Fundación ESTEVEZ BOERO

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Socialismo es Juventud

 

Buenos Aires, Agosto de 1988

INTRODUCCIÓN

Durante los días sábado 30 y domingo 31 de Julio se realizó en la ciudad de Mar del Plata el Seminario Nacional de los jóvenes de la Unidad Socialista. El mismo fue organizado por los Partidos Socialista Democrático, Socialista del Chaco y Socialista Popular y auspiciado por la Fundación Friedrick Ebert. Contó con la presencia de 70 delegados provenientes de todo el interior del país y se desarrolló en un marco de gran unidad y confraternidad.

Al cierre de las jornadas dirigieron un mensaje a los delegados presentes el Se­cretario General del Partido Socialista Democrático, Compañero Raúl Dellepiane y los Secretarios Generales Juveniles de las tres organizaciones: Cros. Guillermo Torremare del P.S.D., Luis Basterra del P. S. CH. y Rubén Giustiniani del P. S. P.

APERTURA

Palabras de Lino Orsolini - Miembro del Consejo Ejecutivo del Partido Socialista del Chaco

Compañeras, Compañeros, jóvenes Com­pañeros, traigo el abrazo fraterno de los com­pañeros Socialistas del Chaco, y en especial del compañero Secretario General Raúl Rosciani, que por razones estrictamente ajenas a su voluntad no puede estar hoy con Uds. co­mo lo hubiera querido.

Los Socialistas del Chaco venimos a es­tas reuniones, apremiados de la orfandad que significa ser un partido de distrito. Les pido por eso que nos tengan paciencia. Hace poco menos de dos años, tuve oportunidad de ha­blarle a los compañeros Socialistas que asistie­ron a las jornadas de salud de la Unidad Socia­lista en Córdoba, y poco después en el teatro de las Provincias de Capital Federal, en la conmemoración de un nuevo aniversario de nuestro partido, en esa ocasión repetía, que si algo queremos profunda y sinceramente los Socialistas del Chaco, es justamente dejar de usar ese pomposo nombre de Partido Socialis­ta del Chaco, para pasar a ser, únicamente el distrito Chaco del Gran Partido Socialista de la Argentina.

Hoy tengo que dejarles a Uds. jóvenes compañeros algún pensamiento, quiero decir­les que Uds. van a ser por capacidad, militancia, convicciones y también por razones bio­lógicas los constructores y ejecutores de la Argentina de la Solidaridad, de la auténtica Justicia Social, y de la Soberanía Nacional; van a ser en definitiva los constructores y e­jecutores de la Argentina Socialista que todos queremos.

Pero también tengo que decirles, que son Uds. los que van a tener que decir que NO a algunos compañeros que equivocada­mente piensan que los Socialistas tenemos que ser furgón de cola de alguno de los dos grandes partidos que hoy desgobiernan nues­tro país. Son Uds. los que van a tener que de­cirles, y aquí, no sé si llamarlos compañeros, que intentan revivir los fantasmas del pasado que estos fantasmas están muertos y enterra­dos, y que los Socialistas, y fundamentalmen­te la juventud avanza en convivencia, en consenso, en coincidencias, hacia la unidad defi­nitiva de nuestro partido.

Dentro de unas pocas horas voy a volver a mi provincia mientras Uds. aquí trabajan y estudian; y dentro de una semana, en un Pueblito en el medio del Chaco, nos vamos a reunir el Consejo Provincial y todos los Secre­tarios Generales de los Centros del Partido, y junto a los jóvenes que me acompañaron le vamos a transmitir a esos compañeros, que a quí en Mar del Plata la juventud de la Unidad Socialista estuvo estudiando, trabajando, coin cid ¡en do; estuvo en definitiva construyendo, el gran Partido Socialista que todos queremos.

Les deseo a Uds. mucha suerte en estos días, y le agradezco la amabilidad de haberme escuchado.

Palabras de Julio Benítez - Secretario General de la Federación Socialista Democrática de la Provincia de Buenos Aires

Esta reunión de jóvenes se produce en un instante históricamente favorable para que vayamos definiendo, cada vez con más preci­sión, lo que esperamos de la juventud. La de­manda que, desde distintos sectores se ha­cen a la juventud, deben ya acompañarse de precisas puntualizaciones acerca del lugar que los jóvenes tienen en nuestra práctica partida­ria y del puesto que ocuparán en cada caso en que la ciudadanía nos confíe una trinchera, una avanzada en la lucha.

Los tiempos actuales —y este fenóme­no que acentuarán en los inmediatos por ve­nir— serán en cuanto a presencia demográfi­ca y en cuanta incidencia en el espíritu ex­puesto de nuestra civilización, tiempos jó­venes.

De manera que, a mi parecer, este reju­venecer en presencia y en espíritu de las so­ciedades, es un fenómeno inevitable. La cues­tión: desde qué afirmación política y ética contribuirán los jóvenes a esculpir el torso del futuro.

