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Basta de saqueo

Las más graves consecuencias de una vida sin sentido solidario las pagan los sectores más indefensos: los jubilados, los desocupados, los niños, los enfermos, los discapacitados, la mujer, los jóvenes. Esta realidad es absolutamente inmoral; desintegra a la familia, desintegra a la sociedad.

El socialismo levantó y levanta la bandera de la moralidad; plantea el CAMBIO MORAL; quiere, con la participación de todos, construir una nueva sociedad solidaria que tenga por objeto la satisfacción de las necesidades básicas, materiales y espirituales de sus integrantes y no como la sociedad de hoy proteger el saqueo de los especuladores y usureros a costa del trabajador, del profesional, del pequeño y mediano productor agropecuario y de la pequeña y mediana industria y comercio. La corrupción es fruto de la decadencia producida por el agotamiento de un modelo, pero también es el arma más tremenda que utiliza a diario la minoría que explota la decadencia en su provecho. El CAMBIO MORAL no es solo un ideal; mucho menos un argumento electoral. Es una práctica de los socialistas en el ejercicio de la función pública, que no sólo apunta a crear una nueva sociedad, sino a destruir el arma más terrible de los enemigos del bienestar material y espiritual de los argentinos. Este es el camino correcto, y no la falsa opción que el sistema pretende ofrecer a través de la institucionalización de las diversas formas del juego y la especulación. En lo económico, hoy todo el país sabe que no se puede hacer un Presupuesto Nacional, ni otorgar aumento masivo de sueldos, ni crear una línea de créditos para la producción nacional, sin autorización del exterior. Muchos aspectos de nuestra vida diaria dependen del interés extranjero. Esto no es un invento socialista, es una dura y negativa realidad que determina que el fruto de nuestro trabajo, que podríamos emplear para progresar, se vaya afuera del país. Esta dependencia hoy se maneja a través de los mecanismos de la deuda externa.

El aumento reciente en el precio de las cosechas es un buen ejemplo. Apenas se produce, el FMI reclama mayores pagos a nuestro país para apoderarse de los nuevos ingresos. Al mismo tiempo, para cumplir con las exigencias del FMI de incrementar la recaudación de impuestos, el equipo económico, a través de retenciones encubiertas, echa mano del incremento de los precios de la cosecha. En síntesis: del aumento no se beneficia el productor ni el interior del país, y mucho menos el trabajador rural. Este es el resultado concreto de la dependencia de nuestra economía, del pago de los intereses de una deuda externa fabricada por el equipo económico de Martínez de Hoz y de la gestión de un equipo económico que administra la crisis de los argentinos de conformidad con el FMI.

El mayor precio de la cosecha se fue al exterior y para los argentinos quedó el aumento de los precios de la canasta familiar, el aumento de los combustibles, el tarifazo y el agravamiento de la situación ya desesperante de las economías regionales, como ser avícola. Alvaro Alsogaray, que pretende ser opción en 1989, siendo ministro de Economía, hace casi 30 años impuso un plan "para pasar el invierno". Hoy, con la misma filosofía, Juan Vital Sourrille impone el "plan Primavera". Hace 30 años el invierno pasó devastando los hogares argentinos, y hoy tendremos una primavera sin flores para el pueblo. El estado actual, ineficaz para asegurar el bienestar de los argentinos y que tiene un alto nivel de corrupción, es el resultado de las administraciones liberales, radicales, justicialistas que han gobernado al país en los últimos 100 años. El socialismo quiere otra cosa: un Estado no burocrático, participativo, que sea apto para el cumplimiento de sus objetivos, que no son otros que los de garantizar el bienestar creciente, material y espiritual, de los habitantes de nuestra tierra. El socialismo plantea pasar las empresas públicas a manos de la comunidad, descentralizando y no desarticulando, a través de formas cooperativas y de cogestión democráticas por excelencia, que permitan la positiva participación, orgánica y responsable, de los usuarios, de los vecinos, de los trabajadores y de todos los sectores sociales interesados en la correcta prestación del servicio.

Los socialistas, que creen en la capacidad y en la honestidad del pueblo, piensan que los vecinos, los usuarios, son los mejores inspectores y administradores, incorruptibles; quienes no creen en Argentina ni en los argentinos, piensan que los monopolios extranjeros son la solución. El socialismo plantea una gran transformación del Estado, a través de la participación social a todo nivel y todos los días. A todo nivel, porque debe reducirse a las elecciones o a determinadas consultas populares. Pasando de los dichos a los hechos, el socialismo ha proyectado al Consejo Económico Social y Político para la Nación y las provincias. También ha proyectado la descentralización y la participación de la comunidad en los municipios. El socialismo tiene la convicción de que sólo en democracia es posible cambiar y mejorar, por eso su objetivo diario es la consolidación y la profundización de la democracia en la Argentina. Con confianza en el pueblo, sabe que ante los problemas de la democracia sólo hay un remedio: más democracia. Por eso, ante los problemas de esta democracia, la respuesta es la profundización de la democracia con la participación de todos los sectores sociales, a fin de avanzar hacia la Democracia Social. Solamente recobrando la confianza en nuestro propio esfuerzo y en los demás integrantes de nuestro pueblo podremos superar la actual crisis y construir la Nación independiente y solidaria en la que queremos vivir y que vivan nuestros hijos.


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