Fundación ESTEVEZ BOERO

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Sumar para construir una Argentina para todos

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Charla del Dr. Guillermo Estévez Boero en el 10º Campamento Nacional de la Juventud del PSP

 

Villa Rumipal, Córdoba, 14 de Enero de 1999.

 

Querido Compañero Rubén Giustiniani, Secretario General del Partido Socialista Popular, Compañeros integrantes de la Mesa Ejecutiva e integrantes de nuestro Comité Nacional, compañeras, compañeros, jóvenes de ayer y jóvenes de hoy:

Estamos aquí en el décimo campamento organizado por nuestra juventud. Diez años en nuestra Argentina de la coyuntura, de lo mediático, de la jerarquización de lo intrascendente es realmente un logro muy positivo, una pirámide cultural edificada por la juventud del PSP.

Hoy, como nos dice Santiago Kovadloff: «existe una fuerte proclividad a la aventura, y un incurable afán de novedades nos predisponen mejor hacia lo extraordinario que hacia lo ordinario; a preferir lo infrecuente a lo frecuente»(…) «más que la formación nos atrae desde hace mucho la información. Nadie, en consecuencia ha de extrañarse de que el periodismo haya alcanzado el lugar que ahora ocupa como carrera entre las preferencias juveniles. Poco importaría que la fascinación por la noticia haya elevado el suministro de la información a rango de ciencia universitaria, si al unísono, el interés por el pensamiento no hubiese dejado de orientar la concepción de la cultura».

Vale la pena recordar, a título, de anécdota algunos párrafos intercambiados entre Sábato y Borges sobre este particular:

Sábato: Tocábamos temas permanentes. La noticia cotidiana, en general, se la lleva el viento. Lo más nuevo que hay es el diario, y lo más viejo, al día siguiente.

Borges: Claro. Nadie piensa que deba recordarse lo que está escrito en un diario. Un diario, digo, se escribe para el olvido, deliberadamente para el olvido.

Sábato: Sería mejor publicar un periódico cada año o cada siglo. O cuando sucede algo verdaderamente importante: « El Señor Cristóbal Colón acaba de descubrir América». Título a ocho columnas.

Borges (sonriendo) Si .... creo que sí.

Sábato ¿cómo puede haber hechos trascendentes cada día?

Mantener una construcción y un proyecto diez años, sin corrupción, sin negociados, sin comisiones, es una proeza no común en los tiempos que vivimos en nuestro país. Debemos preguntamos por qué lo hace nuestra juventud y por qué acontece en el Partido Socialista Popular. Pasa en nuestro Partido porque él está más allá de lo meramente electoral, más allá de las «chapas», de los cargos.

Es difícil transitar por el barro sin sufrir salpicaduras, pero este Campamento Enero 99 demuestra que a pesar de ello, cuando los valores son reales es posible transitar con ellos y continuar luchando para transmitirlos a la juventud y a través de ella al futuro.

A nuestro Partido no lo guía primordialmente la toma del poder burocrático, sino la transformación de su ejercicio y de su contenido. No queremos ser «espectadores testimoniales», queremos ser protagonistas, pero protagonistas con contenido para el cambio. Para el cambio hacia la solidaridad, hacia la igualdad, en la libertad.

Por eso promovemos la formación de nuestra juventud, para que jerarquice el ser sobre el tener para que aprenda a ser, como nos decía Edgar Faure; el tener jerarquiza las cosas, pone el eje de la realización afuera de nosotros, nos realizamos por el tamaño y el valor de nuestras propiedades y no por lo que somos. El ser se realiza en la convivencia y en la práctica de la solidaridad y de la igualdad. El tener se realiza en la competencia despiadada y salvaje por apropiarnos de las cosas y de los frutos de los otros. Dos modelos absolutamente contradictorios. Uno tiende a desembocar en la paz, en la concertación, en el diálogo, en la convivencia. El otro en la guerra, en la confrontación, en la destrucción del adversario.

El primero, en la realización trascendente, cuya trascendencia se absorbe de los valores permanentes a los cuales ajustamos nuestra vida. Jaspers nos dijo: «Sin trascendencia no hay existencia». Lo otro es entregarse a la irrelevancia ingrávida de las cuestiones personales, una vez más separado del «mundo de la realidad» por una opacidad triste de una vida privada centrada sólo en sí misma, nos dice Hannah Arendt.

Nosotros pretendemos trabajar para la construcción y por ello pudimos concretar, no sin errores, no sin limitaciones, no sin problemas, pero perseverando con voluntad, una década en los Enero, de encuentro, de conocimiento del país, de convivencia y de reflexión.

