Fundación ESTEVEZ BOERO

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Las Huellas del Futuro, la fundación del Partido Socialista

 

“El acontecimiento ha podido parecer tan insignificante que algunos diarios ni siquiera han hablado de él. En efecto, entre todos los delegados no poseían quizá una modesta fortuna; ni era aquélla una de esas asambleas a las cuales la presencia de hombres eminentes da carácter y tono; hasta se decían muchos disparates y hubo momentos de verdadera confusión. Pero para quien comprende que los acontecimientos importantes no son siempre los que se pasan con gran pompa, al son de trompetas y tambores y en medio de la expectativa general, el reciente congreso obrero tiene que ofrecer un gran interés. Lo mismo que las repetidas huelgas, la celebración de este congreso significa que, junto con la producción y el comercio en grande escala, ha nacido en el país el más fundamental de los antagonismos de clases, el de la clase trabajadora y la clase propietaria, cuya consecuencia es el movimiento socialista, que hoy conmueve a los países adelantados. Significa, pues, un doble progreso; uno económico, otro intelectual; uno en el modo de trabajar, otro en el modo de pensar. Al mismo tiempo que la República Argentina ha adquirido un puesto en el mercado universal, han aparecido en ellas las ideas que hoy más agitan al mundo. Y lejos de ser una aparición prematura, vamos en esto, como en tantas otras cosas, detrás de los demás pueblos. Al significar un progreso económico e intelectual, el Congreso obrero significa un progreso político... Es indispensable que la clase trabajadora se ponga en movimiento si no quiere ser aplastada por el mismo progreso técnico de la industria y el comercio, que si no es acompañado de un adelanto equivalente en la inteligencia y en la actividad política del pueblo, sólo tiende a aumentar la riqueza y el poder de los capitalistas a expensas del bienestar y la libertad de los trabajadores”[1].

 

 

 

LOS OJOS DEL PREJUICIO

LOS PATRONES

Desde el comienzo de las agitaciones obreras, los capitalistas se oponen al movimiento y a admitir cualquier atisbo de legislación laboral que siquiera suavice la explotación de que son víctimas los trabajadores. Frente a la primera huelga que se registra en el país, llevada a cabo en 1878 por los tipógrafos, el diario El Nacional, fundado por Dalmacio Vélez Sarsfield, la califica como un recurso vicioso, inusitado e injustificado. En 1881, los dependientes de comercio de Buenos Aires reclaman el descanso dominical. La República dice que la iniciativa «fomenta la haraganería, el vicio, la ebriedad, el escándalo» y La Prensa sentencia: «Los que se cansan en la fatiga, que busquen reposo: esto es asunto privado, que cabe dentro de los dominios de la autoridad moral de la sociedad, pero no de la pública del Estado. La Municipalidad no es nadie, ni tutora de obreros, para que les dé vacaciones». En 1888, la Unión Industrial dice que las huelgas llevarán «a la ruina industrial». En 1896, la misma entidad se dirige al gobierno pidiendo el destierro para «los perturbadores del orden social» y resuelve «no aceptar las exigencias pedidas colectivamente por los obreros de uno o más talleres».

 

LA IGLESIA

El órgano católico La Voz de la Iglesia, dice en enero de 1889 que el «socialismo sigue haciendo su propaganda entre nosotros. Se suceden ya con demasiada frecuencia, reuniones en la que se agitan las masas exponiéndoles ideas subversivas que vienen siendo la peor calamidad de las sociedades europeas. Los que en un principio no se dieron cuenta de la gravedad que entrañan esas manifestaciones, ni creyeron que esa planta exótica se aclimataría en nuestro suelo, deben hoy reformar su opinión. Desgraciadamente, lo estamos viendo, el socialismo, especialmente en las bajas esferas, tiene bastantes elementos, para producir el mejor día un cataclismo, si desde ya no se toman severas y enérgicas medidas, para impedir su desarrollo». Pocos meses más tarde, sostiene que «Tal vez se crea que esa planta exótica el socialismo no se aclimatará en nuestro suelo, porque abundan el trabajo y los medios de subsistencia. Entre tanto, es bien cierto que ella se desarrolla y que paulatinamente la secta conquista prosélitos».

