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Construir lo nuevo

Charla del Secretario General del Partido Socialista Popular, Diputado Rubén Giustiniani en el 13° Campamento de la Juventud del PSP. Ruinas del Viejo Molino, Concepción del Uruguay. 7 de enero de 2002

Compañeras y compañe­ros, jóvenes de todo el país que han hecho un gran es­fuerzo para llegar hasta la pro­vincia de Entre Ríos a un nuevo campamento de la ju­ventud del Partido Socialista Popular:

Quiero agradecer la pre­sencia fraternal del amigo Lucio Godoy, del Encuentro Radical Entrerriano, y salu­dar la presencia de los com­pañeros miembros de nues­tro Comité Nacional, compa­ñero Secretario General de la Federación de Entre Ríos, Lisandro Viale, y compañe­ro Diputado Provincial, San­tiago Reggiardo.

Es una alegría reencontrar entre tantos jóvenes caras no tan jóvenes, que desde hace tanto tiempo vienen batallan­do para poder mantener viva la llama, la esperanza en el país de una construcción so­cialista sólida, fuerte, de mayorías .Y quiero rescatar el esfuerzo de la juventud de nuestro partido, de su con­ducción a cargo del Secreta­rio General, Fernando Asegu­rado, y del MNR y su res­ponsable, Raúl Sánchez.

Debemos confesar que con tantas turbulencias en el país, dudamos en muchos momentos que este campa­mento pudiera ser posible y a la vez hubiera sido para no­sotros realmente lamentable quebrar la continuidad de esta experiencia, que como bien decía Fernando se ini­ció en aquel enero del 90 en Villa Rumipal con el primer campamento de la Juventud del Partido Socialista Popu­lar.

Hoy leemos en los diarios que las plazas de veraneo no pasan del 20 por ciento de su capacidad, Mar del Plata, Córdoba y los destinos en el exterior peor todavía. Noso­tros sabemos que éste no es un veraneo común, por eso hay más de 700 jóvenes mo­vilizados acá. Como lo pen­samos en aquel enero 90 y tantas veces lo charlamos con nuestro querido y recordado compañero Guillermo Estévez Boero, es un lugar de encuentro donde la juventud tuviera un espacio de espar­cimiento, sano, y donde ade­más pudiéramos desarrollar un debate político de los te­mas que les interesan a la ju­ventud, de los temas que in­teresan al país, y donde po­damos también valorar la be­lleza natural de la República Argentina.

Volvemos a la provincia de Entre Ríos -como ya lo hi­cimos en otro enero a Los Pal­mares de Colón- a un lugar con tanta historia, una pro­vincia tan hermosa que repre­senta un pedazo muy grande de la historia argentina. Por eso es muy importante que cuando visiten el Palacio San José imaginen lo que signifi­có ese sitio en aquella Argentina de principios del siglo XIX, una Argentina que salía de la anarquía, una Argenti­na que quería nacer organi­zándose como un país com­pleto, que diera respuesta a la integridad del país. Con aquellos caudillos, como Pan­cho Ramírez, que tanto luchó por la nación federal, por los intereses del interior del país, que tanto luchó por un con­cepto que hoy ante los tiem­pos de la globalización pare­ce absolutamente perdido, que es la independencia, la soberanía política de una na­ción y fundamentalmente de un pueblo. También encon­trarán a esa otra gran perso­na de la historia nacional que fue Justo José de Urquiza, contradictorio, emblemático en lo que significó desde el interior la búsqueda de una nación completa e integrada, y que creyendo que eso po­día ser posible en aquel mo­mento, entregó una parte de su poder. Su gesto significó la posibilidad de la unifica­ción nacional, que empezó con la Constitución en 1853 y que se terminó de concre­tar en los 90 de ese siglo con un país que echó a andar con­cebido por la generación del 90, que tuvo una visión qui­zás de Europa, en muchos casos como la de Alberdi, de la constitución norteamerica­na, que quiso integrar el país a las nuevas ideas de la épo­ca, pero que lo hizo desde la ciudad de Buenos Aires, de espaldas al país del interior.

Y en aquel proyecto muy definido, concreto y de progreso, también está integrado lo que ustedes pueden ver en el Colegio Nacional en la ciudad de Concepción del Uruguay. Ese colegio, en 1860 re-
presentaba una revolución educativa y pedagógica, no sólo para la Argentina, sino que fuimos faro cultural de América Latina. Empezamos a serlo en aquellos momentos con ese colegio que tuvo
un gran docente, Amadeo Jacques, un francés que vino a nuestras costas a aplicar las
teorías pedagógicas más avanzadas del momento. Podrán ver en su museo lo que significaba comprender la integración de la teoría con la práctica, la formación intelectual de la juventud. Egresó
mucha gente importante de ese colegio -otros tristemente célebres después- pero una inteligencia argen­tina que se formaba en las concepciones más avanzadas que campeaban en el mundo

 

 

«Estamos en un país que en 15 días tuvo 5 presi­dentes. Estamos verdaderamente en el filo de la existencia misma de la Argentina como Nación.»

 

 

en aquel momento, junto con el Colegio Nacional de Bue­nos Aires. ¿Y qué pasó en­tonces? Pasó lo que aún no pasó, lo que sigue pendiente en el desarrollo de la histo­ria de nuestro país, la articu­lación de esos conceptos de avanzada en el mundo inte­grados al todo, a lo social y fundamentalmente a lo popu­lar. Por eso la Constitución del 53, con aquellas ideas de la generación del 37, de Es­teban Echeverría, que echa­ron a andar premisas impor­tantes, bases de las ideas del socialismo en nuestro país, no lograron concretarse en la integración de lo popular en la Argentina. Esa Constitu­ción del 53 -como tantas ve­ces dijo el Partido- fue un traje hecho a la medida de las minorías nacionales, fue un traje hecho para un grupo, que comandaba el país, pero que seguía de espaldas al in­terior. Por eso ese país fede­ral que tanto añoramos, que tanto queremos todos, sigue siendo una deuda pendiente en la República Argentina.

