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A los 90 días

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INTRODUCCIÓN

Este documento fue publicado en Octubre de 1966, a los 90 días de producido el golpe de Estado.

En él se reseña el accionar de la dictadura mercenaria en el campo laboral, en lo político, en lo ideológico y en lo económico, sintetizando ello la entrega de nuestro patrimonio económico y cultural en manos de los intereses extranjeros.

La realidad nefasta que deparó a Argentina el golpe mercenario, corroboró lo manifestado por le Movimiento Nacional Reformista en su acertado análisis del documento”En el Aniversario de la patria”.

Aquí se expresa el llamado heroico a la resistencia, a la lucha frontal sin claudicaciones y a la no negociación, como única alternativa revolucionaria frente a los mercenarios y avasalladores de turno.

 

Los noventa días transcurridos desde la instauración del actual elenco gobernante no dejan lugar a dudas en ningún sector de la población del País, de su carácter retrógrado, dogmático y de la adopción de formas políticas falangistas en su ordenamiento y actuación. En su quehacer ha demostrado palmariamente estar al servicio del privilegio nacional e internacional.

Es así como pretende continuar en forma acelerada la enajenación total del patrimonio nacional que ya había programado el equipo de Frondizi- Frigerio. Se enajenan las últimas empresas de DINIE, se pretende rematar nuestra flota fluvial, se planifica la entrega de los últimos yacimientos petroleros aún no cedidos a la voracidad del imperialismo y consecuentemente se planifica el desmembramiento de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Los puestos claves en materia energética son entregados a los tradicionales personeros de los monopolios eléctricos, como es el ingeniero Gotelli (consecuentemente personero de CHADE). Y es así como se ha aumentado el costo de la energía eléctrica a requerimiento del Banco Mundial y el precio de los combustibles obedeciendo a exigencias de las compañías privadas petroleras y los posibles nuevos inversionistas en esta materia. 

La política económica se caracteriza por la inexistencia de un plan general, pero las medidas adoptadas aisladamente se han concretado en nuevas sangrías al presupuesto familiar de las grandes mayorías nacionales. Los convenios salariales se han fijado por debajo del aumento incesante del costo de la vida; la desorganización económica lleva al país al borde de una crisis de profundidad desconocida en las últimas tres décadas, con una paralización parcial de la producción industrial y con la marcada inminencia de una crisis agraria.

Es necesario remarcar el ataque implacable realizado al sistema cooperativo de créditos, que ha eliminado la competencia a la banca privada, la que, inmediatamente, ha aumentado en forma desorbitante las comisiones y plantea el aumento del interés bancario suprimiéndose, además, la única fuente de recursos crediticios para trabajadores, empleados y pequeños y medianos empresarios y comerciantes; sobre todos ellos caerá la usura.

La improvisación de este elenco integrado por falangistas, psicópatas y trepadores ha sido demostrada palmariamente por la irresponsabilidad con que se abordó el problema azucarero. El transcurso del tiempo demuestra la inexistencia de todo principio de solución en las”audaces”medidas adoptadas.

La política laboral, cuyo fracaso se manifiesta en el primer recambio del elenco ministerial (renuncia Tamborenea), se ha concretado en un aparente respeto a las organizaciones sindicales, en la medida en que se cree factible negociar con las mismas la entrega y la pasividad de la clase obrera. Pero en la imposibilidad de satisfacer las justas demandas salariales, el régimen se ha visto obligado a suprimir el derecho de huelga imponiendo el arbitraje obligatorio; ha intervenido a diversas organizaciones sindicales, ha suprimido la voz de los trabajadores de los organismos de previsión e intervenido el Consejo Asesor del Salario; medidas todas tendientes a anular la real participación de los trabajadores en defensa de sus legítimos intereses.

Al mismo tiempo continúa negociando activamente la realización del Congreso de la Central Obrera. Con ello persigue la obtención de una dirección dócil a su política, requisito indispensable para la posterior instauración de formas corporativas en el país, a los efectos de lograr los organismos necesarios para dotar al elenco gobernante de cierto aspecto de representatividad del que carece en la actualidad, y con la finalidad ulterior de imponer e incrementar su política de avasallamiento de los grandes sectores populares y de entrega de los recursos económicos del país.

