puede adquirir niveles de sorpresas la actitud de este individuo, que suma a todo esto, su activa militancia clerical – falangista, el en Opus Dei, que se cree, y así lo ha manifestado en determinados círculos, “iluminados por Dios”#, que no vacila en ponerse al frente de las fuerzas represivas o en amenazar en los pasillos a los estudiantes.

Por eso es que este paranoico que sufre delirios místicos pero que cuando retoma el contacto con la realidad es un hombre incondicional de la Dictadura, respondió con la burla, con un cinismo ya reiterado, a los planteos de los estudiantes le formularon ese lunes 27 de setiembre.

Es por ello que, si aspiramos un ajuste a la interpretación de los hechos, debemos tener en cuenta los elementos hasta aquí desarrollados y todo eso eclosionó en el Decanato y ni que, como muchos incorrectamente creen, todo comenzó allí.

Así fue expulsado el responsable del caos y de la violencia de nuestra facultad.

El contragolpe reaccionario no se hizo esperar. Miguel Godoy, Presidente del Centro de Estudiantes, Julio Barman, miembro de la Comisión Directiva y Carlos Argañaraz, por un decreto redactado ese mismo día y publicado a la mañana siguiente, fueron expulsados de la Universidad.

En forma inmediata se planteó la movilización y en forma inmediata, también, comienzan a surgir del seno del Movimiento Estudiantil las distintas interpretaciones y los diversos objetivos que muchos sectores le asignaron a esta lucha.

 

NUESTROS ENEMIGOS Y NUESTRAS FUERZAS

Días antes de estos acontecimientos, Lanusse impartía al Consejo de Rectores una serie de “instrucciones”, en las cuales sintetizaba lo que después, la situación de Medicina sería un ejemplo: represión para el Movimiento Estudiantil, y si aún eso no bastaba, la clausura de Facultades. Esto constituía, y constituye la respuesta de ese mercenario y su elenco, a la lucha permanente de un sector que nunca negoció ni “enganchó” con el participacionismo. La respuesta a un sector que, en su activa incidencia en la vida política del país, representa un escollo serio a la salida fraudulenta y proscriptiva con que se le pretende dar continuidad al proceso abierto el 28 de junio de 1966 en Argentina.

Es así que nuevamente primó como orientación en la Universidad “la línea dura”.

En la Universidad, lo más cavernícola y reaccionario que en ella existe, verbigracia, el binomio Rabasa – González del Cerro, saludan alborozados esta orientación. Si se trata de introducir la policía en las Facultades, apalear estudiantes, suspenderlos o expulsarlos, ellos darán el ejemplo, al resto de las Facultades, al resto de los Interventores.

A todo esto enfrentaba el Movimiento Estudiantil en el momento en que se lanzó a la lucha. Analicemos entonces su propia realidad, sus propias fuerzas. Entendemos esto de suma importancia pues el grado de unidad, organización y madurez política  es un factor más de triunfo, a veces determinantes.

Como más arriba señalamos, apenas iniciada la movilización, disímiles objetivos y criterios fueron planteados.

De inmediato el APRI, conjuntamente con el resto de las Agrupaciones integrantes del Movimiento Nacional Reformista (MNR) de Rosario convocó a la lucha sin dilaciones. La gran mayoría de las restantes tendencias estudiantiles convocan a discutir y rediscutir en interminables Asambleas Regionales en donde, tras el argumento del “gran” debate político, se ignora en el desarrollo del mismo que en la Universidad Nacional de Rosario se había tomado una medida sin precedentes desde la Intervención en 1966: la expulsión de tres compañeros de Ciencias Médicas.

Cuando se logra reubicar el eje de las expulsiones en las Asambleas de Medicina, ya una instancia fundamental había sido abortada: la regionalización de la lucha. Paradójicamente, desde las filas del Movimiento Estudiantil, surgían los responsables de su primer revés: el sectarismo, ya sea el ulrtrismo o los oportunistas.

Es entonces que, frente a los enemigos que descargaban su fuerza represiva sobre el estudiantado, cuanto más necesaria y perentoria era la unidad de la confluencia de objetivos comunes que posibilitaran la acumulación de fuerzas, el aislamiento de la Intervención y su posterior derrota, el sectarismo, inconsciente a veces y consciente otras, jugó de aliado objetivo de la Dictadura mercenaria y de la Intervención.

No sólo en una etapa inicial desempeñó este rol, lo hizo a lo largo de toda la movilización.