Yo quiero saludar, enton­ces, este esfuerzo que está in­tegrando al país federal, de compañeros que han venido desde las provincias más le­janas hasta aquí, hasta Entre Ríos, en momentos terribles para el país. Pero sabemos que el esfuerzo para estar aquí presentes en este campamen­to representa lo mejor. Y yo


los convoco a que lo aprove­chemos en toda su dimen­sión, porque si hay una cosa en la que hoy podemos coin­cidir es que hay pocas certe­zas y profundos interro­gantes hacia adelante.

Estamos en una realidad de un país que en 15 días tuvo 5 presidentes. Estamos verdaderamente en el filo de la existencia misma de la Ar­gentina como Nación. Y por eso es importante que esta noche, después de una bre­ve introducción, nos abra­mos al debate y nos escuche­mos. Creo que es importante que en esta especie de asam­blea constituida por 700 com­pañeros jóvenes, intercambiemos interpretacio­nes de qué pasa hoy en la Argentina, y fundamental­mente, cuál es el papel de los socialistas para aportar a la construcción de una nación más justa.

Repasando los aconteci­mientos más recientes en la historia de un pueblo, encon­tramos que el siglo XX se ini­ció con muchas expectativas. Se escribió mucho acerca de lo que podía ser un nuevo si­glo para la humanidad, se es­cribió también sobre el balan­ce de ese siglo que se cerra­ba. Nosotros decíamos que fue el siglo de la revolución tecnológica y de una inima­ginable revolución de las te­lecomunicaciones, que fue un siglo que cerró con un avance y un crecimiento im­pensable del producto bru­to, revolucionando los me­dios y los modos de produc­ción y la manera de comuni­carse de la sociedad, para producir más elementos de riqueza. Pero a la vez ese mis­mo mundo en crecimiento, con esa revolución tecnoló­gica, culminó el siglo como un mundo muy injusto.

La brecha entre ricos y po­bres, fue una brecha inima­ginable también. Cada cuatro días mueren de hambre 150.000 niños en todo el pla­neta. Por eso tomamos las pa­labras del historiador inglés, Eric Hobsbawm, «un mundo mucho más rico, un mundo mucho más injusto» como la síntesis adecuada del siglo. Su balance, a pesar de todos sus avances, termina confir­mando la expresión de Hegel, cuando dice que «la historia de la humanidad es un in­menso matadero». Más de 200 millones de personas han muerto en el siglo pasa­do por la acción humana, por sus guerras y totalitarismos. Más de 200 millones de per­sonas a lo largo del siglo XX.

«El único orden estable, la única posibilidad de convivencia y gobernabilidad del mundo se basa en la justicia».

 

Entonces, más que nunca la reflexión de los socialistas, es la necesidad del cambio de un orden económico internacional injusto, como tantas veces planteamos. Y cuando el pasado 11 de septiembre esos dos aviones impactaron contra las Torres Gemelas en Nueva York, en el centro del poder económico y financiero, quedaron claras muchas cosas y se abrieron muchos interrogantes a futuro. Nosotros condenamos clara y contundentemente la acción del terrorismo -siempre lo hemos hecho- el terrorismo profundiza lo negativo, el terrorismo que no tiene cara pero que mata es una expresión absolutamente contraria a lo que el socialismo quiere como convivencia de los pueblos. Pero esa acción demostró la fragilidad de la construcción de este orden eco-
nómico internacional, de este orden geopolítico internacional en donde algunos organizados pueden hacer temblar al gigante más grande de la tierra, a la nación más poderosa de la tierra y al centro económico financiero más importante de la tierra.

Nosotros sabemos que el único orden estable, que el único orden seguro, que la única posibilidad de convi­vencia y de gobernabilidad del mundo se basa en la jus­ticia. La gobernabilidad -que


es un concepto de tanta ac­tualidad, decíamos antes 5 presidentes en 15 días- se ga­rantiza en la medida en que se avance en un camino de justicia. Porque cuando se avanza en un camino de in­justicia, cuando se avanza en un camino de exclusión so­cial, de locura, donde la ren­ta financiera pasa a ponerse por encima de todo y donde el mundo se transforma en un casino, en una timba don­de los capitales especulativos vuelan en segundos de un lado al otro, generando bur­bujas financieras, levantando estados y tumbándolos casi simultáneamente, no se cons­truye ningún orden sólido.

La única posibilidad de construir en esta aldea global, en este planeta que ya parece tan chico, porque gracias a esa revolución de la tecnolo­gía podemos comunicarnos de una manera tan completa, tan rápida, es caminando ha­cia la justicia social, hacia un orden económico más justo.

Por eso en nuestro país, en la Argentina, con los sucesos terribles que representaron la pérdida de 28 vidas de ciu­dadanos argentinos, termina la peor cara, la cara más trá­gica y salvaje de un modelo echado a andar hace muchos años. Lo dijimos repetidas veces, hablábamos del agota­miento de un modelo econó­mico y social del que Argen­tina fue el mejor alumno, Ar-

 

­«Como nos enseñaron Guillermo Estévez Boero y Ernesto Jaimovich, siempre es una batalla cul­tural la que estamos dando».

 

gentina era premiada en los foros internacionales, éramos el ejemplo, Cavallo era el ejemplo, el economista de moda que recorría el mundo dando conferencias acerca del milagro argentino.

Hoy tenemos el saldo, no es un problema ideológico, ni si­quiera político, hacer un balan­ce de lo que ha sido el neoliberalismo más crudo con las recetas neoconservadoras más crudas aplicadas en el país en los últimos 15 años. Tan sólo podría alcanzar con ver las es­tadísticas del INDEC, los núme­ros de la pobreza en la Argenti­na, los números del analfabe­tismo creciente, los números de la marginalidad creciente.

