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Los primeros pasos de la Unidad Socialista en el Congreso Nacional

Miles de veces el socialismo explicó que el paso de la dictadura a la democracia, era como el paso de la noche al día, no de golpe, sino gradual, la obscuridad necesita de un tiempo para irse y la claridad un tiempo para venir.

También dijimos, miles de veces que cada tiempo tenía sus tareas, que era necesario no equivocar los tiempos, y que el que sale a galopar de noche corre el riesgo de rodar y desnucarse.

El resultado electoral de 1983, con el triunfo del radicalismo produjo euforia, ilusión en muchos de los vencedores, los problemas se solucionarían rápidamente.

El socialismo insistió en la gravedad y la complejidad de la crisis y del tiempo de la transición, insistíamos en la necesidad de convocar a todos los integrantes de la Nación a participar y a asumir la responsabilidad de encontrar una solución acordada, consensuada.

Mientras el radicalismo expresaba que el resultado electoral le otorgaba a ellos la responsabilidad de dar las soluciones, el justicialismo afirmaba que no debía asumir corresponsabilidad en el gobierno y que a la oposición le correspondía controlar: el que gana gobierna y el que pierde controla, fórmula vetusta del arcón político del liberalismo.

La insistencia socialista en la gravedad de la crisis, en la complejidad de la transición a la democracia, en la necesidad del diálogo y del consenso parecía tremendista, un pájaro de "mal agüero".

Hoy, 1988, los gravísimos amotinamientos de enero y el reconocido fracaso del Plan Austral ponen de manifiesto una vez más la gravedad de nuestra crisis y la complejidad de nuestro tiempo de transición.

Ante los amotinamientos, que dañaron gravemente la vida constitucional del país, el socialismo dijo: "Conocemos la existencia de problemas no resueltos en las fuerzas Armadas; también conocemos los problemas de los jubilados, de los trabajadores, de la juventud, de los docentes, de la producción agropecuaria de la industria nacional; pero también conocemos y recordamos nuestra historia que nos ha enseñado —reiteradas veces desde el 6 de septiembre de 1930— que a través de la fuerza elitista no se ha solucionado ni superado problema alguno en nuestro país".

Poco tiempo antes, en diciembre último la Unidad Socialista afirmaba: "Fuera del consenso no hay ninguna posibilidad de solución para ningún sector nacional, y fuera del consenso sólo sangre y dolor nos esperan, por eso valoramos profundamente esta realidad que es la posibilidad de la vida y de la reformulación de la República para dar cabida a una nación independiente y solidaria''.

El día del amotinamiento la Unidad Socialista reiteró: "Conscientes de que en esta oportunidad, como en Semana Santa, la Unidad Nacional y la participación popular constituyen la garantía de la preservación de la paz y la estabilidad de nuestras instituciones democráticas, la Unidad Socialista convoca a todos los sectores de la vida nacional a expresarse nuevamente en este sentido y a extremar sus esfuerzos por consolidar el estado de derecho y encontrar a través del diálogo entre los argentinos, las coincidencias necesarias para formular un país que dé respuestas a las necesidades básicas, morales y materiales, de las mayorías nacionales de las cuales nuestras Fuerzas Armadas forman parte".

Estas ideas no son nuevas ni improvisadas, ya en 1974 habíamos dicho que del derrocamiento del régimen constitucional sólo se obtendría sangre y dolor para todos los argentinos y así fue.

Por eso hoy reiteramos lo afirmado por la Unidad Socialista: "Los socialistas sostenemos la profunda convicción de que solamente a través del consenso es posible pava Argentina salir de la crisis, reformulando el país y culminar la etapa de transición, consolidando la democracia. Por eso durante años hemos planteado a todas las fuerzas políticas y a todos los sectores sociales la necesidad de sentarnos a una mesa, al margen de intrascendentes especulaciones partidarias o sectoriales, para asumir la profundidad de la crisis y definir una propuesta compartida superadora".

No es el momento para hacernos los distraídos, cada argentino debe asumir su responsabilidad. La vida de nuestros hijos así lo exige. Nuestra distracción, nuestra indiferencia, inconscientemente cavan la fosa de nuestros propios hijos y del futuro del país.

Los trabajadores, los jubilados, pequeños y medianos productores del agro, los empresarios de la industria nacional y fundamentalmente la juventud, no debemos perder el difícil tiempo que vivimos en las tómbolas de las candidaturas, debemos, con trabajo, con sacrificio, pero con esperanza cierta, construir la herramienta apta para salir de la crisis y consolidar la democracia: el diálogo nacional y el consenso.

Los grandes partidos no han demostrado una decisión política definitiva, de acordar con todas las fuerzas del trabajo y de la producción un acuerdo real sobre las orientaciones y realizaciones concretas en el Consejo Económico-Social y político,

El camino de la concertación no es fácil pero es el único que nos permitirá avanzar en el logro del bienestar moral y material de los argentinos, en la integración de nuestro pueblo y en la construcción de una Nación independiente y solidaria!

 


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