 

LA POLICÍA

En 1895, la Memoria del Jefe de Policía de Buenos Aires, Manuel Campos, dice que «No obstante carecer de medio ambiente apropiado para su difusión, las ideas del socialismo, importadas desde algún tiempo a esta parte, merecen la atención de los poderes públicos (...) La escasez de trabajo y su exigua remuneración, causas que dan motivo a esta clase de manifestaciones en los centros obreros de otros países, carecen totalmente de aplicación entre nosotros pero en muy breve plazo las condiciones de la población y las exigencias del trabajo plantearán sin duda este problema que habría que resolverse con disposiciones apropiadas que según mi opinión deberían ya dictarse.» Refiriéndose a la acción obrera, agrega que: «Producto lógico del socialismo, recién se manifiesta por la organización todavía oculta por la falta de arraigo suficiente, pero sus afiliados pretenden ya exhibirse públicamente por medio de varios periódicos y revistas, con reuniones en locales determinados y hasta por conferencias al aire libre. La policía ha prohibido siempre esta clase de espectáculos, por considerarlos atentatorios al orden, y felizmente con esta medida no ha habido necesidad de lamentar las perturbaciones consiguientes a esta clase de reuniones cuyo único propósito es reclamar el desquicio social y sublevar las masas ignorantes contra toda institución y toda autoridad».

 

LA FUNDACIÓN

En el salón del club Vorwarts, los días 28 y 29 de junio de 1896, se reúne el Primer Congreso del Partido Socialista Obrero Argentino, al que se adjudica carácter constituyente, por haberse aprobado allí los estatutos, la Declaración de Principios y el Programa Mínimo, redactados por Juan B. Justo. Participan 55 delegados, nominados por sociedades gremiales y centros socialistas. Durante la primera jornada, dedicada a aprobar los documentos fundacionales del Partido, la mesa del Congreso es integrada por Antonio Pinero (Centro Socialista de Barracas) como presidente, Domingo Risso (Centro Socialista Obrero) como vicepresidente y Nicanor Sarmiento (Centro Socialista Universitario) como secretario. Durante la segunda sesión, dedicada a debatir las proposiciones de las agrupaciones representadas y la designación del Comité Ejecutivo y los redactores de La Vanguardia, conforman la mesa Alejandro Lecarpintier (Constructores de Carruajes), con la vicepresidencia de Ramón Potau (Centro Socialista de Barracas) y la secretaría de Francisco Cúneo (Mecánicos). Se designa el primer Comité Ejecutivo, que estará integrado de la siguiente manera: Hipólito Curet, Lucio Baldovino, José Ingenieros, José A. Lebrón, Antonio Pinero, Miguel Pizza, Juan Schaefer, como titulares, y Santiago Feldman, Francisco Cúneo y Juan Toulousse, como suplentes. Como redactores de La Vanguardia se designa a Adrián Patroni, Esteban Jiménez, Augusto Kuhn, Nicanor Sarmiento y Manuel Meyer González.

 