En lo político, se ha pretendido desconocer la realidad política del país que, como tal, y al margen de su valoración, es la que nos ha deparado el desarrollo histórico de Argentina. El problema político del país no está determinado por la existencia de partidos políticos, sino por intereses de las grandes mayorías nacionales. La solución no radica en pretender negar la realidad, sino en modificar y perfeccionar esa realidad, tendiendo a la formación de organismos políticos que representen, auténticamente y sin claudicaciones, a los ideales e intereses de las grandes mayorías del país, en un marco de legalidad para todos y no precisamente de ilegalidad para cualquier pensamiento político.

El elenco gobernante pretende instaurarse en el país como oráculo y único vocero de los 22 millones de argentinos. Es el único que puede hablar de política; es el único que puede discernir sobre problemas educacionales; es el único que determina la política salarial; que fabrica leyes; que decreta la forma de la moralidad y que ni se atreve ni tiene capacidad para analizar sus causas. Además pretende convencer al mundo de que en Argentina, después de 150 años de vida política, ha surgido un elenco de iluminados que, andando en carroza y jugando al polo con el príncipe Felipe, solucionará los problemas económicos, sociales y políticos que existen en nuestro país.

El equipo gobernante, en lo ideológico, pretende ser el vocero del pensamiento”occidental y cristiano”y aun, por lo poco que informa nuestra prensa mercenaria, es dable comprobar que no representa ni el pensamiento occidental ni el pensamiento cristiano. A lo sumo, podría arrogarse la representación de los sectores más retrógrados de esa tendencia, cuyo posterior entroncamiento reside en la Península Ibérica. Y cuya realidad algunos psicópatas anhelan reiterar, olvidando que en el mundo han transcurrido varias décadas en las que los pueblos han comprobado que el más alto desarrollo que puede alcanzar un sistema como el de Franco, es el de poblar las playas de turistas y de alquilar bases militares al imperialismo.

Por otra parte, no podían resistir a la tentación largamente acariciada por los sectores más retrógrados y minoritarios de nuestra comunidad de asestar el anhelado zarpazo a la Universidad. En ella, las luchas incesantes de las masas estudiantiles habían logrado instaurar condiciones que le permitían emitir libremente su pensamiento y analizar los problemas que aquejan a nuestra comunidad y a los universitarios, por ser éstos parte de ella.

Evidentemente, quienes creen ser los únicos capacitados para opinar de política, de economía, de materia laboral y educacional, no podían tolerar la actividad de los universitarios argentinos; por ello, era necesario suprimir la participación de los estudiantes en el gobierno universitario y de ciertos sectores del cuerpo docente y de los egresados.

Los organismos estudiantiles deben, de acuerdo con su concepción, limitarse a editar los apuntes de los profesores de la complicidad, de la indignidad y de la corrupción.

Este gobierno no cuenta con el apoyo de ningún sector popular y auténticamente productor del país. La situación económica de la Nación le impide realizar la más mínima aproximación a una política aparentemente popular y nacional y al haber dado la espalda a los intereses populares, se entrega a los brazos del capital internacional, quien lo conducirá irremediablemente a su total derrota.

En 1966 es imposible intentar cualquier acción de gobierno sin contar con el apoyo de importantes sectores populares. Por ello la resistencia civil y la lucha deben librarse en forma presente y actual en el orden nacional, porque nos enfrentamos a un grupo de hombres que no tienen la posibilidad económica ni política de estabilizarse en el ejercicio del poder. La lucha de los universitarios debe ser solidaria con la de los demás sectores de la población y fundamentalmente con la de la clase trabajadora.

En lo específico, el Movimiento Universitario deberá luchar por mantener y acrecentar sus conquistas, sin entrar en negociaciones que tiendan a legalizar y a fortalecer el régimen opresor; no puede bajar su bandera activa de lucha en la medida en que no se garantice su absoluta libertad de reunión y expresión, la no adopción de medidas limitacionistas y la no aplicación de sanciones sobre los integrantes de cualquiera de los claustros universitarios.

