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Sin pan y sin trabajo

La desocupación en nuestro país, en los últimos tiempos, ha crecido tan verti­ginosamente, que en el término de pocos meses su acción desoladora, ha sumido en la más profunda de las miserias a un sector de significativa importancia de los trabajadores argentinos.

Las diversas publicaciones y trabajos sobre el tema, no arrojan datos exactos y en general se pretende ocultar cuántas familias sufren las consecuencias de esta terrible situación.

Es que cuando se organiza el país para la ganancia, interesa más publicar las variaciones de las tasas de interés, del precio del ganado, de las cotizaciones de la bolsa o la variación del oro.

Si se quiere saber las cotizaciones de la moneda extranjera, si se quiere saber el número de unidades que producen los monopolios extranjeros, si se quiere saber cuántas vacas posee una ilustre familia de la oligarquía, sólo se tiene que consultar un fichero. Pero saber cuántas familias no tienen ni para comer, porque no hay trabajo, eso no interesa, eso no se publica.

A pesar de esto, tomando los datos oficiales, podemos trazar un cuadro de esta realidad. La misma, según declaraciones del Ministerio de Economía "es absolutamente normal para los índices de desocupación que históricamente corresponden a nuestro país".

Veamos lo que es "normal".

De los 28.489.000 habitantes que tiene el país —cifra estimada en diciembre último—, 11.213.000 son económicamente activos, es decir que tienen edad para trabajar. De ellos están desocupados 1.543.000, o sea el 13,8%. Es lo que se llama tasa de desempleo.

Este es el promedio nacional. Las más altas corresponden a las ciudades de Paraná con el 24,8%, Santa Fe con el 21,4% y Goya —Corrientes— con el 19,1 %.

El sector industrial es el que más desocupados ha producido. De cada cien obreros ocupados en la industria en 1975, hoy quedan sesenta y cuatro. Los treinta y seis restantes, más los que en esos años se debieron haber incorpo­rado al tener edad para trabajar, son sólo números que forman la "tasa normal de desocupación" de la que nos habla el Ministro.

En el gremio de la construcción, según datos de la Cámara Argentina de esa actividad, se reconoce la existencia de 400.000 desocupados, sobre 1.200.000 que normalmente ocupaba el sector.

CONSECUENCIAS SOCIALES

Lo real es lo arbitrario de la situación que deben afrontar miles y miles de obreros, de madres, de empleados, de jóvenes que quedan desocupados sin una fuente de subsistencia mínima. La limosna, el robo, son una de las tantas consecuencias de esa realidad.

Según el diario "La Nación" del 26 de octubre pasado "en los últimos doce meses, la policía de la Provincia de Buenos Aires comprobó hechos delictivos en los cuales actuaron 2.740 menores de edad que carecían de antecedentes".

Cada vez es más frecuente el suicidio de los que quedan sin trabajo, e incluso de familias enteras, "como el caso de una joven madre de la ciudad correntina de General Alvear que abrumada por la situación económica, intentó suicidarse y poner fin a la vida de sus cuatro hijos envenenando la merienda. Tres criaturas fallecieron inmediatamente, en tanto que el cuarto niño y la mujer lograron sobrevivir luego de ser hospitalizados".

"La madre de familia no dispone de lo elemental para llevar adelante el hogar y los niños ven pasar su infancia, que ya no es tal, cambiando el delantal escolar por la changa y la limosna, la alegría del juego por el hambre y la tristeza". (La Vanguardia Popular y Socialista, pág. 7, diciembre 1981.)

La discusión violenta, la desintegración de la familia, los hijos que se van, los que buscan evadir la realidad con el alcohol, miles de jóvenes arrojadas a la prostitución, son los resultados de "los índices normales de desocupación" producidos por la aplicación del plan económico vigente.