El socialismo puede ser abordado desde una enorme cantidad de perspectivas. Elegir algunas es un ejercicio caso acético, en cuanto importa renunciar a la descripción global pa­ra asumir los riesgos del análisis particular.

En cuanto doctrina o tesis para la inter­pretación de los fenómenos históricos y las leyes del cambio social es una aproximación optimista. Sostenemos los socialistas que las claves del desarrollo de las sociedades están escritas en los fenómenos técnicos y econó­micos, en los movimientos generales, en las manifestaciones de escala masiva. Y sostene­mos que la inteligencia humana puede leer e interpretar esas claves, siempre que supere la anécdota y entrene el ojo en la visión de ran­go superior donde los términos del discurso histórico se hacen inteligibles. Pero esta vi­sión, que antes llamé optimista por oposi­ción a la posibilidad escalofriante de que la gran aventura del hombre en sociedad no tu­viera sentidos ni claves interpretables; esta visión, es también, esforzada. Y lo es porque en cada situación debemos analizar la rela­ción de lo actual, del hoy urgido de deman­das, con los grandes desarrollos de la estruc­tura social, de los macrofenómenos. Es este esfuerzo la inteligencia no conoce comodida­des. Obligada a analizar de continuo las sínte­sis alcanzadas no hay remanso para el inquirir socialista acerca del concepto o la ley que me­jor exprese lo que vivimos y observamos. ¡Con cuánto dolor debemos abandonar mu­chas veces querida certidumbre y conforta­bles "verdades"! Para este ejercicio singular debemos los socialistas fortalecer el carácter y cultivar la agilidad y ductilidad del espíritu.

Otra característica del socialismo es la afirmación según la cual la inteligencia no de­be actuar "en vacío" sino aplicar sus palancas a la realidad concreta.

Ejercitar "el realismo ingenuo" diría el maestro Justo. Plantear el problema en la so­ciedad desde adentro de ella y para lograr un fin premediato: transformarla. No le basta "comprender" al espíritu socialista. Las tesis deben plantearse como premisas y resortes de la transformación.

Una tercera característica que hoy quie­ro destacar es que no queremos cualquier cam­bio ni aceptamos contemplar como la socie­dad se transforma ante nuestra indiferencia y anestesiamos el ánimo para soportar cualquier cambio. Esta circunstancia convoca, como un elemento necesario, al sentido ético, a la elec­ción de uno solo entre los posibles diseños del futuro y a empezar en la acción militante, la voluntad y el coraje.

Yo me pregunto y le pregunto a esta reunión de jóvenes: ¿No son la agilidad y la ductilidad del espíritu para mantener abierto a los cambios, la vocación de trabajo desde el se­no de la sociedad y la prontitud y disposición para jugar la vida por la que queremos mejor, no son estas 3 características, la definición de la juventud.

 

Palabras de Guillermo Estévez Boero - Secretario General de la Mesa Ejecutiva del Comité Nacional del Partido Socialista Popular

Participar de este Seminario representa un compromiso, quizás mucho más serio que en otros seminarios organizados por la Unidad Socialista, por cuanto se trata de la juventud que es el futuro, que es la esperanza con que cuenta la Nación para salir hacia adelante.

Para poder ser ese futuro y esa esperan­za en medio de la crisis por la que atravesamos deben tener confianza y convicción en ustedes mismos y en su posibilidad de construir un fu­turo distinto.

Para ello, hoy nosotros tenemos que consolidar la democracia en que vivimos como primera jerarquía en el accionar político de los socialistas. Esta es una democracia joven sumamente imperfecta, que debemos defender mucho más allá de un gobierno, mucho más allá de un programa, mucho más allá de un equipo económico. Debemos defender la posi­bilidad de la vida, del diálogo, de la concertación entre los argentinos para poder construir ese futuro distinto.

Ustedes heredan los grandes legados del país. Son herederos de la juventud que se alis­tó en los regimientos de Patricios y de Arribe­ños para rechazar a los ingleses en Buenos Ai­res, y que siguió esperanzada en que vendrían otras jornadas de independencia; y allí estuvie­ron el 25 de mayo, junto a la gente del centro y de los barrios, de los orilleros, de los chispe­ros de French y de Beruti.

Esta fue la juventud que dio vida, que dio calor, que dio impulso a la Primera Junta en el camino hacia la independencia nacional. En aquella Semana de Mayo fue la efervescen­cia, fue el palpitar de la ciudad, de sus calles, de sus quintas, anunciando que algo nuevo na­cía y era un nuevo país, porque había gente, había jóvenes que se tenían confianza para construir un país independiente.

