Fundación ESTEVEZ BOERO

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Carta abierta al Presidente de los EEUU

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Buenos Aires, 5 de diciembre de 1990.

Al Presidente de los Estados Unidos de América

Sr. George Bush

 

Presente

De nuestra mayor consideración:

Su visita a nuestro país nos brinda la oportunidad de hacerle llegar nuestras disidencias y criticas con actitudes y decisiones de la administración estadounidense que usted preside, rela-cionadas con nuestro interés nacional.

La deuda externa. Nosotros consideramos que una inmensa proporción de la misma tiene una naturaleza absolutamente ilegítima. En el caso particular de nuestro país, por haber sido configurada por un gobierno usurpador que carecía de capacidad jurídica para obligar a nuestra Nación. Ha resultado prácticamente imposible determinar con documentación fehaciente la existencia y el destino de la misma. Es ilegítima -en general- porque los acreedores han modificado en forma unilateral las tasas de interés, que con el tiempo han incidido dramáticamente en el monto de la deuda. Los planes conocidos con los nombres de Baker o Brady, en cuanto han sido aplicados, no han pasado de ser meras expresiones de deseos que en nada concreto han beneficiado a nuestro pueblo ni a los pueblos hermanos de la América Latina. Debe usted saber que el actual monto de la deuda representa -por la cantidad de recursos que se derivan a la misma- una realidad absolutamente antagónica con el desarrollo sostenido de nuestros pueblos y, en consecuencia, con la consolidación de nuestras débiles instituciones democráticas, única perspectiva sólida para la paz y prosperidad de la región.

Su propia iniciativa, Señor Presidente, para una zona de libre comercio, no considera este problema central de nuestra vida económica y, en consecuencia, queda bastante alejada de los elementos determinantes de nuestra realidad.

Con relación a estos temas, en otro diciembre (1928), el maestro Alfredo Palacios, en carta al electo presidente Herbert Hoover, expresaba su oposición "a toda política financiera que comprometa la soberanía nacional y en particular la contratación de empréstitos que consientan o justifiquen la intervención coercitiva de estados capitalistas extranjeros".

Golfo Pérsico. No le será difícil al Señor Presidente comprender que si no utilizamos la fuerza de nuestras armas para recuperar tierras y mares, que ocupa arteramente un gobierno colonialista extranjero, tampoco hemos de acordar su utilización para liberar un territorio de un tercer país a pesar de haber sido ocupado por un acto de absoluta ilegitimidad y que hemos reiteradamente condenado sin ningún tipo de limitación ni de disimulo.

Estimamos que no resulta honesto dejar de expresarle que tampoco empleamos nuestra fuerza ante la ilegítima ocupación territorial que la administración que usted preside hoy concretó sobre los territorios de nuestros hermanos pueblos de Grenada y Panamá.

Las prácticas del Derecho Internacional Público, que indefectiblemente han de primar en las relaciones internacionales cuando se consideren las opiniones de los pueblos de la mayoría del mundo, no pueden desvincularse de un contenido ético absolutamente independiente de los intereses en juego en cada oportunidad. Esta elasticidad en la aplicación de las normas y de los principios hacen decrecer peligrosamente la credibilidad en los altos principios de los organismos inter-nacionales que, en definitiva, constituyen la única defensa racional para la paz.

Las barreras proteccionistas que en diversas áreas plantea y mantiene su administración, defienden lógicamente los intereses de su país, pero no se compadecen con el interés general de la región, ni de las democracias, valores éstos a cuyo amparo se nos realizan permanentemente reclamos.

Esto nos mueve a insistir en la necesidad de que los países industrializados abran verdaderamente sus mercados y permitan a los países en desarrollo disfrutar de las pocas ventajas comparativas que aún tenemos para consolidar nuestras economías y resolver los problemas sociales, solucionando cuestiones del empleo y de la inversión interna.

La distensión Este-Oeste, cuyas ventajas apreciamos ampliamente, no puede convertirse en un Yalta más plural, más inteligente, que mantenga y que agigante las diferencias entre el Norte y el Sur. Ello configuraría un mundo demasiado injusto para ser aceptable y demasiado inestable para resultar seguro. Como recientemente expresara, en Nueva York, Bettino Craxi: "El valor de la paz esta estrechamente unido a las perspectivas de desarrollo y de equilibrio entre el Norte y el Sur del mundo".

Nosotros, Señor Presidente, somos profundamente respetuosos de todas las soberanías y celosos de la nuestra, por eso hemos pensado que sus observaciones acerca de nuestra política económica, cuyas consecuencias padece una importante porción de nuestro pueblo, constituyen una intromisión en nuestros asuntos internos que no podemos observar en silencio, y así lo hemos planteado -en su oportunidad- en el Parlamento Nacional que integramos.

Los grandes "demonios" han desaparecido; hoy el camino de la paz transita por el reconocimiento de la igualdad jurídica de las naciones y por el efectivo respeto de los derechos de to-dos los pueblos.

Deseámosle, Señor Presidente, una grata estada en nuestra patria; no estamos contra el pueblo de los Estados Unidos de América ni contra el gobierno que elige dicho pueblo, en conformidad con sus instituciones y normas fundamentales, estamos, sí, decididamente en contra de políticas opuestas a los intereses de nuestros pueblos, a los intereses de nuestra Nación y a los intereses de nuestros hermanos de América Latina.

Saludamos a usted con el mayor respeto,

Guillermo Estévez Boero

Diputado de la Nación

 

 

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