Fundación ESTEVEZ BOERO

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Acerca de la situación nacional

MESA EJECUTIVA DEL COMITE NACIONAL DEL PARTIDO SOCIALISTA POPULAR

Secretaría General: GUILLERMO ESTEVEZ BOERO

Secretaría de Interior: HECTOR J. CAVALLERO

Secretaría Gremial: HECTOR MIGUEL DI BIASSI

Secretaría de Asuntos Juveniles: MIGUEL A. GODOY

Secretaría de Información Técnica: JUAN CARLOS ZABALZA

Secretaría de Prensa y Propaganda: RUBEN BILLICICH

Secretaría de Finanzas: CARLOS R. CONSTENLA

Secretaría de Cultura: VICTOR MARIO MONDSCHEIN

Secretaría de Actas: CARLOS E. SPINI

 

El respeto de la Voluntad Popular y la participación activa de los Partidos Políticos, C.G.T., C.G.E., Federación Agraria Argentina y Fuerzas Armadas, son necesarios para superar la crisis.

 

El Partido Socialista Popular apoyó la candidatura del Tte. Gral. Juan Domingo Perón a la presidencia de la República por entender que ella sintetizaba las aspiraciones de la amplia mayoría de los tra­bajadores y de los sectores populares de nuestra Patria, en su búsque­da de libertad, bienestar e independencia nacional.

El amplio apoyo logrado en las urnas, que superó los votos obte­nidos por los anteriores candidatos del FREJULI (Cámpora-Solano Lima 5.908.414; Perón-Perón 7.393.607), confirmó la apreciación del Par­tido acerca de la voluntad de los trabajadores y de los sectores popu­lares.

Las medidas que en el orden económico (aumentos periódicos de sueldos, jubilaciones, pensiones, salario familiar, congelación de pre­cios, otorgamiento de créditos a la pequeña y mediana empresa, des­arrollo de la exportación, relaciones con todos los países del mundo y búsqueda de nuevos mercados para nuestras exportaciones en el exterior) tomara en el inicio de su gestión el gobierno peronista y que concretara una real redistribución de la renta nacional en favor de los trabajadores y una protección de la pequeña y mediana empresa nacional, a la vez que la limitación del accionar de los intereses extran­jeros, confirmó en los hechos el acierto de la decisión de nuestro Partido. Se elevó el poder adquisitivo de los trabajadores, se desarro­llaron las pequeñas y medianas empresas nacionales y no existió desempleo.

En este accionar en favor de las mayorías nacionales, ocupa un lugar trascendente la aprobación de la Ley de Contrato de Trabajo que ubica a nuestro país entre los primeros del mundo en cuanto a legislación laboral se refiere. Todo este accionar gubernamental en favor de los trabajadores y del quehacer nacional, provocó el cons­tante boicot de las empresas extranjeras y de los grandes dueños de la tierra, quienes, amparados por la debilidad de una organización estatal que no manejaba los resortes de nuestra economía, se dieron a crear un ambiente de hostigamiento que se concretó a través del terrorismo económico, mediante una campaña coordinada de desabas­tecimiento sin antecedentes en Argentina.

Es común y el último ejemplo fue Chile, que cuando existen go­biernos populares que perjudican los intereses de los monopolios ex­tranjeros y de los terratenientes, para poder favorecer a los sectores populares, el gran capital se dedica a "fabricar" el desabastecimiento que le permite obtener "sobreprecios" con los cuales burlan la conge­lación de los precios y aumentan ilegítimamente sus ganancias, a la vez que producen descontento en el pueblo debilitando así las bases de sustentación de los gobiernos populares. Esto lo puede hacer el gran capital porque el Estado no tiene en sus manos los mecanismos de la distribución de productos y mercaderías ni los mecanismos nece­sarios para realizar por su cuenta el gran comercio mayorista.

