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Reforma o contra-reforma

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INTRODUCCION

Este documento sintetiza la crítica levantada por el MNR frente a los anteproyectos de ley universitaria presentados por el Consejo Asesor al mercenario Onganía.

Los mismos contenían los conceptos más retrógrados en materia universitaria y pretendían destrozar los postulados revolucionarios de la Reforma Universitaria de 1918, cuya vigencia fue demostrada por la lucha del movimiento estudiantil.

Solamente camarillas reaccionarias podían pretender borrar e ignorar 50 años de Reforma Universitaria que son 50 años de historia viva de la universidad argentina.

El MNR, que surge interpretando lo auténticamente nacional y popular, hace suyos los principios de la Reforma Universitaria y no vacila en su defensa, porque comprendió y comprende que son el producto de las luchas del estudiantado y del pueblo argentino.

El 15 de junio de 1918, la trenza de la oligarquía clerical universitaria intentaba consagrar rector de la Universidad Nacional de Córdoba al Dr. Antonio Mores. Ante tan burda maniobra, el estudiantado reaccionó de inmediato, generándose el movimiento que pasaría a la historia, en forma irreversible, con la denominación de Reforma Universitaria de 1918.

Los postulados pedagógicos de democratización y popularización de la Universidad que sostiene la Reforma, se expanden por toda la América Latina, constituyendo un aporte a la concepción universal de las universidades y una realidad en la historia de la Universidad Latinoamericana.

A través de cinco décadas, los postulados de la Reforma Universitaria para la Universidad, se han visto afectados y tomados por todas las tendencias universitarias, consagrándose así el triunfo irrebatible de los principios proclamados por la juventud heroica de Córdoba en 1918.

La existencia del hombre sobre la tierra está signada por la milenaria lucha entre el progreso y la reacción; victorias definitivas de los pueblos han desarrollado el avance de la civilización. Accidentales batallas ganadas por la reacción han entorpecido y demorado el glorioso devenir que aguarda a la Humanidad. Estos períodos brevísimos de la historia milenaria son los que se conocen como noches de la historia.

El 28 de junio de 1966 se inicia una de ellas en nuestra Patria. 

Ante el avance consciente de nuestro pueblo, que exige mayores derechos y que enfrenta, día a día, más decididamente la expoliación del hombre por el hombre y del pueblo por el capital, las fuerzas reaccionarias desencadenan un nuevo cuartelazo.

Los representantes de los monopolios extranjeros y la oligarquía nativa, se apoderan de los resortes administrativos de la Nación. Pero para apoderarse de la Nación es necesaria la participación de las grandes mayorías nacionales. En la calle, en las plazas, en las fábricas y en la Universidad, ello no acontece. Después de una explicable pero injustificable expectativa, sobreviene la reacción ante los actos concretos de los nuevos gobernantes que atacan la soberanía del pueblo y de la Nación misma.

Núcleos sin respaldo popular alguno, encaramados en la función gubernamental y encubiertos por un pseudo- nacionalismo oligárquico, pretenden sin pausa llevar a la realidad sus trasnochados devaneos. Desde las altas esferas de la banca y desde los más oscuros rincones surge la escoria que velozmente se precipita a ocupar los puestos de gobierno.

En otras oportunidades nos hemos referido a sus sueños en materia económica y política. Hoy nos ocupamos del problema de la cultura, esencialmente en su faz universitaria.

Durante casi 50 años han acariciado, desde la oscuridad de sus cuevas y de sus mentes, destrozar los postulados de la Reforma Universitaria. Hoy, envalentonados por el triunfo aparente, se lanzan psicopáticamente sobre la universidad.

Psicopáticamente, porque sólo seres irracionales pueden pretender borrar o ignorar 50 años de realidad. LA REFORMA, COMO TODO PRODUCTO HUMANO, ES SUPERABLE; PERO, COMO TODO HECHO HISTORICO, ES INNEGABLE.

La historia no tiene contemplaciones para aquellos que la niegan, los aplasta.

Este es el final que aguarda a estos aventureros de la noche argentina. Esta, por otra parte, es mas aparente que real; y cual intervalo, lejos de terminar la función, se prepara en él un nuevo acto con más vida y más energía.

Para quienes se detengan a leer los titulares de la prensa venal, a escuchar a los teóricos delincuentes del desarrollismo entreguista o a analizar las bocanadas medievales de los discursos oficiales, la noche les parecerá profundamente densa; pero aquellos que observan la vida de las grandes mayorías nacionales apreciarán cómo este asalto de la reacción va poniendo día a día en máxima tensión al cuerpo social; y entonces, en las organizaciones del pueblo se irá operando una decantación, se irá separando la paja del grano y las organizaciones auténticamente populares, libres de conciliadores y entreguistas surgirán vigorosas, tajantes, para escribir un nuevo día, más largo y brillante que el anterior, en nuestra historia nacional.