 

DESARROLLO DE LA LUCHA

El desarrollo de la lucha estuvo, indudablemente, influenciado por todos estos aspectos, ya señalados en la parte introductora.

Sobre el momento político que atraviesa el país, sobre el aval que la Dictadura otorga a la política del garrote en la Universidad, sobre la situación particular del Movimiento Estudiantil, cabalga la Intervención.

El incremento de la represión, con la introducción de la Policía Federal, la prohibición de Asambleas, actos y todo tipo de expresión y movilización, se expresó también en dos nuevos hechos de particular trascendencia.

El primero de ellos, la suspensión por seis meses del compañero Juan Vera de Primer Año, integrante de la Comisión Directiva del Centro de Estudiantes, por haberse jugado en impulsar la lucha y bregar por el acatamiento de las resoluciones de las Asambleas Generales.

El segundo, que junto a las expulsiones marca una nueva etapa en la escala represiva, lo constituyó el criminal atentado contra el local del Centro, en el cual no caben dudas de la participación que les cupo a las fuerzas represivas.

Una vez más, frente a la magnitud de estos hechos, nítidamente quedó demostrada la complicidad del claustro profesional; con su silencio, primero, ante las exigencias de definiciones claras, silencio que luego fue roto para condenar la “violencia estudiantil” y reiterar sus planteos de llamado a la concordia y al entendimiento lo que, en los términos y en las circunstancias expresadas, crea una convocatoria a la sumisión.

Otro aspecto, que es central en este balance, el concerniente al Movimiento Estudiantil.

Ya marcamos que, desde un inicio, diversos objetivos movieron a las distintas agrupaciones que militan en Ciencias Médicas. Su expresión práctica estuvo demostrada al margen de discusiones  teóricas, en la polarización que agrupó por un lado, a todas las variantes del sectarismo y, por otro, al APRI y los compañeros que participan o se identifican con el Centro de Estudiantes y sus concepciones.

Los primeros pusieron todos sus esfuerzos, no en el desarrollo de la lucha, no en la unidad de todos los estudiantes detrás de sus banderas comunes, los pusieron en concretar – utilizando la movilización estudiantil – la destrucción del Centro de Estudiantes y el deterioro de nuestra Agrupación.

Asamblea tras Asamblea fue escenario del ataque furibundo del sectarismo a estas organizaciones. Se pivoteó sobre una falsa y prefabricada antinomia: Centro versus Cuerpo de delegados, introdujeron permanentemente falsos ejes de difusión, que fueron minando y deteriorando la capacidad de movilización del conjunto y de los estudiantes, para beneficio y regocijo de González del Cerro y de su camarilla.

Permanentemente introdujeron el escepticismo y la confusión augurando una derrota fatal para el Movimiento Estudiantil. Transformaron el Cuerpo de Delegados no en el sentir ni la expresión de la totalidad de los estudiantes de Medicina, sino en una intertendencia más, utilizándolo como plataforma de lanzamiento de sus concepciones sectarias.

En un momento difícil de la movilización, en que se hacía imperiosa la necesidad del incremento de la medida de fuerza, en que para llevarla a cabo era imprescindible la consulta masiva al estudiantado a través de un plebiscito, se opusieron tenazmente e impidieron su concreción, porque eso era dar poder de resolución “a la masa amorfa”.

Pero esa “masa amorfa”, a la que con tan olímpico desprecio se refería la constelación anti -. APRI y anti – CENTRO, era precisamente el conjunto de los compañeros que, con su aporte, había hecho posible el desarrollo de la movilización.

Se cambió entonces el eje de la movilización, ya que los expulsados y la presencia policial dejaron de ser banderas de lucha y sólo persistió la recuperación de las actividades perdidas.

Pero esta demostración de debilidad e inconsecuencia permitió dar oxígeno a la Intervención, y posibilitó que ni siquiera ese último objetivo fuera al fin logrado.

Todo este conjunto de factores llevó a la situación que enfrentamos al entrar en el mes de diciembre.

Entonces, como ya es histórico, el sectarismo se apresta a terminar su obra. Tomando elementos de una realidad que, como queda demostrado, ha contribuido en gran parte a crear, planea la derrota total. Se esgriman, los mismos argumentos de la Intervención “los estudiantes vienen a estudiar, no se los puede conducir a la pérdida del años, etc .etc”. Pero en esto también son incoherentes, pues en su apuro por levantar la movilización, en su apuro por traicionar una vez más al Movimiento Estudiantil, lo entregan incondicionalmente sin proponer siquiera un planteo mínimo de recuperación.