Han pasado muchos años. Hoy tenemos que apurar esa confianza, esa fe, esa convic­ción de que podemos ser, que podemos ser al­go que no es copia de nadie. Y aquí adquieren valor nuevamente las palabras de Juan B. Justo: "El problema del socialismo no es en este país, ni en otro alguno, poner en práctica un plan concluido y perfecto de organización social".

El socialismo no es un esquema, no es una fórmula —continúa diciendo—, el socialis­mo es la vocación, la acción política puesta al servicio del mejoramiento posible de un tiem­po determinado, para lograr el mejor desarro­llo corporal e intelectual de todos los habitan­tes de nuestra Nación.

Siempre vienen las preguntas: ¿Qué va a organizar el socialismo? ¿Cómo lo va a hacer? ¿Cuál es el esquema? No es esto el socialismo. El socialismo es una actitud vital al servicio del mejoramiento de nuestro pueblo.

El socialismo se puede hacer en cada momento, en cada nivel -nacional, provincial, comunal, barrial, en el sindicato, en la coope­radora, en la cooperativa— siempre se puede estar mejorando con la práctica de la solidari­dad y con la abnegación, las condiciones de vi­da de nuestro pueblo: esta es la construcción socialista.

Continuaba Juan B. Justo remarcando la importancia de la acción política que es lo que nos permite modificar la realidad a partir de la construcción de una nueva realidad.

En este sentido, nuestra decisión es muy simple, muy definitiva y muy trascendente, incorporarse a la juventud que ha de construir nuestro futuro o no incorporarse. El tren no pasa dos veces. Tenemos una posibilidad hoy, en esta Argentina, con todos sus defectos.

Estamos en un momento de definición, no podemos vivir en la indefinición: o salimos hacia adelante, o nos vamos hacia atrás. Y es­to hay que definirlo como lo define siempre la juventud, con corazón o pulmón. Esta es nuestra fuerza: sumémosla y juguémosla.

Como lo decía un viejo socialista esco­cés, Cunningham Graham, un hermoso perso­naje que deberíamos estudiar alguna vez, que pasó muchos años entre nosotros y murió en­tre nosotros, decía que el socialismo tiene co­mo objetivo central despertar la confianza en cada uno de nosotros y en los demás, este es el motor de arranque de la posibilidad de cambio.

Este es el gran papel de la juventud en 1988. Una juventud que tiene que salir de la Universidad, que tiene que ir a los barrios, que tiene que fusionarse con quienes no tienen la suerte de estar trabajando y estudiando, y sólo quedaron trabajando, porque hay que sumar a toda la juventud que ha de construir nuestro futuro. Para ello heredan ustedes lo grande, lo bueno y lo trascendente del país. No hereden lo pequeño de nosotros, nuestros errores, nuestras divisiones, nuestra falta de confianza en la Argentina. Hereden lo grande para poder construir. Miren hacia arriba —como lo deci­mos muchas veces—, en la cumbre está la Na­ción.

Actuemos con espíritu amplio, con pre­disposición al diálogo, a escuchar al último, al más minoritario. Sumemos todos los apor­tes para poder construir. Sumemos todas las fuerzas, todas las energías sin despreciar nada, porque necesitamos todo, absolutamente todo y mucho más para poder salir de este difícil momento en que estamos.

Pero también decía Juan B. Justo, en un mensaje a las juventudes socialistas a fines de 1927: “Hoy más que nunca necesita la juven­tud informarse y estudiar para una acción so­cial conducente”.

Así como se veían por la madrugada los destellos de las diversas hogueras en los cam­pamentos de los ejércitos de la independencia, deberíamos ver nosotros, cada madrugada, las luces encendidas en las piezas de los jóvenes que, quitándole horas al sueño y al descanso, están estudiando, se están formando e infor­mando para estar a la altura del objetivo a que deben concurrir, que es la construcción de una nueva sociedad.

En aquel mensaje, Justo también decía que se debe rechazar el izquierdismo vago y negativo, que no define ni concreta nada, que es utópico y nos margina de la realidad. Este es el encandilamiento que alguna vez Rabin-dranat Tagore definió diciendo: "brilla tanto, arde tanto, que se autoconsume".

Y esto pasa en el país; vean objetiva­mente cómo van decreciendo, cómo se van di­vidiendo, fagocitándose en una política de constante autodestrucción, porque los destru­ye la realidad de la cual están absolutamente marginados. La revolución no se proclama, se hace. Y se hace estando inserto en la reali­dad y partiendo de ella. No es rechazando y negando la realidad objetiva, sino sus valores, de donde debemos partir para modificarla.

Juan B. Justo también dice con relación al Partido Socialista, que si éste quiere ser el partido de la juventud debe sustentar los idea­les de la juventud. En este sentido, la juventud tiene un rol fundamental que es velar para que el Partido se mantenga joven, joven en ideas, en acción, en militancia. No hay que pensar que la juventud es una cosa y el Partido es otra; la juventud debe venir empujando, apu­rando, no desintegrando ni destruyendo, pero urgiendo a avanzar, a construir, a militar, a desarrollar una mayor acción política.