El ataque a la Universidad permitirá a ésta, en el futuro, despojarse de los amorales que han concurrido presurosos a conseguir por decreto lo que jamás lograrían por elección.

La Contrareforma pretende ahora institucionalizarse. Comenzó a garrotazos, con sangre estudiantil y una audacia propia de miopes, desde la misma ciudad cuna de la Reforma, desde la misma ciudad cuyas calles fueran teñidas por la sangre del estudiante – obrero Santiago Pampillón. El 9 de febrero del corriente año, un pseudo secretario de educación lanza las bases retrógradas de los estatutos de la Contrarreforma y nombra por decreto al Ing. Rogelio Nores Martínez rector de la Universidad de Córdoba.

Tan débil es la reacción, que ni hombres de recambio tienen; DESPUES DE CINCUENTA AÑOS DEBE RECURRIR A LA MISMA FAMILIA BARRIDA POR LA JUVENTUD EN 1918.

El pseudo secretario de educación manifiesta que la”nueva”universidad argentina se estructurará conforme a los lineamientos dados por el presidente de la República. He aquí, en la Argentina, un nuevo pedagogo, con obras inéditas, que deberá ser sólo del conocimiento del señor Gelly y Obes. Unamuno, Ortega y Gasset, Jaspers, Einstein, Malraux y tantas otras personalidades de la ciencia y de la cultura universal, no se han dado el lujo de estructurar, de acuerdo a sus concepciones, una Universidad. En nuestro país, un nóbel pedagogo, Juan Carlos Onganía, da las bases de todas las Universidad de la Nación.

Presurosamente, los pseudo-científicos concurren a dar forma a tan científico pensamiento elevando, claro está, sus borradores al pedagogo, quien determinará si ha sido fielmente interpretado o no.

Por lógica, el punto básico de los proyectos de estatuto es reprimir el estudiantado y sus organizaciones, concordando con la obra de gobierno, que se ha dado en reprimir a toda toda organización popular. En primer lugar, se reprime a quienes pretenden ingresar a la Universidad y, en segundo lugar, a quienes han logrado penetrar en ella.

Es así como habrá abundantes y reiterados cursos preparatorios y exámenes de ingreso (Título VI, art. 91 y 92, Anteproyecto Massoni). Se demuestra una vez más, la incapacidad absoluta de las autoridades para generar un plan integral de enseñanza en el país. Si existen diferentes niveles de enseñanza (primaria, secundaria y superior o universitaria), es lógico que quienes satisfagan los requisitos de cada uno de ellos, se encuentren facultados para ingresar automáticamente en el estadío superior. Poner pasarelas o puentes entre una y otra, es confesar en los hechos la desorganización de la enseñanza.

En vez de coordinar la enseñanza, el gobierno de la Nación se ha dedicado simplemente a introducir la mayor cantidad posible de conceptos retrógrados. En la escuela primaria ha suprimido la co- educación, principio universalmente aceptado; en la secundaria, se ha dado a la tarea de lograr el máximo de vacantes para ubicar a su gente. En ambas, se halla estudiando la imposición de la obligatoriedad de la enseñanza religiosa.

En materia universitaria, pone todos los obstáculos posibles para e ingreso, a fin de lograr la Universidad de elite con la cual sueñan estos reaccionarios en la época contemporánea.

El Secretario de Educación manifestó:”que el acceso de sectores cada vez más amplios a la enseñanza superior, coloca a la institución universitaria en una de las encrucijadas más interesantes de su historia”. Esta realidad, que no constituye más que un índice del progreso de la humanidad, incrementa la lógica respuesta retrógrada del elenco gobernante y de sus pseudo- científicos asesores que, en vez de programar la adecuación de las Universidades al deseo y a la necesidad de la juventud contemporánea, determinan la limitación del número de plazas (Cap. 2, art. 13, Ant. Padilla-Título VI, art. 88, Antep. Massoni), de acuerdocon un módulo pedagógico (Título VI, art. 89, Antep. Massoni) que, evidentemente, es el módulo pedagógico de la reacción: DELIMITAR EL ACCESO POR EL NUMERO DE BANCOS Y NO CREAR LOS BANCOS NECESARIOS PARA EL NUMERO DE JOVENES.

La famosa cifra de deserción que maneja Gelly y Obes,”que por cada 100 alumnos matriculados en la Universidad entre 1954 y 1962, egresaron como graduados menos del 5, haciéndose eco de la trillada cantinela de la reacción, no obedece a la falta de exámenes de ingreso, sino a la antojadiza confección de planes de estudio y a la carencia de obras sociales integradas, que atiendan a las necesidades materiales de los estudiantes.

