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Argentinos Socialistas

HOY Y AQUI

Hoy el socialismo está formado por mujeres y hombres que trabajan en el seno del pueblo, en los barrios, en las "fábricas, en los surcos, en las aulas. Lo que dicen se lo escuchan a la gente; lo que resuelven se lo tienen que decir a la gente. Por eso crecemos: del pueblo tomamos las ideas y al pueblo llevamos nuestras ideas.

Nuestra patria vive su más profunda crisis. Para salir de ella hay que romper con el pasado. No con el pasado nuestro, de San Martín y de Cabral, de Belgrano y de las mujeres de Ayohuma, de Güemes y de sus gauchos, sino con el pasado de ellos, de dependencia, de consumismo, de competividad. No hay otra alternativa para construir una Nación independiente y solidaria.

Los socialistas asumimos esta realidad, los socialistas transitamos el difícil camino que nos toca vivir. No es un camino inventado en el mundo de las ideas, es un camino real. Por eso avanzamos con fuerza, con confianza, con muchas dificultades pero con muchas esperanzas; porque estamos plantados en la realidad.

En esta hora defendemos la justicia social, los derechos de los trabajadores, de los jubilados, de los marginados, de los niños y de las mujeres. Por eso somos socialistas.

Pero también defendemos con la misma fuerza la integración de nuestra Nación y la convivencia democrática de nuestro pueblo. Por eso somos argentinos socialistas.

En esta etapa de crisis, de crisis irreversible de un modelo dependiente, lo fácil es dividir, lo fácil es negociar con los de afuera. Los socialistas nos hemos definido por el difícil camino de integrar y de defender a los que menos tienen.

Por eso el socialismo es profundamente solidario con la protesta de los trabajadores, con la protesta de los pequeños y medianos productores de la ciudad y del campo. No sólo por defender la justicia social como socialistas, sino por saber, como argentinos socialistas, que el futuro de la Nación pasa por la seguridad y el porvenir de los trabajadores y de los pequeños y medianos productores.

Ya tres años nos demuestran que no existen posibilidades de salir para adelante en convivencia con la usura internacional. La "timba" financiera sigue siendo una realidad. Ella demuestra el cáncer incurable del viejo modelo, la farsa del liberalismo, y la razón de la propuesta socialista: argentinizar nuestra economía nacionalizando la banca, el comercio exterior, el mercado de cambios y las operaciones de reaseguro; la participación de los trabajadores en la administración de las empresas líderes, como única garantía de que las mismas cumplan sus funciones económicas de producir sin alterar fraudulentamente la realidad del mercado y sin sumarse a la "timba" financiera; la participación de los trabajadores y los usuarios en la administración de las empresas públicas como única forma de superar la ineficacia de este Estado que destrozaron ellos y que hoy hereda el pueblo; la moratoria de toda obligación que nazca en la deuda externa, mientras se renegocia la misma en base a su origen, al tratamiento de nuestras exportaciones y a la realidad económica y social de nuestro pueblo.

La juventud y los trabajadores, que con el duro lenguaje de la realidad comprueban el fracaso de querer arreglar lo viejo, encuentran en el socialismo, no el camino fácil, sino un camino difícil pero posible, para tener un futuro de vida, de salud, de educación, de trabajo y de descanso.

Nunca fue fácil salir para adelante, pero siempre fue posible. Así echamos a los ingleses de Buenos Aires, así hicimos el éxodo jujeño, así cruzamos los Andes, así hicimos la patria.

La patria se hace con confianza en la capacidad creadora y realizadora de los argentinos. Esa capacidad existe, pero para que se libere tiene que practicarse una transparente justicia social, donde el que más tiene más ponga y donde la variable de ajuste no sean los salarios ni las jubilaciones.

Si el viejo modelo no dá, rompamos el modelo dependiente y no hambreemos a los trabajadores y jubilados. Hagamos números para demostrar que la dependencia no sirve y no para demostrar que las jubilaciones no pueden aumentarse.

Tengamos como objetivo el bienestar moral y material de la mujer y el hombre argentinos, y no el mantenimiento o la ilusionada recomposición de la economía dependiente.

El principal objetivo de hoy es convencernos de que los argentinos podemos romper la dependencia. Pero la primera dependencia que debemos romper es la de nuestras cabezas. Si usted no cambia nada cambia. Cambie con nosotros creyendo en la posibilidad de los argentinos.

Así, solo así, nuestros hijos tendrán futuro fuera de la desocupación, la droga y la corrupción, y nuestros nietos tendrán patria.


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