Por último decía: ¿Qué deben hacer los jóvenes socialistas?. Entre las cosas que Juan B. Justo propugnaba —que podrían ser casi parte textual de las resoluciones de este Semi­nario— está generalizar la práctica del deporte para sacar al joven del ocio; en aquel entonces era para sacarlo de los prostíbulos, y hoy di­ríamos para sacarlo de la droga, de los juegos mecánicos, de la pornografía, para llevarlo a un deporte sano, a las prácticas artísticas que desarrollan la sensibilidad frente a lo bello.

Otra de las propuestas era la de crear Centros de estudios políticos y sociales, don­de no se vayan a dar discursos ni a repetir libros de memoria, sino a discutir los temas que hacen a la juventud, a sus problemas, para lo­grar el primer trabajo, para constituir su hogar para cumplir con el servicio militar: todos problemas que conservan totalmente su vi­gencia.

También sugería —siguiendo el programa­ de las juventudes socialistas más avanza­das de Europa en ese momento— la realiza­ción de viajes y campamentos para favorecer el diálogo, la fraternidad, la disciplina, el tra­bajo conjunto.

Y por último, una idea maravillosa de Juan B. Justo, que también se las dejo a uste­des: la realización de la fiesta de la Juventud Socialista. A pesar de nuestros pocos recursos, si se pone el ingenio y la sensibilidad necesa­rios, para poder demostrar qué significa ser jo­ven y socialista en una fiesta anual de la ju­ventud, ello podría ser un polo de atracción para muchos sectores de la juventud argentina que no es socialista y que, a través de una fies­ta, podría conocer qué pensamos y qué quere­mos los socialistas.

Para terminar, me parece que sería ejem­plar para el socialismo y para el país que las juventudes socialistas en este seminario, recla­masen a sus mayores, abordando una tarea ur­gente y concreta para hoy no para el futuro, la reedición de las obras completas de Juan B. Justo, para que podamos estudiar y volver a generar un tiempo que tenga futuro.

 

Despachos

Comisión N° 1

Juventud y Socialismo

Conscientes de la necesidad de las transformaciones que requiere nuestra Nación y, que la juventud biológicamente es quien puede motorizar el cambio, creemos necesario generar participación para formar una nueva conciencia.

Utilizando con la gente un lenguaje claro y simple, partiendo de las cosas que ne­cesita y reclama, promoviendo su organización y participación solidaria.

Debemos construir lo posible, por me­dio de hechos, no con promesas, conociendo la realidad para poder modificarla, aprendien­do a ser socialista profundizando día a día nuestra práctica.

Debemos saber sumar a más compañe­ros, de acuerdo a su realidad y dándoles siem­pre poder de decisión.

Creemos en la necesidad de dar solucio­nes concretas a cada una de las diferentes pro­blemáticas que conforman la realidad, apor­tando en los barrios, en la actividad educativa, en los aspectos que hacen a la vivienda, al coo­perativismo, trabajando en los gremios a tra­vés de las reivindicaciones históricas del so­cialismo.

De igual forma es necesario promover actividades culturales, recreativas, deportivas, en barrios y vecinales, aprovechando también las distintas instancias democráticas que ya se tienen a través de gobierno.

Promovemos también propiciar una acti­vidad nacional en todos los Centros Socialistas en fecha determinadas.

Finalmente, ante la falta de respuestas la juventud que exhibe este sistema es una ne­cesidad el cambio, con un programa claro, so­bre cosas concretas, por medio de la participa­ción en todos los ámbitos en que nos hallamos debemos despertar la confianza en nosotros mismos, insertándonos en la realidad, con un mensaje de solidaridad y de cambio, conde­nando la corrupción en todas sus formas, profundizando la idea que el cambio es posi­ble y de que es una posibilidad real dentro del sistema democrático.

Fortaleciendo la convicción en la alter­nativa socialista, incrementando la militancia y la difusión de nuestras ideas.

Esta comisión, como síntesis de estas ideas, arribó a la conclusión de la necesidad de concretar a la brevedad en un único Partido, la aspiración de todos los jóvenes socialistas de Argentina.

 

Comisión N° 2

Participación Juvenil en el Municipio

Introducción

Nuestra sociedad vive hoy una profunda crisis de participación provocada por el agota­miento del modelo de país que tenemos. Los jóvenes no encontramos respuestas a nuestros problemas, a nuestras inquietudes, no tenemos la posibilidad de un futuro cierto. Los jóvenes socialistas creemos y estamos convencidos que revertiremos esta situación con la única herra­mienta válida que es la participación.