Alentados también por la debilidad de la organización estatal, los enemigos del país se dieron a la construcción de un mercado negro, cuya magnitud —por primera vez— prácticamente equivale a la dis­tribución de bienes por el mercado legal, posibilitándoles enormes ga­nancias, al no pagar impuestos y vender a precios sin control, susten­tándose en el desabastecimiento por ellos mismos creado. La única forma efectiva de terminar con el mercado negro, es decir con la fa­bricación y venta de artículos que no se declaran, es dar a las orga­nizaciones sindicales plena participación en la dirección de las grandes empresas de la ciudad y en la de los terratenientes del campo.

El terrorismo económico ejercido por los monopolios extranjeros y la oligarquía fue posibilitado por la debilidad del gobierno que no avanzó en forma resuelta contra los agentes que concretan nuestra dependencia económica y que han deformado, desde nuestro nacimiento como Nación políticamente independiente, la realidad socio-económica del país. La debilidad del gobierno consistió en la no nacionalización de los monopolios extranjeros y en la no expropiación de la oligarquía terrateniente. Estos agentes, viejos enemigos de las mayorías nacio­nales, son los que en 1930, 1955 y 1966 instrumentaron los golpes de estado y terminaron con la existencia de gobiernos representativos de los sectores populares.

El Partido Socialista Popular, en reiteradas oportunidades y apro­vechando todo tipo de coyuntura, manifestó a los integrantes del Gobierno Nacional y de las mayorías nacionales que era incompatible en nuestro país a la luz de la experiencia histórica, la coexistencia de un gobierno de quehacer popular con los monopolios extranjeros y la oligarquía terrateniente.

A pesar de que el gobierno no tomara medidas trascendentes en este sentido, el Partido Socialista Popular no se dejó llevar jamás por los cantos de sirena liberales o ultra revolucionarios y jamás confun­dió los campos de la realidad política de la Patria. Los liberales ata­caron al gobierno por totalitario y demagógico y condenaron el diá­logo que los partidos políticos mantuvieron en forma positiva y cons­tructiva permanentemente con el Teniente General Perón y los ultra­rrevolucionarios atacaron al gobierno por reaccionario, por no tomar éste medidas de fondo en materia de Liberación Nacional; unos y otros alejados de la realidad de las mayorías nacionales se equivocaron al no reconocer que el gobierno, a pesar de sus debilidades y errores, representaba lo nacional y lo popular, porque representaba y merecía la confianza de la inmensa mayoría de los trabajadores y de los secto­res populares. El Partido Socialista Popular jamás transitó el camino de lo antipopular y de lo antinacional y sintetizó ante la existencia de grupos minoritarios que desconocen el rol protagónico de los tra­bajadores y de las mayorías nacionales, su postura política expresando: con el pueblo todo, sin el pueblo nada.

El Partido Socialista Popular también se negó al juego de los for­malismos de exigir renuncias de determinados ministros, porque en­tendió y entiende que lo trascendente es concientizar a las mayorías nacionales acerca del real alcance de las medidas que los mismos implementan. Por ello, señaló que el gobierno tenía que rectificar en forma urgente las realizaciones del área económica y del área educa­cional por las cuales transitaba en forma errada.

En el área económica la política de Gómez Morales frenó las me­didas positivas del gobierno y creó las condiciones para la aparición del "Plan Rodrigo", netamente antipopular y antinacional, por perju­dicar los intereses de los trabajadores y de los sectores medios y por perjudicar los intereses de la Nación en beneficio de las empresas monopólicas extranjeras o multinacionales. En el área de la educación, lo que se le llamó la misión Ivanissevich es una concepción oligárquica de la educación tendiente a favorecer la educación de círculos privile­giados y a poner vallas en el acceso a la cultura a los hijos de los tra­bajadores y a los hijos de los sectores populares. Para ello puso cupos de ingreso a la Universidad, limitó la Obra Social y clausuró y elevó los precios de los comedores estudiantiles. Para hacer todo ello, se per­mitió desconocer y no aplicar la Ley Universitaria aprobada por una­nimidad por el Parlamento y promulgada por el Teniente General Perón.