Esta limitación, se agrava por la materialización de los aranceles (Cap. VI, art. 35 y 36, Antep. Padilla- Título VII, art. 110, inc. a, b, c, d y e, Antep. Massoni) que elimina la conquista de la gratuidad de la enseñanza. Es decir, que al oscuro panorama económico que aguarda a nuestros egresados, no por su número sino por nuestra calamitosa situación social determinante del éxodo que es de dominio público, se agregará en el futuro el pago del arancel (Antep. Padilla), y en otros casos, esta medida arancelaria, destinada a implantar la anhelada discriminación económica en el acceso a las fuentes de cultura, deberá ser soportada por los propios estudiantes (Antep. Massoni).

Se hace necesario, en 1967, recalcar lo oscurantista de estas imposiciones. Pero es el momento de preguntarnos, ante la sanción de los aranceles universitarios, ante la sanción de los aranceles hospitalarios, ante la eliminación de los precios políticos en los servicios públicos, cual es el destino de los gravámenes que fundamentalmente paga el pueblo, a través de los impuestos indirectos. Sin duda, el de solventar las fuerzas represivas, el de solventar la guardia pretoriana del hombre que explota al hombre y del capital que expolia al pueblo. Este es el objetivo fundamental de los gravámenes que soporta el pueblo argentino.

Otro de los grandes aportes del”pedagogo”es descubrir que el ciudadano argentino, por el hecho de ser universitario, se transforma en infradotado. En los cortos períodos de pseudo-normalidad que vive el país, el ciudadano mayor de 18 años se halla facultado para elegir el presidente de la Nación. Pero hoy, el universitario de la misma edad no tiene el derecho de elegir lebremente a sus representantes (Cap. 2, art. 15, Antep. Padilla, Título IV, art. 65, Antep. Massoni). Se trata, en definitiva, de cercenar hasta el máximo grado posible, la participación de los estudiantes en la vida de la Universidad. Es por ello, que el voto y el derecho de ser elegidos corresponderán exclusivamente a los estudiantes de los últimos cursos (Art. 14, Cap. 2, Antep. Padilla-Título IV, art. 74, Antep. Massoni). Esos delegados no podrán participar del Consejo Directivo, que deja de ser directivo para transformarse en ornamento académico (Título III, Cap. 4, art. 38, Antep. Massoni, Cap. 3, art. 16, Antep. Padilla), que no se reunirá más periódicamente sino a voluntad del decano o a solicitud de un número de sus miembros (Cap. 3, art. 19, inc. e, Antep. Padilla). Este es el organismo”representativo”que”gobernará”las”facultades del futuro”y que corresponde al calco de las existentes en 1917. Lógicamente, la autonomía universitaria se halla pregonada a voces (Tít. I, art. 10, Antep. Massoni) y negada en definitiva (Tíy. I, art. 11, Antep. Massoni). Sería ilusorio suponer que quienes han vuelto a la concepción de la monarquía absolutista del siglo XVIII, pudieran otorgar autonomía a la Universidad.

A imagen y semejanza de su jefe en el gobierno, los decanos serán elegidos solamente por la trenza profesoral (Tít. III, Cap. 4, Antep. Massoni-Cap. 3, Art. 16, Antep. Padilla), usarán poderes prácticamente ilimitados y podrán darse el lujo de sancionar estudiantes (Tít. III, Cap. 4, art. 54, inc. f, Antep. Massoni-Cap. 3, art. 19, inc. c, Antep. Padilla).

En definitiva, a través de los anteproyectos, se institucionalizan dos objetivos del golpe de la reacción para la Universidad: a) limitar el acceso de la juventud a la misma; b) suprimir las organizaciones estudiantiles y de graduados, eliminándolos de los organismos de gobierno y dándoles voz en las comisiones cuyas reuniones, por supuesto, no serán públicas.

Estas son las innovaciones pedagógicas, con las cuales arribará a una”Universidad ágil y moderna”(Gelly y Obes, 9-2-67, diario Clarín), y cuyo único objetivo ha sido el de pretender suprimir el peso de la Universidad en la opinión pública y acallar la voz de la juventud universitaria, que lucha diariamente por las posibilidades culturales de su pueblo.

Hace treinta años, otro psicópata que ha logrado transformar a su país en la Nación más atrasada de Europa y en punto de turismo, ya que su atraso resulta pintoresco para los turistas, pretendió hacer lo mismo con las Universidades españolas. Tan antihistórico a sido el sistema, que las generaciones que nacieron con posterioridad a las medidas del régimen y que han sido educadas por él en una escuela deformada y atrofiada, aún hoy se siguen revelando sin distingos de ideología. Ese es el resultado al que, indefectiblemente, arribará la proyectada organización de las Universidades argentinas con la diferencia de que no será necesario aguardar treinta años.


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