LOS INICIADORES

Centro Socialista Obrero: Juan B. Justo y Domingo Risso; Centro Carlos Marx: Antonio Chacón; Centro Socialista de Barracas: Antonio Pinero y Ramón Potau; Centro Socialista de Balvanera: Santiago Risso y Francisco Dagnino; Club Vorwarts: Alwin Kahle, Juan Schaefer y S. Feldman; Centro Socialista del Pilar: Angel de Jannicelli y Vicente Rosáenz; Centro Socialista Universitario: José Ingenieros y Nicanor Sarmiento; Centro Socialista de San Bernardo: Andrés Abella y L. González; Grupo Les Egaux: Jorge Ballet y Enrique Thull; Fascio dei Lavoratori: Eneas Arienti y Carlos Mauli; Centro Socialista de Tolosa: Miguel V. Fondevila y A. Manresa Herrero; Centro Socialista de Quilmes: José M. Lebrón y Nicolás Bottari; Centro Socialista de San Fernando y Tigre: Carla; Algelt y Manuel Méyer González; Centro Socialista de San Antonio de Areco: José Piccaluga y Miguel Pizza; Centro Socialista de Junín: Juan Toulousse; Unión Obrera Social de Paraná: Adrián Patroni y Antonio Várela; Club Vorwarts de Rosario: N. Frank; Centro Socialista de Tucumán: Roberto J. Payró; Centro Socialista de Córdoba: Leopoldo Lugones y Angel M. Giménez; Fomento Tipográfico: Esteban Jiménez, Manuel Buay Emilio Ferrando; Sociedad Francesa de Artes Gráficas: A. Dembrowsky; Sociedad de Talabarteros: Manuel F. García; Sociedad Constructores de Carros: Venancio Pérez, Juan B. Cantón y Juan Duinidou; Sociedad de Bronceros: Ricardo Gallan y José Margall; Sociedad de Mecánicos: Jorge Guichant, Francisco Cúneo, Gabriel Abad y N. Mujica; Cooperativa de Tolosa: Valerio Colmeiro y M. Bousquet; Sociedad de Vidrieros: Juan Sales, Julio Kuirchevek y Félix Conde; Sociedad de Fideeros: José Belgiorno y Miguel Pego; Sociedad de Carpinteros: José Casot y Raúl Hoschek; Sociedad Conductores de Tráfico: Ricardo Cardalda, Mateo Guerrero y Antonio Fernández; Seccional Alem de Artes Gráficas: Gillmeyer; Sociedad de Toneleros: Vicente Rosáenz; Sociedad de Hojalateros: Miguel Pizzayjosé Genta; Sociedad de Curtidores: Juan Labourdette, Juan M. Sales, Eduardo Valmak, Benjamín Puiles, Domingo Arroyo, Clemente Lorenzo, Adrián Perry, Bautista Laucort, Francisco Marti y Manuel Gil; Sociedad Constructores de Carruajes: Alejandro Lecarpintier, Buenaventura Benito, Silvestre Faure, Carlos Arienti, Augusto Charón, León Barlog, Ernesto Bucher, Alejandro Ponti, Guillermo Schuwert y Francisco Trueco.

 

LAS VÍSPERAS

El 14 de diciembre de 1892 se realiza la asamblea constitutiva de la Agrupación Socialista, convocada a iniciativa de Carlos Mauli, quien propone -con el apoyo de Augusto Kuhn y Gotoldo Hummel- fundar un Partido Socialista. La reunión se realiza en el café de la Cruz Blanca, sito en la calle Cuyo (hoy Sarmiento) entre Montevideo y Rodríguez Peña. Tras un agitado debate, se resuelve crear la agrupación, cuyo nombre oficial será «Partido Obrero, Sección Buenos Aires», y editar un periódico, que se denominará El Socialista. A los treinta miembros iniciales, se incorporarán en 1893, entre otros, Esteban Jiménez, Domingo Risso, Germán Muller, Adrián Patroni y Juan B. Justo. El acercamiento de este último se produce a partir de un aviso publicado en La Prensa en el que se invita a fundar un «periódico obrero». El 7 de abril de 1894 aparece el primer número de La Vanguardia, periódico socialista, científico, defensor de la clase trabajadora. Para comprar veinte cajas de tipos y otros elementos, Justo vende su coche de médico. Augusto Kuhn aporta $ 300 y su pieza de inquilinato se transforma en taller. La impresión cuesta $ 50 por número. El 8 de abril se constituye el Fascio dei Lavoratori, que agrupa a inmigrantes socialistas italianos y edita La Giustizia. Se transformará después en el Circolo Socialista Italiano, que tendrá por órgano a La Rivendicazione. A fines del mismo mes, la Agrupación Socialista, el Fascio dei lavoratori y Les Egaux resuelven constituirse en Partido Socialista Obrero Internacional, cuyo primer programa, redactado por el obrero gráfico Esteban Jiménez, sería publicado en La Vanguardia como el programa del Partido Socialista; poco tiempo después, se sumarían el Club Vorwarts y el Centro Socialista Universitario. A mediados de julio, la Agrupación Socialista inaugura su primer local, en la calle Chile 959, y troca su nombre por el de Centro Socialista Obrero; el 4 de agosto, da a conocer su carta orgánica, entre cuyos propósitos establece que «tratará cuanto antes de transformarse en Partido Socialista Obrero de la República Argentina». En noviembre, se forma el Centro Socialista Revolucionario de Barracas y el 7 de diciembre, un grupo de estudiantes, escritores, periodistas y abogados socialistas dejan constituido el Centro Socialista Universitario, integrado entre otros por Angel M. Giménez y José Ingenieros, quien será su primer secretario. En 1895, el Club Vorwarts reconsidera su actitud y pide su incorporación al Partido, al que se adhiere luego el Centro Socialista Universitario. El 13 de abril, en una asamblea donde se encuentran representadas las cinco agrupaciones que lo componen, el Partido Socialista Obrero Internacional designa su primer Comité Central, que estará integrado por José Ingenieros como secretario, Eneas Arienti como secretario del interior y actas y Aníbal Canavesio como secretario administrativo. En su primera reunión, el Comité aprueba la carta orgánica y el programa mínimo del Partido. El 27 de junio, La Vanguardia informa que ha quedado constituido el Centro Socialista de Balvanera. A mediados de ese mismo año, se conforma el Centro Socialista Obrero Internacional de Córdoba. El 15 de octubre, se celebra la primera convención, presidida por Juan B. Justo, en la que se resuelve cambiar el nombre de la agrupación por el de Partido Socialista Obrero Argentino. Se designa un nuevo Comité Ejecutivo, en reemplazo del Comité Central, cuyo secretario será Justo y que será integrado además por Eneas Arienti, Adrián Patroni, Juan Schaefer, José Ingenieros, José A. Lebrón y Germán Mullen