A su vez, el Partido Socialista Popular expresó en numerosas opor­tunidades su posición contraria al terrorismo, porque éste obedece a un concepto individual de la historia, que cree que la historia la hacen determinados hombres y por eso eliminando a algunos hombres se puede cambiar el curso de la historia. El Partido Socialista Popular tiene una interpretación social de la historia y cree que la historia la hacen los pueblos y en la hora actual la hacen fundamentalmente los trabajadores. Por eso cree que no fue Liniers el que echó a los ingle­ses que invadieron a Buenos Aires sino el pueblo porteño y por eso cree que se modifica nuestra historia organizando y movilizando a los sectores populares y no matando a algunos dirigentes. De la mis­ma manera entiende que la forma de combatir esta interpretación in­dividual de la historia no es matando a quienes la practican, sino or­ganizando y movilizando a los sectores populares para que sean ellos quienes definan con toda claridad y en forma definitiva la situación nacional.

En oportunidad de los conflictos sindicales, el Partido expresó el necesario respeto de la democracia sindical y de las autoridades sindicales legítimamente elegidas por las bases. El Partido refutó la intervención antojadiza de determinadas provincias expresando la necesidad de respetar la voluntad popular y los gobiernos provinciales electos por el pueblo al margen de todo interés sectorial o de grupos existentes dentro del Partido mayoritario. Asimismo, advirtió que las crecientes limitaciones al ejercicio de la voluntad popular llevarían ine­xorablemente a debilitar la base de sustento popular del gobierno. Un gobierno que basa su existencia en la voluntad de las mayorías nacio­nales, no puede desconocer la voluntad popular cuando en algún sin­dicato o en alguna provincia se elija un secretario general o un go­bernador que no sea de su agrado, porque está comenzando a desco­nocer su propia base de sustentación. Está serruchando la rama sobre la cual está parado.

El país, que avanzaba en esta realidad indefinida en cuyo desa­rrollo siempre se benefició el accionar de los monopolios y de la oli­garquía, sufrió el primero de julio de 1974 el terrible golpe de ver desaparecer al genuino conductor de las mayorías nacionales, el Te­niente General Juan Domingo Perón. En aquella oportunidad, el Par­tido fijó lo que concretó como grandes e indispensables objetivos del gobierno popular, a los efectos de garantizar su existencia: 1) Nacio­nalizar a los monopolios extranjeros y expropiar a la oligarquía te­rrateniente; 2) Organizar un Frente de las mayorías nacionales; 3) Desterrar todo accionar de grupos o de sectores que trabarían el que­ hacer nacional. Al mismo tiempo, señaló que el fracaso del gobierno popular sólo determinaría un futuro de dolor para los argentinos y abriría la apetencia de los mercenarios al servicio de cualquier aven­tura golpista instrumentada por los intereses de los monopolios y de la oligarquía.

Evidentemente, no existió sensibilidad a nivel gubernamental para acatar los reclamos populares e investirse así de la grandeza necesa­ria para coordinar el esfuerzo nacional por la Liberación Nacional. Se mantuvo durante largos meses posturas erradas y contrarias a los requerimientos populares en materia económica y educacional y se continuó desarrollando en el país el terrorismo y el contraterrorismo.

El Partido Socialista Popular, a través de sus militantes gremiales y de su esforzada prédica, no cejó en ningún momento —pese a las discrepancias con algunas direcciones sindicales— de defender las or­ganizaciones gremiales naturales y la unidad y vigencia de la CGT. Al mismo tiempo, no desperdició oportunidad para acortar distancias entre las Fuerzas Armadas y los sectores populares, expresando a los Comandantes Generales y concretamente a los Comandantes de los di­versos cuerpos del Ejército Argentino, la necesaria unificación tras las banderas de Liberación Nacional y que el dilema existente en el país no se definía entre civiles y militares sino en los términos de libera­ción o dependencia. Una vieja tradición liberal y la prédica de anti­guos sectores de izquierda permanentemente han tendido a desarrollar el antagonismo entre civiles y militares. Esta división entre los argen­tinos perjudica al país y no se ajusta a la realidad nacional. Para ella ha resultado tan negativo un Uriburu como un Pinedo, un Onganía como un Krieger Vassena, porque el dilema del país es el de dependen­cia o liberación y consecuentemente la tarea patriótica es la de organi­zar al mayor número de argentinos posible, sean civiles o militares, religiosos o laicos, tras las banderas de la Liberación Nacional.