El fantasma de la desocupación se levanta sombrío y amenazante, aún sobre aquellos que tienen la suerte de tener trabajo. No saben si el próximo día abrirá la fábrica o no. No saben si cumplirán el horario de labor completo o no. El fantasma se pasea por las calles, por los barrios, por los grandes centros fabriles y por los pequeños pueblos del interior, llevando la angustia y la intranquilidad a millones de hogares de trabajadores.

CAUSA DE LA DESOCUPACION: LA DEPENDENCIA

Toda esta realidad es posible porque en nuestro país impera un plan económico que pone a los hombres al servicio de la ganancia y es peor aún porque los pone al servicio de la ganancia de los extranjeros.

Este plan, impuesto al país en marzo de 1976, tiene como objetivo adecuar la realidad argentina a una nueva división internacional del trabajo, planificada por los monopolios extranjeros en defensa de sus intereses. Se le ha otorgado al país el papel de productor de granos, carnes, energía y minerales estraté­gicos. Para ello se ha destruido en estos seis años nuestro aparato productivo a través de importaciones indiscriminadas, que trajeron como consecuencia el cierre de innumerables fuentes de trabajo, junto con las cesantías de emplea­dos públicos y de empresas estatales originadas en el recorte y depredación del Estado. Se creó y se desarrolla una masa de desocupados, integrada por hombres, por familias hambreadas que con su existencia ayudan a mantener bajos los salarios de aquellos que tienen la suerte de conservar sus empleos.

Y esto es así porque el trabajo del hombre es considerado como una mercadería más, mercadería que se puede comprar o no comprar, a un precio mayor o a un precio menor de acuerdo a las "leyes" del mercado, sin importar las consecuencias sociales que este tratamiento determina.

Pero la lucha de los trabajadores del mundo y de los argentinos en parti­cular, ha ido forjando otra concepción muy distinta acerca del trabajo humano.

UN NUEVO CONCEPTO DEL TRABAJO

El Partido Socialista Popular considera que el trabajo es la actividad funda­mental del hombre.

A través de millones de años el hombre se perfeccionó con su trabajo y se fue transformando. El maravilloso cerebro humano es el producto del trabajo de los propios hombres. Por otra parte, el trabajo es el elemento irreem­plazable y el más importante en todo proceso productivo.

El sistema considera la capacidad de trabajo como una mercadería más: un kilo de pan, un litro de leche, una hora de trabajo. Por eso considera en forma similar los "recursos humanos", los "recursos energéticos", los "recur­sos marítimos", etc.

Pero esta "mercadería" tiene una característica muy especial, porque el trabajo es una fuerza creadora del valor. Nada que tenga valor en la economía se obtiene sin trabajo. El trabajo es el que crea los valores de la economía. El agua en el río no vale nada. El agua en la canilla vale, porque hay una suma de trabajo que se empleó para traer el agua desde el río hasta la canilla. La leche de una vaca en el medio del campo no vale nada. La leche en la despensa, en el almacén, vale, porque representa el trabajo de criar, alimentar y ordeñar la vaca, de transportar la leche a la usina pasteurizadora, de envasar esa leche, de llevarla hasta el almacén y ponerla en la heladera.

El pez en el medio del río no tiene valor. El pescado, en el mercado, tiene el valor creado por todos los trabajos necesarios para transportarlo desde el agua hasta el mercado. Así ocurre con todas las cosas. Pero lo malo es que de conformidad con el sistema que se impone por la fuerza al pueblo, quienes crean el valor, que son los trabajadores, sólo reciben migajas de lo que producen. En nuestra patria más de un millón y medio no reciben ni las migajas.

No puede existir una economía ni satisfacerse las necesidades elemen­tales del hombre (como la comida, el vestido y la habitación), si no es en base al trabajo.

La jerarquización del trabajo se ve reflejada en nuestra ley fundamental. La Constitución de 1853 establece el derecho a trabajar en su artículo 14. La reforma constitucional de 1949 declara en su artículo 36 que "el Estado garantizará a los trabajadores: a) El derecho a trabajar y proveer ocupación a quien lo necesite. El trabajo no es una mercancía, sino un medio de satisfacer las necesidades espirituales y materiales del individuo y de la comunidad..." La reforma de 1957 incluye el artículo 14 bis que dice: "El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes".

