Fundación ESTEVEZ BOERO

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Ante el derrocamiento de Isabel Martínez de Perón

 

Ante el derrocamiento de la presidente Isabel Martínez de Perón, la disolución de los parlamento nacional y provinciales, la suspensión de la actividad política y gremial, la intervención a numerosas organizaciones gremiales y la detención de miles de ciudadanos, el Partido Socialista Popular declara:

1º)     Desde el 25 de mayo de 1973, el Partido Socialista Po­pular planteó constantemente y por todos los medios (comuni­cados, editoriales, solicitadas y documentos) que era preci­so llevar adelante un plan económico que nacionalizase los monopolios extranjeros y expropiase a la oligarquía terrate­niente, a los efectos de posibilitar una correcta redistribución de la renta nacional en favor de las mayorías del país, mediante el incremento de la capacidad adquisitiva de los salarios, incremento de ingresos de los sectores medios, fortalecimiento y desarrollo de la pequeña y mediana empresa ce la ciudad y del campo. Este plan económico dobla estructurar la base material de la libertad, el bienestar y la independencia nacional. El Partido Socialista Popular expresó también que este proceso sólo podría arribar a un resultado positivo si se aseguraba una activa participación popular, respetando el federalismo y el funcionamiento democrático y representa­tivo de las organizaciones sindicales,   Se afirmó que cada intervención provincial y cada intervención sindical reduciría las bases de sustentación del propio gobierno central.

2º)     El gobierno electo por el pueblo no nacionalizó los grandes monopolios extranjeros ni expropió a la oligarquía terrateniente y, en vez de ampliar la participación popular, la redujo. La nacionalización fue reemplazada por la nego­ciación, reiterándose el error y la debilidad en que incu­rrieron los gobiernos electos por el pueblo en 1916 y en 1946.

El desabastecimiento, el mercado negro, la evasión impositi­va y el envío permanente de divisas al exterior fue la respuesta de los monopolios y de la oligarquía a la negociación.

Desaparecido el Gral. Perón, el poder de negociación del go­bierno electo por el pueblo se reduce drásticamente, y el Partido Socialista Popular advierte que nadie debe especular con el fracaso del gobierno, porque tal fracaso solo traería dolor y hambre para los argentinos,

3º)     Desde junio de 1975, ante la evolución y profundidad alcanzada por la crisis económica, social y política, el Partido Socialista Popular plantea la necesaria e imprescindible formulación de un acuerdo argentino y nacional que, con­cretando puntos mínimos de coincidencias entre quienes representan el pueblo de la patria, posibilitase un accionar común de los argentinos sobre la base de un compromiso público y responsable. En este sentido, el Partido Socialista Popular se dirigió en reiteradas oportunidades al gobierno nacional, a los partidos políticos, a la C.G.T., a la C.G.E., a la Federación Agraria Argentina, a las Fuerzas Armadas y a la Iglesia.  Unos por considerarlo improcedente, otros inoportu­no, otros apresurado y otros fuera de sus funciones específicas, rechazaron nuestra patriótica preocupación.   Ante el agravamiento de la crisis, el Partido Socialista Popular planteó nuevamente la imprescindible concertación entre el gobierno, los partidos políticos, la C.G.T., la C.G.E., la Federación Agraria Argentina y las Fuerzas Armadas, de un plan de emergencia nacional para salir de un proceso de crisis que denunciamos sin retorno. Tampoco esta inquietud tuvo eco. A pesar de todo, el Partido Socialista Popular siempre fue contrario a la alteración del orden institucional, porque creía y cree que la solución de los problemas argentinos estriba en ampliar la participación popular y no en suprimirla. El 24 de marzo se quebraba nuevamente en nuestra patria el orden institucional, demostrándose una vez más que la liberación nacional no se negocia sino que se hace; demostrándose una vez más la imposibilidad de que un sector de las mayorías nacionales, por mayoritario que sea, pueda lograr por si solo la liberación nacional, y demostrándose una vez más la imposibilidad de un gobierno estable electo por el pueblo con la existencia en nuestro país de las organizaciones monopólicas extranjeras y de una oligarquía terrateniente siempre ligada a ellas.