La corrección de la postura de nuestro Partido de ponerle el hom­bro al País y en especial, a su sector dinámico más generoso y expo­liado que está constituido por los trabajadores de la ciudad y del campo, tuvo su exteriorización en el desarrollo de la organización par­tidaria que a pesar del hostigamiento permanente de los represen­tantes, conscientes o inconscientes, de los intereses antipopulares y anti­nacionales, se realizó en todo el ámbito del país y en todos los niveles.

Tal cual lo expresáramos, la coexistencia de un gobierno de accio­nar popular con los monopolios y la oligarquía resulta imposible. O este gobierno se ve embestido por las fuerzas reales que estos sectores tienen en el país, o el gobierno cambia su planteo por un accionar en beneficio de los monopolios y de la oligarquía.

Esto último ha acontecido en nuestro país a partir del último re­cambio del equipo económico, que encabezó el ingeniero Celestino Rodrigo, a partir del nuevo trato privilegiado con las empresas mul­tinacionales.

La contradicción de estas políticas con los intereses populares y con los intereses nacionales, es clara y concreta. Su simple enuncia­ción y la aplicación de las primeras medidas han determinado la para­lización de la actividad cotidiana de la República y la oposición ma­siva de los sectores populares que no admiten pasivamente verse des­pojados de su capacidad adquisitiva. En otras palabras, no admiten tener que comer menos y tener que vivir peor para beneficio exclusivo de los monopolios extranjeros y de los sectores terratenientes.

En un ambiente caracterizado por las amenazas, las muertes, los negociados y la falta de sensibilidad para escuchar a los trabajadores y a los pequeños y medianos empresarios de la ciudad y del campo, el país se precipita en medio de una grave crisis económica, social y política. De la cual sólo los enemigos tradicionales de los intereses de nuestro pueblo pueden sacar provecho.

En medio de esta situación el Partido Socialista Popular, cuyo ob­jetivo central consiste en crear nuevas formas de vida en donde re­sulte inexistente la explotación del hombre por el hombre y del pue­blo por el capital, debe señalar con profunda satisfacción la exteriori­zación del alto nivel de madurez y de conciencia organizativa de los trabajadores argentinos que, agrupados en sus organizaciones natura­les y representados por la CGT, enfrentan en fábricas y calles de la República la aplicación de un plan económico cuyo contenido no sólo lesiona los intereses concretos de los trabajadores y de los sectores medios, sino que afecta profundamente la soberanía de nuestro país y su accionar como Nación independiente.

El Partido Socialista Popular rechaza todo intento de sumar el descontento popular al accionar irresponsable de grupos minoritarios que no comprenden al pueblo ni al país por no integrar las filas de los que en nuestro país trabajan.

El Partido Socialista Popular repudia todo intento de aprovechar la resistencia popular para instrumentar un golpe de Estado que des­conozca la soberanía popular, elemento indispensable en la construc­ción de la Nación y en el logro de la Liberación Nacional.

El Partido Socialista Popular insta a la Sra. Presidente a escu­char el clamor de las mayorías nacionales, a rectificar una política económica ajena a los intereses de la Nación, a cumplir con los com­promisos públicamente adquiridos con el pueblo y con los trabajado­res en particular, homologando las convenciones colectivas de traba­jo y respetando las organizaciones de aquellos que, como los traba­jadores y los sectores medios, han construido esta Argentina, que no por su naturaleza, sino por el trabajo de sus hijos ocupa un lugar de privilegio entre las naciones del mundo.

El pueblo votó en dos oportunidades un programa económico al servicio de las mayorías nacionales, de la justicia social, de la inde­pendencia económica y de la soberanía política. Solamente cumpliendo su mandato es posible mantener y afianzar las instituciones represen­tativas del país. El desconcierto, la incomprensión, la angustia de las mayorías nacionales que sienten sobre sus espaldas el peso total de un plan económico planteado para superar una crisis generada por los monopolios y la oligarquía, sólo favorecen a una violencia ajena a la voluntad popular y cuyo desarrollo sólo beneficia a los planes de los monopolios extranjeros y de la oligarquía terrateniente.