No es válido sentarse sobre nuestra pirámide cultural a mirar lo que pasa. Dice la historia que los mayas (que sustentaban el sistema vigesimal) cada veinte años construían una nueva pirámide sobre la vieja pirámide, que -Iógicamente-, tenía una base más amplia y un vértice más alto.

Creo que es un buen recuerdo para, bueno, conocer algo de los mayas y hacernos el propósito de construir pirámides de bases más amplias y de vértices más altos: más compañeros y mejor organizados para ser semillas -de muy alto poder germinativo- de una nueva sociedad, más solidaria y más libre.

Las pirámides que como elemento ornamental fueran puestas de moda por estos años, por el famoso arquitecto chino-americano IEOH-MING-FEI convocado por nuestro compañero FranÇois Mitterrand para remodelar el Louvre, siempre fueron construidas de abajo hacia arriba, por los egipcios, por los mayas, por los incas. Sólo en una construcción abstracta, como el derecho, puede hablarse de una pirámide invertida, que se asienta en la tierra por su vértice. ¿Qué quiero decirles con esto? Que en el campo de la construcción, de la creación de lo permanente, de lo durable, todo va de abajo hacia arriba. Como crecen los árboles, como se construyen las casas. En la construcción no hay atajos, no hay picardías. El tiempo, la historia, no respetan los atajos ni las picardías. Respetan lo que se construye piedra por piedra y correctamente.

Hoy vivimos el tiempo del atajo mediático, sin juzgarlo filosóficamente es evidente que es parte de la realidad, pero es evidente también que tiene un techo, y el que lo desconoce sufre un chichón. Y varios chichones producen un Knock-out.

La base de la pirámide tiene una argamasa, una mezcla, un cemento que se hace con dos ingredientes, con voluntad y con la jerarquización correcta de lo que debe hacerse para construir una nueva sociedad. La voluntad debe estar al servicio de los valores y de la práctica, y para la mezcla y para la proporcionalidad entre la idea y la práctica debe aplicarse la correcta jerarquización. Ni debemos estar todo el día encerrados en la torre de marfil, ni debemos estar repartiendo casa por casa volantes, o materiales que no sabemos explicar ni sabemos escribir. Debemos estudiar, debemos construir los cimientos lo más sólido posible. Les digo un secreto: la solidez está en los clásicos. Los cimientos son mejores si se hacen de roca. Nos dice Ernesto Sábato: «No fueron nuestros pensamientos improvisados, sino avalados por grandes pensadores existenciales, por espíritus profundos y visionarios».

No hay que seguir la teoría abstracta, hay que ir a la práctica, para volver a la teoría a encontrar las soluciones o a responder los interrogantes que surgen de la práctica. Nace así, y se construye una relación dialéctica entre la práctica correcta y la teoría necesaria. Para ir avanzando en la construcción de un ideal que posibilite el equilibrio entre la igualdad y la libertad, llevado al lenguaje de nuestro tiempo el equilibrio entre el crecimiento y la solidaridad.

El fiel de esta balanza es el imperio de la ley, que comprende el sagrado temor que pobres y poderosos deben sentir ante la ley, esta es la primera igualdad entre los hombres sin cuya existencia es utópica la lucha por la igualdad de oportunidades en cualquier orden. Es lo que no existe en la Argentina del capitalismo salvaje, para los poderosos no hay imperio de la ley ni en consecuencia experimentan el sagrado temor ante la ley. Para ellos rige la práctica del todo vale. Para el régimen transgresor no hay Constitución.

Debemos recordar que no existe un mercado libre sin intervención estatal. Si no existe primero un sistema legal -el imperio de la ley- no se puede tener un mercado libre. Debe haber una diferencia entre comprar y vender y robar. En una sociedad -nos dice Popper- con graves casos de corrupción, la gente idea y hace cosas que no pueden pensarse como pertenecientes al mercado libre. Sin un sistema legal igualitario, sólo puede desarrollarse el caos.

Una política de estado debe abarcar la educación. Hoy -dice Popper- estamos educando a nuestros hijos para la violencia a través de la televisión y otros medios similares. La educación de nuestros hijos -el futuro de la humanidad- nos obliga a preservar la resistencia natural que la mayoría de la gente tiene por la violencia, y esta preservación nos obliga a regular el contenido de la televisión y de los medios. Aquí no se daña la libertad de prensa, nada puede ser absolutamente libre, la libertad absoluta es un sinsentido. Nos dijo Kant que la libertad de cada persona debe ser compatible con la libertad de las otras personas.