Lo resuelto el día 7 de diciembre, en la Asamblea General, es una página de vergüenza para nuestro Movimiento Estudiantil. No sólo por el contenido en sí de la moción que triunfa, si no también porque, lograrlo, la constelación anti – APRI y anti – Centro apeló y especuló con los sentimientos más individualistas de gran cantidad de compañeros. Se necesitó tanta hipocresía para ello, que hasta un acérrimo de censor de la moción entregadora se me permitió el lujo de “repudiar” a quienes venían por primera vez a una Asamblea, por supuesto que esos mismos a los que él repudió, posibilitaron el triunfo de su moción.  Así culminaron 71 días de lucha en la Facultad de Ciencias Médicas.

CONCLUSIONES

A la hora de las conclusiones, es necesario rescatar una vez más el profundo contenido y la significación de esta lucha.

Constituyó un frente de batalla más anti – represivo y anti – dictatorial y una demostración concreta de que sólo la lucha y la resistencia son el camino válido,  hoy, en Argentina y, jamás la claudicación y la negociación con la Dictadura.

Dos elementos confluyeron para determinar el desenlace de esta movilización. En primer lugar, la brutal represión desatada sobre el Movimiento Estudiantil, complementada con una campaña diaria de intimación y provocación pocas veces vistas en nuestra Universidad. En segundo lugar, la incidencia del sectarismo, ultraizquierdista u oportunista, unidos siempre pese a diferentes matices, en su olímpico desprecio a los estudiantes, sus posibilidades de organización y funcionamiento democrático. Los une también, una misma vocación claudicante y entregadora que, en las horas difíciles, reemplaza a su verborragia seudo – revolucionaria, tan hueca como sus pretendidas convicciones.

La perspectiva que aguarda al Movimiento Estudiantil no es simple ni de fácil abordaje. La ofensiva de la Intervención encuentra continuidad en la nueva Ley Universitaria en la cual, de acuerdo ante  - proyecto difundido, juntos una serie de medidas tendientes a profundizar la enajenación de nuestra cultura – ejemplo, la departamentalización se intenta, a través de la creación de organismos estudiantiles controlados por la Intervención y con la obligatoriedad en la elección de Delegados Estudiantiles dejar definitivamente institucionalizado el participacionismo.

Paralelamente a ellos, las auténticas organizaciones de los estudiantes, aquéllas que los nuclean en defensa de sus intereses, que levantan en la Universidad las reivindicaciones populares, continuarán siendo el blanco de la represión. Y en esta perspectiva, está inscripta la destrucción del local del Centro de Estudiantes de Ciencias Médicas.

El año 1972 reclamará indudablemente del Movimiento Estudiantil una activa movilización en defensa de la Universidad Nacional y en el permanente bregar por colocar sus contenidos y objetivos al servicio de los intereses de nuestro pueblo.

Para concretar esto, que más que una aspiración es una necesidad planteada por el momento político que como universitarios y argentinos hoy nos toca vivir, es necesario dar cumplimiento a una serie de pautas, muchas de las cuales son señaladas con claridad por la experiencia vivida en la reciente movilización.

En primer lugar, es necesario el fortalecimiento del Movimiento Estudiantil. El enemigo que enfrentamos nosotros, como sector integrante de las grandes mayorías nacionales. Comprometida en el proceso de Liberación de nuestra Patria, es aún fuerte y su derrota definitiva será el fruto de la unidad de esas mayorías nacionales enarbolando un programa claro de Liberación Nacional. No creemos que en un sola batalla inminente sea factible lograr este objetivo. No creemos tampoco que su consecución sea un proceso mecánico y que todo sea cuestión de aguardar su arribo.

Hoy, aún en esta realidad que nos circunda, es factible infringir derrotas al enemigo, pero ello depende en gran medida  de un problema de relación de fuerza 

En la contradicción fundamental que signa y caracteriza el momento político de Argentina, donde en un polo vemos el imperialismo norteamericano y sus aliados nativos expresados en la Dictadura mercenaria y en otro, a las grandes mayorías nacionales, la fortaleza de uno está determinada por la posibilidad del otro y viceversa.

Es entonces que, para quienes pretendemos jugar un rol en la Liberación Nacional, en la expulsión de los monopolios de nuestro país, nos interesa el fortalecimiento del polo popular de esa contradicción y, en nuestro caso específico, del Movimiento Estudiantil como parte de él.