El Partido Socialista Popular convoca a los gobiernos provincia­les a escuchar el justo reclamo de sus pueblos y a los parlamentarios nacionales y provinciales al cumplimiento del mandato popular, al cumplimiento del programa con el cual fueron electos y a adquirir permanente conciencia de que constituyen la exteriorización de la so­beranía popular a la cual no pueden ni deben defraudar.

El Partido Socialista Popular convoca a todos sus afiliados, sim­patizantes y amigos a rodear en cada ciudad y en cada fábrica a las organizaciones sindicales y a las organizaciones representativas del que­hacer nacional, como lo son la Confederación General Económica y la Federación Agraria Argentina.

El Partido Socialista Popular convoca a una inmediata reunión de concertación de las fuerzas del trabajo, de las fuerzas empresaria­les argentinas, de los partidos políticos representativos de los sectores populares, para estructurar un plan económico de real contenido nacional y popular que contemple la defensa del poder adquisitivo de los trabajadores, jubilados, pensionados e integrantes de las capas medias, acorde con el alza del costo de la vida; un adecuado control de precios partiendo de las empresas líderes; créditos de largo plazo y bajo interés para la mediana y pequeña empresa nacional a fin de afrontar la actual crisis y poder hacer así efectivo el pago de salarios y favorecer su desarrollo futuro y la participación activa de los tra­bajadores a través de sus organizaciones sindicales en el control ad­ministrativo de las grandes empresas.

No es cierto que el país se halle en peores condiciones que nunca; la capacidad técnica y humana de sus trabajadores es la más alta que registra la historia nacional y la más alta del continente latino­americano. El desarrollo de sus organizaciones empresariales, el más alto logrado en su historia económica. Unos simples guarismos de ba­lanza de pago o de presupuesto no constituyen el país. El país real lo constituyen los trabajadores y sus fuerzas productivas y ese país real está en las mejores condiciones de su historia para un despegue organizado hacia la Liberación Nacional.

No se debe caer en la trampa de los voceros del capital extranjero, como el frondo-frigerismo que quiere aprovechar las cifras emitidas por el ministro de economía para instrumentar su plan entreguista. El país real muestra un nivel de concientización de su pueblo, de desarrollo tecnológico e industrial y una organización de sus trabaja­dores que le permite encauzarse hacia la Liberación Nacional asegu­rando su existencia como Nación independiente y la seguridad y la confianza en el trabajo y en la producción.

El país ha estado en situaciones peores. Bajo las dictaduras merce­narias del 30, 55 y 66, bajo la década infame que deparó, al país la oligarquía terrateniente desde el 30 al 43. Echar de la casa de gobier­no a los consignatarios de cifras sin contenido y convocar a las fuerzas reales del trabajo y la producción es el camino correcto. Planifi­car una economía con la participación de los sectores productivos y no al dictado de fórmulas de economistas formados en las teorías de la dependencia y sumisión a los capitales extranjeros es el método de la formulación de un plan económico para este país.

A asumir esta responsabilidad por parte de toda la ciudadanía, a defender la soberanía popular rechazando toda aventura golpista, a exigir una planificación argentina de la economía, a respetar las orga­nizaciones gremiales y políticas de los trabajadores y de los sectores medios, en definitiva a defender a la Argentina, nuestra Patria, ante el accionar permanente de los monopolios extranjeros y de la oligar­quía terrateniente, convoca el Partido Socialista Popular a todos los integrantes de las mayorías nacionales.

Ante el futuro de corrupción, ante el futuro de drogas, ante el futuro de guerras y de racismo que promete la estúpida sociedad de consumo que se nos impone, el Partido Socialista Popular levanta una fu­tura patria socialista donde el hombre sea el señor de la tierra y del espacio, donde se reconozca como máxima riqueza de la Nación a su pueblo y, conse­cuentemente, la salud pública y la educación sean los pilares de todo progreso y para que en un ambiente de libertad, de bienestar y de independencia nacional se condene para siempre a la bohardilla de la histo­ria, a la expoliación del hombre por el hombre y de los pueblos por el capital.

 

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