4º) Los acontecimientos también reflejan el avance de nuestro pueblo, que muchos pretenden ignorar, a través de la unidad de las fuerzas políticas representativos de las mayorías nacionales en defensa del orden institucional que se exterioriza en la reunión multipartidaria del 23 de marzo. La madurez del desarrollo de nuestro país queda demostrada asimismo en la prudencia de la proclama de quienes se hacen cargo del aparato administrativo del Estado. Surge ahora en el país una nueva realidad, con una serie de medidas económicas que descargan el peso de la crisis sobre todo en los trabajado­res y los sectores medios en forma inmediata y que, progresivamente, ha de resentir en alto grado la actividad de los pequeños y medianos productores de la ciudad y del campo. La liberación de los precios y el congelamiento de los salaries determina una quita concreta del poder adquisitivo de los salarios que alcanza el mes de abril un 34,6% y en los primeros cuatro meses del año un 138,7%.

La economía del país no puede solucionarse en un día, pero los trabajadores cada día ven reducida su posibilidad de comprar artículos de primera necesidad y de vestimenta. El incremento del costo de los medicamentos atenta contra la salud de la población, que constituye la riqueza fundamental de la nación. Tomar medicamentos es un lujo. Se adoptan normas impositivas que no contemplan la real capacidad con­tributiva de todos y que, alejándose del principio de justi­cia en materia de impuestos, grava con mayor intensidad al pequeño y mediano productor. La modificación de la ley que regula el contrato de trabajo no sólo agrava la situación del trabajador, que cada día gana menos y cada día tiene menos derechos, sino que posterga vitales intereses de la nación como son la familia y la natalidad. Resulta incompatible con la idea de un equilibrado desarrollo nacional disminuir la protección al matrimonio, acto constitutivo de la familia, y a la mujer embarazada, etapa gestatoria de la natalidad. Todas las políticas de "libertad de comercio" han fracasado reiteradamente en el país y no tienen aplicación en ninguna parte del mundo. De una forma u otra existen controles de la actividad económica en todos los sistemas, sean estos capitalistas o socialistas. Es innegable el fracaso de la anterior política de control, pero se hacía necesaria perfeccionarla incrementando fundamentalmente la participa­ción popular y no suprimiéndola, con la pretensión de retro ceder 40 años en el planteamiento económico de la República.

Es inaceptable para los intereses del país y de las mayorías nacionales apuntar al desarrollo de una economía de escala (de grandes empresas) en perjuicio de la pequeña y mediana industria. Esto constituye una planificación económica superada por la experiencia, que ha revalorado desde un punto de vista económico, social, político y estratégico la actividad de las pequeñas y medianas empresas.

La capacidad adquisitiva de los sectores populares puede restringirse con su consenso a los efectos de la realización de un plan nacional que se traduzca en bienestar, salud y educación, pero no puede restringirse en desmedro del bienestar de los sectores asalariados, en desmedro consecuente del desarrollo y actividad de la pequeña y mediana empresa de la ciudad y del campo, y en beneficio de mayores márgenes de ganancia para los grandes monopolios internacionales.

5º) Ante la situación planteada en el país, significaría seguir recorriendo el camino del error el pretender trazar una línea divisoria entre el pueblo y las Fuerzas Armadas que han asumido la administración de la nación. El problema de los argentinos no es el de civiles o militares. Continúa siendo la necesidad de incrementar la libertad y el bienestar de las mayorías nacionales y el de afianzar la independencia nacional.

Para ello hay que cerrar la canilla por donde los monopolios extranjeros se llevan nuestras riquezas al exterior.

El desabastecimiento, el mercado negro, la evasión impositiva, no son producidos por los almaceneros ni por los controles estatales. Los producen las grandes empresas que no tienen más bandera ni nacionalidad que la ganancia, como se cansara de denunciarlo, entre otros tantos patriotas argentinos, aquel inmortal abanderado de Y.P.F. que fue el Gral. Enrique Mosconi. Renegar de su obra y no escuchar su mensaje, renegar de Savio y no escuchar su mensaje, no rescatar y superar las realizaciones logradas por los gobiernos populares de Yrigoyen y Perón es dar la espalda a la historia de los argentinos, que no pertenece a ningún sector sino que se inicia con Saavedra y con Moreno combinando la práctica y la idea de generaciones y generaciones por hacer un país libre e independiente. Continuar esa trayectoria es continuar la obra y el sacrificio de las mayorías nacionales. Desarrollar el dialogo, organizar al pueblo, crear nuevos canales de participación debe constituir el objetivo de todo argentino preocupado por su suerte y por la suerte de la nación.

A la juventud, que es futuro, no se la puede convocar solamente para estudiar y esperar. Mala es la mentalidad del simple heredero. Debemos crear una juventud con mentalidad responsable de efectivos protagonistas, y para ello hay que convocarla para opinar, trabajar, estudiar y construir una patria que no ha de heredar sino que ha de forjar.

 

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