Entendemos por participación la profundización de la democracia. Convocando a los jóvenes a participar estamos creando en ellos un sentimiento de responsabilidad, de pro­tagonismo que hace que los jóvenes comien­cen a cambiarse a sí mismos, y a partir de su propio cambio aporten a la construcción de una sociedad mejor, más solidaria y más justa.

Nosotros como jóvenes y como socialis­tas debemos crear todos los canales posibles para participar. Debemos convocar a los jóve­nes a que participen, a que propongan y deci­dan en los gremios, en los barrios, en los Cen­tros de Estudiantes, en las vecinales, en las cooperativas, en las bibliotecas populares, cooperadores. En todos aquellos lugares en donde se pueda aportar a la modificación de la realidad, con actividades concretas, posi­bles y realizables.

En el municipio, en la comuna, cuando existe la posibilidad de poder participar en el gobierno creando canales institucionales que posibiliten la participación de los jóvenes, or­ganismos que permitan a los jóvenes decidir ellos mismos las actividades a realizar, a través por ejemplo de la Secretaría de la Juventud, del Consejo de la Juventud, de las Comisiones de Jóvenes, de las Casas de la Juventud. Convocar sin esquemas al que los jóvenes deban ajustarse sino por el contrario promover que las actividades sean planificadas y ejecutadas por ellos mismos.

 

Propuestas

En base a la experiencia de los compa­ñeros del socialismo concluimos en promover:

Consejo de la Juventud: Que permitan a los jóvenes coordinar y promover la participación en cada ciudad o localidad.

Secretaría de la Juventud: Área municipal des­tinada a canalizar las inquietudes juveniles.

Organismo Coordinador: de los grupos de pa­dres, médicos y personas especializadas en el tema de la drogadependencia para orientar a padres y jóvenes.

Casa de la Juventud: En la actualidad la socie­dad no ofrece lugares a los jóvenes donde po­der reunirse con otros jóvenes para enriquecer­se con el intercambio y la comunicación. El emprendimiento de actividades conjuntas, per­mitirá dar cohesión a la cultura juvenil. Esta nueva concepción de la cultura y de la partici­pación romperá con el ocio consumista y la comercialización de la cultura que destruye a nuestra juventud; y el tiempo libre será así un tiempo de construcción, de creación y de pro­tagonismo.

La Casa de la Juventud debe ser un lugar de información, de creación, de participación. Estará compuesta por todo joven que en for­ma individual o no, voluntariamente se asocie a ella.

En el área salud: Servicio asistencial médico. Trabajo voluntario en dispensarios, hospitales y otras instituciones. Difusión de pautas sani­tarias y campañas de prevención, de vacuna­ción, etc. Charlas de drogadicción, de educa­ción sexual. Proyectos para el mejoramiento del equipamiento de hospitales. Relevamiento del estado de salud de los vecinos.

Generación de empleo: Cooperativas de traba­jo, bolsas de trabajo, cursos de capacitación para el primer trabajo. En las bolsas de trabajo tener en cuenta al recién graduado. Instrumen­tación de políticas de empleo juvenil.

Educación y Cultura: Seminarios y talleres de teatro, títeres, literatura, pintura, música. Al­fabetización. Creación de bibliotecas. Cursos de apoyo a escolares. Cursos para aprender a estudiar. Orientación vocacional. Creación de archivo sobre historia de la ciudad y del barrio. Formación de comisiones de protección del patrimonio histórico. Promoción de editoria­les para entre otras publicaciones, reeditar a los hombres del socialismo, reedición de las obras de J. B. Justo y libros de la Reforma Uni­versitaria de 1918.

Deporte: Promover la práctica del deporte en todos los niveles y la organización de jornadas recreativas que fomenten la confraternidad. Realización de actividades para niños en las plazas, rescatándolas como lugar natural de juego y del deporte.

Turismo: Organización de viajes, miniturismo, campamentos.

Vivienda: Impulsar la creación de cooperativas de vivienda para parejas jóvenes que quieran constituirse en familia y para jóvenes en gene­ral. Políticas provinciales que contemplen el tema de la vivienda.

Ecología y medio ambiente: Crear comisiones de estudio del tema y difusión de las mismas. Realizar jornadas como por ej. de manteni­miento de los espacios verdes.

Estas actividades deben ser impulsadas por los jóvenes del socialismo en todos los lu­gares del país. En las comunas, en los barrios, en el municipio, para que desde esta forma vayamos afianzando en la práctica y con tra­bajos concretos la unidad del socialismo, la profundización de la democracia.

Con nuestra participación marcharemos a la concreción de un único partido Socialista en la Argentina, cerrando con las palabras del compañero Juan B. Justo que nos dijo a prin­cipios de siglo: "Quien en épocas inciertas, tie­ne el espíritu incierto, multiplica el mal y lo agrava cada vez más; pero quien mantiene una idea clara crea un mundo nuevo".