 

LOS PROPÓSITOS

“El Partido Socialista es ante todo el partido de los trabajadores, de los proletarios, de los que no tienen nada más que su fuerza de trabajo; las puertas del Partido están sin embargo abiertas de par en par para los individuos de otras clases que quisieran entrar, subordinando sus intereses a los de la clase proletaria. Lo que es importante es patentizar nuestra independencia de todo interés capitalista o pequeño burgués; sin creer por eso que en todos los casos y en todas las cuestiones sean opuestos a los nuestros (...) No somos ideólogos que luchan por vagas aspiraciones de justicia o de libertad; queremos en primer término el mejoramiento económico, y sabemos que así conseguimos lo demás por añadidura. En el proyecto de Estatutos, el Comité ha acentuado el carácter igualitario y democrático del Partido; dentro de éste no puede haber menores de edad, todos somos conscientes, todos somos responsables. Por eso se establecen el voto general, la consulta directa a la opinión toda del Partido en las cuestiones importantes (...) Empezamos treinta años después que los partidos socialistas de Europa, y por lo mismo que empezamos tarde, debemos empezar mejor, aprovechando de toda la experiencia ya acumulada en el movimiento obrero universal. Poco haríamos si nos diéramos el mismo punto de partida que tuvieron las ideas socialistas de Europa (...) Adoptemos sin titubear todo lo que sea ciencia; y seremos revolucionarios por la verdad que sostenemos, y la fuerza que nos da la unión, muy distintos de esos falsos revolucionarios, plaga de los países sudamericanos, que sólo quieren trastornar lo existente, sin ser capaces de poner en su lugar nada mejor. El medio en que actuamos nos obliga también a asumir una actitud bien definida respecto de los extranjeros que debemos admitir en el partido, a los fines de la propaganda, aunque no tengan los derechos políticos. En cuanto a programa, la poca educación política del pueblo argentino nos obliga a ser modestos, y presentar sólo las reformas más comprensibles para todos, y de realización más urgente y más fácil. Sin que por eso podamos limitarnos a cláusulas puramente económicas, o reglamentarias del trabajo, porque por lo mismo que conocemos la base económica de todos los fenómenos sociales, sabemos la repercusión que sobre el estado económico tienen los elementos de otro orden, sobre todo el estado intelectual del pueblo”[2].

 

LOS PRINCIPIOS

El Partido Socialista, representado por sus delegados reunidos en Congreso, afirma:

Que la clase trabajadora es oprimida y explotada por la clase capitalista gobernante.