El maestro del Derecho del Trabajo contemporáneo, Paul Durand, en su libro "Tratado del Derecho del Trabajo" escribe: "Así aparece... la significación esencial del derecho del trabajo, ella es de orden moral. La sociedad moderna no admite que el trabajo sea considerado como un bien material sometido a la ley del mercado. Las relaciones de trabajo están regidas por un derecho especial, porque ellas involucran a la persona del trabajador".

POR LA PLENA VIGENCIA DE LA SOBERANIA POPULAR

La intervención a los Sindicatos y la prohibición de las actividades gremiales y políticas, ha sido llevada adelante fundamentalmente para liquidar las con­quistas obreras.

Esta realidad que sufren los trabajadores de nuestra patria, la padecen los trabajadores de los países de América Latina y del Tercer Mundo, dado que constituyen realidades dependientes de los centros de dominación extranjeros.

La dependencia depara a estas realidades la existencia del hambre en medio de la abundancia, la pobreza en medio de la riqueza.

Para producir ganancias dejaron en nuestro país a un millón quinientas mil personas desocupadas. Como en la "Década Infame" de los años treinta, la miseria más espantosa se pasea por el país y esta concepción es incapaz de dar trabajo a todas las mujeres y hombres que lo desean, permitiendo que una minoría viva de la especulación y de la explotación sin haber producido jamás algo útil.

En nuestro país no existe la posibilidad de una vida institucional demo­crática con las actuales medidas económicas. Estas son contrarias a la vida del pueblo, a su nivel de ingresos, a las posibilidades de salud, de educación, de alimento, de vivienda, de esparcimiento, a sus derechos políticos y humanos, en definitiva a su existencia.

Por eso no se permite que el pueblo elija a su gobierno, porque el pueblo en ejercicio de su soberanía romperá inexorablemente con la dependencia, avanzando hacia niveles superiores de vida más fraternos, más solidarios y más humanos.

Luchar y organizarse para alcanzar formas institucionales basadas en el respeto a la soberanía popular es el punto de partida hacia la salida de esta situación.

Frente al agotamiento del modelo dependiente que se nos impone, la alternativa de formas socialistas de convivencia será adoptada por la inmensa mayoría del pueblo argentino, que quiere que Argentina exista. Si no hay una mayor participación de un Estado democratizado en la regulación de la economía que promueva y canalice la participación del pueblo, posibilitando la planifi­cación popular que asegure una política de redistribución del ingreso a favor de los trabajadores, permitiendo al conjunto de nuestro pueblo tener acceso a la salud, a la educación y a la vivienda, nuestra Argentina dejará de existir como Estado.

Buenos Aires, 14 de febrero de 1982.

Guillermo Estévez Boero. Héctor J. Cavallero, Héctor Miguel Di Biasi, Miguel A. Godoy, Juan Carlos Zabalza, Rubén Bilicich, Carlos R. Constenla, Víctor M. Mondschein, Carlos E. Spini, Oscar Beban, Horario Blanco, Eduardo Correa, Alfredo Caíno, Marcelo Gallino, Ernesto Jaimovich, Jorge López, Carlos Nivio, Eduardo Olivares, Oscar Santarelli, Roberto Simes, Rodolfo Succar, Víctor Hugo Vallejos.

 

Portada: SIN PAN Y SIN TRABAJO

Ubicación: Museo Nacional de Bellas Artes.

Autor: ERNESTO DE LA CARCOVA (1866-1927)

Pintor argentino, primer director de la Academia Nacional de Bellas Artes. Su lienzo "Sin pan y sin trabajo", obra de sentido realista, mereció numerosas distinciones. Otras obras suyas son: Contraluz, Pomona, Primavera, Cabeza de viejo, etc.


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