 

Comisión N° 3

Marginación Juvenil

MARGINALIDAD SOCIAL. DELINCUEN­CIA. DROGADEPENDENCIA.

Los Jóvenes de la Unidad Socialista, reu­nidos por la necesidad de encontrar herra­mientas que nos ayuden a conocer la realidad en la cual estamos inmersos para promover las transformaciones necesarias que nos permitan alcanzar una sociedad más justa, abordamos el tema de la marginalidad social, convencidos de que esta no es sino la consecuencia del sistema socio-económico imperante, que con su irra­cionalidad provoca entre otras cosas el centra­lismo, la dicotomía centro periferia, las agudas diferencias sociales, la participación formal y la no participación, el consumismo y la alienación de las grandes ciudades; elementos éstos que no hacen sino reproducir la marginalidad.

Existe un amplio abanico de manifesta­ciones de la marginalidad, tal como lo son la delincuencia, la prostitución, la drogadicción, la segregación ecológica, etc., lo que a su vez conlleva la aparición de conductas discrimina­torias tales como las que se ejercen sobre la mujer, los jóvenes, los discapacitados, y deter- minados grupos étnicos.

Ante este marco reafirmamos nuestra convicción, contraria a lo que el discurso libe­ral dice, de que esta problemática únicamente tiene solución con la transformación del siste­ma dentro del espacio que brinda la democra­cia, en uno más justo y solidario.

La marginalidad se manifiesta, como ya se dijo de distintas formas. Así la delincuencia es una respuesta política, espontánea e indivi- dual de un problema social, al cual el sistema no da respuesta y que incide negativamente en el conjunto social. A esto el sistema actual responde con represión y un sistema carcelario obsoleto apoyado en un mensaje propio de la derecha, que por medio de la exageración y la confusión quiere demostrar que en democra­cia este problema se acrecienta y exige mayor represión. Siendo esto absolutamente contra­rio a la realidad, ya que los gobiernos de facto representantes de esa ideología han cometido desde el Estado los delitos más aberrantes.

Para revocar la actual situación, es nece­saria la reforma de los códigos penal y proce­sal, la reforma del sistema carcelario, y ofrecer canales concretos de participación donde se je­rarquiza la solidaridad, el trabajo común, el es­fuerzo mutuo y el estudio. Para esto es indispensable realizar trabajos barriales, respetan­do las pautas culturales de los grupos socia­les, promover la creación de centros de capaci­tación laboral, cooperativas de trabajo, casas de la juventud, guarderías barriales, jardines maternales, hogares transitorios y hogares es­cuelas de doble turno. A la vez que se hace im­periosa la reformulación del sistema educativo y la promoción de la educación cooperativa.

Para que la participación sea real el jo­ven deberá jugar un papel protagónico en la planificación, conducción y administración de las entidades mencionadas.

Otra de las manifestaciones complejas de la marginalidad social, es la drogadicción, que hoy día tiene una realidad preocupante, en la que los jóvenes son los principales afectados.

Ante esto nos pronunciamos en contra de la difusión, promoción y consumo de dro­gas a la vez que rechazamos los diversos mecanismos actuales de represión que más que apuntar a la solución de este problema, omite a los principales beneficiados de este negocio y castiga a los verdaderos perjudicados que son los jóvenes.

 

MARGINALIDAD LABORAL. DESOCUPA- CION. SUBOCUPACION. DISCRIMINACION

Es importante distinguir en principio, entre la categoría de marginalidad (definida estructuralmente por la ausencia de un rol económico articulado con el sistema de produc­ción industrial), y la de pobreza, que implica más bien una situación de escasos ingresos. Existe desde luego una relación obvia entre am­bas categorías, pero esta relación no es necesa­ria ni fundamental a la definición de margina­lidad. Un estado puede acabar con la miseria a través de un subsidio mínimo, puede acabar con las cesantías, pero tales medidas no elimi­nan la marginalidad ya que subsisten impor­tantes sectores que la economía no es capaz de integrar funcionalmente a su esquema de producción. Consideramos por tanto la margi­nalidad, como el resultado de condiciones his­tórico estructurales determinadas, definiéndo­la en consecuencia como la falta de participa­ción en aquellas esferas que se consideran de­berían hallarse incluidas dentro del radio de acción y/o acceso del individuo o grupo, es de­cir, el juicio de marginalidad lo realizaremos sobre la base de la comparación entre una si­tuación de hecho y un deber ser.

La entera concepción de marginalidad se apoya sobre este supuesto y se genera históri­camente de una concepción amplia y determi­nada de los derechos humanos.

La marginalidad se genera fundamental­mente por determinadas condiciones o carac­terísticas estructurales de orden económico social. El desempleo total, el subempleo, la de­socupación disfrazada, originan marginalidad con todas sus consecuencias, en el orden de los consumos, niveles de vida, en el acceso a bienes y servicios y en el orden decisional.