Que ésta, dueña como es de los medios de producción, y disponiendo de todas las fuerzas del Estado para defender sus privilegios, se apropia la mayor parte de lo que producen los trabajadores y les deja sólo lo que necesitan para poder seguir sirviendo en la producción.

Que por eso, mientras una minoría de parásitos vive en el lujo y la holgazanería, los que trabajan están siempre en la inseguridad y en la escasez, y muy continuamente en la miseria.

Que en la República Argentina, a pesar de la gran extensión de tierra inexplotada, la apropiación individual de todo el suelo del país ha establecido de lleno las condiciones de la sociedad capitalista.

Que estas concesiones están agravadas por la ineptitud y rapacidad de la clase rica, y por la ignorancia del pueblo.

Que la clase rica mientras conserve su libertad de acción, no hará sino explotar cada día más a los trabajadores, en lo que la ayudan la aplicación de las máquinas y la concentración de la riqueza.

Que, por consiguiente, o la clase obrera permanece inerte y es cada día más esclavizada, o se levanta para defender desde ya sus intereses inmediatos y preparar su emancipación del yugo capitalista.

Que no sólo la existencia material de la clase trabajadora exige que ella entre en acción, sino también los altos principios de derecho y justicia, incompatibles con el actual orden de cosas.

Que la libertad económica, base de toda otra libertad, no será alcanzada mientras los trabajadores no sean dueños de los medios de producción.

Que la evolución económica determina la formación de organismos de producción y de cambio cada vez más grandes, en que grandes masas de trabajadores se habitúan a la división del trabajo y a la cooperación.

Que así, al mismo tiempo que se aleja para los trabajadores toda posibilidad de propiedad privada de sus medios de trabajo, se forman los elementos materiales y las ideas necesarias para substituir al actual régimen capitalista con una sociedad en que la propiedad de los medios de producción sea colectiva o social, en que cada uno sea dueño del producto de su trabajo, y a la anarquía económica y al bajo egoísmo de la actualidad sucedan una organización científica de la producción y una elevada moral social.

Que esta revolución, resistida por la clase privilegiada, puede ser llevada a cabo por la fuerza del proletariado organizado.

Que mientras la burguesía respete los actuales derechos políticos y los amplíe por medio del sufragio universal, el uso de estos derechos y la organización de resistencia de la clase trabajadora serán los medios de agitación, propaganda y mejoramiento que servirán para preparar esa fuerza.

Que por este camino el proletariado podrá llegar al poder político, constituirá esa fuerza, y se formará una conciencia de clase, que le servirán para practicar con resultado otro método de acción cuando las circunstancias lo hagan conveniente.

Redactada por Juan B. Justo, la Declaración de Principios del Partido Socialista fue aprobada en su congreso constituyente. El último párrafo fue suprimido en el segundo congreso, en 1898. Abajo, la primera boleta electoral socialista, en el año de su fundación.


Ustedes que lo producen todo y que no son dueños de nada; que en el campo cuidan la majada, la tropilla o el rodeo y siembran y recogen la cosecha; ustedes que en las ciudades son las abejas humanas y las hormigas humanas que lo mueven y hacen todo en fábricas y talleres; ustedes que acarrean y transportan la riqueza social, sin darse cuenta del papel importante que desempeñan en la sociedad moderna; ustedes que permiten con una ignorancia asesina que los ricos lo disfruten todo sin hacer nada, y concurren con su indiferencia o con su voto a que los ricos los exploten como productores, consumidores y contribuyentes; ustedes, trabajadores, deben votar por el candidato socialista, si quieren tener en el Congreso una voz que los defienda y un voto que se oponga a la sanción de las leyes repugnantes con que se los oprime.

Del manifiesto electoral del Partido Socialista, marzo de 1904.

 

 


[1] Fragmento de la crónica del congreso fundacional publicada por La Nación el día 1° de julio de 1896. Fue escrita por Juan B. Justo, con el seudónimo de Cittadino.

[2] Fragmentos del discurso de Juan B. Justo en el congreso fundador.

 

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