La compatibilidad de mi libertad con la del otro depende que los dos renunciemos a la violencia entre nosotros. Yo no lo golpearé y usted no me golpeará, la libertad es entonces limitada. Pero si esto no se cumple es necesaria la ley contra la violencia, contra el asesinato. El imperio de la ley exige la no violencia, que incluye la no propagación de la violencia, y si esto no se respeta debe haber leyes para regular más en área como la prensa y la televisión. Si esto no lo asumimos vamos a una sociedad donde el asesinato será el pan de cada día nos completa Popper.

La enfermedad no se supera matando a los enfermos sino vacunando contra la enfermedad. La violencia no se supera incrementando irracionalmente las penalidades a los violentos, sino evitando la propagación de la violencia. Hay muchos proyectos primitivos que cabalgando sobre la sensación de inseguridad, incrementan las penas y aumentan la punibilidad de los menores. No hay proyectos regulando la diseminación sistemática de la violencia. Ello sí sería atacar a un sistema inmoral, insolidario y propagador de la violencia. En realidad violentos y violentados son los productos de un sistema individualista, de competitividad y transgresor de los valores fundamentales.

Necesitamos la libertad para impedir que el Estado abuse de su poder, y necesitamos al Estado para impedir el abuso de libertad.

Todo esto debe construirse en un espacio, en una sociedad con identidad, con tradiciones, con raíces. Nos dice Hannah Arendt que la interpretación crítica del pasado, es una interpretación cuya meta es descubrir los orígenes verdaderos de los conceptos tradicionales para destilar de ellos otra vez su espíritu original, que tan infortunadamente se evaporó de las propias palabras claves del lenguaje político, como libertad y justicia, autoridad y razón, responsabilidad y virtud.

Debemos ir a la regionalización con una identidad, debemos asumir protagonismos en un mundo (que hoy se llama globalizado) con una identidad. No somos polvo cósmico, y en consecuencia no sabemos comportamos como tal. El conjunto de tradiciones, de vicisitudes positivas y negativas convividas, de nuestro paisaje, de nuestra lengua, de nuestra historia, larga o corta, se llama patria, o matria, como la denominaba Unamuno, para mí humildemente, en forma más certera. Porque es ella la que nos engendra y por ello el lenguaje nos habla de la madre patria, no del padre patria. Hay padres de la patria: Belgrano, San Martín, pero la patria es nuestra madre. Ella nos trasmite la identidad. El ponderar esta concepción de patria, no chauvinista, no agresiva, reivindicativa de su profundo significado para nosotros, nos permite amar y comprender el resto de las patrias. Como el amar a nuestra madre, en su esencia profunda, no nos lleva a odiar y confrontar a las demás madres, sino a respetar y a comprender a todas.

Para los socialistas y en particular para los socialistas populares, la cuestión nacional que es la racionalidad y el análisis de nuestra historia, de nuestra identidad y de su vigencia, no contiene elementos de confrontación, sino conceptos de comprensión del resto de las identidades, de las otras cuestiones nacionales para construir sobre esa comprensión la paz y la cooperación entre los pueblos.

Nuestro concepto de paz no es la ausencia de guerra o la supremacía de una, dos o tres superpotencias. Es la articulación positiva y cooperativa de las diversas naciones con el respeto y el imperio de la ley internacional, y con el avance hacia una realidad universal, democrática, que respete la igualdad jurídica de las naciones, piedra basal de la histórica postura internacional argentina, que se complementa con el concepto de que la fuerza no da derechos.

Los socialistas hemos trabajado siempre y trabajamos por la paz, en la solución pacífica de nuestras controversias internacionales. Así hemos avanzado en la superación de nuestros diferendos limítrofes con los hermanos de Chile y así reclamamos la aplicación de la resolución 2065 de la Asamblea General de Naciones Unidas para el reconocimiento definitivo de nuestra soberanía sobre las Islas del Atlántico Sur.

Nuestras posturas no son de ocasión, sino de principios que sustentamos gobierne quien gobierne. Los gobiernos son coyunturas accidentales, salvo excepciones. De la mayor parte de los presidentes el pueblo ya no recuerda su nombre, en cambio las naciones persisten, trascienden e indefectiblemente protagonizarán un futuro diferente.