El movimiento Estudiantil no puede legalizar ninguno de los objetivos de la reacción para la Universidad Nacional, entre los cuales se halla como lo demuestra lo actuado por las autoridades de la Universidad de Buenos Aires, la decapitación de los claustros y el cercenamiento de la libre expresión y actividad de los estudiantes. Antes de aceptar y legalizar la decapitación, es preferible ser decapitados en la lucha frontal contra el régimen, sus personeros y sus títeres mediocres, que, envenenados por la ambición característica de los seres inferiores, se han precipitado a aceptar los cargos vergonzosos de administradores, a recibir instrucciones semanales de organismos extra- universitarios y el papel de vulgares soplones.

Deben comprender que sobre estos puntos básicos el Movimiento estudiantil no está dispuesto a negociar, ni negociará.

El cuerpo docente, ante lo acontecido en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Buenos Aires y con el tratamiento de las renuncias, hace poco tiempo, en la Universidad Nacional de Tucumán, debe convencerse de la imposibilidad de la permanencia de auténticos profesores en las actuales estructuras universitarias, avasallada en sus instituciones y saqueadas vandálicamente por las fuerzas de asalto del régimen. El tiempo transcurrido, la reiteración de los atropellos físicos y morales al estudiantado y a los propios integrantes del cuerpo docente, y la escasa y total ausencia de lucha interna, demuestra el error de apreciación acerca de las reales posibilidades de lucha dentro de las actuales estructuras.

La historia de la Universidad Argentina demuestra palmariamente que, ante su avasallamiento, el peso de la lucha cae sobre las espaldas heroicas y generosas del estudiantado, que siempre ha estado presente y lo estará en esta oportunidad, en defensa de una auténtica cultura nacional y de las posibilidades culturales de su pueblo.

El MNR lucha con la juventud y con los sectores populares que defienden la existencia de normas que permitan la convivencia de los hombres y mujeres de Argentina, que defienden las posibilidades educacionales de las mayorías nacionales, que defiendes la soberanía nacional, territorial y económica.

La línea divisoria de la Argentina, de octubre de 1966, no pasa a través de los diversos sistemas de ideas o creencias filosóficas o religiosas; pasa por quienes creemos en la capacidad elaboradora y realizadora de nuestro pueblo para forjar el futuro de la Nación y aquellos otros, que entienden que los argentinos son incapaces de lograr sus propias soluciones y que éstas pueden ser alcanzadas al margen del pueblo, por una minoría en combinación con los intereses del capital internacional.

En el campo universitario estamos con quienes creen que hay que dar la lucha hoy y ahora contra el régimen que se pretende instaurar en la Universidad. Que no vale la pena y obedece a una apreciación irreal del proceso histórico del país replegarse en pos de una larga lucha contra enemigos cuya debilidad es manifiesta.

El Movimiento Estudiantil no puede legalizar su propia decapitación; los cuadros docentes no deben despoblarse de aquellos que pretendan en un futuro no tan lejano, no imprevisible, compartir la ardua tarea de forjar una Universidad verdaderamente nacional y popular.

Es fundamental en nuestra hora la clarificación y el intercambio masivo de ideas con los integrantes de todos los claustros universitarios, pero nadie puede sostener por lógica que este intercambio de ideas puede ser realizado por un Movimiento Estudiantil decapitado y que no enfrente decididamente su propio avasallamiento.

Nuestra lucha tiene como objetivo en el campo universitario, bregar con la mayoría estudiantil a cuyo lado estamos, por los objetivos mínimos enunciados, sin claudicación alguna. En el campo nacional bregar al lado de las mayorías populares para lograr un papel de actores en el quehacer nacional.

LA NEGOCIACION ES EL COMIENZO DE LA CLAUDICACION, ANTESALA DE LA DERROTA. EL ENFRENTAMIENTO JUSTO ES EL SENDERO DE LA VICTORIA, COMO LO HAN DEMOSTRADO LAS LUCHAS Y LOS RESULTADOS OBTENIDOS.

 


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