Esa es la Argentina que su­pieron conseguir las políticas neoliberales. Este es el saldo del balance. Esos números hay que tenerlos siempre presentes. Hay que ponerlos arriba de la mesa, porque hoy se abre otro debate y vamos perdiendo siempre la iniciativa del debate y nos va ganando el establishment.

Pareciera que hoy el res­ponsable de lo que se ha des­atado en el país, de este caos producto de la miseria y del desempleo, es el costo de la política. Entonces hoy los que han saqueado durante tantos años al país, provocan­do el saqueo de los de abajo, nos ganan nuevamen­te la batalla cultural, porque la culpa la tiene el costo de la política. ¿Es el costo de la política el que produjo este desempleo? ¿Es el costo de la política el que produjo tan­ta miseria en el país? No, son los políticos que aplicaron estas políticas neoliberales.

No tenemos ningún pro­blema desde el socialismo en discutir el costo de la políti­ca. Venimos de cien años de «manos limpias y uñas cor­tas» que aprendimos con Juan B. Justo. No tenemos ningún problema en que se ponga este punto como un punto de la agenda. Pero debemos te­ner la inteligencia para saber y para dar el debate político con la ciudadanía. Porque como nos enseñaron Gui­llermo Estévez Boero y Ernes­to Jaimovich, siempre es una batalla cultural la que esta­mos dando.

Tenemos que ver nada más las páginas de los dia­rios, cómo van cambiando de tiempo en tiempo, de tempo­rada en temporada. Yo les decía a los compañeros que


el día que se eligió el Presi­dente Duhalde en la Asam­blea Legislativa, esa misma noche, cuando terminó el dis­curso del Presidente del Blo­que Justicialista, Humberto Roggero, me empezaron a lla­mar los compañeros de la Capital Federal por teléfono, desde distintos barrios, para decirme: «empezó el cacerolazo en Almagro», «em­pezó el cacerolazo en Palermo», «empezó el cacerolazo en Caballito». Y eso en los medios de comu­nicación prácticamente se pasó por alto. Los mismos medios de comunicación que días pasados estaban con el micrófono y la cámara al lado de cada cacerola para decirle al país que se estaba levan­tando la gente. El día después en un diario, La Nación, que sigue siendo como siempre el diario más serio, más seria­mente expositor del pensa­miento del establishment en la República Argentina, su jefe de redacción, publica una editorial donde conside­ra que los cacerolazos son «sedición», usa la palabra «se­dición», que está en la Cons­titución Nacional. Y trae la Constitución Nacional para decir que los argentinos de­bemos poner orden.

Entonces, la batalla cultu­ral que tenemos que dar, lo traía yo acá, sobre todo en una reunión de juventud, porque siempre tenemos que

«No hay margen para equivocar el rumbo. Debemos articular inteli­gentemente la ética de las con­vicciones con la ética de la res­ponsabilidad».

 

tener la frescura intelectual y la capacidad de pensar con cabeza propia, tener la capa­cidad de discernir la situa­ción política que está vivien­do el país y -a través de este debate colectivo- poder sacar las conclusiones para no equivocar el rumbo político. No hay margen para equivo­car el rumbo político. Debe­mos articular inteligentemen­te nuestra ética de las con­vicciones -como siempre lo ha planteado el socialismo, desde aquellos visionarios soñadores de utopías que echaron a andar el Partido Socialista en 1896- con la ética de la responsabilidad.

El socialismo nunca pidió lo máximo y lo imposible, como estilo o como búsqueda de un crecimiento oportunista, siempre trató de interpretar la realidad nacional para po­der dar en cada momento la respuesta justa.

Nosotros venimos de una situación donde el modelo que se termina no es exclusi­vamente el de la converti­bilidad. El modelo fue la apertura, la desregulación y las privatizaciones. Cuando uno habla de apertura y desregulación pueden pare­cer teorías económicas. En el interior se conoce muy bien lo que fue la apertura y la desregulación, porque fue la destrucción de todas las eco­nomías regionales. Fue la po­lítica de abrir indiscriminada y salvajemente la Argentina al mundo, como se dijo, para que ingresaran productos a precios mucho más bajos que nuestra producción nacional para sepultarla, para terminar con ella, con la excusa de es­tabilizar los precios. Pero cuando hacemos el balance de todos estos años, no to­dos perdieron en el país, hubo muchos ganadores. Ganaron las empresas de ser­vicios públicos privatizadas, ganaron los bancos y los su­permercados, a expensas del pequeño y mediano produc­tor agropecuario, del peque­ño y mediano productor in­dustrial, del asalariado, a ex­pensas de un ejército de des­ocupados que fue creciendo.

La convertibilidad fue una herramienta muy importante para mantener este modelo. No es verdad que la conver­tibilidad dejó de funcionar porque se terminó la discipli­na fiscal. Es falso, absoluta­mente falso que la conver-


tibilidad se cayó porque el gasto público creció indiscri­minadamente. No dicen la verdad, no dicen que cuan­do se privatizó el sistema ju­bilatorio en Argentina, ese sistema jubilatorio dejó un agujero que es el principal componente del gasto públi­co, junto con el otro gran agu­jero que es la deuda externa. Y por eso Argentina viene padeciendo, y ya no alcanzan más ajustes. Porque van a se­guir ajustando, van a profun­dizar la recesión y va a au­mentar el caos social.

Y por eso la gente tumbó la convertibilidad. Porque cuando nos hablaban de que el mercado libre producía las fuerzas expansivas que gene­raba crecimiento, que genera­ba desarrollo, nosotros vimos con las caras del cacerolazo, de las movilizaciones y de la situación que estamos vivien­do, que hay una fuerza expansiva muy fuerte, muy grande, que son las necesi­dades humanas, que es la ne­cesidad social, y que esa fuerza expansiva puesta en movimiento es la que se mos­tró al país en estos días pa­sados.