¿Cómo se opera el fortalecimiento del Movimiento Estudiantil, qué pautas lo posibilitan y qué atenta contra él?. En primer lugar, es necesario forjar la unidad del Movimiento Estudiantil y no sólo es necesario sino que es factible.

Esa unidad que planteamos y que venimos desde hace años sosteniendo, hoy puede a la luz de la experiencia vivida, materializarse y seguir como un instrumento Hoy, a la hora del balance, podemos concluir, que la sectarización y la anarquía debilitaron nuestras fuerzas y ellas no constituyen otra cosa que fuerzas para el enemigo. Esta unidad debe expresarse en una organización eficiente y democrática. Y en este aspecto reiteramos una propuesta y una concepción para el Movimiento Estudiantil: el Centro Único de Estudiantes.

Esta organización otorga el derecho a todos los estudiantes a elegir a sus representantes y ser elegidos a través de la formulación de un programa que, sometido al debate y a la discusión política, verificado y corroborado en la práctica otorgue la conducción del Movimiento Estudiantil a sus auténticos representantes.

Esta organización, cuyo funcionamiento permanente garantiza la continuidad de la Resistencia Estudiantil, brinda canales de participación a todos los compañeros y, a través de esa participación permanente, apuntala su afianzamiento. Rompe también esta organización, por falsa y atentatoria de la unidad estudiantil, con la falsa contraposición entre Centro y Cuerpo de Delegados incorporando en sus órganos de conducción a cada curso a través de sus delegados.

Esta organización, dotada de un programa que contemple la realidad del país y la Universidad, decidido por la mayoría de los estudiantes consultados democráticamente, reconoce como órgano máximo de discusión y resolución del Movimiento Estudiantil a las Asambleas Generales.

Todo esto, que debe plasmarse en el fortalecimiento de los Centros de estudiantes, Las Federaciones regionales y la Federación Universitaria Argentina hace y apuntala al fortalecimiento d4l Movimiento Estudiantil en su conjunto y, en consecuencia, le otorga una mayor posibilidad de triunfo en sus luchas. Pero existe en el Movimiento Estudiantil, enquistada en su seno, quien atenta contra todo esto. Como experiencia de la movilización que hoy analizamos, queda también el papel del sectarismo. Hemos visto, en su transcurso, cómo las sectas en sus diversos matices y planteos. Boicotearon la lucha, coincidieron con la Dictadura y la Intervención en la destrucción del Centro de Estudiantes y, en definitiva, culminaron entregando al Movimiento Estudiantil incondicionalmente al enemigo.

Por ello, porque la experiencia no sólo del Movimiento Estudiantil, sino de todos los sectores que luchan en nuestro país y en el mundo señala claramente, cuál es y ha sido históricamente el papel del sectarismo, y no por una ocurrencia, es que somos perfectamente conscientes que, para el logro de los objetivos que se plantean miles y miles de estudiantes argentinos, es necesario barrer definitivamente de las filas del Movimiento Estudiantil al sectarismo.

Toda lucha es válida, si se saben rescatar sus enseñanzas, sus aspectos positivos y los negativos. Esta es la intención de este trabajo.

NUESTROS PROPÓSITOS

El APRI compromete sus esfuerzos en continuar impulsando la organización y la unidad del Movimiento Estudiantil y en mantener, pese a la represión, pese a la represión, pese a la Dictadura y sus lacayos como Rabasa y González del Cerro, las banderas de la lucha contra las expulsiones y las sanciones en nuestra Facultada y la Universidad toda. Los que pretenden reducir nuestra Patria al grado absoluto de colonia, los que para garantizar este objetivo apelan a la represión, a la proscripción de la voluntad soberana de nuestro pueblo, los que arrojan a las cárceles a cientos de presos políticos, gremiales y estudiantiles, continuarán en su esfuerzo para impedir nuestros propósitos.

Pero tenemos confianza en la inmensa mayoría de nuestros compañeros y en la inmensa mayoría de nuestro pueblo, junto a ellos seguiremos trabajando y luchando. De ellos seguiremos aprendiendo y superando los errores.

Para aportar a este proceso, reconstruiremos el local del Centro, fortaleceremos nuestra organización y la organización nacional de nuestros estudiantes, la Federación Universitaria Argentina (FUA).

Alguien más tendrá escollos en el camino: el sectarismo, que no entiende ni comprende nada de lo que ocurre en el país y en la Universidad, o no quiere verlo. Tarde o temprano tendrá vigencia y comprenderá su drama: que nuestro país no es una pieza de trasnoche, ni la revolución es un slogan.

 


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