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Movilizar y participar

La propia clase trabajadora —la más sacrificada por el régimen—, que cuarenta y ocho horas antes veía correr su sangre en una calle de Mendoza como resultado de una vandálica represión, apoyó sin retaceos la reconquista de la Soberanía Territorial; concurrió a la Plaza de Mayo para condenar la amenaza de agresión colonialista in­glesa y convocó a la Plaza para expresar su repudio al incalificable ataque que, en 1982 con la complicidad de los gobiernos del Mercado Común Europeo y de EE.UU., efectuó el colonialismo inglés a las Islas Georgias del Sur.

El país está en guerra, quiéranlo o no, nos guste o no, contra el colonialismo inglés. Es necesario forjar una absoluta unidad nacional para enfrentar al colonialismo, y esta unidad nacional está integrada básicamente por la conjunción de pueblo y Fuerzas Armadas.

El triunfo de la Nación beneficiará fundamentalmente a las partes básicas de la Nación: el pueblo y dentro de él a los trabajadores. La derrota de la Nación perjudicará fundamentalmente a las partes bá­sicas de la Nación: el pueblo y dentro de él a los trabajadores.

En la medida en que el pueblo y los trabajadores participen protagónicamente en el enfrentamiento al colonialismo inglés, se asegurará la victoria contra éste y quedará abierto el camino para la concreción de las reivindicaciones que con absoluta justicia reclaman las mayorías nacionales.

El protagonismo en la vida de la Nación no lo otorga nadie, se asume. La participación en la lucha, no se condiciona: se asume.

El pueblo de Buenos Aires en la reconquista contra las invasiones de los mismos colonialistas ingle­ses en 1806, no solicitó a las au­toridades españolas un rol protagónico: lo asumió. No condicionó su participación en la lucha: la libró. Esta lección de nuestro pue­blo victorioso no hay que olvi­darla.

La victoria y su significado se­rán de la Nación en su conjunto, nadie podrá escamotearla, ningún sector podrá utilizarla en su provecho. Liniers, que jugó un papel destacado en la Reconquista, mereció del pueblo toda clase de reconocimiento y de homenajes, pero cuando pocos años después quiso oponerse en el camino de ese mismo pueblo hacia la independencia, fue ajusticiado por éste. Esta lección de nuestra historia tampoco debe olvidarse.

La historia de nuestra Patria y la historia del mundo también nos enseña que sin participación popular no hay victoria.

Está claro entonces que en esta hora, sin cálculos mezquinos y miopes, los argentinos debemos unir­nos fuertemente para alcanzar la victoria.

Como en toda guerra es necesa­rio e importante limpiar la retaguardia de quintas columnas, de saboteadores. Cuando está enfren­tado el país al colonialismo británico y se plantea la privatización y posible extranjerización de empresas del Estado Argentino y no se plantea la nacionalización de las empresas del colonialismo agresor, se está en presencia de saboteadores.

Cuando el colonialismo bloquea los intereses argentinos y pide y obtiene sanciones económicas para el país, y cuando sus intereses y empresas no son bloqueadas, se está enfrente de saboteadores.

Cuando empresas multinacionales que han gozado por años privilegios arbitrarios, que han acumulado por años cuantiosas ganancias, hoy se manejan a balances semanales o mensuales, y cuando sus resultados no les resultan satisfactorios proceden a dejar sin fuente de ingresos a 7.200 familias, se está frente a saboteadores, y esas empresas deben ser intervenidas. Los irresponsables que dijeron que es lo mismo fabricar caramelos que hierro, deben ser despedidos,

La juventud a pesar de haber sido permanentemente sospechada, a pesar de habérsele cerrado todo nivel de participación, a pesar de habérsele estrangulado sus posibilidades de acceso a la cultura y al estudio ha dado al país la gran lección, una vez más, la gran lección de patriotismo y generosidad, ocupando heroicamente la primera línea de fuego.

Sigamos sin cálculos su ejemplo y con ella penetraremos a un nuevo futuro.

La primera victoria de los argentinos ya ha sido lograda, ella ha sido el haber demostrado al mundo que a pesar de todas las vejaciones y degradaciones, la Nación Argentina existe porque vive en el corazón de su pueblo.

Este primer triunfo es el inicio de un camino que desembocará en la victoria, porque así lo determinará el pueblo de la Nación Argentina, con su movilización y participación.


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