Compañeras y compañe­ros, nosotros creemos que en la anarquía no hay ninguna posibilidad. Creemos que la respuesta a los problemas de la democracia se da con más democracia. Nosotros cree­mos que no existe ningún in­vento desde Grecia hasta nuestros días mejor que la de­mocracia representativa. Otros ejemplos que hemos visto en el mundo como la Unión Soviética, cayó en el año 1989, con el muro de Ber­lín. Es importante comparar algunas experiencias de lo que significaron la moviliza­ción de las fuerzas expansivas de la sociedad: ¿quién tumbó a esas dictadu­ras que se establecieron en la historia primero en defensa de los intereses de los de aba­jo? Que tuvieron una etapa primera de la construcción de un Estado Social, pero que con la falta de libertades, ter­minaron carcomiéndose sus propias bases. Todos recor­damos, ustedes quizás mu­cho menos, pero aquellas movilizaciones del año 89, donde la gente salió a las ca­lles y donde la gente no le tuvo más miedo al comisario político que denunciaba en la cuadra al que podía movi­lizar, la gente no le tuvo más miedo al policía que estaba

 

 

«En la anarquía no hay ninguna posibilidad. Cree­mos que la res­puesta a los pro­blemas de la de­mocracia se da con más democracia».

 

en la esquina que lo podía matar, la gente no le tuvo más miedo al régimen.

Y cuando De la Rúa ter­minó con ese mensaje anun­ciando al país el Estado de Sitio, la respuesta popular fue inmediata. Y esa respues­ta popular que se dio en to­das las ciudades importantes del país y en el interior del país también, se dio porque la gente dijo «basta» a una si­tuación que la agobiaba, que la venía reprimiendo duran­te tantos años.

Lo que no está claro, com­pañeras y compañeros, es lo que viene. Para nada está cla­ro. Porque nosotros sabemos que en general la experiencia de nuestros países de Amé­rica Latina es que de cada cri­sis se sale en peores condi­ciones, no en mejores condi­ciones. Hoy tenemos un Pre­sidente electo por la Asam­blea Legislativa, es decir, por los Diputados y Senadores. La crisis económica, social, política, institucional, es una crisis que ha derivado en cri­sis de credibilidad y de legi­timidad de la sociedad hacia la dirigencia política. Y esa es la peor expresión de la cri­sis. Porque ¿cómo salimos de este círculo vicioso perverso, del que nosotros sabemos que no hay salida fuera de la democracia, pero a su vez te­nemos una sociedad que no cree en sus representantes que ha votado hace apenas un


 

 

par de meses? Porque este Senado de la Nación fue vo­tado en octubre, y también la Cámara de Diputados de la Nación, en que muchos de nosotros fuimos candidatos y renovó la mitad de sus miembros. Y si hoy hacemos una encuesta de la credibili­dad del parlamento argenti­no los números positivos se­rían más bajos que el margen de error de la misma. No pa­saría por supuesto de un dígito. Entonces esta crisis de credibilidad es la que nos ha hundido en la peor de las crisis, una profunda crisis moral.

Por eso nosotros, con ab­soluta responsabilidad, y con toda profundidad tenemos que analizar este momento que está padeciendo el país. La Asamblea eligió un Presi­dente justicialista, porque hay mayoría justicialista en ambas cámaras, porque el fra­caso del gobierno de la Alian­za es un fracaso que no es gra­tis ni va a ser gratis. Porque nosotros fuimos una de las fuerzas políticas que más im­pulsamos la Alianza en la República Argentina. Esta­mos convencidos de que fue correcto impulsarla, no nos hacemos los distraídos. Cree­mos que en aquel momento de hegemonía del menemismo, de corrupción, de degra­dación, de María Soledad Morales, de José Luis Cabe­zas, de la Corte de «mayoría automática» menemista, de­bíamos juntar del centro a la izquierda todas las fuerzas para terminar con esa déca­da de corrupción y de exclu­sión social. Y quisimos ini­ciar una nueva etapa, termi­nar con aquella cara negativa institucional de Argentina, que era el bipartidismo tra­dicional, donde era el toma y daca que tuvo su peor ex­presión en el Pacto de Oli­vos. Y dijimos que esa nue­va fuerza, la Alianza, una fuerza de centro-izquierda, con un partido mayoritario como la Unión Cívica Radi­cal y con otros partidos como los nuestros que integrába­mos el Frepaso, podía iniciar el camino de un país normal. No decíamos un país socia­lista: país normal, ni siquie­ra país progresista. Decía­mos: justicia independiente, igualdad de oportunidades para los argentinos, decencia en el manejo de lo público. Ninguna de las tres cosas lo­gramos y se cayó a pique el gobierno de la Alianza.

Entonces, ese fracaso nos deja peor que al inicio. Y hoy emerge un gobierno electo por una mayoría justicialista, que está apoyado en la crisis por el radicalismo y por un sec­tor del Frepaso. No nos tene­mos que confundir, por lo menos ésta es mi visión, y el Comité Nacional del Partido en febrero va a discutir la po­sición ante esta situación del país: no es un gobierno de unidad nacional. No lo fue Rodríguez Saá, tampoco lo es Duhalde. Rodríguez Saá fue la corajeada de un conjunto de referentes provinciales, de las provincias chicas del justicialismo, que empezó con un acuerdo para gober­nar dos meses y se creía que iba a gobernar veinte años, y así cayó en una semana. Pero este gobierno que asume es un gobierno del PJ, del Dr. Duhalde, que lo conocemos porque gobernó la provincia de Buenos Aires durante mu­chos años, y que justamente no es el ejemplo de gobierno que queremos en el país. No­sotros sabemos lo que fue el funcionamiento de la provin­cia de Buenos Aires, del Fon­do del Conurbano y de las manzaneras. De la peor cara del clientelismo político de cambiar un plato de comida por una ficha de afiliación, de la apretada a los sectores humildes para darles ese pla­to de comida. Nosotros sabe­mos de muchas reminiscen­cias autoritarias en todo el manejo de las fuerzas de se­guridad, de la bonaerense, nosotros sabemos que justa­mente no hubo transparencia durante los dos períodos del gobierno de Duhalde. Pero nosotros sabemos que en esta crisis, este acuerdo emergen­te de un gobierno justicialista con el apoyo de un sector del radicalismo de la provincia de Buenos Aires y de la Ca­pital Federal, echa a andar


hoy propuestas que debemos analizar con el máximo rigor.