En una realidad desprovista de ideales comunes, donde en todos los aspectos del quehacer nacional aflora la desintegración como consecuencia de la inexistencia de ideas y de objetivos trascendentes que amalgamen al ser nacional, es posible ver como año a año nuestros niños van olvidando las fechas evocativas de los padres de la patria como Belgrano y San Martín, 20 de junio y 17 de agosto. Fueron borradas del calendario para posibilitar dos fines de semana largos que determinaran el incremento de consumo de hot-dogs y de gaseosas.

La mentalidad y la praxis consumista derrotaron a nuestra identidad, no les importan nuestras raíces, no les importa la identidad, les interesa el incremento del producto bruto interno. La realidad es que es bastante bruta esta concepción. En verdad lo que se incrementa es la brutalidad de nuestro presente y futuro.

Este año, último de mi período, volveremos al ataque, para defender nuestra identidad en las jóvenes generaciones, y ofreceremos crear en el calendario dos fines de semana largos a cambio de preservar las fechas recordatorias de los padres de nuestra patria. También nos opondremos a

que se conmemoren en el día anterior para ese día no hacer nada. Queremos volver a lo correcto que era que ese día en cada instituto educacional y centro cívico la gente viva culturalmente el contenido de las evocaciones. La Nación se construye en el niño, cada día.

Para los países periféricos la nación es sinónimo de liberación, de realización, en las colonias no hay salud, educación para todos, ni se practica la solidaridad y la fraternidad, sólo la expoliación y la marginación. Entonces la defensa y la promoción de la madre patria no es una antigua concepción a la violeta, sino una concepción correcta y adecuada a nuestra realidad y a la necesidad de la infinita mayoría de los argentinos.

Para ser protagonista de todos estos sueños y de otros más es necesario formarse y militar. Una parte importante de la formación es la lectura. Nos dice Sartori que la televisión va reemplazando a la lectura, la imagen a la palabra, el hombre ve más cosas que nunca, y paradójicamentente cada vez comprende menos, porque el tiempo para pensar, para reflexionar, teniendo como interlocutor a otros hombres o mujeres o a un libro, prácticamente ha desaparecido de las agendas diarias.

Antes de aprender a leer y a escribir un niño ha visto innumerables horas de televisión, acusan a las imágenes que generan o que convocan los textos de extremadamente pesadas y dificultosas ante las livianas y fáciles imágenes que reproduce la pantalla, pero el esfuerzo genera tejidos, ejercita cerebros, el sedentarismo, el no esfuerzo, los atrofia.

El niño de hoy se transforma en el germen de un hombre que no lee. Nos acerca Sartori un texto de Alberoni:

«Los jóvenes caminan en el mundo adulto, de la escuela, del Estado...(...) de la profesión, como clandestinos. En la escuela escuchan perezosamente lecciones (...) que enseguida olvidan. Se parapetan en sus habitaciones con carteles de sus héroes, ven sus propios espectáculos, caminan por la calle inmersos en su música. Despiertan sólo cuando se encuentran en las discotecas por la noche, que es el momento en que por fin, saborean la ebriedad de apiñarse unos con otros, la fortuna de existir como un único cuerpo colectivo». Un colectivo sin ideales, sin trascendencia, una vuelta a la caverna primitiva, concluyo yo.

Continuamos parafraseando a Sartori , el video-niño se trasforma en adulto y es sordo de por vida a los estímulos de la lectura y del saber transmitido por la cultura escrita. A los 30 años es un adulto empobrecido, marcado de por vida por una atrofia cultural.

Cultura es sinónimo de «saber», una persona culta es una persona que sabe, que ha hecho buenas lecturas. El mensaje con el cual la nueva cultura se recomienda y se autoelogia es que la cultura del libro es de unos pocos, es elitista, mientras que la cultura audiovisual es de mayoría. Pero el número de beneficiarios -sean minorías o mayoría- no altera la naturaleza ni el valor de una cultura. Debemos luchar para que todos tengan acceso a una buena cultura y no conformamos con que todos tengan acceso a una cultura basura.

Sin igualdad de oportunidades para acceder a una buena cultura no existe un estado de democracia social, que debe posibilitar a todos los miembros de determinada sociedad las mejores condiciones para su realización plena. Este proceso formal educativo tiene dos características: una, educar al joven en el respeto de las construcciones culturales positivas producidas por la comunidad antes de su advenimiento, y por otra parte un lado abierto que posibilita la generación creativa de nuevas alternativas para el futuro. Es que siempre se vuelve a los viejos ideales educativos de Rousseau, según los cuales la educación se convierte en un instrumento de la alta política de un Estado y la propia actividad política se concibe como una forma de concientización de valores.

