A 40 AÑOS DEL GOLPE CÍVICO MILITAR

Imprimir

El golpe de estado de 1976, inició una etapa en la cual el terror de estado fue el elemento esencial, pero no excluyente, para dar comienzo a una profunda reestructuración de la sociedad civil y simultáneamente del estado y su relación con el mercado. En el orden internacional comenzaba a tener vigencia un nuevo orden económico mundial y los grandes centros de poder comenzaban a reclamar las primeras políticas de ajuste. La disminución de la participación de los trabajadores en la distribución de la renta y la precarización de las condiciones laborales, fue acompañada por una cultura política y social impregnada de valores individualistas que convertía a la competitividad en una alta “virtud cívica”. Esto estaría acompañado de una profunda deserción del estado como instrumento reparador de las desigualdades sociales, proclamando su carácter subsidiario frente a tal obligación.

La resistencia que el modelo a implementar provocaría, hizo que el asalto al poder fuera acompañado de una represión sin antecedentes en nuestro país, y de una mecánica de violación a los derechos humanos que no desmerece ante las peores atrocidades realizadas por los más descalificados regímenes políticos de la historia.

Resulta incuestionable que este golpe de estado preparó el terreno para la implantación, en la década de los 90, de las políticas neoliberales que jerarquizaron el mercado por sobre el bien común, esta vez sin necesidad de recurrir a un golpe de estado, reflejando la derrota cultural que sufrimos los argentinos.

No queremos nunca más volver al pasado de horror; no queremos que los hechos aberrantes originados con aquel golpe de estado queden impunes, sin los juicios a quienes estuvieron involucrados en actos de terror, pero también necesitamos fortalecer la calidad democrática y alejar todo germen de destrucción que pueda afectar la vida institucional en nuestro país.

A 40 años del golpe de estado debemos reivindicar la memoria, aprender del pasado y proyectar un futuro con la convicción de que la democracia es un valor que se construye día a día, que se consolida cuando disminuye la injusticia y se debilita cuando la exclusión y la marginación se abalanzan sobre nuestros pueblos. La democracia es un concepto que tenemos que llenar de significado a través del compromiso, la participación y la práctica cotidiana.