Un gobierno que empieza débil, no débil como el de Rodríguez Saá, pero que em­pieza débil, porque nosotros decíamos cuando fue la pri­mera Asamblea Legislativa, la de Rodríguez Saá, no acom­pañamos con el voto a Rodríguez Saá, ni tampoco acompañamos a Duhalde por­que objetivamente no hubo en ninguna de las elecciones una propuesta de gobierno ni un plan de gobierno. Enten­demos la emergencia del país, cómo no la vamos a enten­der, sabemos lo que era estar sentados ahí adentro con la ciudad de Buenos Aires in­cendiada, con el país incen­diado. Pero creemos que el país, si no aprende de los fra­casos del pasado, va a pro­fundizar los fracasos en el futuro.

No nos pueden traer como días pasados en la nueva ley de emergencia económica, ar­tículo 1o: delegación de facul­tades por dos años para que aparezca ¿qué? ¿Un Napo­león? ¿No tenemos el ejem­plo de los superpoderes de Cavallo? Entendemos la gobernabilidad del país, pero insistimos con lo que decíamos al principio: la úni­ca gobernabilidad la da el consenso de los ciudadanos, que las medidas vayan en un sentido de las necesidades de la población. Con el criterio de responsabilidad que sa­bemos que salir de este pozo es muy difícil, pero por lo menos que exista la visión de que se pone un punto de inflexión a esta pendiente en la que está el país.

Nosotros no acompaña­mos esa propuesta que ini­cia un nuevo camino termi­nando una convertibilidad que ya la realidad la había terminado. Hoy dice en Cla­rín -está en todos los dia­rios- la segunda del Fondo Monetario Internacional, Ana Krueger, «por fin se de­cidieron a devaluar, ya hace varios meses se lo veníamos pidiendo a Cavallo». Esta­mos de acuerdo con termi­nar con la convertibilidad, porque la convertibilidad nos llevaba a lo peor, la convertibilidad es la que ge­neró no sólo un problema económico profundo en el país, recesivo, de desocupa­ción, sino además un pro­fundo problema cultural de que un peso se iguale a un dólar, de creernos los argen­tinos que éramos primer mundo para poder viajar por el exterior, para poder tener el verde en la mano de una manera fácil. Esto es verdad también y lo tenemos que asumir. Por eso cuando ha­cíamos la campaña electoral para ser gobierno con la Alianza teníamos que decir «no vamos a salir de la convertibilidad», porque era un tema tabú de esa campa­ña electoral, porque si decía­mos que íbamos a salir de la convertibilidad, se podían perder las elecciones.

Entonces, es fundamental salir de la convertibilidad, pero lo que tenemos delante de los ojos son sólo una de­valuación y medidas de ate­nuación de los efectos de la devaluación. Punto y aparte. Entendamos que vamos a te­ner en estos días que vienen los peores efectos de la deva­luación, y los efectos positi­vos de la devaluación que vie­nen a mediano plazo no sa­bemos si van a llegar, porque no sabemos si esto va a aguan­tar. Porque la devaluación va a profundizar la recesión, va a mostrar su peor cara que es la remarcación de precios, el desabastecimiento, como ya lo tenemos en los medica­mentos, y eso produce la pér­dida de poder adquisitivo de los sectores de ingresos fijos: jubilados, asalariados y des­ocupados que pueden vivir con las changas.

Sabemos que la devalua­ción tiene ganadores y per­dedores. Por supuesto que apoyamos la pesificación de las tarifas de servicios públi­cos, y hemos votado a favor ese artículo 8 de la ley de Emergencia Pública, pero el artículo 9 abre la posibilidad de la renegociación de estas tarifas. Es decir, se gana una batalla contra un lobby fuer­te que fue el que hizo la dirigencia española junto con


las principales empresas, y el gobierno español a la cabeza, y lamentablemente tenemos que decir también, a quien durante diez años llevó ade­lante una labor de transfor­mación de España, integrán­dola a Europa, y que dijo tan­tas cosas importantes y que tantas veces leímos en el PSP, que se llama Felipe González, que la tarea de los socialistas en la modernidad no era ha­cer lobby para las empresas extranjeras, que la tarea de los socialistas era seguir tra­bajando por la justicia social, no por la rentabilidad de las empresas. Se defienden so­las las empresas. La función de la dirigencia del socialis­mo es justamente construir estados fuertes que tengan protagonismo, que puedan equilibrar los desequilibrios del mercado salvaje que ga­rantiza rentabilidades tre­mendas por un lado y exclu­sión social por el otro.

Guillermo lo decía con tan­ta simpleza hace tantos años: la lonja es una sola. La lonja puede agrandarse o achicar­se, eso es el crecimiento. Cuando hay crecimiento la torta se agranda, pero si la lon­ja se sigue cortando siempre para un lado, del otro lado no queda nada para repartir. Y esto es lo que está pasando en el país: no sólo la torta se ha achicado por la recesión, sino que se sigue cortando de manera muy desigual.

 

«No sólo la torta se ha achicado por la recesión, sino que se sigue cortando de manera muy desigual».