Presupongo que el compañero Rubén habrá desarrollado los aspectos de la actual situación política por las que atraviesa el país. Nuestro partido ha sido abanderado de la idea, de la metodología de la Alianza, de la concertación para salir de la realidad por la cual atravesábamos y que nos conducirá indefectiblemente a una dramática situación de muy difícil superación, un camino hacia Colombia, como tantas veces lo afirmamos. Esa crisis nos obligó a volver a plantearnos preguntas y nos exigió nuevas respuestas que tienen fundamento en viejas experiencias de otros pueblos del mundo. Así se evitó que la crisis se convirtiera en un desastre, porque no respondimos a ella con juicios preestablecidos, es decir con prejuicios, sino con amplitud, con propuestas de sumas, de concertación, que generaron un nuevo horizonte para el país. De no haberse procedido de esa manera la crisis se hubiera agudizado gravemente.

Hemos configurado una Alianza, con un futuro complejo, que exigirá grandes esfuerzos e inteligentes propuestas para poder salir adelante y cambiar el rumbo de nuestro país, pero debemos reflexionar acerca de que conscientemente hicimos la Alianza y construiremos el próximo gobierno de coalición con todos aquellos que de alguna medida estaban en contra de este inmoral proyecto del capitalismo salvaje, incompatible además (por la concentración económica y de poder político que genera) con el respeto a la ley y a las instituciones de nuestra Constitución. No debemos cada día, ni día por medio, cometer los errores que cometió el Partido Comunista de Brasil en 1927 cuando convocó a varios individuos como los políticos populares Mauricio de Lacerda y Azevedo Lima, y a partidos «pequeños burgueses», como el Socialista, a integrar un frente común. En aquella oportunidad produjo una carta abierta donde decía: «No estamos de acuerdo de modo alguno con la política individualista de Lacerda, apartidista, generadora de confusiones y mal entendidos, que sólo pueden servir a los enemigos de la política proletaria. Cierto es, su popularidad es grande. Pues bien, el PCD, aún desconfiando, quiere confiar en Mauricio De Lacerda. Igual propuesta hacemos a Azevedo Lima, quien posee un electorado propio, fuertemente regimentado. Azevedo Lima, a pesar de revelar ciertas contradicciones ideológicas, ha hecho declaraciones de simpatía al comunismo. Su elección es generalmente considerada segura (de manera que) su Alianza con nosotros poco resultado práctico, numérico, le traerá (pero generará) ventajas a una política proletaria hecha de verdad, nitidez y firmeza. En cuanto al partido Socialista, adversarios intransigentes de su nefasta política reformista, confusionista, colaboracionista, entendemos, sin embargo, que esta es una excelente oportunidad para poner a prueba, a los ojos de la masa, la sinceridad de los socialistas».

Nadie duda de que con esta metodología esa Alianza tuvo corta vida. No se debe aquí repetir ese error y debemos trabajar no equivocando al adversario central que es el menemismo-duhaldismo ampliando cada día política y socialmente las bases de la Alianza, porque es lo correcto y porque así lo exige primero la confrontación electoral con el régimen, y segundo la complejidad de los problemas críticos que el mismo va a dejar al país. Unas finanzas quebradas y una insatisfacción terrible en las necesidades básicas de los argentinos son dos aspectos de muy compleja articulación para el futuro.

Para enfrentarlo hay que tener en cuenta que siempre que -en la política- la razón humana sensata fracasa o desiste del esfuerzo de dar respuestas, nos enfrentaremos con una crisis mayor. En la actualidad, la desaparición del sentido común es el signo más claro de la crisis de hoy, para muestras basta un botón, el último proceso electoral en la Provincia de Córdoba.

Para terminar una pregunta y un ensayo de respuesta: Y bueno, ¿cuándo cambiará positivamente toda esta realidad? Cuando la mayoría de los argentinos sea ganada para una concepción diferente, para una concepción solidaria y fraterna que jerarquice la confraternidad por sobre la competitividad, el bienestar común por sobre la práctica consumista individual, cuando se jerarquice más el ser que el tener, y cuando las ideas socialistas recuperen la adhesión de los sectores sociales más desprotegidos.

El camino hacia ese futuro es difícil pero posible, absolutamente posible, como lo demuestran muchos pueblos del mundo hoy, pero no tiene atajos, queridos amigos, sólo se puede recorrer exitosamente con voluntad, estudio y práctica. Es decir, decisión política que equivale a definición de vida más el estudio y la práctica necesaria para concretarla. Muchas Gracias por vuestra joven paciencia.

 

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