Las naciones industrializadas han creado diferentes tecnologías sociales para tratar de incorporar a estas "poblaciones sobrantes" en sus sistemas económicos. En los países subdesarrollados la marginalidad reviste formas más agudas, ya que generalmente no se han logra­do implementar sistemas de seguridad social efectivos para toda la población.

La causa de la marginación debe buscar­se en todo el proceso de desarrollo y funciona­miento mismo del sistema capitalista. A ma­yor tecnología, mayor complejidad de la orga­nización de la producción, mayor especialización de la estructura política y social, mayor concentración del poder y más grupos excluídos del proceso de control económico políti­co y social. Sostendremos que el sistema en sí se ve obligado a la conformación de un "Ejér­cito Laboral de Reserva", destinado a mante­ner los salarios por debajo de cierto límite re­querido, por la lógica del sistema capitalista, tendiente a mantener regulado el mercado de trabajo.

Pero los marginales logran a pesar de to­do sobrevivir y reproducirse, de algún modo obtienen medios de subsistencia mínimos com­partiendo sus recursos, escasos e intermiten­tes, con otros en idéntica situación.

Todos estos elementos inciden negativa­mente en la conciencia del joven, que al tener una inserción laboral, desprovista de toda práctica social, participativa y solidaria, van formando en él, una mentalidad de rechazo hacia el trabajador, el trabajo y todo lo que ellos involucran. Esto se ve profundizado por los conceptos liberales reinantes en nuestra sociedad. Se suma a lo anterior el desconoci­miento de sus derechos laborales, que ha he­cho del trabajo en negro algo natural y en este aspecto es importante destacar el no funciona­miento del Ministerio de Trabajo en su función de policía.

La desocupación en las familias más hu­mildes trae aparejada la crisis económico so­cial ya que las clases más desprotegidas necesi­tan del trabajo del joven, para que colabore con la economía del grupo.

La familia trabajadora está estructurada en base al trabajo, lo que implica que el de­sempleo y la subocupación llevan a la frustra­ción personal y a la ruptura de una comunidad formada por y para el trabajo. Por otro lado, en determinada edad del desarrollo individual del joven, frena su desarrollo personal. El jo­ven es el primer desocupado en la oferta y la demanda del trabajo, es el primer cesanteado ante cualquier disminución en los puestos de trabajo y constituyen el mayor contingente de desocupados.

El nivel educativo en las últimas décadas ha aumentado, lo que lleva a tener un mayor nivel de aspiraciones a la hora de buscar em­pleo, generando frustraciones superiores, espe­cialmente reforzadas por la sociedad de consu­mo que incita a consumir bienes y servicios dentro de un sistema social altamente compe­titivo.

En toda crisis siempre están los que aprovechan en beneficio propio, este es el caso de las agencias de colocaciones que cortan el nexo de la relación de dependencia entre em­pleador y empleado, con todo lo que esto im­plica.

Los jóvenes desocupados son fácil presa de las deformaciones del sistema, que corrom­pe a los jóvenes, ya que además de la desocu­pación existe una falta de valores trascenden­tes de vida.

Debemos tender a canalizar correctamente la fuerza creadora y realizadora de los jóvenes generando canales de participación efectivas.

Párrafo aparte merece la discriminación laboral que se ejerce sobre la mujer, los disca­pacitados, los trabajadores extranjeros, a quie­nes se les niega la posibilidad de trabajar o se utiliza su salario, como variable de ajuste en el marco del mercado de trabajo.

 

DECLARACIÓN FINAL

DECLARACION DE LOS JOVENES DE LA UNIDAD SOCIALISTA

"Sean revolucionarios, es decir sean jóvenes"

Mario Bravo

 

I - NUESTRA REALIDAD:

Hoy, los jóvenes argentinos, vivimos junto a nuestro pueblo, las terribles conse­cuencias derivadas del sistema capitalista vi­gente, que se ve y se padece en la realidad eco­nómica y social. La dependencia ejercida des­de los centros de poder económico mundial somete a nuestro país y a los países periféricos y subdesarrollados de América Latina y del Tercer Mundo.

Día a día observamos cómo nuestra Na­ción es campo libre para que operen sin nin­gún control poderosas empresas e intereses multinacionales, que junto a los grupos mino­ritarios del privilegio argentino, continúan endeudando al país, empobreciendo al pueblo e hipotecando nuestro futuro. A la par de ello las presiones por el cobro de una ilegítima e impagable deuda externa, nos lleva año tras año el saldo cada vez menor de nuestra balan­za comercial.

La usura y la especulación financiera que toda esta situación genera, ha hecho que nuestro país vea cerrar sus fábricas y reducir sus fuentes de trabajo, a la par que acelera el despoblamiento del interior por el quebranto de las economías regionales.