 

Entonces nosotros tene­mos que seguir planteando que el problema de la deuda externa es un problema no de una consigna como quiso ha­cer Rodríguez Saá, no de un tratamiento como se quiere dar ahora, que se sigue sin hablar con la verdad al país, porque mientras se dice que no se está pagando la deuda, en el diario de ayer: «Argen­tina pagó cumplimientos por 75 millones de dólares, a pe­sar de haber entrado el jue­ves en una moratoria formal al dejar caer una cuota de un crédito internacional nomi­nado en liras. La prisa del ministro Jorge Remes Lenicov por saldar ese compromiso fue interpretada en Washing­ton como una señal de que el gobierno pretende evitar cualquier roce con la institu­ción». Entonces, cuando ven­ga el presupuesto al Congre­so en los próximos días, lo dijo Remes Lenicov anoche, el presupuesto va a tener un ajuste de 11 mil millones de pesos. Que si consideramos los 3 mil millones que se pue­den imprimir en letras -en estos títulos que en este cam­pamento ustedes podrían ha­cer un pizarrón y dar una cla­se sobre Lecop, Lecor, Bofes, Quebrachos, etc.- con esos 3 mil millones queda por ha­cer después un recorte de 8 mil millones. Y entonces ahí va a estar la discusión fuer­te.

No podemos aceptar que se recorte a la Universidad Nacional, no podemos acep­tar que no se pague el Fondo de Incentivo Docente, como se dejó de pagar en los últi­mos meses, no podemos aceptar que el hilo se corte por lo más delgado. Es posi­ble un presupuesto equilibra­do. Es posible en la medida que nos dé un poco de aire y de tiempo porque si no el país estalla. Y esto es lo que tienen que entender. Tienen que entender que hay que darle asistencia concreta a la gente con un Ingreso Míni­mo Garantizado como lo ha planteado el PSP. No sólo es necesario y justo por la situa­ción de pobreza y de indi­gencia que viven miles de fa­milias argentinas, sino por­que además necesitamos la redistribución de la renta, un impacto de redistribución. Es falso que este problema es exclusivamente fiscal, por­que este modelo durante 15 años construyó una distribu­ción de la riqueza que es la principal traba para que


nuestra economía pueda fun­cionar. No es admisible, por ejemplo, que las empresas es­pañolas mantengan la renta­bilidad de sus empresas aquí en Argentina y nosotros pa­guemos las tarifas telefónicas el doble que en España, y el triple que en muchas nacio­nes de Europa. Es decir que la tecnología ha avanzado, pero los argentinos no pue­den usar más el teléfono por­que no lo pueden pagar. En­tonces mantener las tarifas dolarizadas era como echarle nafta al fuego, por eso apo­yamos el artículo 8 de esta nueva ley, pese a haber vota­do en general en contra del proyecto. Pero el artículo 9 abre la renegociación, con un Estado que va a estar con una debilidad de origen, ya que no es un gobierno electo por la soberanía popular, no es un gobierno fortalecido por la soberanía popular. Por eso insistíamos con un gobierno de transición corto, sobre la base de un acuerdo político y social en serio del país, no sobre el acuerdo de algunos dirigentes para poder meter algunos cargos, como algu­nos sectores del Frepaso y del Radicalismo. Un acuerdo se­rio, responsable; y que se convocara a elecciones en el país, porque el Secretario de Comunicaciones que se sien­te con las telefónicas, ¿qué va a negociar? ¿con qué peso po­lítico va a negociar?

Entonces vamos a volver a la película que ya vimos en el 90. La seguridad jurídica que alegan es mentira. Es falso, ésa es parte de la batalla cultural que hemos perdido.
No fueron celebrados en dólares los contratos de privatización de Entel. Es falso. La compañía de teléfonos se privatizó previendo una fórmula de actualización polinómica basada en el Índice de
Precios al Consumidor. Y después de la convertibilidad, María Julia Alsogaray, por un Decreto, dolarizó el pulso telefónico. Fue la trampa para evitar lo que la misma ley prohibía, que era la indexación de pre­cios, salarios, contratos en­tre privados, o entre el Esta­do y empresas particulares. Buscaron ese vericueto que técnicamente se llama «elutorio», la «trampita», para que mientras la economía es­taba estabilizada los precios de las privatizadas pudieran seguir aumentando de acuer­do a los índices de Estados Unidos o de la tasa libor londinense para las concesiones de peajes.

 

«El país es más pobre como na­ción y es más po­bre por su injusta constitución so­cial, del creci­miento de miles y  miles de pobres».

 

En concreto significaba rentabilidades ex­cesivas que salían del bolsi­llo de la gente hacia el exte­rior. Porque todas estas em­presas giraban sus divisas al exterior. Por eso el país es más pobre. Es más pobre como nación y es más pobre por nuestra injusta constitu­ción social, del crecimiento de miles y miles de pobres. Y hoy algunos economistas «serios» dicen: ¿cómo han permitido que crezca tanto la pobreza en la Argentina? Pero, sí ahí están los datos del INDEC año por año. En­tonces, compañeras y compa­ñeros, tenemos que insistir con mucha fuerza para que la batalla que viene hacia de­lante la demos en las mejo­res condiciones posibles.

Tenemos un radicalismo con el cual juntos caminamos la Alianza, que tiene una cri­sis muy profunda, porque fue el partido que más peso tuvo en la conformación del gobierno, del Presidente De la Rúa hacia abajo, y cuya posición hoy podría sintetizarse: «la urna lejos». Porque una elección en este momento sería una catástro­fe. Y de acá al 2003 la gente no va a olvidar la situación política del país. Y eso pro­duce un gran vacío, porque el justicialismo en el gobier­no va a hacer una política clientelar eficiente desde su punto de vista tradicional,


que es el que les decíamos hacía en la provincia de Bue­nos Aires, porque la Alianza fue muy ineficiente incluso en las políticas sociales, implementando programas y programas con mucha difi­cultad en llegar verdadera­mente a la ciudadanía. Y ellos eso lo van a hacer con sus punteros y van a lograr­lo si estabilizan esta crisis. Pero el gran vacío de toda una cantidad de gente que nece­sita una alternativa para el país y que no lo ve a Duhalde porque lo conoce y no le cree. Entonces necesita alguna veta de esperanza, un mensaje con el cual identificarse, una posición política a la cual acompañar.