De esta manera, llegamos hoy a padecer la crisis estructural más profunda de nuestra historia. Así, no hay trabajo para quien no lo tiene, no hay estabilidad para quien trabaja y no hay salarios ni jubilaciones dignas. Esta si­tuación no sólo castiga a los trabajadores, sino que también golpea con crudeza a los peque­ños y medianos productores del agro y la in­dustria nacional.

La juventud no escapa de esta difícil realidad; así son los jóvenes a la búsqueda de su primer trabajo quienes constituyen el ma­yor contingente de desocupados, quienes pa­decen grandes frustraciones al no poder de­sempeñarse acorde al nivel y contenido de sus estudios.

A la relación del joven con el puesto de trabajo, que de por sí es alienante, debemos sumar la distorsión y enajenación que produ­ce la sociedad de consumo, fundamentalmen­te a través de los medios de comunicación de masas por ella programados. Estos, al no jerar­quizar las necesidades básicas del hombre, in­citando al consumismo superfluo y fabricado, producen un estado de insatisfacción general que suele expresarse en la carencia de un senti­do digno de vida.

A la actual realidad económica y social pareciera permanecer ajeno el gobierno nacio­nal y la principal oposición, los que en pos de beneficios sectoriales eluden definiciones con­cretas que se traduzcan en soluciones a los problemas del pueblo, profundizando así la crisis de credibilidad en las instituciones y en la democracia.

Los partidos políticos mayoritarios —fuerzas agotadas para responder a una reali­dad social que los supera— demuestran un to­temismo y un electoralismo exagerados, con­siderando más importante ganar elecciones que preocuparse por los problemas que aque­jan al país.

La derecha liberal, favorecida por los medios de comunicación de masas, pretende mostrarse como la única alternativa para la so­lución de la crisis argentina, cuando todos sabemos que son las mismas fuerzas reacciona­rias que a través del fraude electoral y los golpes de estado sumieron en mayor dependencia al país, impidiendo el desarrollo de las trans­formaciones socio económicas necesarias para evitar la pobreza y las condiciones de vida in­dignas.

A la par de ello, algunos grupos militares en el ejercicio de un poder oculto han atenta­do y se hallan dispuestos a desestabilizar, co­mo ya ocurriera con la dictadura anterior y que costó la desaparición forzada de 30.000 argentinos, al actual sistema democrático.

 

II.   DESARROLLAR LA ALTERNATIVA SOCIALISTA:

Ante esta dolorosa situación, hoy más que nunca, se hace necesaria la presencia y acción de un único Partido Socialista, que promueva la sustitución del sistema capita­lista por otro sistema solidario y participativo en el que el interés general prevalezca por so­bre la persecución del lucro. La economía de­be planificarse democráticamente con el obje­tivo de que la misma sea una economía soli­daría, avanzando en formas de propiedad so­cial de los medios de producción, incorporan­do y promoviendo la autogestión y la cogestión de los trabajadores y los usuarios en la ac­tividad económica pública y privada, a fin de concretar la justicia social, que es el funda­mento mismo del socialismo, su razón de ser y su meta.

Pero el advenimiento del socialismo en la Argentina no será producto del determinismo histórico, será realidad si desarrollamos una acción política colectiva, militante y coherente.

No hay, ni puede haber, socialismo im­puesto desde arriba. Es indispensable la participación creadora del pueblo. El socialismo es un movimiento del pueblo, para el pueblo y alentado por el pueblo. El sentido ético del so­cialismo ve en el humanismo social el criterio, la medida y el fin del progreso material.

La propuesta socialista debe ser impulsa­da por los trabajadores y por la juventud. Los trabajadores porque constituyen la base fun­damental e irremplazable de la producción económica, son ellos los verdaderos artífices de la riqueza producida, son quienes sufren sus espaldas y las de sus familias el mayor peso de las arbitrariedades de la realidad, son los encargados históricamente de conducir a las ma­yorías nacionales a una nueva etapa de vida y a una nueva forma de organización social. La juventud porque es símbolo de idealismo y desinterés, porque en todos los momentos tras­cendentes de nuestra historia y de la historia de la humanidad, ha demostrado ser la ener­gía movilizadora, el aporte positivo a los cam­bios sociales.

Es por todo lo expuesto, que las juven­tudes de los Partidos Socialista Democrático, Socialista del Chaco y Socialista Popular, inte­grantes de la UNIDAD SOCIALISTA, reuni­dos alrededor de un plan común, se proponen seguir transitando el camino hacia la concre­ción de una única fuerza socialista, para que crezca en el marco de la democracia, sumando la mayor cantidad de jóvenes, de trabajadores y de argentinos, con el objetivo de realizar las postergadas transformaciones que nos conduz­can a la construcción de una nueva Argentina: profundamente democrática, libre, solidaria y participativa, en la cual no haya lugar a la ex­plotación del hombre por el hombre, ni del pueblo por el capital.

 

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