Se abre una gran respon­sabilidad para el Partido So­cialista en ese sentido. Qui­zá hoy muchos dirigentes in­terpretan eso: han sido enunciadores de la llegada del fin de este modelo, y por eso lo­graron protagonismo. El caso de Carrió, Carrió quizá por abandonar primero la Alian­za y por plantear que todo esto se caía, tuvo y tiene un predicamento. Nosotros sabe­mos que no basta con ser pro­fetas del fin, sino que tene­mos que construir la alterna­tiva, una esperanza, demos­trarle a la gente que hay po­sibilidad de una respuesta distinta, todavía pendiente, que es la que quisimos dar anteriormente. Y que esa res­puesta es posible. Y por eso estamos en muy buenas con­versaciones con la diputada Carrió, respetamos su espa­cio, el ARI, nosotros tene­mos el nuestro, que es el del PSP, por eso hemos confor­mado un interbloque de Di­putados Nacionales.

Al principio les decía, son muchos los interrogantes que se abren al futuro y pocas las certezas, nadie puede tener la soberbia intelectual de creer que tiene la fórmula má­gica, menos cuando nosotros pisamos el césped y las to­rres se nos cayeron atrás. El Partido planteó la indepen­dencia del gobierno con la en­trada de Cavallo, y el Partido planteó su oposición a una política que sabíamos que con Cavallo iba a ser la profundización todavía ma­yor de la no respuesta que había dado el gobierno de la Alianza para los sectores mayoritarios en beneficio de los sectores más concentrados del capital, como siempre lo hizo Cavallo. A pesar de que viniera con un mensaje que algunos creyeron que podía ser distinto, «heterodoxo» parecía.

Entonces desde esta nece­sidad tenemos que empezar a construir lo nuevo. Y lo nuevo lo vamos a construir en la medida en que tenga­mos una posición ante la so­ciedad, que la sociedad pue­da vernos como esa alterna­tiva. Nosotros tenemos que seguir planteando nuestras propuestas, pero, además, ¿dónde nos paramos? Les de­cía al principio claramente, compañeras y compañeros, esto no es un gobierno de unidad nacional, ojalá lo fue­ra, un gobierno de salvación nacional, de concertación. O sea que nosotros somos opo­sición a este gobierno, y con responsabilidad acompañare­mos las cosas que veamos que se hagan en un sentido de dar respuesta a la socie­dad, o las rechazaremos en caso contrario. Y tenemos que construir desde nuestra independencia una alternati­va distinta. Entonces, hoy tenemos un Frente Grande que una mitad es oficia-lista y una mitad es oposición. Es la cara de la crisis de una fuerza política que pudo ser alternativa en el país. Y aho­ra aparecen otras. Ya lo sabe­mos. Muchas veces el sol ha brillado para liderazgos coyunturales y no ha pasado por nuestra puerta, ojalá hu­biera pasado por nuestra puerta, tenemos que anali­zar entre nosotros por qué no ha pasado todavía por noso­tros. Y tenemos que analizar cómo hacemos para tener la máxima contundencia posi­ble en nuestros mensajes para que la sociedad nos visualice. No haciendo como Zamora o Patricia Walsh, que podemos respetar sus posturas de Iz


quierda Unida, pero que sa­bemos que eso de pedir lo máximo y lo imposible en cada momento para, como estilo, diferenciarse de todo, y decir, «la Izquierda nunca gobernó y por eso prueben con nosotros», nos parece que nunca ha sido nuestro men­saje.

Les voy a explicar por qué nos abstuvimos de votar a Duhalde como Presidente en la Asamblea Legislativa. Por­que en cada ejemplo es don­de nosotros tenemos que en el aquí y ahora no errar el ca­mino. Nosotros comparti­mos, después de una larga evaluación esa tarde del 1o de enero, con los compañeros del Frepaso disidente y del ARI, que ante la situación que vivía el país, por un lado es­taba claro que no íbamos a acompañar el voto de Duhal­de Presidente. Porque por ahí podemos cuestionar la abs­tención, pero se la ha cues­tionado por un lado y por el otro, claramente. Primer de­bate: ¿teníamos que votar a Duhalde o no? Para mí, clara y absolutamente no. Porque nuestro voto en la Asamblea Legislativa, a pesar de la cri­sis de legitimidad, de representatividad, etc., etc., esta­mos siendo el vehículo de toda una sociedad. Y objeti­vamente, ante una propues­ta de esa naturaleza, de un hombre que conocemos, de una propuesta que no exis­tía, desde ya que no podía­mos votar a Duhalde con el discurso de una unidad na­cional vacía de contenido.

No votando a Duhalde, uno tenía la posibilidad de abstenerse o de votar en con­tra. Ante la situación por la que estaba atravesando el país, y ante el discurso que estamos sosteniendo y que estuvimos sosteniendo, y que ese día frente a un país que estaba eligiendo un Pre­sidente teníamos que tomar una posición, nos pareció que lo más razonable era el voto de abstención, no para desentendernos de la deci­sión, sino para no debilitar aún más ese Presidente que ya asumía débil. Esta fue la coincidencia que tuvimos en­tre todos los que estaban ahí. Todos, absolutamente todos los diputados que integramos estos tres bloques que desde hace tiempo venimos traba­jando coordinadamente. En la Asamblea Legislativa, des­pués del discurso de Roggero, el bloque del ARI cambia el voto, resuelve so­bre la misma votación cam­biarlo, y vota por el no. A no­sotros nos pareció, más allá de que incluso no sólo no había tiempo sino que era un problema de que se había sa­lido a decir públicamente esa tarde que el voto era de abs­tención, que no tenía enti­dad el discurso del presiden­te del bloque justicialista para cambiar una evaluación política que habíamos hecho y que le daba un sentido a un voto. Evidentemente, yo asumo que el voto en contra del ARI nos dejó en una po­sición incómoda. Porque si todos hubiéramos tomado la misma posición de absten­ción creo que las dudas que están rondando acá y que rondó en cantidades de afi­liados del Partido, no hubie­ran sido las mismas. Porque no hubiéramos quedado ahí, como a medio camino, como pareció a partir de este cam­bio de voto del ARI.

Yo sigo pensando desde el punto de vista político, de fondo, del análisis de la si­tuación del momento y del sentido del voto, que fue co­rrecta la abstención. Que fue correcta porque fue totalmen­te de la mano con un conte­nido de nuestro discurso en la Asamblea Legislativa. Creo que fue mucho más contra­dictorio el discurso de la pre­sidenta del bloque del ARI, Carrió, con la votación por el no después. Pudo haber sido muy coherente el no con el discurso de Zamora o de Patricia Walsh. Entonces, esta es la cuestión, que no es ni una justificación, sino que es el explicarles a ustedes una posición política que toma­mos en ese momento.

Yo quiero, no sé cómo an­damos de tiempo, terminar con el papel de los socialis­tas que considero que tene-­


mos en este momento. Den­tro de eso, no por estar en una asamblea de jóvenes, hay un reclamo en el país de re­novación. Hay un reclamo en el país de que todo lo viejo está impugnado, de que todo lo viejo está fracasado, de que la experiencia de los partidos tradicionales en la Argentina está agotada. Una impugna­ción general sobre toda la dirigencia política. Una im­pugnación particular sobre los dos partidos mayoritarios. La gente el 14 de octu­bre último lo dijo con toda claridad, fue una elección en donde perdimos todos, por­que si uno contabiliza el úni­co ganador fue, entre la suma del voto en blanco y voto nulo, el «voto bronca». Y fue la otra batalla cultural que perdimos, porque la socie­dad fue convocada justamen­te a votar a Clemente, debili­tando la representación po­pular.

Todos los partidos salieron con menor representación, incluso la primera minoría, que fue el Partido Justicialis­ta. Entonces, la gente no cree, mayoritariamente hablando, que el PJ pueda darle la res­puesta de fondo a sus pro­blemas. Pero la gente necesi­ta atarse a alguna esperanza, a alguna expectativa.

Entonces, a mí me parece fundamental que un partido joven como el nuestro, 30 años decía Fernando cumpli­mos este año, empalmamos

 «El Partido debe encarnar en la política argenti­na en los tiem­pos que vienen el acompañamiento del reclamo so­cial, como lo hi­cimos con el Frente Nacional contra la Pobre­za».

sí con la tradición centenaria del Partido Socialista en Ar­gentina, y tener esta gran fuer­za que es esta juventud mo­vilizada.

El Partido debe encarnar en la política argentina en los tiempos que vienen el acom­pañamiento del reclamo so­cial, como lo hicimos con el Frente Nacional contra la Po­breza. Fue positivo, fue co­rrecto que saliéramos a la ca­lle a juntar votos para un Se­guro de Empleo y Formación en el país. Mucho antes que la CTA habíamos hecho esta propuesta, no importa, y fue correcto salir a la calle a jun­tar votos, porque lo dijimos en la Asamblea Legislativa, para nosotros ésa es la ver­dadera fuerza en la que hay que asentarse: tres millones y medio de personas que re­claman este Seguro. Eso tie­ne mucha más fuerza que los lobbistas españoles, si el go­bierno lo quiere tomar.

Tenemos que seguir des­de la Universidad y desde la educación pública, vamos a seguir con las banderas muy en alto porque sabemos que no tenemos destino como na­ción si la educación pública sigue en la pendiente. Es un verdadero disparate en nom­bre del ajuste del costo de la política eliminar el Ministe­rio de Educación. Un verda­dero disparate eliminar el Ministerio de Salud.

No hay nación en el mun­do que pueda progresar si no es con políticas nacionales de educación y salud. Tene­mos que encarnar el reclamo junto a los docentes por el fondo de incentivo docente. No podemos dejar caer el fon­do de incentivo docente, por­que esa carpa blanca durante tanto tiempo en la puerta del Congreso de la Nación fue una herida muy grande que tuvo la República Argentina, y que se levantó con esa com­pensación mínima, que no era una respuesta salarial adecuada, y sabemos que en la crisis del país fue impor­tante que peleáramos por esos 600 millones.

Porque hay que ver cuán­to significan 600 millones: pagamos de intereses de la deuda el año pasado 11.000 millones, y en el año 2000 pagamos 9.900 millones, y te­nemos compromisos este año por 14.000 millones de dólares. Esta es la torta que hay que cambiar cómo se re­parte.

Por eso el socialismo tie­ne que estar en la moviliza­ción social. Y el socialismo tiene que estar dentro de la política siempre, plantean­do una alternativa política. Por eso creemos que juntar fuerzas es importante hoy y vamos a seguir planteando la necesidad de la unidad del socialismo en la Argen­tina. No lo hacemos desde el PSP como una demagogia para sacar un aplauso en un acto de los socialistas cuan­do estamos de los distintos partidos. Sabemos que la única posibilidad de que el socialismo pueda tener una entidad mayor hoy es fusio­nando a los partidos Socia­lista Popular y Socialista De­mocrático. No le tenemos miedo a eso porque creemos en la gente, creemos en los afiliados, creemos en nues­tra dirigencia que son uste­des, para poder sustentar un partido socialista unido. Y que esa fuerza que le da el socialismo unido va a ser importante para desde ahí poder plantear con más fuerza la articulación de es­tas fuerzas progresistas dis­persas, producto de este fra­caso de la Alianza en el go­bierno nacional.

Estas son las tareas que creemos necesario desarro­llar hacia adelante.

Yo quiero decirles a uste­des que cuando hablamos de las utopías, que cuando plan­teamos que muchas veces el camino es mirar bien lejos para poder avanzar, cuando vemos que todavía en el me­dio de la crisis del país po­demos los socialistas popu­lares reunimos de esta ma­nera, sabemos que el cambio es posible. Muchas gracias.»

«Vamos a se­guir planteando la necesidad de la unidad del socialismo en la Argentina».

 

«Sabemos que la única posibilidad de que el socialismo pueda te­ner una entidad mayor hoy es fu­sionando a los partidos Socialis­ta Popular y Socialista Democrático».

 

 


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